El castillo de Kost, un hueso duro de roer

Castillo de Kost

Estimados amigos, les invitamos a uno de los castillos checos más hermosos y mejor conservados: el castillo gótico de Kost. Es uno de los lugares turísticos más visitados del llamado Paraíso Checo, una región situada al nordeste de Praga.

El castillo de Kost está situado en la confluencia de tres pintorescos valles del Paraíso Checo. El más romántico de ellos se llama Plakánek, que significa el Llorón. "Plakánek" es una palabra derivada de "plakat"- llorar.

Valle 'Plakánek', foto: Huhulenik / Creative Commons 3.0 Unported
Una leyenda narra que el nombre de Plakánek se debe a las lágrimas de una desesperada viuda cuyos niños perecieron en una profunda grieta en las rocas. El Paraíso Checo está lleno de formaciones rocosas.

Otra leyenda refleja el trágico destino del hijo de uno de los dueños del feudo de Kost. El pequeño se extravió en un laberinto rocoso y murió de agotamiento.

En realidad, Plakánek no tiene nada que ver con tragedias humanas. Cuando el feudo de Kost pertenecía al hidalgo Herman Cernín, en el valle vivía una familia que fabricaba carbón de leña. El humo que salía de las pilas de madera calentada hacía que los carboneros lagrimeasen sin cesar. Recibieron el apellido Plakánek- Llorón.

El castillo de Kost se alza sobre imponentes rocas de piedra arenisca. Una leyenda narra que las rocas surgieron del mar de lágrimas que derramó un desdichado enamorado. Tan enorme fue la pena que lo desgarraba.

El joven murió de aflicción. Según una leyenda, en el valle de Plakánek podríamos toparnos con el espíritu del infeliz enamorado.

Castillo de Kost, foto: Archivo de Radio Praga
Los tres valles en cuya confluencia fue fundado en el siglo XIV el castillo de Kost, estaban cubiertos por pantanos. Posteriormente fueron construidos al pie del castillo tres estanques: el Blanco, el Negro y el de los Cisnes. Sus aguas podían ser utilizadas para la defensa de Kost. Si los defensores del castillo rompieran sus diques, las aguas de los estanques inundarían las afueras y los asaltantes no podrían acercarse.

El castillo de Kost fue considerado siempre como una fortaleza de alto valor militar. "Kost" significa en checo "hueso", y una leyenda relata que incluso el legendario jefe militar husita, Jan Zizka, concluyó que el castillo era un hueso duro de roer.

Al acercarse a Kost, Zizka se dio cuenta de que tomar el castillo por un asalto directo no era posible. Optó entonces por un prolongado y paciente asedio esperando que un día las provisiones de los sitiados se agotasen y la guarnición, muerta de hambre, se rindiese.

La leyenda narra que los defensores de Kost inventaron un ingenioso ardid para engañar a los sitiadores. Hicieron el simulacro de un banquete, con alegre música y el repique de vasos.

Los defensores tiraron al pie de las murallas, al campamento de los sitiadores, la última pieza de carne que tenían en el castillo- una cabeza de jabalí asada-, y además un barril de vino. Comentaron en voz alta para ser oídos de los husitas que les complacía poder compartir el banquete incluso con el enemigo.

Al siguiente día, el desconcertado caudillo militar husita Jan Zizka ordenó la retirada alegando que "el castillo de Kost es duro como un hueso y los huesos son para tirárselos a los perros".

Castillo de Kost, foto: Jarda Travnicek / Wikimedia Commons / PD
Curiosamente, en el siglo XIX el castillo fue objeto del espionaje militar. En 1866 fotografiaron Kost agentes del servicio de inteligencia de la vecina Prusia. Las fotos más viejas de un castillo checo se deben entonces a unos espías extranjeros.

Hoy vemos ondear gallardamente en el castillo de Kost un estandarte rojiazul. Son los colores de una rama de la familia aristocrática de los Kinský. El castillo expropiado a este linaje por el régimen comunista en 1948, fue restituido a la familia Kinský dal Borgo en 1993.

