El tatuaje ya no es exclusivo de marineros y criminales

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Filosofía de la vida para unos, cuestión de moda para otros: el tatuaje acompaña al hombre desde tiempos remotos. Sobre el arte de tatuar y los motivos que llevan a una persona a un estudio de tatuajes conversamos en este A Toda Marcha con Bára, tatuadora del estudio Tsunami, de Praga.

El pasado 18 de mayo culminó en Praga la décima edición de la Convención Internacional de Tatuajes, en la cual participaron tatuadores profesionales de 75 países del mundo. La única representante femenina de la República Checa, Bára, del estudio Tsunami, resumió los objetivos de la actividad.

“La Convención de Tatuajes es un encuentro de profesionales de todo el mundo que sirve para intercambiar experiencias sobre los diversos estilos de tatuaje y los materiales que se usan. Es útil para todos los que estamos involucrados en el arte de tatuar”, sostuvo Bára.

El programa de la Convención tuvo varios momentos punta para atraer el público, conciertos de música, exhibiciones de bartenders y demostración en vivo de body painting. Sin embargo, el mayor atractivo para los visitantes fue el concurso de tatuajes, en varias categorías, destacó Bára.

“Existen varias disciplinas de tatuajes. En la Convención de Praga se compitió en las siguientes categorías: tatuaje ornamental, biomecánico, blanco y negro, de colores, loco y tradicional. Pero las categorías difieren de una convención a otra, ya que cada país tiene sus propios criterios”, sostuvo Bára.

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Entre los primeros en decorar sus cuerpos con tatuajes destacan probablemente las tribus de la Polinesia. Su tatuaje se caracterizaba por diseños geométricos, que eran embellecidos y renovados durante toda la vida del individuo hasta que cubrían su cuerpo entero. Además de su sentido estético, el tatuaje confería jerarquía y respeto a quien lo llevaba en su piel.

En el siglo X antes de Cristo, el tatuaje llegó por medio de las rutas comerciales a Japón, donde se extendió rápidamente. Primero estaba reservado para la aristocracia, posteriormente se marcaba con él a las personas que habían cometido crímenes graves.

En la sociedad occidental, el tatuaje fue introducido por las expediciones del capitán James Cook, a finales del siglo XVIII. Los marineros que entraron en contacto con los indígenas maoríes de la Polinesia aprendieron el arte de tatuar y, a su retorno, abrieron los primeros estudios de tatuaje.

La gente que hoy lleva tatuajes puede dividirse en dos grupos: unos que consideran el tatuaje como moda y otros para los cuales tiene un significado personal, sotuvo Bára.

“La gente que se deja tatuar porque está de moda no piensa mucho en la simbología del tatuaje. El criterio principal es que sea bonito. Por otro lado, hay personas que suelen hacerse un tatuaje cuando se cierra una etapa importante de su vida que quieren recordar para siempre”, destacó Bára.

También la técnica del tatuaje cambia progresivamente. Mientras que la herramienta original para tatuar era un peine con dientes de hueso o de escama de tortuga, que se mojaban en tinta e introducían en la piel, hoy los tatuadores poseen máquinas eléctricas con aguja que permiten realizar imágenes con gran precisión, señaló Bára.

“Con el desarrollo de la técnica, los motivos tatuados se vuelven cada vez más realistas y el tatuaje empieza a ser percibido como arte. El tatuador ya no puede ser cualquier persona, casi todos tienen educación artística o, por lo menos, talento”, acotó Bára.

Los tatuadores checos coinciden que la demanda de su trabajo aumenta en los últimos años, entre hombres y mujeres. Éstas ya no se conforman con tatuajes pequeños, sino que muchas veces llevan decorados los brazos y la espalda. “El tatuaje ya no es exclusivo de marineros y criminales”, concluyó el tatuador Rony del estudio organizador de la Convención de Tatuajes de Praga 2008.