La argentina que encontró el amor sin saber que era una estrella del tenis checo

Josefina y Jakub, un amor checo-argentino marcado por el tenis

La argentina Josefina Usabarrena no sabía quién era Jakub Menšík cuando él fue a cenar al restaurante donde ella trabajaba, pero la conexión fue instantánea. En esta entrevista, Josefina nos cuenta cómo es estar en pareja con un tenista profesional tan exitoso que se la pasa viajando por el mundo todo el año. Además, nos invita a derrumbar algunos estereotipos asociados a los checos: “Son gente muy cálida”.

La Plata, capital de la provincia argentina de Buenos Aires, es una verdadera obra de arte desde el punto de vista de la planificación urbana. Ver una imagen satelital de la ciudad alcanza para apreciar sus manzanas y diagonales perfectas y curarse cualquier TOC de orden y simetría.

Jakub Menšík | Foto: Profimedia

Lamentablemente, no existe una forma tan clara de ilustrar la categoría de un atleta como Jakub Menšík (aquí sería útil tener el poder de síntesis de Jorge Pinarello). El problema radica en que primero habría que explicar un poco cómo funciona el tenis. Grosso modo, digamos que unas 200 (400 siendo generosos) personas en todo el mundo pueden (sobre)vivir de las ganancias que generan compitiendo en este deporte. Entre los mejores 20 aparecen apenas esos que tienen resultados destacados de forma consistente y, gracias a los sponsors, pueden viajar por el mundo a jugarse la vida en partidos que no tienen límite de tiempo. Dentro del top 10 solo habitan los “tocados por la varita mágica”. Y luego podemos encontrar seres como Novak Djokovic o Jannik Sinner, que hacen todo lo posible para que dudemos de poder llamarlos “humanos”.

Djokovic, por sus números, es el mejor jugador de toda la historia (aunque algunos preferimos a Federer). Sinner es el actual número 1 del ránking y este año ha perdido solo dos partidos. Uno, contra Djokovic. El segundo y último hasta el momento, contra Jakub Menšík.

La victoria de Menšík sobre Sinner fue sorpresiva, pero tampoco tanto. En 2025, este tenista checo de apenas 20 años superó en la final del Masters 1000 de Miami a Djokovic. Si el torneo no les dice nada, quédense con este dato: el premio para el ganador del certamen es de más de 1 millón de dólares.

Vencer al mejor de la historia y ganar ese dinero a los 19 años, en un deporte en el que casi nadie saca ganancias… algo bueno será este chico, ¿verdad?

Uno iguales

Perfecto. ¿Y qué tiene que ver todo esto con La Plata? Ahí es donde aparece Josefina Catino Usabarrena, una joven argentina oriunda de la capital bonaerense que no conocía toda esta explicación sobre este deporte cuando descubrió que le gustaba el tenis. O, mejor dicho, un tenista.

La historia comenzó lejos de las canchas. Josefina trabajaba como camarera en Valencia, en un restaurante italiano, que una noche recibió la visita del equipo checo de Copa Davis. En conversación con Radio Praga Internacional, Josefina asegura que, desde ese primer encuentro, hubo “algo en el aire”.

Todo comenzó con su mudanza de Argentina a Europa.

“Nací en La Plata y estoy en Europa desde hace 4 años ya. Primero me mudé a Dublín como una cosa de experiencia de vida. Quería viajar, quería conocer el mundo y ahí estuve viviendo 2 años. Después decidí empezar a estudiar en la universidad y ahí fue cuando me mudé a Valencia. La verdad que amo Argentina, pero me gusta también mucho Europa y la verdad es que disfruto mucho del intercambio cultural, de aprender de otras personas, de estar constantemente en un ambiente que no es el tuyo, pero a la vez sí. Creo que eso forma mucho parte de mi personalidad”.

La elección de su carrera nos confirma que ella ya sabía cuánto la movilizan los viajes, antes de conocer a alguien que se la pasa girando por el mundo todo el año debido a su trabajo.

“Estoy estudiando una carrera de grado en turismo. Es un poco más amplio que solo turismo, se llama turismo y manejo del ocio. Entonces no solo es hoteles o agencias de viajes, sino que es algo mucho más amplio. Puedo hacer organización de eventos, por ejemplo. Y lo estudio en inglés, así que el inglés es casi como el español para mí. Eso te abre muchas más posibilidades. Y además en Valencia mi vida es en español, pero en la universidad y en mi relación hablo en inglés”.

Break point

Josefina llegó a Valencia sabiendo que su rutina cambiaría, pero nunca se imaginó cuánto. Y no por la universidad. Es que en esta ciudad española es donde se dio el primer encuentro con su actual pareja. Todo podría resumirse en una gran casualidad… con mucha actitud.

