El Divorcio de Terciopelo visto por eurodiputados españoles

Fuente: Noemi Fingerlandová, ČRo

Tres eurodiputados españoles nos dan su punto de vista sobre la separación de Checoslovaquia 25 años después.

Vladimír Mečiar y Václav Klaus, foto: ČT24
El próximo uno de enero se cumplirán 25 años del momento en el que checos y eslovacos emprendieron caminos por separado. El llamado Divorcio de Terciopelo, transcurrido con la misma calma y ausencia de violencia que la revolución del mismo nombre que la precedió, se realizó por iniciativa eslovaca, tras la victoria en las elecciones regionales del Movimiento por una Eslovaquia Democrática, dirigido por Vladimír Mečiar y que en su programa incluía la independencia.

En Radio Praga hemos preguntado a varios eurodiputados españoles por su visión de este acontecimiento histórico 25 años después. Luis de Grandes, del Partido Popular, siguió en su momento la separación con gran interés, ya que su hermano, Estanislao de Grandes, era entonces diplomático destinado en Checoslovaquia, y más tarde pasaría a ser embajador de España en Bratislava.

“El recuerdo de aquello es muy claro: se le llamó de terciopelo porque fue una separación que se produce mediante un acuerdo bilateral de los dos presidentes: Klaus, presidente del Gobierno de Chequia, de la que sería en el futuro Chequia, y Mečiar de Eslovaquia. La separación no contó con ningún referéndum, creo recordar, seguramente porque todas las encuestas daban que los checoslovacos no hubieran votado a favor de esa separación. Eso es lo que decían en su día las encuestas, pero fue aceptado por ambas partes, y el curso de las cosas fue positivo”.

Josep Maria Terricabras, de Esquerra Republicana de Catalunya, también vivió intensamente este episodio de la historia checa, que él engloba en el contexto más amplio de los cambios políticos de la Europa postcomunista.

Josep Maria Terricabras, foto: Carlos Ferrer
“Con grandísimo interés. Yo soy una persona que ha tenido muchísimos contactos europeos en mi vida. Estuve viviendo en Alemania muchos años, haciendo mi tesis doctoral, estuve viviendo en Estados Unidos, es decir, que he sido una persona que ha tenido la suerte, dentro de una generación que viajaba poco, de viajar bastante. Seguí además mucho todo y la revolución de Havel y lo interesante que fueron aquellos días, literalmente apasionantes. Recuerdo luego lo de Rumanía muy bien y recuerdo, vivía entonces en Alemania, la caída del muro de Berlín, que me hizo llorar”.

En concreto, lo que más le llamó la atención a Terricabras fue la naturalidad y facilidad con la que sucedió la separación.

“Ha sido un caso muy extraordinario el de Checoslovaquia, su división. Porque ha sido sin referéndum y sin nada. Es un caso curioso porque a nosotros en Cataluña nos insisten, pero hay casos de todo. Sin referéndum ni nada, simplemente se pusieron de acuerdo en que no se ponían de acuerdo en la forma de colaborar y se separaron. Recuerdo con Václav Havel, a que yo tenía aprecio intelectual y moral, dijo: yo no seré presidente de Chequia sola. Lo fue. Pero él había dicho, pobre, que no. Porque él quería la unidad, y lo entiendo perfectamente, cada cual tiene sus preferencias políticas y tal. Yo he seguido bastante la evolución de Checoslovaquia”.

25 años de prosperidad por separado

En el momento de la separación los analistas y economistas internacionales auguraban un escenario divergente para checos y eslovacos. La historia no les ha dado la razón, lo que invita a reflexiones interesantes, comenta Luis de Grandes.

Bratislava, foto: Klára Stejskalová
“Después el devenir de los dos países ya separados no ha seguido la previsión. Se entendía que Chequia de gran calado industrial, que podría tener un peso muy superior al de Eslovaquia. Y que Eslovaquia, que era la zona más bien agraria y con una gran naturaleza, pero que quitando la industria de defensa pues que sería un país menor. El tiempo ha colocado las cosas en su sitio, y Eslovaquia es uno de los países más modernos, más punteros, que tiene más capacidad de desarrollo y de modernidad y es todo un ejemplo. No digo que Chequia esté mal, pero… Sin duda la separación ha quitado peso en relación con lo que fue la antigua Checoslovaquia y lo que son los dos países separados”.

