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8) El proceso de Kafka. La novela que siempre vuelve a ser noticia

Repro foto: Proces, Chantal Montellierová a David Mairowitz, BB art 2009

Publicada poco después de su muerte, El proceso es quizás la obra más famosa de uno de los escritores fundamentales de todos los tiempos. Además de anticipar los peores acontecimientos del siglo XX y de incluir una profunda crítica a la burocracia y los sistemas judiciales, El proceso es una máquina incesante de generar nuevas lecturas y comentarios que, lejos de agotarse, parecen aumentar con el paso del tiempo.

Fuente: Proces, Chantal Montellierová y David Mairowitz, BB art 2009
Franz Kafka, foto: public domain

El proceso de Franz Kafka es una de esas novelas tan fundamentales que suelen leerse más de una vez y, en cada ocasión, su lectura parece encontrar nuevos sentidos. Eso es lo que le pasó a Leandro Alva, un escritor y crítico de arte argentino que, entre 2003 y 2007, fue becado para estudiar lenguaje y cultura checa en la Universidad Carolina. Además de tener especial devoción por Franz Kafka, Alva cuenta que leyó El proceso en cuatro oportunidades.

“Una novela de Franz Kafka que fue editada de manera póstuma, luego de que él diera orden a su albacea y amigo Max Brod de que quemara todos los manuscritos que guardaba, por supuesto Brod no hizo caso y editó todo el material que había en el baúl de Franz, ahí estaban los manuscritos de El proceso que se editaron pronto porque Kafka falleció en 1924 y la primera edición de El proceso es de 1925”.

Explica Alva que la novela tiene cierto carácter visionario porque se anticipó al fascismo que asolaría Europa los años posteriores a su muerte. Cuenta el arresto infundado de Josef K., un empleado bancario que, lejos de pedir demasiadas explicaciones, de alguna forma se deja llevar por la fuerza de una ley sin rostro que lo arrastra hacia una sentencia que parece dictaminada de antemano, sin que él pueda defenderse.

"Tanto en El proceso como en La metamorfosis, el protagonista es sorprendido en el lugar donde se siente más seguro, que es su cama”.

Y entonces empieza a descubrir, poco a poco, los entresijos del aparato represivo y la corrupción burocrática en lo que, según Alva, constituye una crítica muy profunda al sistema judicial.

“Está muy presente el tema de la ley, para mí en dos vertientes: está la ley de los hombres con los tribunales y todos sus vericuetos, sus expedientes, recordemos que Kafka era abogado; y también está la ley con mayúscula, la Ley de Dios, recordemos que Kafka provenía de una familia judía”.

Además de ser uno de sus libros más famosos, El proceso también funciona como una especie de núcleo de la obra de Kafka que, en cierta forma, repercute o se relaciona con otros de sus textos como, por ejemplo, el relato Ante la ley.

Franz Kafka, Proces, fuente: Garamond

Por otro lado el escritor checo Ivan Klíma establecía en su libro El espíritu de Praga una interesante oposición entre el protagonista de El proceso y el de El castillo: “Mientras Josef K. desea escapar de su destino y salvar su vida, el agrimensor empieza su historia con la intención contraria: quiere salir de la cárcel de su aislamiento para convertirse en amo de su propio destino, vencer las barreras que le impiden entrar al castillo”.

También puede establecerse un fuerte vínculo, según Alva, entre El proceso y La metamorfosis.

“Hay algo que se repite en esta novela con respecto a otra de sus novelas más famosas que es La metamorfosis, casi todo el mundo lo conoce por estos dos textos. En el inicio de las dos el protagonista es aprehendido en su cama por un acontecimiento inusual, en un caso despierta transformado en un insecto, y en el otro lo vienen a arrestar sin ninguna explicación ni fundamento. En 1969 se editó un libro de Elias Canetti que se llama El otro proceso de Franz Kafka donde justamente dice que las dos novelas comienzan de la misma manera, cuando el individuo es sorprendido en el lugar donde se siente más seguro, que es su cama”.

Además del ensayo sobre las cartas de Kafka a Felice de Elias Canetti, ganador del Premio Nobel de literatura en 1981, podría armarse una biblioteca completa con la enorme cantidad de libros que se ocupan tanto de la vida como de la obra de Kafka.

