Las aventuras del buen escritor Hašek

El 28 de octubre se celebra el día de la Independencia en la República Checa. En tal día de 1918, Checoslovaquia proclamó su Estado, que surgía de las ruinas del Imperio Austro-húngaro, humeantes tras la recién concluida Primera Guerra Mundial, la Gran Guerra. El escritor Jaroslav Hašek, burlonamente tomó parte en todo el proceso desde los primeros años del siglo XX y desde los lugares más inverosímiles. Candidato al Parlamento de un partido político cínico y absurdo, voluntarioso soldado distinguido con la medalla de plata del Ejército Austriaco, que no tendrá problemas en desertar, comisario del pueblo bolchevique en una región de la Rusia soviética... Su alter ego, el bobalicón protagonista de ‘Las Aventuras del Buen Soldado Švejk’, protagonizará una irreverente novela, brillante sátira del conflicto bélico que asoló Europa y que rápidamente se convirtió en una obra fundamental para la literatura universal.

El buen soldado Švejk,  foto: Československý spisovatel
Con la noticia del mismo suceso que provoca la Primera Guerra Mundial, es con el que se inician ‘Las Aventuras del Buen Soldado Švejk’.

“-Así que nos han matado a Fernando.

-¿Qué Fernando, señora Müller? Conozco a dos Fernandos. Uno es criado del droguero Průša y alguna vez se ha equivocado y ha bebido tinte para el pelo, y luego conozco también a Fernando Kokoška, que anda recogiendo estiércol. El mundo no se pierde nada con la pérdida de ninguno de los dos.

-¡Pero señor! Ha sido al archiduque Fernando, al de Konopiště, al gordo y piadoso.

-¡Jesús María! Y, ¿dónde le ha ocurrido eso al señor archiduque?

-En Sarajevo. Lo han matado con un revólver, señor. Fue allá en automóvil con la archiduquesa.

-¡Vaya, señora Müller! ¡En automóvil! Sí, un señor como él puede permitirse ese lujo y no piensa ni por un momento que un viaje así puede acabar en desgracia. Y además en Sarajevo, que es Bosnia, señora Müller. (…) Supongo que el archiduque Fernando no imaginó que aquel hombre iba a matarle. Vio que era un caballero como los demás y pensó: Si grita ’¡Viva!’ seguro que es un hombre honrado. (…)

-Los periódicos dicen que el archiduque quedó como un cedazo, señor. Le disparó todas las balas. (…)

-Para esto yo me compraría una Browning. Parece un juguete pero en dos minutos puede matar a veinte archiduques, flacos o gordos, a pesar de que, dicho sea entre nosotros, señora Müller, acierta mejor con un archiduque gordo que con uno flaco”
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El asesinato de Francisco Fernando en Sarajevo
El asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo el 28 de junio de 1914 marca el principio del fin del Imperio Austro-húngaro. Alianzas entre las grandes potencias europeas harán que a partir de este atentado de una organización nacionalista serbia estalle el mayor conflicto bélico conocido hasta aquel momento, la Primera Guerra Mundial. Cuatro años después, el Imperio Austro-húngaro sucumbía a las fuerzas aliadas que incluían a Francia, Rusia, Gran Bretaña y Estados Unidos, y se resquebrajaba. Concluía el dominio que la dinastía de los Habsburgo había impuesto durante siglos en buena parte de Europa. En el corazón del viejo continente nacía la República de Checoslovaquia. Culminaban décadas de anhelos de independencia y autodeterminación por parte de checos y eslovacos. Bajo el liderato de nombres como los de Tomáš Garrigue Masaryk, Edvard Beneš y Milan Štefánik, comenzaba una nueva era.

La nueva república centroeuropea enseguida se convirtió en una de las democracias más prosperas del viejo continente. Sobre ese periodo nos habla Enrique Gutiérrez Rubio, Doctor en Filología Eslava, y profesor en la Universidad Palacký de Olomouc.

“Se trata de un periodo muy interesente de la historia de Chequia. Único. A lo largo de 20 años existe un desarrollo incomparable, y no solo económica e industrialmente. La República de Checoslovaquia se coloca entre las grandes potencias industriales del mundo, no solo de Europa. A ese desarrollo industrial y económico, va asociado el de la cultura en general, de las artes plásticas, desde luego, o por ejemplo el caso del cine dan muestra de cómo Checoslovaquia estaba en el escalón más alto de su época de la cultura europea”.

