Costumbres populares, rituales y supersticiones en la región de Cheb II

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En esta edición de "Legados del pasado " testimonios del presente" volveremos a Bohemia Occidental, a la región de Cheb del siglo 19. La semana pasada seguimos con nuestros antepasados el nacimiento de un niño, y terminamos justo en el momento en que los novios acordaron la celebración de la boda. ¿Qué ocurría después?

En el escenario aparecía el denominado "procurador", persona muy importante que dirigía toda la ceremonia de bodas. El procurador visitaba con el novio, su padre, sus familiares y amigos la casa de la novia. Allí se negociaba, habitualmente hasta avanzadas horas de la noche se discutía sobre la dote y los bienes del novio y otros asuntos importantes.

Seguidamente se esperaba hasta que apareciera una falsa novia, en vestido de gala y con una barriga que delataba su embarazo, y que presentara pruebas sobre su relación con el novio. Este tenía que ofrecerle una indemnización. Tan sólo después aparecía en la puerta la novia verdadera. A los disparos de los morteros los novios se tendían la mano y se intercambiaban obsequios.

Durante este acto el novio entregaba a su prometida el denominado dinero de compromiso, con lo que culminaban los esponsales. Hasta la mañana se comía y se bebía y se fijaba la fecha de la boda.

El día de la boda la novia se despedía llorando de sus padres. En el momento en que atravesaba el umbral, el padrino de bodas disparaba una pistola y los músicos empezaban a tocar. La comitiva nupcial se lanzaba camino hacia la iglesia. El novio caminaba lentamente con la cabeza inclinada, llevando un sombrero o un gorro de piel y en las manos guantes, y ello también en verano.

Unos cincuenta o cien metros detrás de él caminaba en la comitiva la novia llorando. En la mano llevaba un libro de oraciones y un rosario que le había regalado el novio. En la coronilla llevaba puesta una corona hecha de pequeñas piezas de oro y de plata.

Delante del altar los novios se arrimaban uno al otro cuanto más era posible. La novia echaba por encima del novio la punta de su manto para impedir que se deslizara entre ellos el "diablo del matrimonio" y separara sus corazones. Quien durante el casamiento pisaba sin intención el pie del otro, mandaba posteriormente en el matrimonio.

Desde la iglesia los recién casados y los invitados se dirigían a la casa de los padres de la novia. Una lluvia moderada traía al matrimonio joven suerte y dinero. En la casa de los padres de la novia se servía un almuerzo, se bailaba y a medianoche los invitados se trasladaban a la casa de los padres del novio.

Allí la suegra daba la bienvenida a la novia diciendo: "Si eres una buena nuera, yo seré una buena suegra, entra en mi casa, pásalo bien aquí y no te preocupes". Seguidamente la novia recibía de la suegra una copa con café o vino, la bebía y la lanzaba por detrás de su espalda. En caso de que la copa no se rompiera, la convivencia de los jóvenes sería feliz y larga, si se rompía todo lo contrario.

El novio o la suegra mostraban la casa a la novia. Se paraban frente al fogón, tres veces daban la vuelta alrededor de la mesa, cortaban el pan. Después del desayuno se bailaba, y a eso de las cuatro se servía el almuerzo. En la mesa no podía faltar una sopa de arroz con pimienta, azafrán y pasas. Seguidamente se servía carne de vaca con rábano picante, pescado con repollo, cordero con zanahoria, pollos, asado de cerdo con ciruelas cocidas.

El procurador se encargaba de entretener a los invitados. No faltaban los intentos de raptar a la novia, o por lo menos de quitarle una zapatilla por la que se pediría un rescate.

Al finalizar la fiesta de bodas, los músicos acompañaban a la joven pareja hacia su cuarto. Antes, otros jóvenes habían sacado de la cama algunos clavos de madera para que los recién casados, en caso de estar "inquietos", cayeran con la colcha al suelo. Aún había que pagarles a los músicos que tocaban delante de la puerta una canción didáctica.