Sin ir más lejos, en enero de este mismo año falleció el editor y traductor checo Josef Čermák, uno de sus máximos especialistas, quien, en su libro “Franz Kafka, ficciones y mistificaciones”, criticaba algunas obras escritas al calor de su fama mundial que, en su opinión, pecaban de oportunistas.

Leandro Alva, foto: Pedro Domínguez

Lo cierto es que hay algo en la obra de Kafka en general y de esta novela en particular que lo vuelve siempre noticia. Además de la monumental biografía en tres tomos del autor alemán Reiner Stach y de Kafkaesque, notable libro del historietista estadounidense Peter Kuper que decidió transformar en cómic catorce relatos del escritor, Leandro Alva menciona el caso de un autor colombiano apasionado por Kafka que estudio minuciosamente su obra y, en su momento, realizó un muy curioso aporte.

“Guillermo Sánchez Trujillo es un escritor e investigador colombiano, especialista en la obra de Kafka que sostiene una teoría alternativa acerca de El proceso y su lectura: él habla acerca del ordenamiento de los capítulos, pone en duda el orden que le dio Max Brod cuando la editó y ensaya otra arquitectura para la novela que conserva la lógica y la cohesión, sorprendentemente, y ha generado mucha controversia”.

Por otro lado, a diferencia de que lo que sucede con muchos clásicos literarios que padecen sus adaptaciones cinematográficas, El proceso tiene el privilegio de haber contado nada menos que con una versión de Orson Welles que, según Alva, funciona como un complemento ideal de la lectura del libro.

“Una es, por supuesto, la obra maestra de Orson Welles, que es del año 1962 y tiene como protagonista a Anthony Perkins, se hizo otra en 1993, más moderna y en colores, dirigida por David Hugh Jones, donde trabaja Anthony Hopkins, es una película muy interesante.”

Aunque con características muy distintas, otra película es La colonia penal del director chileno Raúl Ruiz. Inspirada en uno de sus relatos más famosos, lo que se propone es traducir algo del universo kafkiano a la idiosincrasia latinoamericana. Y, aunque no se trate exactamente de una adaptación, muchos recuerdan también la película Kafka, la verdad oculta de Steven Soderbergh. Con papel protagónico de Jeremy Irons y un prometedor comienzo en el Puente de Carlos, el film, sin ser una biografía, intenta captar la tan mentada atmósfera kafkiana.

“La valoración de Kafka no siempre estuvo en un nivel tan alto como uno podría imaginarse. Recién después de la Segunda Guerra mundial comenzaron a multiplicarse las traducciones alrededor de todo el mundo".

“La valoración de Kafka no siempre estuvo en un nivel tan alto como uno podría imaginarse. Recién después de la Segunda Guerra mundial comenzaron a multiplicarse las ediciones de su obra y las traducciones alrededor de todo el mundo, incluso en un primer momento los mismos checos por ahí se resistían a leerlo quizás por haber escrito en alemán. Pero hoy en día su figura se enlaza siempre con la de la ciudad de Praga, son casi un sinónimo, y mucha gente que anda de turismo aprovecha para visitar los lugares que el escritor frecuentó durante su vida”.

La cabeza movediza de Franz Kafka creada por David Černý, foto: Jindřich Nosek, CC BY-SA 4.0

Además del asunto del idioma alemán, otro obstáculo entre el público checo y la obra de Kafka tuvo que ver, por supuesto, con el comunismo. Es que, como mínimo, durante ese largo período el régimen lo ignoraba por no coincidir en absoluto con las ideas del realismo socialista y, por lo tanto, solo lo leía un reducido círculo de intelectuales disidentes.

Por otro lado, no deja de ser curioso que Kafka solo nombra explícitamente su ciudad natal en sus diarios y cartas pero no en sus libros más conocidos. Hoy, sin embargo, son muchos los visitantes que cada año llegan a la capital checa para hacer una especie de tour kafkiano. Visitan la escultura de Jaroslav Róna en la entrada del barrio judío, la cabeza movediza creada por David Černý y algunos de los muchos sitios donde vivió. Sobre todo, la famosa Casa del minuto (Dum u Minuty) que se destaca en la Plaza de la Ciudad Vieja por sus hermosos esgrafiados renacentistas y la pequeña vivienda número 22 del callejón dorado. En definitiva, todos esos sitios que, tal como dice Alva, convirtieron a Praga y Kafka en sinónimos.

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