Sobre la puerta que da acceso al patio donde se yergue la majestuosa Torre Blanca, puede verse otro emblema de los Kinský : su blasón, consistente en tres colmillos de jabalí.

Sin embargo, los Kinský no fueron los fundadores de Kost. Antes de 1349 lo había edificado el hidalgo Benes de Vartemberk. La Torre Blanca se remonta al período más antiguo del castillo. Fue construida de grandes sillares de piedra arenisca que contenía partículas de cuarzo. Éstas resplandecían bajo los rayos solares y de ahí el nombre de "Torre Blanca".

La torre no tenía ninguna puerta de acceso desde el patio. A cierta altura, una estrecha pasarela la comunicaba con el palacio vecino. Si el enemigo penetrase en el palacio, los defensores retirarían la pasarela y los asaltantes no podrían penetrar en la torre. En ésta había abundantes provisiones que posibilitaban a la guarnición resistir al eventual sitio durante un año.

Castillo de Kost, foto: Archivo de Radio Praga
Los visitantes pueden contemplar en el castillo de Kost una admirable colección de retratos familiares del linaje Kinský. Son retratos tanto de adultos como de niños.

La guía nos mostró un lienzo donde aparentemente estaban retratadas dos niñas. Seguidamente nos explicó que en realidad eran dos muchachos en traje de niña. En las pasadas centurias, los niños varones vestían traje de niña, con una falda y una cofia, hasta la edad de diez años.

Esto se hacía por motivos de seguridad. El niño varón era un potencial heredero. Cada linaje tenía muchos enemigos empeñados en quitarle la vida. Las niñas no estaban expuestas a tal peligro.

En la galería de los Kinský llamó nuestra atención el retrato de una bella dama. En el lienzo se veía un agujero que nos intrigó. Su historia es la siguiente:

El marido de la dama retratada se percató de que la mujer le era infiel. El hidalgo pidió a la señora que posase al lado de su retrato. Después el hombre disparó al cuadro.

La bala perforó el lienzo y la dama comprendió que aquello era una contundente advertencia y no volvió a incurrir en aventuras extramatrimoniales.

En el centro del salón con los retratos de los Kinský se ve una mesa que resulta muy alta si se tiene en cuenta que la estatura media de los caballeros medievales era de unos 160 centímetros.

Foto: Archivo de Radio Praga
¿Para qué una mesa tan alta? En el salón donde se celebraban los banquetes solían merodear muchos perros. Los comensales echaban los restos de la comida al suelo donde se los disputaban los canes. La mesa era tan alta para que los perros no saltasen sobre ella y no arrebatasen a los comensales los apetitosos pedazos de carne.

La guía nos contó, además, que en la Edad Media los perros servían a los comensales como una especie de servilleta. En aquellos remotos tiempos se comía con las manos y el pelambre de los perros servía para limpiarse los dedos grasientos.

El recorrido por el castillo nos conduce a su cocina "negra". La denominación "negra" se debe al hecho de que se cocinaba sobre fuego abierto y el hollín que flotaba en el aire cubría las paredes. En el interior de la cocina, que es el orgullo del castillo de Kost, vemos cacerolas, coladores, sartenes, moldes y otros utensilios de los cocineros de las pasadas centurias.

El castillo de Kost está cuidadosamente restaurado. Se ha cuidado hasta de los más mínimos detalles. ¿Quieren un ejemplo? Al mirar por las ventanas de uno de los edificios situados en el recinto del castillo tenemos la impresión de que fuera está lloviendo y que por los cristales se deslizan gotas de agua.

No, no ha caído una sola gota. Las supuestas "gotas" son las imperfecciones en los cristales de las ventanas que son réplicas de las vidrieras medievales. Este tipo de cristal, fabricado en la Edad Media, se llama "cristal lluvioso".

En el castillo de Kost les espera, amigos, un auténtico ambiente medieval.

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