“Yo llego a Valencia y empiezo a trabajar en un restaurante italiano. Y esa noche era mi último día trabajando de camarera. Llego y me dicen que tenía una mesa VIP de tenistas. Ya habían venido días anteriores otros equipos por la Copa Davis. Y ese día era el equipo de República Checa. Había varios jugadores, estaba todo el equipo, y Jakub también. Y nos conocimos ahí. Fue una interacción al principio muy de camarera y cliente, pero hubo algo… no sé, en el aire, que nos conectó. La historia siguió… y ahora ya llevamos más de un año y medio juntos”.

En ese momento, Josefina no sabía a quién tenía enfrente. ¿Tal vez eso la ayudara a dar el primer paso?

“Antes de irse, se acercó y me dijo que había sido un gusto conocerme. Ya habíamos hablado un poco durante la cena. Obviamente me pareció muy atractivo así que ahí le pregunté por el Instagram. Fui yo quien se lo pidió. Y ahí empezó todo. Yo no sabía quién era realmente; no tenía contacto con el mundo del tenis. De hecho, en la misma cena le pregunté si él jugaba al tenis haciendo el gesto de la raqueta con la mano porque no tenía idea. Y ahora nos quedó como un chiste con eso”.

Un set por lado

Pero entrar en el mundo del tenis profesional implica asumir una rutina muy particular. En primer lugar, desde niños, la mayoría de los tenistas están acostumbrados a ser el centro de atención. Todo gira en torno a optimizar su rendimiento y su círculo suele estar muy a disposición. Muchos, al retirarse, o incluso durante la carrera, piensan que uno de los mayores obstáculos para disfrutar del deporte es el hecho de viajar todo el tiempo. A diferencia de lo que sucede en otras disciplinas, la temporada de tenis prácticamente no tiene pausa. Siempre hay un torneo en algún lugar del mundo que se está disputando. El calendario, de hecho, es cada vez más ajustado.

Otro de los puntos negativos de dedicarse a este deporte a nivel profesional es la soledad. No solo dentro de la cancha, sino también fuera de ellos. Los tenistas están casi siempre fuera de casa, en un hotel.

Josefina y Jakub en Praga | Foto: archivo personal de Josefina Usabarrena

Para Josefina, sin embargo, esta nueva rutina no ha sido un obstáculo.

“Es una vida que capaz puede llegar a ser un poco solitaria, de los hoteles y esas cosas, pero como digo, capaz para los demás el mundo del tenis es algo anormal, pero después, al fin y al cabo, cuando estás adentro, es tu normalidad. Entonces ya no lo ves como algo fuera de lo común, porque es tu día a día. El día a día de cualquier tenista es levantarte y no saber en qué ciudad vas a estar mañana porque podés perder, puedes ganar, y eso cambia dónde vas a estar, si seguís en el torneo o no. Creo que sí, hay un condimento que ayuda mucho que es la pareja. Tener a alguien al lado con quien compartir las cosas lindas como las no tan lindas, que se puede llegar a vivir en cualquier área de la vida, seas tenista o no. Pero creo que en este caso sí es especial”.

Según nos cuenta, algo que la ayudó a tomarse con naturalidad este tipo de vida fue el hecho de que la relación se dio de este modo desde sus inicios.

“Desde un principio yo lo conocí así. Entonces, creo que yo ya me lo venía venir. Yo lo conocí y a los días ya se tuvo que ir a China, creo que tenía la gira por Asia. Entonces estuvimos un mes sin vernos y yo ahí ya dije ‘bueno, esto es lo que toca’. Y lo acepté y siento que es un poco como en cada pareja. Cada pareja tiene sus términos, sus condiciones y yo lo acompaño desde un lado a él y él me acompaña desde otro a mí. Siento que pasa en cualquier pareja. Obviamente esto tiene un condimento especial por los viajes y adaptarte a la rutina. Sí puede ser que yo soy la que viaja más, pero nos adaptamos muy bien y yo creo haberme adaptado bastante bien. Porque también me encanta viajar, me encanta acompañarlo, lo disfruto mucho, no no siento que yo lo estoy siguiendo por el mundo.  O sea, es también una decisión mía. Yo tengo mis cosas, como digo, voy a la universidad, tengo mi vida también, pero disfruto mucho de viajar también. Entonces no lo vi como algo que podría jugarnos en contra o algo que me pudiera molestar. La verdad que siento que me adapté muy bien y lo disfruto muchísimo”.

Doble falta

Pero los viajes no son lo único que pasan a ser parte de la rutina. Josefina también fue testigo del salto deportivo de Menšík, en aquel comienzo de 2025, cuando el checo se impuso a Novak Djokovic en la final del Masters 1000 de Miami, hito con el que pasó de ser promesa a estrella del tenis checo.

