El creador visual del festival que todos miran
Miles de personas llevan en distintas prendas sus ilustraciones sin saber quién las creó. Jonatan Kuna, diseñador del estudio Najbrt, abre el backstage del proceso creativo detrás del universo gráfico que cada año redefine la identidad del KVIFF y convierte a Karlovy Vary en uno de los festivales más reconocibles del mundo.
Aunque los focos, los aplausos y las cámaras siempre apuntan a las estrellas invitadas y a los organizadores, una parte esencial del encanto del KVIFF se construye mucho antes de que empiece la primera proyección. Detrás de la identidad visual que cada año define la atmósfera del festival está el estudio Najbrt, responsable de una propuesta estética que ya es parte inseparable de la experiencia Karlovy Vary. Este año, como siempre, miles de visitantes han comprado tazas, mochilas, sudaderas y camisetas de la 60ª edición del festival de cine más importante de Europa central, sin saber que el autor de ese universo gráfico es Jonatan Kuna, uno de los diseñadores más jóvenes del estudio.
“La colaboración con el festival ya lleva unos 30 años y, por supuesto, no empezó conmigo, sino con Aleš Najbrt, que es el dueño de este estudio, y fue evolucionando de a poco. En la primera etapa del festival se diseñaban carteles y elementos visuales según los clips de apertura. Cada clip de apertura era distinto y nosotros simplemente hacíamos la gráfica para que encajara con él. Luego, a partir de cierto año, los clips de apertura empezaron a rodarse en un estilo unificado. Ahora siempre los hace un cineasta extraordinario que filma los nuevos clips en blanco y negro. Es decir, ya no tenía sentido imitarlos porque habríamos terminado haciendo diseños demasiado parecidos cada año. Así que, en determinado momento, empezamos a crear los diseños totalmente por nuestra cuenta”.
¿Cómo se diseña Karlovy Vary?
Jonatan lleva casi diez años en el estudio Najbrt y hasta el momento realizó los diseños de las ediciones 56º, 58º y la de este año, es decir, la 60º del Festival de Cine de Karlovy Vary. Cuenta que en el estudio son varios los diseñadores y cada uno aporta su opinión, su personalidad y su gusto, trabajando y proponiendo ideas desde ese enfoque concreto; pero considera muy necesario descansar un año entre diseño y diseño ya que el proceso lleva mucho tiempo y un alto nivel de exigencia.
“Normalmente surge así: unos dos meses después de que termina el festival, nos reunimos y decimos: ‘Ya es hora. Deberíamos empezar a pensar en el próximo año’. Los diseñadores hacemos bocetos. A menudo, el motivo central es el número del año porque nos pareció bonito incluir siempre alguna abreviatura o algo relacionado con ese número. Pero hubo años en los que hicimos algo fotográfico, un concepto más cinematográfico o algo distinto que tuviera relación con el cine, el festival o el propio lugar. Siempre hay algún motivo con el que jugamos. Es un trabajo exigente porque crear cada año una idea nueva y desarrollarla de manera tan elaborada es realmente difícil. Pero como somos varios, creo que el equipo creativo se inspira mutuamente y cada uno aporta propuestas que también pueden orientarnos. Así que nos reunimos y durante uno o dos meses hacemos bocetos y nos los mostramos. Siempre somos críticos: miramos, decimos ‘esto es malo’, ‘esto es bueno’".
Hasta ese momento, aclara Jonatan que no se comunican con nadie del festival, solo juegan un poco entre ellos y, luego, con Aleš, que es quien tiene la última palabra en el estudio para elegir las tres propuestas finalistas que luego van desarrollando por separado para ver cómo funcionarían en el marco del festival. Y son esas tres finalistas las que presentan al equipo del festival justo antes de Navidad.
“Y la última selección se hizo así: nos sentamos todos alrededor de la mesa, mostramos nuestras propuestas y se debatió en vivo. Cada uno tenía una mirada distinta, a cada uno le gustaba algo diferente. Después empezamos a votar y cuando la votación quedó prácticamente empatada, el directoe del festival empezó a preguntarnos qué nos gustaba a nosotros. Entonces, cada uno expresó su opinión. No sé si eso fue determinante, pero por supuesto también influyó”.