El buen soldado Švejk, un símbolo del pueblo checo

Jaroslav Hašek
A este amanecer cultural, también se sumó por supuesto el literario. Era época de vanguardias en toda Europa, de experimentación y de ruptura con el pasado. Enrique Gutiérrez Rubio destaca la trascendencia del autor y la obra a la que estamos dedicando este especial.

”Quizá la muestra más representativa de esta época maravillosa de la primera República checoslovaca es el escritor Jaroslav Hašek, que ha quedado como uno de los nombres más representativos de la literatura checa de todos los tiempos. Sin duda, de su obra lo más importante es su personaje Švejk, puesto que ha quedado como un símbolo del pueblo checo”.

En 1921, el editor Franta Sauer convencía a su amigo, el intelectual-alborotador Jaroslav Hašek, para que escribiera las aventuras de uno de sus antiguos personajes, el soldado Švejk, durante la guerra. Las historias aparecían por fascículos. El éxito fue inmediato.

La mofa de la pretenciosa propaganda austrohúngara, de la represión política, de la monarquía, de la tiranía y prepotencia de los viejos oficiales y, en definitiva, la desmitificación de toda la farsa alrededor de la guerra, fue muy bien recibida por el público. Švejk se hizo muy famoso, un personaje de la cultura popular.

Alejandro Calero, profesor de lengua y literatura checas en la Universidad de Granada, España, destaca como el antihéroe Švejk, detrás de su aparente estupidez, esconde bastante astucia.

“Hašek nunca dejó clara la condición mental de Švejk, es decir; o que era tonto o que se lo hacía. A este respecto quisiera resaltar la charlatanería, y como Švejk acostumbraba a proferir muchas estupideces, aunque éstas eran bastante acertadas, no sabemos si debemos ver la charlatanería de Švejk como un intento de socarronería. Es la famosa ironía checa que le gusta jugar con los límites de la descortesía”.

Jaroslav Hašek en el año 1920
Hašek, recién vuelto de Rusia, adonde la guerra le había terminado por llevar, contaba, a través de Švejk, episodios, que aunque absurdos, le habían ocurrido a él mismo durante su servicio en el ejército imperial durante la contienda. Algunos de los personajes ridiculizados en las Aventuras del Buen Soldado Švejk eran reales, y Hašek los introducía en la novela con sus nombres y apellidos. Valga como ejemplo, el capellán castrense Otto Katz. Juerguista, borracho y mujeriego a pesar de su cargo eclesiástico, se entendía a la perfección con Švejk, que durante buena parte del libro es su asistente, llegando incluso a celebrar misas o administrar la extremaunción con aceite de cañamones.

En una ocasión, el capellán recibe en su casa a un compañero que pretende llamarle la atención sobre sus graves faltas.

“-Me asombra que en su casa no haya ningún crucifijo. ¿Dónde lee el breviario? Ni un solo cuadro de santos adorna las paredes de su habitación. ¿Qué tiene allí sobre la cama?

-Susana en el baño, y la mujer desnuda que hay debajo es una antigua conocida mía. A la derecha hay una escena japonesa que representa el acto sexual entre una geisha y un viejo samurai. ¡Qué original! ¿Verdad? El breviario lo tengo en la cocina. Švejk, tráigalo y ábralo por la tercera página. (…)

-Este es un vino de mesa ligero, colega. De muy buena calidad; Riesling. Recuerda al Mosela.

-Yo no beberé. He venido para apelar a su conciencia.

-Entonces se le secará la garganta, querido colega. Beba y lo escucharé. Soy un hombre muy sociable y puedo escuchar otras opiniones. (…) Un vino condenadamente bueno, ¿no es verdad, querido colega?

-Veo que blasfema.

