Más de 200 valientes se bañan en las aguas frías del río Moldava

Foto: ČTK

La tradicional prueba de natación del día de San Esteban en el río Moldava registró este año una participación récord. Muchos de los 223 osados, y osadas, que se atrevieron a zambullirse en Praga aseguraron que el agua no estaba tan fría.

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El Memorial Alfréd Nikodém es la prueba de natación en aguas frías más antigua. Se celebra desde 1923 y en las 65 ediciones en que se ha realizado nunca habían participado tantos nadadores.

Posiblemente ayudaron las temperaturas atípicamente “altas” para este invierno en Centroeuropa. Así lo aseguraron la mayor parte de los nadadores, 160 hombres y 63 mujeres, entre quienes había personas de todas las edades. Tampoco a un niño de 10 años impresionaron los 5,6 grados centígrados a los que estaba el agua y el aire a la hora a la que les tocó nadar.

“Era agradable, ni fría ni caliente. Voy cada domingo a nadar en el Elba con mi padre y unos amigos, así que estoy acostumbrado a aguas más frías que esta”.

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Si bien otros años el agua estaba a punto de la congelación, en este seguía estando muy fría. Los expertos advierten que no todos estamos preparados para hacer frente a semejante cambio de temperatura.

“Cuando no se está preparado físicamente pero se salta a un agua tan fría como esta, puede pararse el pulso y la respiración, y producir un corte de estas constantes, un choque térmico, que puede llevar a la muerte”, explicó la doctora Irena Kudrnovská a la Televisión Checa.

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El anterior récord de participación, de 214 nadadores, databa de 1976. Con la salida y llegada junto al puente de la Legión, con el Teatro Nacional de fondo, se compite en tres diferentes distancias.

En la más larga, de 750 metros, venció una mujer, Eliška Novotná, seguida de cerca por el segundo, Petr Tomášek. Este premio más importante lleva el nombre del primer checo que cruzó a nado el Canal de La Mancha, František Venclovský.

Unas 3.000 personas miraron plácidamente, bien abrigados, la prueba. También el público fue más numeroso que en otras ocasiones gracias a la buena temperatura. Muy distinta fue la situación en 1946, cuando con 25 grados bajo cero llegó el día 26 de diciembre. Ni con la ayuda de sierras se pudo romper el hielo y finalmente los aguerridos nadadores se quedaron sin su ritual navideño.

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