Quizá un factor que contribuyó a aunar Chequia y Eslovaquia en un desarrollo similar sea el marco europeo. La pertenencia a la Unión Europea se ha demostrado clave para entender la última década de estos dos países, asegura Iratxe García, del Partido Socialista Obrero Español.

“Tras un momento en el que surgieron nuevos espacios geográficos y nuevas unidades territoriales en el seno del continente europeo, yo creo que la trayectoria ha sido de una normalización absoluta del desarrollo de la historia de los distintos países, de su incorporación además en el proyecto de la Unión Europea y de una manera donde por lo menos visto desde la parte de Europa, con una vecindad de toda esta zona totalmente normalizada. Por lo tanto yo creo que a día de hoy podemos ver cómo ha habido una integración en el aspecto europeo, por supuesto con distintas posiciones, creo que hay una asunción de los valores de la Unión, por parte de la ciudadanía sobre todo, y yo espero que el recorrido en los próximos años vaya en esta misma línea”.

Bratislava, foto: Klára Stejskalová
De Grandes subraya que el papel de la Unión Europea, más que de guía, ha consistido en un ámbito legal y de relaciones internacionales.

“Todo dentro de sus propias normas. La Unión no ha impuesto ningún tipo de criterio, lo que ha hecho ha sido facilitar a petición de parte esa relación de mejor entendimiento. Creo que ambos países están muy agradecidos a cuál ha sido el planteamiento de la Unión Europea en relación a su propia peripecia como países independientes. No ha habido tensión sino al revés y cada vez que se ha requerido de la Unión cualquier tipo de soporte o ayuda del carácter que fuere no ha habido ningún tipo de reserva sino todo lo contrario. Creo que los dos países están muy conformes con su presencia en Europa, en la Unión, y que todo transcurre de una forma muy normal”.

Nada que ver con Cataluña

Ivan McClellan, CC BY 2.0
Resulta tentador comparar la separación de Checoslovaquia, que en definitiva fue la independencia de Eslovaquia, con el proceso de independencia iniciado en octubre en España por el gobierno autonómico catalán. Terricabras, cuyo partido apoya la escisión de Cataluña, considera los dos casos demasiado distintos para establecer analogías.

“Yo con franqueza no creo. Hay una cosa de raíz que las hace distintas. Chequia y Eslovaquia ya se consideraban unidas de forma un poco accesoria, un poco casual, y por tanto estaban predispuestas a la posibilidad de separarse. Es por decirlo así como una pareja que no tenía papeles. Y dicen: como que ya no tenemos papeles, ya no importa. Pero los que han pasado por la iglesia, por el juzgado y por no sé cuántas cosas, lo tienen mucho más complicado”.

Checoslovaquia se constituyó de hecho en 1918 mediante la alianza de checos, eslovacos y, originalmente, rutenos, los tres naciones comprendidas en lo que entonces era el Imperio Austrohúngaro. La iniciativa política no se basaba solo en ciertos lazos culturales entre ellos (el checo y el eslovaco son idiomas inteligibles entre sí) sino también funcionales: la necesidad de establecer un estado fuerte entre Alemania, Austria y Hungría.

Iratxe García, foto: Foto-AG Gymnasium Melle / CC BY-SA 3.0

Desde el punto de vista españolista, Iratxe García coincide asimismo con la especificidad de la situación española.

“No tiene nada que ver. En España estamos ante una situación muy complicada donde un movimiento independentista tiene unos objetivos totalmente incompatibles con el estado de derecho social y democrático en España pero también contra el estado de derecho de la Unión Europea, por lo tanto no tiene nada que ver. Porque esos valores de la Unión Europea de solidaridad, de buscar espacios de convivencia dentro de la diversidad es justo lo contrario de lo que el independentismo catalán está buscando en estos momentos, que es levantar fronteras, romper con esos espacios de solidaridad, lo que es desde mi punto de vista contradictorio con los valores de la Unión”.

La separación entre checos y eslovacos fue un proceso legal, acordado entre los representantes políticos checos y eslovacos dentro de la federación en el verano de 1992. Ya el 1 de septiembre de 1992 la asamblea eslovaca aprobó la constitución del nuevo país y en los meses siguientes ambos gobiernos firmaron toda una serie de acuerdos bilaterales, como una unión aduanera.

Autor: Carlos Ferrer
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