“Tengo esperanza en el futuro de Europa solo si recupera el humanismo”
La edición 31 de la Feria del Libro de Praga (Svět Knihy), que se celebra hasta el domingo, está dedicada a Europa. Por eso uno de sus primeros oradores fue el escritor español Mauricio Wiesenthal, un europeísta convencido que vino a la capital checa a compartir su visión de continente hablando para ello del famoso tren Orient-Express, que es además el título de uno de sus libros más celebrados.
Mauricio Wiesenthal tiene más de 80 años pero conserva una vitalidad y una locuacidad admirables y por espacio de una hora deslumbró al público checo con anécdotas e historias, empezando con el Orient-Express, el famoso tren que recorría todo el continente y que dio título a su conferencia del jueves en el recinto ferial de Praga Výstaviště.
Estuvo acompañado en el escenario por Gonzalo Manglano, director del Instituto Cervantes de Praga, entidad que hizo posible la visita del escritor catalán de apellido alemán y memoria prodigiosa.
Después de la charla, Maurico Wiesenthal recibió en privado a Radio Praga y lo primero que le pregunto, para salir de la curiosidad, que me corroe por dentro, es si tiene algún parentesco con el famoso cazador de nazis Simon Wiesenthal. Pero no, es solo casualidad que compartan apellido. Saciada la curiosidad, nos ponemos manos a la obra y Wiesenthal se pone a recordar con sabiduría.
“Para mí, precisamente, en razón de la edad que tengo, venir a Praga siempre significa un momento emotivo, puesto que he sido de las personas que he vivido toda la evolución de este trozo tan querido de nuestra vieja Europa para conseguir su independencia, su libertad, su capacidad de creación y en este momento que la veo sin duda incorporado ya a un mundo propio brillante, espero y deseo con un porvenir bonito, pues como es lógico para mí es muy emotivo, puesto que cuando uno ha conocido a las personas en el momento más de difícil, uno tiene gran alegría cuando lo reencuentra al cabo del tiempo y los encuentra jóvenes y bien”.
Metáfora
Luego le preguntamos al escritor por qué dar una conferencia con el título Orient-Express.
“Porque yo es que dediqué un libro a este tren, porque para mí es un símbolo realmente de lo que significa la unión de los pueblos, de las culturas diferentes, las diferentes religiones, todo lo que en Europa nos había dividido con matanzas, con desencuentros, con momentos realmente de división terrible. Sin embargo, la idea de unos hombres que creen en la técnica, en el progreso, de construir máquinas, de facilitarle la vida a la gente y de crear medios de locomoción y de comunicación, consiguen esa como especie de milagro que un tren vaya desde París hasta Estambul comunicando, fíjate, todo lo que era Estambul, que es la puerta de Asia, por decirlo así, la puerta de Oriente y encima sin duda un país islámico, y lo une a todo ese viejo continente donde hay católicos, protestantes, judíos y todo eso queda unido por una vía de tren y por una máquina que va arrastrando vagones, echando humo, quemando carbón, de aquella forma casi asmática y penosa, pero como un animal fiel que ha unido a pueblos que estaban distanciados y difíciles. Los une el comercio, los une que hablen las lenguas, que se se conozcan las lenguas. El tren fue ese medio de locomoción y por eso le tengo ese agradecimiento como si formase parte una columna vertebral de la vieja Europa”.
Entonces el Orient-Express es una metáfora de Europa, como también lo ha sido el Danubio, por ejemplo.
“Es que sí, he sido por eso muy amigo también de esa idea porque los ríos comunican y unen y es verdad que el Danubio significó para toda la cultura centroeuropea, para este hogar, para este alma de esa cultura de poetas, de escritores, de pintores, de músicos, pues creó esa especie de comunicación que yo creo que se basaba fundamentalmente en eso, en que había un una vena que era el río, que era navegable y que permitía unir a esos pueblos separados por los montes, por terribles montañas, por montañas de 3000, de 4000 metros en los Alpes, hubiesen quedado separados de una forma natural y sin embargo encuentran que esa vía que es el Danubio. Y el Danubio para nosotros es la historia feliz, incluso un poco fabulosa, un poco cuento de hadas porque tenía sus diferencias, pero es un poco aquella época cada vez que se hace una película acaba pareciendo la fábula de la emperatriz Isi, a la que se hace más hada y más feliz y más rosa de lo que era o se hace el mundo de los bailes, el mundo de la música, de la fiesta, como un mundo que vivió siempre en fiestas. No era así, pero bueno, sería nuestro símbolo más agradable, más feliz”.
Europeísta con cautela
Y si bien Wiesenthal siempre es señalado con el mote de europeísta por la prensa de su país, él prefiere usar ese término con cuidado.
“Mira, yo a veces tengo un cierto resquemor a la al europeísmo como por la idea del ismo, porque me da miedo que en el ismo haya siempre cierta exageración. Y por lo tanto, me considero un escritor europeo, pero en verdad en el sentido, por decirlo así, de compromiso, me siento muy comprometido con Europa, pero no comprometido con Europa como una forma egocéntrica, como una forma cerrada, todo lo contrario, porque soy amigo de las cosas que puede aportar la cultura europea como las que me han aportado a mí otras culturas de fuera. Y como europeo precisamente he sido testigo en mi cultura de todo lo que debemos a otras culturas. Yo soy español. Fijaos lo que debo ya hasta en la cocina a las culturas, por ejemplo, del otro lado del Atlántico, que lo que se llama cocina mediterránea resulta que está formada por el tomate, por la patata, por el pavo y por el maíz. Hoy día Ya, claro está. Y por lo tanto, cuando uno está hablando, pero la aceituna, pero cuando uno está hablando de las culturas europeas, estamos agradeciéndole a medio mundo lo que nos han aportado a nosotros. Esa es la idea que tenga de Europa, de una Europa que haya sabido asimilar esto y que sea capaz también de haber dado alguna cosa a los demás”.