-Es una costumbre. A veces me sorprendo incluso renegando. Sirva al señor cura, Švejk. Puedo asegurarle que también digo: ¡Santo cielo! ¡Por Cristo! ¡Maldición! Supongo que si llevara tanto tiempo en el ejército como yo se acostumbraría a ello. No es nada malo y a nosotros, los curas, nos toca muy de cerca: ¡Cielos! ¡Por la cruz de Cristo! ¡Por todos los santos! ¿No suena muy bien y muy profesional? ¡Beba querido colega! (…) Querido colega, levante la cabeza, no esté tan triste, como si tuvieran que colgarle dentro de cinco minutos. He oído decir que el viernes se equivocó y comió una chuleta de cerdo en el restaurante porque se creía que era jueves y que luego se fue al retrete y se metió las manos en el cuello para que saliera porque creía que Dios iba a exterminarlo. Yo no tengo miedo de comer carne en tiempo de abstinencia; ni siquiera tengo miedo del infierno. Perdón, beba. Así.”

Hašek escribe en el epílogo de la primera parte que el capellán castrense Otto Katz renunció a todo tras la derrota en la guerra y abandonó la Iglesia, tras lo que trabajaba como procurador en una fábrica de bronces y pinturas. El antiguo capellán le escribió una carta llena de amenazas al leer lo que había publicado, pero tras una visita, dice Hašek, todo se arregló y “a las dos de la mañana no se tenía en pie”.

Aventuras y leyendas del escritor Hašek en Praga

Hašek no fue solo alborotador en la guerra. Sus excesos, extravagancias y espíritu vividor eran suficientemente conocidos en los círculos literarios e intelectuales de Praga, pero especialmente en decenas de tabernas.

Las anécdotas y leyendas sobre su vida son innumerables. El que había sido un activista anarquista, al enamorarse de una chica de provincias acomodada, asumió con propiedad el papel de hombre de bien. Asumió el cargo de director de la revista ‘Mundo Animal’, publicación para amantes del mundo natural. Sin intención alguna de guardar ningún tipo de rigor, Hašek se divertía escandalizando a la comunidad científica y a los suscriptores de la revista inventando animales. En Las Aventuras del Buen Soldado Švejk, el voluntario de un año Marek contaba la historia como si hubiera sido él, el redactor de Mundo Animal. “Partí del principio de que el elefante, el tigre, el león, el topo, el cochinillo, etc., hacía ya tiempo que debían ser seres del todo conocidos para los lectores de ‘Mundo Animal’,” dice el voluntario Marek. Entre las muchas criaturas ‘descubiertas’ por Hašek, se encontraban por ejemplo los cacatúa-murciélago, el tiburón cerúleo, la pulga paleozoica, en latín Paleopsylla khuniana, o la ballena de vientre sulfuroso. Esta nueva especie de ballena era del tamaño del bacalao y poseía una vejiga llena de ácido fórmico. El oso comestible, el murciélago de Islandia, también conocido como ‘murciélago remoto’, o un gato doméstico de las cumbres del Kilimanjaro, el ‘pastociervo irascible’, eran otras de sus invenciones. Los artículos a menudo los firmaba con el nombre de su amigo, el dibujante Josef Lada, que más tarde haría las inolvidables ilustraciones de ‘Las Aventuras del Buen Soldado Švejk’. Pero la revista también informaba a sus lectores sobre las últimas noticias. Por ejemplo el alcoholismo entre los animales, o que los lobos salvajes pronto serían vendidos como perros domésticos. En ese último punto, Hašek no estaba tan lejos de la realidad, ya que él mismo se había dedicado a traficar con perros de la calle o robados que vendía como canes de pura raza y noble ascendencia. Como no, la ocupación principal de Švejk también era, según su autor, “la venta de perros, feos monstruos bastardos, cuya genealogía falsificaba”.

Pero Hašek también se metió en política. Al frente de la formación que creó junto a sus amigos de borracheras, el Partido del Progreso Moderado Dentro de los Límites de la Ley, se presentó a las elecciones para el Parlamento regional de Bohemia en 1911. Partiendo del principio de que “el alcohol es la leche materna de la política”, organizaba mítines en tabernas, que durante horas divertían a buena parte de los artistas e intelectuales praguenses. “Estamos en contra de la violencia, por lo que retrocedemos ante ella” decía Hašek. El escritor se burlaba de la decadente política imperial con discursos pomposos y promesas electorales increíbles, pretendiendo ser un ejemplar ciudadano conservador y defensor de los Habsburgo, entre las risas y pitadas de los asistentes. En las elecciones obtuvo veinte votos.