A la ceremonia de bodas pertenecía inseparablemente un carro grande para heno sobre el que se transportaba la dote de la novia a la granja del novio. La carga consistía en muebles, armarios y cofres, no podían faltar los símbolos de la ama de casa - una rueca, una artesa para amasar el pan y una cuna. Sobre todo ello reposaban colchas de pulmón cubiertas de rojo con cintas de seda en las puntas.

En cada rincón del carro estaban sentadas de espaldas dos mujeres mayores, hilaban en la rueca y lanzaban panes a los niños que acompañaban al carro. Jóvenes y adultos le colocaban en el camino obstáculos y el novio tenía que pagar para que pudiera pasar. Tenía problemas también con el cochero. Este se quejaba que los bueyes no querían tirar y se echaban a mover sólo cuando el carro se engrasara suficientemente - el cochero debía recibir un jarro de cerveza.

Otras complicaciones aparecían a la puerta de la casa de los novios - allí el cochero tenía que recibir del novio una suma de dinero y guantes nuevos, sólo después entraba con el carro en el patio. El carro se descargaba lo más lento posible para que los presentes campesinos pudieran observar todo al fondo. Para que fuera más divertido se soltaban las patillas del cesto con la vajilla y éste se le caía al novio al suelo al sujetarlo. Además las mujeres trataban de cazar al novio bajo la colcha. Todo ello era acompañado con música y los jóvenes bailaban alrededor del carro.

La muerte avisaba su llegada a la casa de nuestros antepasados con signos de mal agüero - se paraba de repente el reloj, caía el espejo, se resquebraba el mueble, se oía el mochuelo, cantar un gallo negro, o se veía una oruga negra peluda cruzando el camino. Al acercarse la muerte todos los familiares se reunían junto a la cama del moribundo para rezar y se llamaba al cura para que administrara los sacramentos. Mientras tanto se observaba con la mayor atención posible el humo de las velas. Si se orientaba hacia la puerta, significaba la muerte - en el caso contrario, el enfermo se recuperaría.

Cuando una persona fallecía se cubría en la habitación el espejo, se paraba el reloj y se abría la ventana - para que el alma que había abandonado el cuerpo pudiera salir al cielo.

En caso de que muriera el patrón de la casa, la moza o el mozo debían anunciar su muerte a las abejas. Tenían que tocar tres veces la colmena diciendo: "Hola, hola, queridas abejas, tengo que traerles la noticia de que ha fallecido el amo de casa". Se creía que si esto no se hacía las abejas perecerían. Igualmente era necesario levantar el ganado que estaba acostado en el establo. La gente temía que la muerte fuera contagiosa y pudiera transmitirse a las personas y a los animales del entorno.

El fallecimiento se anunciaba clamoreando - en caso de las mujeres sin interrupciones, en caso de los hombres con pausas. El tercer día después de la muerte se reunían los amigos y conocidos para expresar pésame a los deudos y despedirse del fallecido. La escena era acompañada con el canto de los alumnos de la escuela del pueblo.

El ataúd con el muerto se levantaba y se llevaba al umbral - tres veces se bajaba para tocar el umbral en el punto de los pies, del centro y de la cabeza del fallecido. Después se ataba en un carro y se cubría con un manto blanco. En la habitación se revolvía la mesa y las sillas, se vertía el agua de la caldera colocada en la estufa de azulejos, se sacudían todos los instrumentos en el hogar y todos los árboles y otra vez se levantaba el ganado en el establo.

La comitiva funeral paraba a cada cruz en el camino y los presentes rezaban un Padre Nuestro. En un lugar fijado los esperaba el cura y todos proseguían hacia el cementerio. En cuanto el ataúd se bajaba cada uno de los presentes le echaba por encima tres puñados de tierra.

El festín funerario transcurría en la granja o en una taberna. Se servía pan con sal, mantequilla, queso, en las familias más ricas arroz, sopa de cerveza, carne de vaca con salsa de rábano picante. Según un proverbio popular era necesario "inundar" al fallecido, por eso se bebía mucho y siguiendo otro proverbio "sobre los muertos sólo lo mejor" hasta avanzadas horas de la noche se debatía sobre las buenas cualidades del que ya se fue.