Fiesta nacional del 8 mayo: los últimos días de la Segunda Guerra Mundial en Praga

La mayoría de los historiadores, testigos oculares y protagonistas de las cumbres de los máximos representantes de EE.UU., Gran Bretaña y la Unión Soviética entre 1943 y 1945 sostienen que en las mismas jamás se habló de la división de las esferas de influencia ni de la liberación de Berlín, Praga o Viena. Pero pese a ello, todos los dirigentes de la coalición antihitleriana tenían en cuenta este tema, aunque sin precisarlo. El Presidente estadounidense, Franklin Delano Roosevelt falleció el 12 de abril de 1945. Y precisamente en dicho mes, la cuestión de ¿quién protagonizaría la liberación de las metrópolis centroeuropeas? adquirió una gran envergadura.

Winston Churchill
El jefe del Gobierno británico, Winston Churchill, fue el único representante de los aliados occidentales en insistir que la meta principal de los ejércitos angloamericanos era Berlín y que la liberación de Checoslovaquia, así como la entrada del ejército norteamericano en Praga tendría una importancia crucial para el desarrollo europeo después de la Segunda Guerra Mundial.

Churchill reiteró esta opinión en la carta que dirigió al vicepresidente estadounidense y sucesor del fallecido presidente, Harry Truman. Posteriormente, Winston Churchill lamentó mucho su ausencia en los funerales de Roosevelt para poder entrevistarse personalmente con Truman y exponerle la importancia de este tema. El presidente Truman, quien todavía no estaba al tanto de las cosas, dejó la decisión definitiva sobre este asunto a la competencia de sus generales.

El 11 de abril de 1945, el jefe del mando norteamericano, David Dwight Eisenhower, fue informado por el general, Otmar Bradley, que sus unidades habían atravesado el río Elba, a aproximadamente unos cien kilómetros al sur de Berlín.

El precio en víctimas de los norteamericanos por la conquista de Berlín fue estimado en 100 mil soldados. Precio demasiado alto por Berlín, que desde el punto de vista norteamericano sólo era una meta de prestigio sin relevancia militar, y es que las fuerzas hitlerianas resistían todavía en Alemania septentrional y meridional, así como en Dinamarca, Noruega, Holanda y en Bohemia.

En Bohemia se encontraban intactos los Ejércitos del Centro, integrados por más de un millón de soldados alemanes al mando del mariscal Schörner.

Dwight Eisenhower
En vista de esta situación, el general Eisenhower decidió dejar la capital alemana a los soviéticos y acceder a la línea marcada por los ríos Elba y Vltava como línea divisoria entre los aliados occidentales y los soviéticos. Pero entretanto, las unidades avanzadas del ejército norteamericano del general Patton habían alcanzado las regiones occidentales de Bohemia.

Así era la situación estratégica en vísperas del estallido del levantamiento de mayo en Praga y otras ciudades checas, que representó la más amplia intervención armada del pueblo checo contra los ocupantes nazis.

El avance de los aliados, así como las noticias sobre la capitulación alemana y el suicidio de Adolf Hitler estimularon los levantamientos armados en muchos lugares del "Protectorado de Bohemia y Moravia", establecido por los ocupantes en 1939.

Adolf Hitler
Sin embargo, cabe destacar que se trató sólo de una serie de focos separados que no cubrían todo el territorio de lo que constituye actualmente la República Checa. Las principales acciones armadas trancurieron en Praga.

Desde 1945 los historiadores discuten dos cuestiones cardinales que no son tan transparentes como podría aparecer a la primera vista: ¿Quién liberó a Praga y quién dirigió al levantamiento?

El oficialismo comunista sostuvo hasta el desmoronamiento del régimen comunista en 1989 que todo el antiguo territorio checoslovaco había sido liberado por el Ejército Soviético y que el levantamiento, así como la resistencia antihitleriana fueron encabezados por los comunistas.

Sin embargo, esta versión simplicista no corresponde a la realidad de la etapa final de la Segunda Guerra Mundial.

En el levantamiento de Praga desempeñaron un papel esencial cuatro factores: los preparativos del Gobiero checoslovaco en el exilio en Londres, las actividades de los grupos de la resistencia local, la inoperancia de los aliados occidentales y los intereses estratégicos de Stalin. En esencia se trató de cuatro factores contradictorios que contribuyeron a la confusión del panorama histórico.

Las deliberaciones del gobierno checoslovaco de Londres con Moscú fracasaron, porque la liberación del territorio checo por las fuerzas de la resistencia nacional o los aliados occidentales no correspondía a los intereses soviéticos. Por ello, todo el peso de la organización del levantamiento cayó en la dirección de la resistencia nacional, cuyos representantes en su mayoría no comulgaban con los intereses de los comunistas prosoviéticos.

Los oficiales checoslovacos que organizaron en la clandestinidad la resistencia nacional en Praga se dedicaron a los preparativos del levantamiento desde febrero de 1945. Colaborando con otros dos sectores de resistencia -el comité ilegal de los comunistas checoslovacos y el Consejo Central de Sindicatos-, fundaron el 29 y el 30 de abril en la clandestinidad el Consejo Nacional Checo y la comandancia militar de Praga "Bartos", dirigida por el general no comunista, Karel Kutlvasr, quien fue después de 1948 perseguido y encarcelado por el régimen comunista.

El levantamiento de Praga estalló espontáneamente a mediodía del sábado 5 de mayo. Los insurrectos comenzaron a desarmar a los grupos de soldados alemanes en la capital checa y a quitar los letreros en alemán. Las acciones armadas iniciaron la lucha por la sede de la Radiodifusión de Praga que comenzó a transmitir llamamientos en checo, inglés y ruso, solicitando la ayuda de los aliados.

