El velo islámico en las escuelas no es un problema según la Defensora del Pueblo checa

Foto: Comisión Europea

La Defensora del Pueblo de la República Checa, Anna Šabatová, se ha mostrado a favor de tolerar el velo islámico no integral en el sistema educativo. El detonante fue el caso de dos estudiantes de enfermería a las que el centro les prohibió el uso de la prenda durante las clases.

Foto: Comisión Europea
El uso del velo islámico en centros estatales, como escuelas por ejemplo, no ha suscitado en la sociedad checa el mismo grado de debate que en países como Francia, pero sí que ha provocado ya los primeros problemas legales.

Recientemente la Escuela de Enfermería de Praga prohibió el uso del hiyab a dos estudiantes musulmanas, alegando que contravenía el reglamento de vestuario del centro.

La Defensora del Pueblo de la República Checa, Anna Šabatová, ha intervenido en el litigio manifestando públicamente su apoyo a las estudiantes y protestando contra lo que entiende un atentado a la libertad religiosa. En su opinión no hay ningún motivo por el que se debería impedir a cualquier persona el cubrir su cabello en circunstancias normales, como son por ejemplo asistir a clase.

Anna Šabatová, foto: archivo de Radio Praga
Šabatová recordó además que la costumbre no es ajena a la historia checa y que hace pocas generaciones era impensable que una mujer decente se presentara en público con la cabeza descubierta.

“Llevar pañuelo no debería ser un problema. Y si me acuerdo de mi abuela, ella nunca, ni en público ni en casa, aparecía sin pañuelo”, señaló.

Como apuntan algunos medios de comunicación, más que motivaciones prácticas o reglamentarias, la tolerancia al velo se ve afectada por la islamofobia de la sociedad checa. De acuerdo con un reciente sondeo del Instituto Sociológico Checo, dos tercios de la población temen al Islam, lo que sitúa al país como el menos inclinado a esta religión de toda Europa.

De hecho el mismo presidente de la República, Miloš Zeman, llegó a declarar que primero se acepta el velo, y se acaba tolerando el burka. Desde los atentados del 11 de septiembre el Islam aparece públicamente como instigador de violencia a lo largo del mundo, y los checos, acostumbrados a ver desfilar en los noticieros a talibanes, yihadistas de diverso signo y los desórdenes y guerras civiles de la Primavera Árabe, han desarrollado cierta aversión a esta fe, un hecho que defiende el arzobispo de Praga, Dominik Duka.

Dominika Duka, foto: Filip Jandourek
“Somos testigos de todo lo que pasa en el marco del Islam, en Oriente Medio, en África y otros lugares, así que está justificado no solo el miedo, sino también, yo diría, un sentimiento de protección”, alegó.

Y todo a pesar del escaso número de musulmanes que habita en la República Checa, poco más de 11.000, según datos oficiales, de los que dos tercios son extranjeros.

Iva, maestra checa convertida al Islam, considera incomprensible el rechazo que ve a su alrededor ante esta manifestación religiosa.

“Ya sean chicas de la escuela primaria o mujeres adultas, van por ahí casi desnudas, y eso no le importa a nadie. Y por el contrario cuando una mujer siente que quiere ir cubierta, que sus cabellos son para ella un asunto íntimo, eso les molesta. No entiendo cómo les puede irritar tanto”, lamentó.

Iva se ha encontrado con la comprensión de su entorno, pero no es el caso de otras musulmanas conversas, que denuncian haber sido insultadas, discriminadas o incluso escupidas en plena calle.

Foto ilustrativa: ČT
Aun así desde las instituciones públicas el velo islámico se encuentra en una situación favorable, además de la ombudsman checa se ha pronunciado a favor de su tolerancia el ministro de Educación Marcel Chládek.

Precisamente la próxima semana se cumplen 10 años desde el registro del Islam como comunidad religiosa, lo que les permitirá optar a convertirse en religión reconocida por el Estado. Esto posibilitaría a los musulmanes abrir escuelas propias, que se reconozcan sus bodas y el envío de imanes a las prisiones. Para ello será necesario que una milésima parte de la población, es decir 10.400 personas, se adscriban a este credo. Por otra parte, una petición pública para impedirlo ha recogido ya más de 10.000 firmas.

Autor: Carlos Ferrer
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