La alfombra roja
En lo que respecta al diseño de este año, revela Jonatan que, en realidad, la idea iba a utilizarse en una edición anterior, aunque la debilidad por las cifras redondas hizo que se decidiera reservarla para esta sexagésima edición que marca, a su vez, los ochenta años de existencia del festival ya que no siempre se llevó a cabo.
“Hace unos dos años estuve en Karlovy Vary y, mientras paseaba por ahí, se me ocurrió que el motivo central fuera, a nivel simbólico, la alfombra roja. Pensé cómo podría hacerse, cómo podría convertirse en un logo y llegué a la idea de poner solo la franja. Y como trabajo en un programa 3D, probé si podía recrear la alfombra, logrando plasmar la textura, el material. Y mientras jugaba con eso, empecé a añadir personas, las sombras que proyectaban, y pensé: ¿por qué no usar solo las sombras? En ese momento surgió la idea de las sombras. Pero como la idea nos pareció buena, se nos ocurrió guardarla para otro año, quizá para el 60º aniversario, que iba a requerir algo realmente grande. Así que la guardamos en un cajón y, mientras tanto, la idea fue madurando. Y, después de esos dos años, la retomamos y empezamos a trabajar en ella”.
Si bien ya quedó totalmente en el olvido, una de las observaciones al diseño de este año generó todo un debate cromático.
“Sí, una de las preocupaciones era que el arquitecto del festival diseñó este año una escenografía completamente nueva y creó un gran motivo central basado en la alfombra roja, que ahora está frente al Hotel Thermal, y detrás del Thermal quería colocar una pantalla enorme. Él decía: ‘¿No será demasiado rojo?’ Y esa era justamente la preocupación: si no iba a ser demasiado rojo teniendo ya una alfombra tan grande. Pero al final se decidió que no, que estaba bien, que ese era el motivo y que había que hacerlo así. Así que esa fue la única preocupación, y finalmente concluimos que no, que iba a funcionar bien”.
¿Dónde está Wally?
A pesar de que Jonatan ya es un diseñador de experiencia dice que no deja de emocionarse cada vez que el Festival de Karlovy Vary hace relucir con bombos y platillos los frutos de tanto tiempo de trabajo.
“Durante medio año, frente a la computadora, uno ve elementos sueltos, piezas que se van acumulando y, cuando empieza el festival, de repente lo veo todo junto, de pronto brilla, de pronto uno ve su trabajo reunido, y eso es lo que me llena, lo que le da sentido, lo que me da ese golpe de dopamina”.
“La verdad es que me encanta. Porque durante medio año, frente a la computadora, uno ve las cosas por separado: elementos sueltos, piezas que se van acumulando. Y cuando empieza el festival, de repente lo veo todo junto, todo diseñado, todo teñido por el visual. De pronto brilla, de pronto uno ve su trabajo reunido, y eso es lo que me llena, lo que le da sentido, lo que me da ese golpe de dopamina: ‘Ah, por esto lo hice, para disfrutarlo acá’. Y cuando además alguien me felicita —o nos felicita— es maravilloso”.
Aunque el diseño de este año está teniendo mucha repercusión reconoce Jonatan que su favorito es, en realidad, otro.
“Sí, creo que me encariñé mucho con mi primer diseño, el del 56º aniversario. En ese entonces hicimos un gran póster ilustrado, lleno de personajes. Nosotros, internamente, lo llamábamos ‘Dónde está Wally’, pero al final terminó siendo ‘Dónde está Bartoška’, que era el presidente del festival. Para mí fue mi primera gran tarea en el estudio, y me divertí muchísimo haciéndola, porque incluí ahí un montón de ilustraciones. Y, en general, como era la primera vez que vivía todo ese proceso, lo experimenté de la manera más intensa. Por eso fue genial”.
Recuerdos de Karlovy Vary
Cuenta Jonatan que cuando está en Karlovy Vary se le acercan algunas personas a saludarlo y expresar su agradecimiento por los diseños del festival. Pero la mayor gratificación que tiene es que más que quedarse con algún diseño puntual, considera que el público empieza a percibir cada vez más su trabajo como algo coherente, como un conjunto sólido.
“Creo que Karlovy Vary es tan único porque cada año se le da una importancia real al diseño y se crea algo completamente nuevo”.