El buen escritor Hašek en la Primera Guerra Mundial

En 1915, Hašek es llamado para combatir en la Primera Guerra Mundial, capítulo que recuerda Enrique Gutiérrez Rubio.

“Una de las épocas más apasionantes de la vida de Hašek es cuando a causa de la primera guerra mundial fue llamado a filas. Tardó cinco o seis años en regresar, no porque fuera hecho preso, sino porque se pasó al enemigo”.

Efectivamente. Y la guerra le proporcionaría mil historias y personajes a Hašek que incluiría en su obra maestra. Con el ejército austriaco había simulado sufrir de reuma para librarse del servicio y fue condenado a tres años de prisión a cumplir al final de la guerra. Pero también recibió la medalla de plata por su valor y ascendió a cabo tras arrestar a un buen número de desertores rusos en la provincia de Galitzia. Su conocimiento del ruso fue de gran utilidad para la negociación con los soldados del zar.

En septiembre de ese mismo año, durante una contraofensiva rusa, Hašek se entregó voluntariamente. Sobrevivió a una epidemia de tifus que mató a muchos de sus compañeros en el campo de concentración ruso donde pasó algún tiempo antes de pasar a engrosar la Legión Checoslovaca, dentro del regimiento Jan Hus. Ideadas e impulsadas fundamentalmente por Tomáš Garrigue Masaryk y Milan Štefaník, la Legión Checoslovaca unió a miles de soldados de esa procedencia contra el Imperio Austro-húngaro. Formadas por desertores de las tropas austrohúngaras, se organizaron en Rusia, Italia y Francia y lucharon para la Triple Entente con la promesa de lograr la independencia para Checoslovaquia.

La guerra acabó y la autodeterminación llegó, pero Hašek permaneció en Rusia, convertido ahora en ferviente bolchevique. El escritor, luchando a favor de la Revolución durante la Guerra Civil Rusa en el Ejército Rojo se mostró, esta vez sí, sorprendentemente disciplinado. Al parecer siempre sobrio, mostró grandes dotes para la organización, lo que finalmente le alzó como gobernador de la provincia tártara de Bugulmá. Incluso en sus mismos relatos de Bugulmá queda claro que fue en ocasiones un temido y brutal represor, lejos del ambiente festivo de las juergas en las tabernas de Praga y el antibelicismo que evocan ‘Las Aventuras del Buen Soldado Švejk’.

Mientras, en Praga, todo el mundo daba por hecho que Hašek habría muerto durante la contienda, como recuerda Enrique Gutiérrez Rubio.

“Sus compañeros, amigos, en las tabernas praguenses ante la falta de noticias sobre él, dieron por hecho su muerte. Se comentaban muchos modos de los que había muerto. Entre ellos, que fue ahorcado, que murió en batalla, o que a causa de la traición, había sido asesinado por las mismas tropas checoslovacas. Como muestra de esas aventuras de Hašek, que en ocasiones parecen aún más estrambóticas que las de su personaje Švejk tenemos un artículo que se llama ‘Cómo me encontré con el autor de mi propia necrológica’:

“En los cinco o seis anos de estancia en Rusia he muerto o he sido asesinado varias veces por varias organizaciones o por individuos. De vuelta en la patria he descubierto haber sido ahorcado tres veces, fusilado dos, y en una ocasión descuartizado por salvajes kirguises. Finalmente, haber sido mortalmente apuñalado en una riña salvaje por marineros borrachos en una taberna de Odesa. Esta versión me parece la más probable.”

Pero en 1920, Hašek retorna a Praga y vuelve a ser el mismo de antes. Para empezar, sorprende y desagrada a la opinión pública al llegar acompañado de una nueva mujer con la que se ha casado en Rusia, a la que engañará con su primera mujer, Jarmila. Su bigamia se hará famosa.