“Yo ya estaba con él cuando pasó lo de Djokovic. Y creo que él ya venía con esa mentalidad de decir: ‘Bueno, ahora soy yo el que otros chicos ven por televisión’. Es un proceso de maduración. A partir del segundo año empezás a pensar que podés ganar, que te lo merecés después de todo el esfuerzo. Es algo que les pasa a todos los jugadores, creo. Creo que viene del hecho de pensar ‘me esforcé toda la vida, merezco levantar esos trofeos’”.

A pesar de verlo como “su novio” y no como un tenista de elite, Josefina nos cuenta que, como muchas otras personas que siguen el deporte alrededor del mundo, ella también siente admiración por lo que ha conseguido Menšík hasta ahora.

“Lo admiro. Hay una cuestión de constancia, porque uno muchas veces ve que tiene 20 años, y claro, es re chico, pero todos los tenistas vos los ves y tienen 20, 25. Hay más grandes obviamente. Pero no se ve todo lo que hay detrás, todos los años de dedicación, porque empezó a jugar a los que a los 3 o 4 años, entonces ya son 17 años de dedicación. No es como una persona, entre comillas, normal, digamos, que capaz empezás a estudiar una carrera a los 18, 20, o como yo a los 23. No hay que compararse, cada uno tiene sus sus tiempos y su carrera. Los tenistas, muchos se retiran a los 40, es una carrera corta, la del atleta no es una carrera muy larga, de muchos años. Después a la hora del éxito, a mí me encanta verlo triunfar. No lo veo desde un lado de ‘uy, yo estoy en las sombras, soy la novia de’. Para mucha gente lo seré, pero yo sé que soy mucho más que eso. Entonces es como como soy tan segura de lo que soy y lo que valgo, y la gente que me rodea sabe lo que soy, no soy la novia de Jacub para ellos. A mí me encanta verlo ahí, que él gane a quien le gane, que levante todos los trofeos que pueda llegar a levantar en su carrera y yo voy a estar ahí para apoyarlo y para verlo triunfar. Al fin y al cabo lo amo, es mi novio y es mi mayor deseo es que también se cumplan sus deseos”.

Intercambio cruzado

Evidentemente, salir con un tenista profesional (de los “tocados por la varita mágica”) tiene sus particularidades. Además de esto, ¿cómo se da la dinámica checo-argentina?

“Primero se da una conexión entre dos personas, pero después se van a dar ciertas situaciones en las que se generen choques, por el tema cultural. A ver, un choque puede pasar tanto entre una pareja argentina como en una pareja de una argentina y un checo. Pero en estos casos es una cuestión de entender las diferencias y decir ‘okay, esto lo entiendo hasta acá’, es una negociación. Uno dice ‘esto en mi país es así’ y el otro dice ‘okay, pero esto en mi país es así’, y llegamos a un punto medio en que los dos nos sintamos cómodos. Como digo, creo que pasa en cualquier pareja, independientemente de dónde sos, pero creo también que al ser de países diferentes puede llegar a darse más que en una pareja en la que son los dos de un mismo país. Pero creo que como los dos estamos un poco ‘en jaque’ porque hablamos un idioma que no es el nuestro, estamos los dos adaptándonos constantemente. A mí me encanta y me siento muy cómoda, la verdad”.

Entre negociación y adaptación, también se han dado intercambios de costumbres entre estos jóvenes enamorados. Josefina nos da algunos ejemplos.

“Yo en Argentina no me sacaba los zapatos o zapatillas para entrar a mi casa. Ahora es una regla estricta que las visitas, antes de que entren a mi casa, ya tienen la alfombrita preparada para sacarse los zapatos, tienen el mueble para dejar los zapatos. Eso lo adopté de él y de haber visitado la casa de su familia me me quedó eso. Después, él toma mate, tomamos mate juntos. Capaz todavía no tiene la costumbre de prepararse su mate, pero yo sí me lo preparo y él toma conmigo. Y después, bueno, las peores cosas, ya te imaginarás, algunos insultos y esas cosas que él aprendió, yo aprendí de él y medio como que nos reímos de eso”.

Además de adoptar costumbres checas, Josefina tuvo la posibilidad de descubrir el país en un viaje que la sorprendió mucho.

“Yo nunca había tenido contacto con República Checa, nunca había conocido a nadie de República Checa, nunca había ido, entonces no tenía ninguna imagen cómo podía llegar a ser. Entonces me sorprendió mucho. Praga me parece una ciudad muy hermosa, muy hermosa. Comimos muy rico también, me gusta mucho la comida de República Checa. Y también me sorprendió mucho la calidez de los checos, por lo menos tuve muy lindas experiencias conociendo a gente de República Checa. Me pareció muy lindo, me gustó mucho”.