“Siempre me entusiasma que cada año haya algo nuevo porque, claro, hay cosas que repetimos y elementos que ya son fijos, y esos ya los tengo incorporados. Pero, por ejemplo, este año hicimos una colaboración nueva con una marca checa de mochilas. Ellos trajeron sus productos y pudimos reunirnos con ellos, elegir todos los materiales, decidir qué se imprimiría y dónde, y llevarlo realmente hasta el último detalle: escoger las trabillas, los colores… Eso, normalmente no pasa. Por lo general, cuando hacemos merchandising, recibimos un producto ya terminado y solo podemos pegar el logo en algún lugar o imprimirlo en una superficie limitada. Pero esta vez no había ninguna restricción: pudimos inventar exactamente lo que queríamos. Y creo que, por ejemplo, la sudadera hacía mucho que no se producía, y ahora volvió porque dijeron que había interés. Y creo que es algo que la gente aprecia mucho ver en Karlovy Vary”.
Comenta Jonatan que, hasta donde él sabe, lo más vendido a nivel histórico en el festival son las tazas, pero también se venden muy bien las remeras o camisetas. Por otro lado cuenta que algo clave de su trabajo es que, en algún punto, su diseño se hace retrospectivamente; es decir, lo que lo inspira no es la edición correspondiente, que aun no existe, sino la anterior.
“Claro, no es posible vivir el año del festival antes de diseñarlo; solo puedo inspirarme en la edición anterior, aunque dejarndo de lado luego el motivo visual que ya existió para concentrarme más en lo que tiene que gustar a todos y aquello que todos deben entender. Porque no se trata de arte libre: es diseño aplicado, hecho para la gente, para un público muy amplio —desde mayores hasta jóvenes, desde amantes del cine hasta personas que solo ven alguna película de vez en cuando, incluso también expertos”.
El festival de cine más visual del mundo
Ante semejante exigencia, una posible herramienta podría ser tratar de inspirarse en otros festivales de cine del mundo.
“Lo intenté, claro. Siempre hago una investigación, pero me parece que ninguno de esos festivales tiene una propuesta visual tan marcada como este. Cannes, por ejemplo, sí tiene cosas muy buenas, por supuesto, pero la mayoría de las veces usan solo recortes de películas ya existentes y le agregan el nombre del festival y el año, no ponen tanto énfasis en el diseño. Quizá en Japón vi algunos festivales con propuestas interesantes, pero casi siempre me pareció que tenían un único estilo que cada año se modificaba apenas un poco, no era un rediseño completo. Y creo que justamente por eso Karlovy Vary es tan único: porque cada año se le da una importancia real al diseño y se crea algo completamente nuevo”.
De alguna forma, lo opuesto a eso es el trabajo que lleva adelante su estudio con el festival Prague Sounds, en el que en vez de rediseñar todo cada año, lo que hacen es solo cambiar el estilo de las letras que aparecen en el cartel. Nada personal. Revela Jonatan, que antes de ingresar al prestigio estudio donde trabaja, no tenía una relación demasiado fuerte con el festival de cine de Karlovy Vary, sobre todo porque sus padres no iban nunca, así que empezó a prestarle atención mucho más tarde en la universidad.
“Creo que el primer diseño que realmente noté —el primero que generó un gran revuelo— fue el de la 49º edición, el del cerdito. Nosotros le decimos ‘el cerdito’, porque cuando se dibujó el 4 y el 9 juntos, parecía una ilustración simplificada de un cerdo. Y por eso fue tan memorable. Recuerdo que todos lo vimos y dijimos: ‘¿Esto es en serio? ¿Este va a ser el póster?’. Dibujaron un cerdo, lo pusieron en el medio de un fondo blanco y ese era todo el diseño. Yo pensaba: ¿para qué estudio diseño si alguien puede simplemente dibujar un cerdito en blanco y negro? Pero justamente por eso fue tan fuerte. Hasta hoy recuerdo esa sensación. Aunque parecía una broma, todos lo recordamos”.
En cuanto al cine, cuando se le pregunta qué películas son sus favoritas desde su perspectiva de diseñador, responde que le encanta la estética de Tarantino, en especial la de Pulp Fiction, pero también la de las películas de Stanley Kubrick, sobre todo La naranja mecánica.












