De Brno a la Antártida

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Científicos de la Universidad Masaryk de Brno están de camino al Antártico. Desde la base Johann Gregor Mendel se dedicarán a monitorear el clima y los glaciales, la fauna local o el impacto del estrés en la salud de los trabajadores en áreas polares.

Desinfectante, mascarillas y test de coronavirus. Todo esto y mucho más tuvieron que empacar los miembros de la expedición de la Universidad Masaryk que salió de Brno el jueves pasado en dirección a Viena para llegar después hasta Punta Arenas, en Chile.

Filip Hrbáček | Foto: Alžběta Švarcová,  Český rozhlas

Ahora, los dieciséis científicos están pasando por una cuarentena de siete días en el país latinoamericano. Saben que les tocará estar confinados también durante las fiestas de Navidad, pero poco más, ya que depende de lo exigentes que sean las instrucciones de las autoridades locales, según explicó para la Radio Checa el jefe de la expedición, Filip Hrbáček.

“Lo seguro es que pasaremos la cuarentena en un hotel. De momento no sabemos si podremos vernos dentro del grupo o las reglas serán tan estrictas que cada uno tendremos que estar en una habitación aparte y no salir”.

El martes 28 de diciembre, el equipo debería continuar en su viaje y desplazarse en avión a la isla Rey Jorge en la Antártida y de ahí seguir en barco hasta la base Johann Gregor Mendel, esta perteneciente a la Universidad Masaryk.

La Antártida | Foto: Jan Russnák,  Masarykova univerzita

En el Antártico los científicos continuarán con el monitoreo del clima y de los glaciales, de la tierra congelada y no congelada, los sistemas fluviales y lacustres. El equipo quiere centrarse también en el estudio de la fauna local, por ejemplo, en algunas aves como los charranes o los pingüinos, u otros animales como las focas, los leones marinos o los elefantes marinos.

No obstante, según aclara Hrbáček, esta última parte no está del todo en sus manos.

“Este trabajo depende completamente del número de animales que se encuentren en el territorio donde estaremos. Es posible que en toda la temporada no veamos un solo pingüino, mientras que en años anteriores había decenas o centenas de estos animales”.

Estudiarse a sí mismo

Una de las novedades de esta expedición es un proyecto, cuyo objetivo es ayudar a los científicos a entender mejor la transformación del continente helado, explica Hrbáček.

“En colaboración con compañeros de España y Portugal queremos crear una red de monitoreo de la humedad de la tierra en el marco de la península Antártica. La humedad del suelo es uno de los factores clave que influyen en los cambios físicos que atraviesa el ambiente e impacta considerablemente también en la presencia de la vegetación”.

Foto: Archivo de la Universidad Masaryk

Por primera vez, los científicos se estudiarán también a sí mismos. De acuerdo con el jefe de la expedición, es importante analizar la influencia que tiene el estrés de trabajar en un área polar y tan aislada en la salud física de los trabajadores.

“El Antártico muchas veces se utiliza como una analogía a cómo el cuerpo humano podría reaccionar ante las condiciones del espacio o, por ejemplo, los futuros vuelos a Marte”.

En esta parte del proyecto, la expedición de Brno colabora con la Agencia Espacial Europea. El equipo se dedicará a medir, por ejemplo, el pulso de sus miembros o el número de pasos que dan cada día. Pondrá a prueba un ‘estresómetro’ que, en el futuro, podría encontrar uso en áreas como la medicina, la industria militar o la ya mencionada aeronáutica.

Los checos participan en el estudio del clima y los ecosistemas polares a largo plazo. En total, se trata de la expedición número quince a la Antártida y se prevé que no será, en absoluto, la última.

La base Johan Gregor Mendel debería servir a científicos checos e internacionales durante treinta años más. Con su construcción en 2007, Chequia se sumó a una treintena de países de todo el mundo que participan en la investigación del ecosistema antártico.

Autores: Romana Marksová , Jana Karasová , Gabriela Gálová
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