“La comida peruana es la mejor del mundo”

Daniel Pospíšil y Jackeline Viccina

Jackeline Viccina llegó a Praga hace más de seis años para vivir con su marido checo, Daniel Pospíšil. Juntos han llevado a cabo una vieja idea, que consistía en abrir un bar con ambiente chill out y que ya tiene nombre: se llama Barrel.

Daniel Pospíšil y Jackeline Viccina
Jackeline Viccina es peruana pero habla más tiempo en inglés que en su propio idioma. Con el checo también se defiende, algo a lo que su marido Daniel contribuye, pero ella asegura que “de septiembre no pasa” y se inscribirá en una escuela de idiomas para mejorar.

Se conocieron en Estados Unidos, trabajando, y tras varias idas y venidas acabaron viviendo en Praga hace seis años. Aquí le han dado forma a una vieja ilusión: abrir un local donde los clientes puedan ir a relajarse y tomar buenos cócteles. El bar se llama Barrel, explica Jacqueline.

“En un principio como teníamos la idea de juntar a muchas nacionalidades yo pensé en Etnics. Pero Barrel tiene un significado en la lengua checa que significa barril o también las ondas de las olas. La idea de Barrel tenía sentido porque la mayoría del alcohol se conserva en barriles. Otra cosa es que tiene la palabra bar al principio”. Daniel comenta que la idea era “traer un poco de sol a Praga”, y por eso tienen una terraza y un jardín. Jackeline asegura que el bar ha tenido una buena acogida, aunque ella y su marido no se relajan y están al pie del cañón cada día en el negocio.

“Siempre hay que mantener el estándar del servicio, tener buena cerveza, los cócteles servidos de la manera apropiada, el orden, la limpieza”.

La pareja quería diferenciarse del resto de bares con la música y el ambiente, y también disponen de un pequeño escenario en el que se ofrecerán conciertos acústicos en breve. La variedad de cócteles es otra de sus bazas así como sus precios, que aseguran que son mucho más económicos que los de otros bares, sostiene Jackeline.

Bar Barrel, foto: Jackeline Viccina
“Sobre los cócteles te puedo decir que somos un bar que los tenemos a buenos precios. No ponemos nada de menos ni de más. Hemos copiado un poco el estilo de Estados Unidos porque cuando aquí en Praga vas a beber y pides un trago que incluye licor y soda te lo cobran separadamente o lo sirven en dos vasos. Nosotros estamos evitando eso. Si cobramos por un cubalibre es un cubalibre, no es un ron con coca cola”.

Pero sus proyectos para el futuro no se quedan en el bar. Como buena peruana, Jackie adora la cocina de su país y se plantea abrir algún tipo de negocio con comida peruana en Praga. Algo que en este momento es difícil por los inconvenientes para encontrar los alimentos y especias necesarias para la elaboración de los platos.

“Los productos aquí son imposibles. Legalmente hablando no existe la manera para conseguirlos. Y lo que he escuchado de algunas personas es que preparan la comida peruana en sus casas es que van a comprarlo a Austria”.

Jackeline lamenta que la difusión de la cocina peruana no tenga la fuerza de otras como la mexicana. Aunque recuerda que la gastronomía peruana está entre las mejores del mundo.

“Aún nuestra comida no está difundida en el sentido de propaganda o marketing. Gente que ha viajado o hace comparaciones en diferentes tipos de comidas. Nosotros estamos en el número uno o dos de comidas internacionales, pero aquí todavía no ha llegado y más famosa es la comida mexicana”.

Esta peruana aprovecha cualquier rato libre para cocinar o intentar cocinar comida típica de su país con los sucedáneos que encuentra a mano. Como, por ejemplo, uno de los platos más famosos, las papas a la huancaína.

“El principal ingrediente es el ají amarillo o mirasol, el cual no crece aquí y tampoco lo venden. Si tú no tienes eso lo que haces es una imitación del plato, como he escuchado a algunos de mis paisanos que me dicen: no tengo el ají amarillo pero lo hago con paprika. Y dicen que es una imitación muy mala pero al menos se lo imaginan”.

Daniel y Jackie afrontan con ilusión y mucho trabajo cada nuevo día en su Barrel. Si pasáis por la calle Šmeralova en Praga 7, haced una parada para relajaros, charlar un rato y tomar un cóctel con nuestros protagonistas.