El viaducto de Negrelli: el puente que llevó a Praga a la modernidad cumple 175 años
Inaugurado en 1850 como el puente ferroviario más largo de Europa, el Negrelliho viadukt no solo revolucionó el transporte en Praga, sino que hoy, 175 años después, sigue en funcionamiento y se transforma en un vibrante espacio cultural bajo sus históricos arcos de piedra.
El Negrelliho viadukt, también conocido como "el puente de Karlín", es uno de los emblemas más notables de la ingeniería checa y celebra este 1 de junio sus 175 años. Desde su inauguración en 1850, el puente ferroviario que conecta el centro de Praga con el barrio de Karlín ha sido testigo del vertiginoso desarrollo del transporte y la transformación urbana de la capital checa.
Un gigante de piedra sobre el Moldava
Cuando se completó su construcción, el viaducto tenía una longitud de 1111 metros, lo que lo convirtió en el puente ferroviario más largo de Europa en su época. Ni siquiera Inglaterra, cuna del ferrocarril, contaba entonces con una estructura comparable. El viaducto cruzaba el río Moldava mediante ocho arcos de piedra, mientras que otros 79 sostenían las vías sobre calles y islas.
Construido con granito y piedra arenisca checa, sus cimientos reposaban sobre estructuras de madera innovadoras para la época. Su solidez permitió que soportara generaciones de trenes, desde locomotoras de vapor hasta unidades eléctricas de alta velocidad.
Perner, Negrelli y una obra pionera
El viaducto formaba parte del ambicioso proyecto de conectar Praga con Dresde por vía férrea, un plan clave para la Monarquía de los Habsburgo. Uno de los ingenieros iniciales fue Jan Perner, quien falleció trágicamente durante una inspección del trazado. Tras su muerte, el proyecto pasó a manos del experimentado Alois Negrelli, cuyo nombre quedó eternamente ligado a la obra.
Negrelli, oriundo del Tirol del Sur, ya había ganado prestigio diseñando puentes en Suiza y desarrollando la red ferroviaria de Austria. Su carrera culminaría con su participación en los planos originales del canal de Suez, aunque falleció antes de ver completado ese monumental proyecto.
Renovación y renacimiento cultural
A lo largo de su existencia, el viaducto ha sido testigo de múltiples transformaciones: desde la electrificación de las vías hasta una reciente renovación integral. Esta reconstrucción, que duró tres años y costó cerca de 1900 millones de coronas checas, restauró cuidadosamente cada piedra y devolvió al puente su esplendor original.
Pero no solo se trató de una reparación técnica. Uno de los arcos del viaducto, en la intersección de las calles Sokolovská y Prvního pluku en Karlín, fue adaptado como espacio cultural. Desde diciembre pasado, este lugar sirve como sede de eventos comunitarios y actividades sin fines de lucro.
Se trata del primer arco de un proyecto piloto que planea cerrar y acondicionar hasta 40 secciones del viaducto para crear un nuevo centro urbano lleno de vida, con cultura, comercio y comunidad. El desarrollo es seguido de cerca por expertos de la Universidad Técnica Checa y podría convertirse en un modelo a replicar en otras ciudades europeas.
Un puente entre el pasado y el futuro
Más de siglo y medio después de su construcción, el Negrelliho viadukt no solo continúa cumpliendo su función original como infraestructura ferroviaria esencial. También se ha reinventado como espacio de encuentro y símbolo de cómo una obra del pasado puede seguir conectando a las personas, no solo físicamente, sino también social y culturalmente.
¿Quién fue Alois Negrelli?
Nacido en 1799 en el Tirol del Sur, Negrelli fue uno de los grandes nombres de la ingeniería europea del siglo XIX. Trabajó en Suiza y Austria, y su visión fue clave para el desarrollo ferroviario del continente. Aunque hoy se le recuerda sobre todo por el viaducto que lleva su nombre, su legado también incluye su participación en el diseño del canal de Suez, uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos de la historia. Falleció en 1858, sin llegar a ver terminada esta última obra, pero su huella quedó marcada en el mundo.
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