Los Rolling Stones sellaron los cambios democráticos en Praga

Rolling Stones, foto: Severino, CC BY 2.0

Unos cien mil fans asistieron en 1990 al primer concierto de los Rolling Stones en Checoslovaquia. En el estadio de Strahov, en Praga, se volvió realidad el sueño de muchos de los roqueros del país de escuchar en directo algunas de las inmortales canciones de esta banda, cosa que apenas unos meses atrás parecía pura ciencia ficción.

Rolling Stones, foto: Severino, CC BY 2.0
El 17 de noviembre de 1989 comenzó la Revolución de Terciopelo en la Avenida Nacional de Praga. Nueve meses después, el 18 de agosto en el estadio de Strahov, los Rolling Stones sellaron los cambios democráticos en Checoslovaquia, convirtiéndose en el primer grupo de tal envergadura en tocar en el país, y de hecho en todo el bloque soviético, tras la caída del Telón de Acero.

Los tanques ruedan fuera, las piedras adentro

En vista de los cambios en Europa del Este, el famoso grupo británico, que estaba inmerso en una gira mundial titulada ‘Urban Jungle’, decidió incluir en su itinerario una parada más, la de Praga.

“Las piedras ruedan hacia Praga”. La publicidad televisiva con la inolvidable pronunciación checa de Mick Jagger anunciaba la aproximación del evento que iba a convertirse entonces en el mayor concierto checoslovaco.

La idea surgió en enero de 1990, cuando el agente de la banda envió una carta a Václav Havel, recién elegido presidente de la República, sondeando las posibilidades de dar un concierto en la metrópoli checoslovaca.

Havel, el imán que atrajo a los Stones

Václav Havel con Rolling Stones, foto: ČT24
El ex disidente y dramaturgo se convirtió en el impulso clave para la llegada de los Stones a este país, recordó uno de los organizadores del concierto Milan Pešík en la Televisión Checa.

“Aquí existe la leyenda urbana de que Václav Havel invitó a los Stones a tocar a Praga. No, fueron los Stones quienes le escribieron a ver si podían tocar aquí, porque Havel era para ellos un gran fenómeno. Hay que darse cuenta de que una persona procedente del ámbito cultural se hizo jefe de Estado, lo que no era habitual en el mundo occidental. O sea el hecho de que artistas entrasen en la política e hicieran algo llamado Revolución de Terciopelo, para los Stones era algo enormemente interesante”.

No contestamos al fax, porque no lo tenemos

Mick Jagger, foto: Kronos, CC BY-SA 3.0
Sin embargo, poner la idea en práctica no fue nada fácil. Hasta mediados de julio se prolongaron las negociaciones acerca de las condiciones bajo las que se efectuaría el concierto.

“Recién el 1 de agosto firmamos en Viena el contrato sobre el concierto que se efectuó el día 18 del mismo mes. Era algo singular en una época en la que no había Internet, teléfonos móviles, faxes ni fotocopiadoras, etc.”, agregó Pešík.

El equipo de los Stones pidió a los organizadores húngaros y austriacos que ayudaran a sus colegas de Praga, porque no estaba convencido del todo de que los inexperimentados checos serían capaces de llevar a cabo un evento tan grande.

Entonces faltaban en el país cosas fundamentales. Como seguía en vigor el embargo estadounidense de exportación de mercancías a Checoslovaquia, los objetos imprescindibles tuvieron que llegar al país por vías extraoficiales, por medio de contrabando.

“Yo mismo, por ejemplo, traje de contrabando un fax y una fotocopiadora, porque ellos siempre nos preguntaban: ¿Por qué no nos contestan el fax? Y nosotros respondíamos: Porque no lo tenemos”, indica Pešík.

Nos llamaban Yesmen por no saber decir otra cosa que yes

El equipo checo sudó bastante también para cumplir los requisitos de las 120 páginas del Tour Rider, exigencias de los artistas para el backstage.

“Las exigencias no diferían de lo que pedían en Múnich o Viena, pero algunas cosas entonces aquí eran inalcanzables. Partiendo del cáterin, donde leyendo algunas peticiones no sabíamos ni pronunciarlas y, mucho menos, conseguirlas. Pero en cuanto a la parte técnica y de producción sabíamos arreglárnoslas, aunque al principio se sentía un fuerte escepticismo por parte de ellos. Parecíamos unos bobos, sobre todo, porque pocos sabíamos hablar inglés. Nos apodaban los Yesmen, porque a todo respondíamos yes o maybe”, señaló el organizador del concierto.

Los fans llegaron a pesar del precio astronómico

Keith Richards, foto: Public Domain
Pero una vez superados todos los inconvenientes, el 18 de agosto de 1990 el estadio de Strahov se llenó con cien mil fans, aunque la entrada a los Rolling Stones salía a 250 coronas checoslovacas, una suma astronómica entonces, que superaba diez veces el precio de un concierto habitual.

“Estábamos convencidos de que la gente vendría, aunque entonces no existía ni una red de distribución de entradas. Había solo dos ventas adelantadas. Simplemente porque pedimos prestadas dos roulottes en las que garabateamos el logotipo de Rolling Stones y en ellas fuimos a vender las entradas a Praga. Cuando el tercer día habíamos vendido solo tres mil billetes estábamos desesperados, pero después todo se puso en marcha. Es que la gente al principio no creía que fuera posible que los Stones realmente sellaran el cambio del régimen y de la vida de aquí”, expresó Pešík.

Un concierto sin ánimo de lucro

En su primera parada en Praga, los Rolling Stones deleitaron al público tanto con varios viejos éxitos de su trayectoria iniciada en 1962, como con sus nuevas canciones del álbum 'Steel Wheels', lanzado en 1989, en un concierto de aproximadamente dos horas de duración.

La banda entregó las ganancias del concierto a la cuenta del Comité de la Buena Voluntad, fundado por la esposa del presidente Olga Havlová, en beneficio de los niños discapacitados.

Los Rolling Stones siguen gozando de una gran popularidad en este país, donde han dado un total de cinco espectáculos. Cinco años después de su estreno en Praga, asistieron a su segundo concierto en la capital checa hasta 130.000 fans.

Autor: Roman Casado
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