Lidka, la apreciada marca de chocolates checos que se niega a fundirse en el olvido

La historia de los chocolates Lidka es un reflejo de la historia reciente de Chequia. Guerras, tragedias familiares y expropiaciones no lograron hacer desaparecer esta marca que, gracias a un matrimonio de Kutná Hora, hoy vive un presente que hace honor a su legado.

El Museo del Chocolate de Kutná Hora bien podría ser el museo más pequeño de su tipo en el mundo. Pero la historia que cuenta, la del chocolate Lidka, su auge en el siglo XX, su caída y su posterior resurgimiento en el siglo XXI, sirve como un gran espejo de la historia moderna checa.

Lada Bartošová | Foto: Dominik Jůn,  Radio Prague International

Para sumarle un sabor aún más especial a este lugar, aquí se cuenta el relato de una marca que desapareció para luego revivir décadas más tarde. En efecto, Lidka supo ser una marca de dulces muy conocida y apreciada en la Checoslovaquia de principios del siglo XX que resurgió en 2018 como una pequeña operación artesanal, dirigida por el matrimonio de Pavel Bartoš y Lada Bartošová en la ciudad de Kutná Hora, en Bohemia Central.

El periodista de Radio Praga Internacional Dominik Jůn se entrevistó con Bartošová en este museo, ubicado al fondo de una pequeña tienda que vende chocolates Lidka y otros productos artesanales checos. La emprendedora cuenta que al descubrir la historia de la chocolatería no dudó en invertir sus esfuerzos en traerla de nuevo al mercado.

Pavel Bartoš y Lada Bartošová | Foto: Čokoládovna Lidka Kutná Hora

“Inicialmente solo fundamos una exposición sobre la historia de esta marca. Porque había existido hace cien años y no podíamos creer que hubiera habido una fábrica de chocolate tan famosa en Kutná Hora y que hoy nadie supiera nada de ella. Así que primero fundamos la exposición en el museo. Y unos años después también empezamos a producir chocolate”.

La producción de chocolate en Chequia se remonta al siglo XIX, en la época del Imperio Austrohúngaro. En parte, la abundante producción de remolacha azucarera en la región comenzó a hacer económicamente viables proyectos que involucraban este y otros dulces. El auge de la producción llegó durante la Primera República, tras la fundación de Checoslovaquia en 1918. Ese mismo año nació el chocolate Lidka, gracias a la fábrica de chocolate y confitería Koukol y Michera, situada en Kutná Hora, una pequeña ciudad histórica al este de Praga.

Martina Brhlíková | Foto: Dominik Jůn,  Radio Prague International

Martina Brhlíková trabaja en Lidka desde hace más de tres años, vendiendo chocolate y guiando a los visitantes por el Museo del Chocolate y disfruta de compartir esta historia con aquellos que se acercan interesados a descubrirla.

“Suelo contar primero a los visitantes la historia temprana de la fábrica. Que la producción comenzó en 1918 y terminó oficialmente en 1958, por lo que duró unos cuarenta años. El chocolate al principio llevaba el nombre de los dueños, Koukol y Michera. Pero como se vendía en todo el mundo y el nombre era difícil de recordar y pronunciar para quienes no hablaban checo, los dueños rebautizaron el chocolate como ‘Lidka’, en honor a la hija de uno de los empleados, como una versión abreviada de Ludmila”.

Brhlíková asegura que la marca supo resistir el calor de grandes cambios en el continente, sin derretirse ante la presión de eventos que hacían desaparecer a otros emprendimientos.

“La fábrica logró resistir bastante bien la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial. Durante los primeros veinte años de existencia lograron producir más de cinco mil tipos diferentes de confitería, desde bombones de chocolate y caramelos duros hasta dulces de caramelo. Sacaban cuatro o cinco nuevas variedades por semana, lo cual es una locura”.

Según relata Brhlíková, la empresa, originalmente, nació de la idea de uno de los 14 hermanos de la familia Koukol. Una familia que sabía bien de la fascinación que tienen los niños por los dulces, aunque no tuvieran dinero para hacerse con ellos.

“Zdeněk Koukol fue prácticamente quien tuvo la idea de hacer chocolate en Kutná Hora. Era uno de catorce hermanos y se hizo a sí mismo, pues no provenía de una familia rica. En cuanto a Eduard Michera, él fue el inversor y murió durante la Segunda Guerra Mundial”.