Vuelven el alcohol y las juergas sin fin a su vida. Durante ese nuevo periodo, el premio Nobel de 1984, Jaroslav Seiffert, de niño conocerá a Hašek. En su libro ‘Toda la Belleza del Mundo’ recopilará algunas de las increíbles historias que Hašek volverá a dejar en Praga. Enrique Gutiérrez Rubio recuerda una de ellas.

“Cuenta Seifert en sus memorias que una vez apareció Hašek en la taberna al lado de su casa, el ‘Ángel Dorado’. Apareció en pijama, en zapatillas, iba a la farmacia para comprar una medicina para su mujer que estaba enferma. Se había detenido un segundo para tomar una cerveza. Se tomó varias jarras y dijo que tenía que ir a la farmacia. A los dos días llegó la mujer de Hašek preguntando por su marido porque no había vuelto de la farmacia. Hašek volvió finalmente a la semana de haber salido, sin la medicina, lo cual ya daba igual”.

El curioso proceso de creación de ‘Las Aventuras del Buen Soldado Švejk’, también aparecía en las memorias de Jaroslav Seifert. Enrique Gutiérrez Rubio comenta ese capítulo y la reflexión del Premio Nobel.

“Cuando Hašek tenía dinero iba a una taberna comía y bebía todo lo que podía, invitaba a todo el mundo, y cuando se quedaba sin dinero se sentaba en una mesa manchada y escribía un capítulo de Švejk. Mandaba a alguien para que se lo llevara al editor y el editor le daba el dinero a ese alguien. Con el dinero, bebían y comían todos durante aproximadamente un día y una noche. Cuando se acababa el dinero volvía a escribir otro capítulo. También eso explica que Švejk fuera una novela inconclusa, porque evidentemente esta forma de vida acabó con Hašek. Se pregunta Seifert, si sería posible que esta novela hubiera sido escrita de no ser por la forma de ser de Hašek. ¿Cómo habría sido si la hubiera escrito sentado cada día por la mañana con un cafecito en su escritorio? Desde luego habría sido otra novela y posiblemente no sería tan genial como son ‘Las Aventuras del Buen Soldado Švejk’".

En 1921, Hašek se muda con su segunda mujer a Lipnice nad Sázavou, una localidad de poco más de mil habitantes, adonde llevará también su modo de vida. Sus excesos empiezan a dar la cara. Su salud empeora mientras su peso aumenta preocupantemente, pero él sigue dictando las aventuras de Švejk, bien a un joven escribano, bien a bien a su mujer. Dice Angello Maria Ripellino, en su libro Praga Mágica, que cuando Hašek murió repentinamente el 3 de enero de 1923, sus compañeros de tabernas de Praga pensaron que se trataba de otra nueva broma urdida por el escritor. De manera que casi nadie acudió a su funeral.

Švejk, el Quijote de la literatura checa

El gran legado de Hašek, ‘Las Aventuras del Buen Soldado Švejk’, no son una sátira cualquiera, sino todo el retrato de una época, aparte de un divertido alegato antibélico. Un retrato gamberro y burlón, propio del personaje juerguista y extremo que era Hašek, pero un retrato brillante.

La importancia de Švejk para la literatura y cultura checa es incalculable. Símbolo nacional dentro y fuera del país y obra maestra de su literatura. El profesor de la Universidad de Granada, Alejandro Calero, comenta algunas de las influencias de ‘Švejk’ que se pueden ver en autores posteriores.

Tumba de Jaroslav Hašek en Lipnice nad Sázavou,  foto: Matěj Baťha,  CC BY-SA 2.5 Generic
“De la misma manera que en este personaje vemos un híbrido de Don Quijote y Sancho Panza de la literatura anterior. Deberíamos resaltar por ejemplo, que en el exceso de servilismo de éste ante el Imperio Austro-húngaro encontramos paralelismos con algunos de los héroes que encontramos en las novelas de Bohumil Hrabal. Y en cuanto a lo patético y nocivo que puede resultar cualquier tipo de obediencia ante una identidad nacional o ideológica, está claro que escritores como Milan Kundera o Witold Gombrowicz cogieron el testigo de Hašek”.

En pocos años, ‘Švejk’ fue traducido a muchas lenguas, hoy día suman un total de 58, y llevó el nombre de la recién creada Checoslovaquia por todo el mundo.