Aprovechando el factor de sorpresa, los insurrectos lograron ocupar el casco de Praga y apoderarse de armas en algunas guarniciones alemanas. Gracias a las operaciones dirigidas por el mando "Bartos", los combatientes lograron controlar todos los medios de comunicación en la ciudad.

Aunque los alemanes mantenían una serie de colinas y barrios capitalinos, Praga se convirtió en un obstáculo insuperable para sus planes de retirada.

En Praga fueron levantadas casi dos mil barricadas defendidas por más de 30 mil insurrectos. Por ello, el 6 de mayo las nutridas tropas de la guardia de asalto SS dislocadas en los alrededores de Praga iniciaron contraataques en distintos lugares de la capital checa.

Al mismo tiempo, se aproximaban rápidamente las unidades avanzadas del ejército del mariscal Schörner que querían alcanzar las regiones occidentales de Bohemia para entregar las armas a los ejércitos angloamericanos.

La Radiodifusión checa siguió transmitiendo solicitudes de ayuda. Aunque en esos momentos críticos en Praga aparecieron varias veces emisarios del ejército norteamericano del general Patton, las ordenes de Eisenhower y los motivos políticos, materializados principalmente en los intereses hegemónicos de Stalin, imposibilitaron la llegada inmediata de los norteamericanos.

Y precisamente en ese momento comenzó a escribirse el capítulo más fatal y contradictorio del levantamiento de Praga.

Andrej Vlasov
A los llamamientos urgentes de la Radiodifusión Checa respondieron inmediatamente los 23 mil soldados rusos del Ejército Ruso de Liberación, encabezado por el ex general soviético de orientación antiestalinista, Andrej Vlasov. Dicho ejército estaba integrado por soldados soviéticos que habían sido capturados por los alemanes.

El Ejército trató de luchar contra el régimen totalitario de Stalin, sin embargo, los alemanes no tenían confianza en él, porque esta formación militar en las zonas entre alemanes y soviéticos se negó a aceptar su subordinación al mando hitleriano.

En el momento de estallar el levantamiento de Praga, las dos divisiones de este ejército se encontraban al sudoeste de la capital checa, preparadas para pasarse a las partes norteamericanas. Pero al captar los llamamientos de la Radiodifusión Checa, ya el 5 de mayo comenzaron a aproximarse a Praga entrando en contacto con el Consejo Nacional Checo que posteriormente, influído por los delegados comunistas al servicio de Moscú, rechazó oficialmente su ayuda. Praga como capital y símbolo del Estado quedaba reservada para las operaciones militares del Ejército Soviético.

La intervención de las tropas del general Vlasov en los primeros días del levantamiento contribuyó sustancialmente a que los praguenses se mantuviesen en sus posiciones. Así, por ejemplo, paralizaron la capacidad combativa de las fuerzas aéreas alemanas situadas en el aeropuerto de Praga. De este modo evitaron el inminente bombardeo del casco urbano de Praga.

Al no ser aceptadas por el Consejo Nacional Checo como parte integral de las fuerzas antihitlerianas y al enterarse de la capitulación incondicional de la Alemania hitleriana, las tropas del general Vlasov se retiraron de Praga al territorio occidental controlado por los norteamericanos, quienes les entregaron posteriormente a Stalin. El general Vlasov fue ejecutado el primero de agosto de 1946 en la Plaza Roja de Moscú.

El día más crítico del levantamiento de Praga fue el 7 de mayo. Aunque el Consejo Nacional Checo había firmado con la comandancia alemana un acuerdo sobre la capitulación y el mariscal Schörner voló en avión a la zona controlada por los norteamericanos, mientras que las unidades alemanas desorientadas trataron de pasar a toda costa a Bohemia Occidental para rendirse ante los norteamericanos.

Entretanto, las tropas del Ejército soviético que se encontraban en el momento del estallido del levantamiento en suelo alemán detrás de las sierras norteñas de Bohemia se aproximaban lentamente a la capital checa, sosteniendo luchas sangrientas con los restos del ejército alemán. Los primeros tanques soviéticos entraron en Praga el 9 de mayo, a las tres de madrugada. El último disparo en territorio checo sonó el 11 de mayo en la localidad de Milín, en Bohemia Central.

Libración de Praga,  1945
Según estadísticas extraoficiales, entre el 5 y el 9 de mayo cayeron o fueron asesinadas en Praga y sus alrededores cerca de 4 mil personas. El total de víctimas se extendió también a unos 500 soldados soviéticos, 300 soldados del ejército ruso del general Vlasov y unos 900 soldados o ciudadanos alemanes.

El 10 de mayo arribó a Praga el Gobierno checoslovaco, integrado sólo por los cuatro partidos políticos oficialmente admitidos, mientras que el 16 de mayo los praguenses dieron la bienvenida al presidente Edvard Benes quién vía Moscú regresó de su exilio en Londres.

El papel del Consejo Nacional checo, de las tropas rusas del general Vlasov y de los oficiales checoslovacos de orientación no comunista, así como del ejército norteamericano fue semiolvidado o convertido, especialmente después del establecimiento del poder comunista en 1948, en tema de disputas ideológicas que tergiversaron la verdad histórica. Muchos protagonistas del levantamiento de Praga en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial en Europa terminaron su vida en las cárceles comunistas.

La antigua Checoslovaquia comunista celebraba el Día de Liberación el 9 de mayo. La República Checa, al igual que la mayoría de los países de Europa y América, lo celebra el 8 de Mayo.

Autor: Vít Urban
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