Koukol no solo era uno de 14 hermanos, sino también un hombre muy religioso. ¿Qué podría tener que ver este dato con la historia de un emprendimiento chocolatero? Para ciertas personas, Dios se hace presente en lucrativos granos de cacao.

“El fundador de la fábrica de chocolate Lidka, el señor Koukol, era un miembro muy activo de la iglesia. Así que utilizó los contactos que hizo en la escuela misionera. Primero consiguió granos de cacao de África, sobre todo de Ghana, y más tarde sus sobrinos viajaron y compraron cacao en el centro y sur de América”.

Mientras a Koukol la religión lo acercó a una fuente de ingresos considerable, a Eduard Michera, uno de los primeros inversores de la empresa, no se sabe exactamente qué lo llevó a desaparecer del mundo, pero existen algunos mitos al respecto, que nunca se han llegado a confirmar.

“Durante la Segunda Guerra Mundial, los empleados tuvieron que fabricar una tableta de chocolate negro con metanfetaminas para los soldados [nazis]. Y aparentemente uno de los cargamentos no llegó al lugar previsto, por lo que el señor Michera fue arrestado por la Gestapo y nunca más se le volvió a ver”.

Para Bartošová, sin embargo, esta historia está recubierta por una fina capa de contradicciones.

“Es la historia que contaron los empleados originales. Pero no tenemos documentación sobre ella, solo recuerdos. De hecho, ellos contaban que la fábrica nunca entregó esas tabletas a los nazis, sino que fueron robadas en el camino. Es una historia interesante, pero simplemente no lo sabemos”.

Foto: Čokoládovna Lidka Kutná Hora

Mientras algunos mitos dejan un sabor amargo, otros datos que sí fueron corroborados acerca de la historia de Lidka tienen el efecto reconfortante del cacao.

“Muchas cosas fueron destruidas, pero encontramos muchos documentos sobre artículos financiados por el dueño de la fábrica de chocolate, porque apoyaba a niños pobres, hospitales, etc. Así que tenemos esos documentos”.

En 1948, tras la llegada de los comunistas al poder en Checoslovaquia, la planta de Lidka fue nacionalizada, cerrada durante dos años y luego reabierta. A pesar de verse presionado, Zdeněk Koukol se negó a entregar sus recetas a los comunistas y poco después huyó a América. Aunque esta decisión apenas le valió unos pocos años más de vida, su honor y dignidad no tienen fecha de vencimiento.

“Tenía más de 60 años entonces. Ya había estado involucrado en distintos negocios antes de dedicarse al chocolate, y había creado dos empresas. No creo que le quedaran energías para empezar otra vez. Además, no tenía capital ni dinero para invertir. Y murió bastante pronto tras emigrar, a los pocos años”.

Con Koukol desterrado, los comunistas centraron su presión en la familia Michera, a pesar de que el inversor ya se encontraba desaparecido desde hacía tiempo.

“La familia de Eduard Michera se quedó en Checoslovaquia, pero los comunistas, como solían actuar en esa época, casi llevaron a la ruina a cada uno de sus miembros. Su esposa fue obligada a trabajar en una granja de pollos. Y realmente no sabemos qué fue del señor Michera, porque casi todos los documentos desaparecieron”.

A pesar de las tragedias y misterios que envuelven a los creadores de esta marca, no todo el legado familiar está perdido.

“La sobrina del primer fundador de la fábrica (Zdeněk Koukol) aún vive en Kutná Hora y viene bastante seguido al museo. Pero el resto de la familia está repartido por todas partes, porque casi todos emigraron. Y la familia del segundo dueño vivió durante un tiempo en Čáslav, cerca de aquí”.

En 1958 terminó la producción de chocolate Lidka en Kutná Hora, por lo que las actividades de la empresa pasaron a desarrollarse en la estatal Orion, en Modřany (Praga). Mientras tanto, la antigua planta de Lidka se convirtió en una fábrica de camiones. Hoy el edificio principal, que antes formaba parte de un complejo mayor, alberga el Archivo Estatal de Kutná Hora.

En 1991, la mayor parte de la producción de chocolate checoslovaco se agrupó en la empresa nacional Čokoládovny, que reunía a las principales marcas como Orion, Diana, Zora y Opavia. Finalmente, fue adquirida por las multinacionales Nestlé y Danone. Orion se convirtió en la marca insignia de Nestlé en Chequia.