Corazón
¿Y qué rol juega Praga en todo esto?, le pregunto a continuación.
“Praga, para mí, significa precisamente ese corazón. El corazón de un lugar es en el fondo el más codiciado y el más disputado, porque todo el mundo quiere poseerlo y todo el mundo quiere conquistarlo. Estas tierras, como ha sido Chequia, como ha sido Moravia, como ha sido Eslovaquia, como ha sido Polonia, son tierras fronterizas rodeadas por imperios que además eran muy fuertes. Estaban los imperios de los Habsburgo, estaban los imperios los imperios eslavos, los imperios de los zares y luego o el Imperio Soviético, también Imperio. Estaba el Imperio de Napoleón, el Imperio francés. Todo el mundo quería apoderarse de estos lugares que, sin embargo, en su resistencia, en su dolor, en sus momentos de lucha, al final consiguieron quedarse como una llama que no se apaga, como una lumbre que calienta, que sí consiguieron quedarse y atesorar en resistencia donde estaba el origen de todas esas culturas. Y en el fondo sería como una lucha, como en un baile, podíamos haber hecho como una especie de musical haciendo una figura central que está la que es el hada codiciada, la figura de la princesa codiciada con todos los pretendientes alrededor y al final dejamos a la princesa independiente y soltera, mientras los pretendientes cada uno se va por su camino”.
Deportado
Mauricio Wiesenthal ha visitado Praga muchas veces pero recuerda una ocasión, justo después de la Primavera de Praga, en que la entrada le fue denegada y fue deportado.
“He venido en la época soviética incluso cuando esto formaba parte del mundo del telón de acero, alguna vez consiguiendo pasar la frontera, otra vez en la frontera de Alemania de la República Democrática Alemana, Alemania del Este, que era una Alemania ya también sometida al aquel Imperio Soviético, era siendo muy dura, menos dura de la Praga que yo conocí después que había habido la Primavera de Praga, que hubo el retroceso de la vigilancia tremenda de desde Moscú que se hacía sobre las deseo de independencia, de libertad que había en el mundo de Chequia y en la frontera misma, me cogieron un día y me dijo sencillamente uno de los que de los policías que había en la frontera: Usted no puede pasar. Seguramente por tener un apellido alemán. Porque pensó, había como una paranoia, era una manía persecutoria de que si eras alemán venías a buscar a alguien de aquí para pasar la frontera o venías de alguien de aquí para hacer una crítica en un movimiento que fuese comprometido con una teoría adversaria, con lo cual era sospechoso desde el primer momento que pasaba la frontera y lo notabas porque yo estaba convencido cuando estaba en un hotel de que me estaban grabando todo. Tanto que hacía una broma ese un día en este proceso que afortunadamente hay ya de ir defendiendo secretos que habían los archivos de policía y todo eso de los antiguos regímenes que teníamos en Europa, algún día encontrarán mi voz porque ha sido una broma cuando en recuerdo en Weimar por el Hotel Elephant, en la República Democrática antes de dormir, decía: aquí Mauricio Wiesenthal hablando para los micrófonos que me tiene la policía instalados en esta habitación. O sea, y eso era una broma que yo hacía siempre y a lo mejor algún día encontrarán una cinta con mi saludo de aquellos días. Era así, era un mundo donde era sospechoso, donde ibas”.
Esperanza
Y a pesar de todo sí tiene esperanzas en el futuro de Europa, como Mauricio Wiesenthal comparte a continuación para finalizar.
“Sí, yo tengo esperanza en el futuro de Europa en el sentido de que Europa recupere aquello que para nosotros fueron ideales básicos como el humanismo. Es que Europa solo tiene un momento para mí realmente áureo, un momento feliz que es el renacimiento. Es el que convoca Leonardo Da Vinci, con Vesalius en la medicina, con Miguel Ángel, con Rafael, con Brunelleschi y una arquitectura fastuosa, con unas ideas sin duda interesantes con el Dante. Por lo tanto, Europa que fue capaz de crear eso a través del humanismo, a través del respeto del hombre, pudiese volver otra vez a esa conciencia, a esa tradición en vez de abandonarse solamente a las facilidades de comodidad que nos da hoy día el mundo de la técnica y que entonces nos hace por un lado poderoso con grandes promesas. Estamos todos pendientes de lo que la inteligencia artificial puede hacer, pero una inteligencia artificial sin humanismo será una inteligencia de esclavos y que no será esclavos. Será un Gólem que nos amenazará a todos. Entonces, pienso que en Europa lo único que podemos ya dar es ese testimonio de unos países que han luchado con una deshumanización terrible en épocas malas y que sin embargo, llegaron también a saber cuáles eran los secretos de la convivencia, de la paz, de la poesía, del arte y que eso siga siendo todavía nuestro campo fuerte de entendimiento”.