El intercambio de idiomas también es otro de los puntos fuertes de esta pareja. Como sucede en muchas relaciones mixtas, el inglés aparece como puente, pero poco a poco, se van tendiendo otros.

“Nosotros hablamos en inglés, es como nuestro idioma fijo. Yo con el checo estuve tomando unas clases, ahora paré un poco porque estoy con muchas cosas de la universidad y no me da el tiempo. De a poco voy aprendiendo, es bastante difícil. Conozco algunas palabras, entiendo el contexto, capaz si él está hablando, yo entiendo un poco el contexto, pero bueno, es muy difícil, más que nada la pronunciación. Creo que eso es lo más difícil para mí. Y después, él con el español también, creo que él sabe más español de lo que yo sé checo y de a poco vamos avanzando. Yo trato de hablarle de a poco, les paso canciones. Pero sí, de a poco como que se va generando un intercambio ahí de tres idiomas diferentes que está bueno. A mí me gusta”.

Ventaja, Argentina

Pero venir de Argentina tiene un cierto peso específico. Tal vez haya en el subconsciente argento una búsqueda de grandeza o trascendencia. Quizás sean algunas figuras históricas destacadas del país las que potencian esa creencia de poder “destacarse” de alguna manera. Desafortunadamente, esa actitud es confundida, en ocasiones, con soberbia o arrogancia. En otros casos, esa misma actitud, afortunadamente, da la fuerza necesaria para “preguntar por el Instagram” a alguien y así, dar comienzo a una relación.

“Siento que los argentinos, nos pongan donde nos pongan, de alguna forma, vamos a destacar. Porque siento que viene de nuestra cultura, esta cosa de resolver usando ‘dos alambres’. Yo siento que hay algo en el ser argentino. Obviamente, también influye mucho la personalidad. Puede haber un argentino que sea más tímido o tímida, o más reservados. No es mi caso. Pero en general no puedo decir que los argentinos vayamos ‘cabizbajos’ por la vida, creo que solemos llamar la atención. No puedo decir que no. Pero también influye la personalidad de cada uno”.

Al final, los estereotipos son solo eso. A partir de su experiencia viviendo en Europa y con un novio de origen checo, Josefina ha desarrollado una postura mucho más flexible, que también aconseja.

“Muchas veces nos guiamos por los estereotipos. Me ha pasado que me comentaran que capaz los checos son más fríos. Yo diría que que no nos cerremos tanto, que está buenísimo conocer gente de todos lados, sea de República Checa o de donde sea. Te abre mucho la cabeza y siento que uno crece mucho más por conocer a gente de diferentes países, aprender, salir muchas veces del cuadrado en donde nos criamos, y hacerlo más amplio. Tomar cosas de cada lugar que conocés, que visitás o de las personas. Siento que es mejor dejar un poco de lado los estereotipos en los que nos formamos y tener un poco la cabeza más abierta y estar abiertos a conocer gente de todo el mundo”.

Sacar de abajo

A pesar de no seguir el ránking minuto a minuto, la joven argentina ha comenzado a disfrutar más del mundo del tenis, algo que comparte en sus redes sociales. En algunos viajes, Josefina muestra el detrás de escena de los torneos, todo lo que rodea a los partidos. Un mundo que hasta hace no mucho, solo quienes podían pagar un ticket tenían la posibilidad de ver.

“Lo veo como algo que hago de forma desinteresada, porque al fin y al cabo yo no es que sea una amante del tenis, simplemente tengo un novio tenista. Entonces lo veo como algo que hago para mostrarle a la gente este mundo, que lo disfruten y yo también lo disfruto: me gusta mucho hacer videos, me gusta mucho comunicar, hablar y generar algo lindo”.

Revés por la diagonal

Entre tantos viajes planificados, todavía hay uno que no se ha concretado, pero que la pareja tiene anotada en su lista de pendientes.

“Tengo muchas ganas de que conozca Buenos Aires. También me gustaría ir a Brasil, hacer un viaje por Sudamérica. Pero es difícil coordinar los tiempos. Y si voy a Argentina, quiero quedarme al menos dos semanas. No tenemos fecha todavía, pero es algo que queremos hacer”.

Estas historias, a diferencia de las calles de La Plata, no se pueden planificar. Sin embargo, tal vez todos podamos aprender de los platenses y, de vez en cuando en la vida, tomar una diagonal para avanzar directamente hacia lo que verdaderamente deseamos.

Autor: Juan Muttoni
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