“Las otras fábricas que todavía existían fueron cerradas o vendidas. Y la marca Lidka se vendió en 1995 a las Islas Vírgenes Británicas, en el Caribe. Pero los actuales propietarios lograron recuperarla hace unos años, y desde 2018 producen y venden Lidka otra vez aquí en Kutná Hora”.

Lada Bartošová y Pavel Bartoš | Foto: Dominik Jůn,  Radio Prague International

Para que la marca regresara a manos checas, Bartošová explica que tuvieron que darse una serie de condiciones nada fáciles de alcanzar.

“Fue un proceso bastante complicado. Tras la Revolución de Terciopelo, Nestlé compró las marcas de chocolate de Kutná Hora. Unos años después decidieron que ya no les interesaban, y quedaron disponibles. Durante los ‘salvajes 90’, hubo muchos negocios extraños con las antiguas marcas checas, incluida Lidka, que acabó en el extranjero. Nosotros contactamos con los dueños, porque originalmente queríamos el nombre para el museo, que se llamaba ‘Lidka’. Pero no respondieron. Y yo me dije: ‘realmente quiero esta marca, porque su lugar está aquí, en Kutná Hora’”.

Foto: Dominik Jůn,  Radio Prague International

El matrimonio esperó unos años a que caducara el registro de la marca. Finalmente, el día señalado, presentaron su documentación y lograron recuperar el nombre, no de los dueños, sino del propio Estado checo, al que había revertido como antigua empresa estatal.

“Antes había muchos más centros de chocolate, porque antes de la Segunda Guerra Mundial Checoslovaquia era un gran productor. Creo que durante un tiempo fuimos incluso el tercer mayor productor de chocolate. Pero lo que no destruyeron en los años 50, lo destruyeron en 1989, cuando Nestlé y otras grandes compañías llegaron y compraron toda la industria chocolatera y de dulces checa”.

Foto: Dominik Jůn,  Radio Prague International

Hoy, gran parte de esta historia se cuenta en el Museo del Chocolate, donde incluso los vecinos donan objetos relacionados con Lidka, que encuentran en casa. A pocos minutos a pie del sitio se encuentran las instalaciones de producción de la nueva Lidka, que no emplea a 500 personas como el lejano pasado, sino a cinco de forma fija, con algunas contrataciones esporádicas.

El recorrido que se puede realizar por su taller muestra la máquina de atemperado, indispensable para dar brillo y consistencia al chocolate; la mesa vibratoria, que elimina burbujas de aire; moldes de policarbonato; y los “melangers”, que muelen los nibs de cacao durante casi 100 horas según las recetas tradicionales. Después de añadirles azúcar o leche en polvo, se crean barras largas que reposan durante tres semanas antes de volver a fundirse y atemperarse.

Museo del Chocolate | Foto: Dominik Jůn,  Radio Prague International

La degustación es una parte fundamental del proceso: los empleados, apodados “Oompa-Loompas” por los nuevos propietarios, y los propios visitantes del museo prueban los chocolates antes de definir empaques y lanzamientos.

Para Bartošová, el número reducido de empleados, en realidad, tiene que ver con la forma artesanal de producción. En algunas industrias, menos significa más.

“Todos somos pequeños productores bean-to-bar. Es difícil hacer crecer este modelo de negocio en el mercado checo actual. Creo que ninguno superará los quince o dieciocho empleados. Pero tratamos de cooperar entre nosotros. En el Festival del Chocolate presentamos nuestros productos juntos para mostrar que el verdadero chocolate es, realmente, buen chocolate”.

Kutná Hora | Foto: Klára Stejskalová,  Radio Prague International

Una oportunidad especial para descubrir este y otros emprendimientos será el Festival del Chocolate Checo, que se llevará a cabo en Kutná Hora entre el 24 y el 26 de octubre, una ciudad conocida ahora por ser escenario de Kingdom Come: Deliverance II, uno de uno de los videojuegos más exitosos de la actualidad, su imponente Iglesia de Santa Bárbara y, por supuesto, el Osario de Sedlec. A todo ello se suma ahora esta rica historia del chocolate en República Checa que, más que nunca, se niega a quedar en el olvido.

Autores: Dominik Jůn , Juan Muttoni
palabras clave:
audio

Relacionado