Condesa negra deambula por el palacio de Milotice

Palacio de Milotice

El palacio barroco de Milotice se convirtió en escenario de varios cuentos de hadas fílmicos, así como de la película "Olvídense de Mozart". Se sitúa en medio de los viñedos de la Moravia Eslovaca, a unos 60 kilómetros al sudeste de Brno.

El palacio de Milotice fue edificado sobre los cimientos de un fortín gótico. Lo habitaban importantes estirpes nobles de Moravia como los señores de Moravany o Zerotín, y también Alberto de Wallenstein.

En el año 1568 Ludvík Tovar de Enzefeld reconstruyó el palacio en estilo renacentista. De aquella época se han conservado logias con arcadas y los salones en la planta baja del palacio.

Después de la Guerra de los Treinta Años, durante la cual Milotice sufrió desoladores ataques de los turcos y tártaros, compró el palacio la familia noble húngara Serényi, procedente originalmente de Polonia.

Con los Serényi está relacionada una leyenda sobre las cigüeñas de Milotice.

Jan Karel Serényi luchó contra los turcos y cayó preso. Se dice que la cigüeña que llegaba a Milotice todas las primaveras conoció al conde en su prisión en el Mar Negro. El conde le ató en una pata una carta para su esposa y así la condesa pudo averiguar su paradero y liberarlo.

El conde Karel Antonín Serényi dio a Milotice su aspecto barroco actual. Se construyeron un puente de entrada al palacio, que fue decorado por el escultor vienés Kristian Schletterer, un hipódromo y una caballeriza, pabellones a los dos lados del palacio, un invernadero y una faisanería, según explicó la administradora del palacio de Milotice, Mirka Bocková.

"El barroco fue el período más importante en la historia del palacio. Karel Antonín Serényi, que inició la reconstrucción en el año 1719, fue preceptor de la hermana del emperador Carlos VI, María Magdalena. Debido a que necesitaba una residencia veraniega, optó por Milotice ya que quedaba cerca de Viena".

Uno de los espacios más preciosos del palacio es la sala barroca con pinturas al fresco de Frantisek Rehor Eckstein del año 1725, destacó Mirka Bocková.

"En el barroco la sala servía de comedor, pero los últimos propietarios de Milotice la usaban como un salón. En la sala había tres pianos y muchos muebles para sentarse. Los invitados podían salir directamente a la terraza de un jardín francés barroco, establecido en el año 1719".

A finales del siglo XVIII se amontonó detrás del palacio una colinaPalacio de Milotice artificial en la que fueron plantadas raras especies de árboles, dando origen a un amplio parque inglés.

Mirka Bocková nos advirtió también sobre el salón de la condesa decorado al estilo italiano a la Lacca Povera.

"Consistía en decorar las sargas con grabados en cobre cortados, lo cual era un pasatiempo favorito de las damas nobles a principios del siglo XVIII. Cortaban escenas de género, flores y pájaros en grandes cartones con grabados en cobre, combinando esos motivos de distinas maneras".

De principios del siglo XIX data la leyenda sobre la condesa negra de Milotice.

La joven condesa era una señora muy devota que pasaba el día en sus salones sumergida en oraciones o cosiendo.

Mientras tanto su marido era una persona totalmente diferente. Amaba los bailes y banquetes, así como salir al bosque a cazar. En vano trataba de convencer a su esposa que le hiciera compañía. La condesa prefería las conversaciones con el joven capellán del palacio, lo cual provocaba los celos del conde. Las riñas entre los esposos se hacían cada vez más frecuentes.

Una mañana la condesa se fue a pasear al jardín. Allí se encontró con el conde quien a estas horas salía a montar a caballo. El conde llevaba una escopeta, saludó a su esposa y desapareció. Al cabo de un rato apareció el capellán. Cuando se inclinó a besar la mano a la condesa, se escuchó un tiro y el capellán cayó muerto. La bala atravesó su corazón.

El día de los funerales del capellán, la condesa se vistió de negro y nunca más se quitó este vestido. El resto de su vida lo pasó bordando hábitos. Se dice que sigue haciéndolo hasta hoy día. Por las noches se la puede ver deambulando por el jardín del palacio de Milotice al lado de su capellán.

El actual recorrido turístico por el palacio de Milotice traslada al visitante a los comienzos del siglo XX. Los interiores están reconstruidos según fotografías de los años 30 que facilitó la última propietaria del palacio, María Henrietta Seilern Norman, que hoy tiene 88 años y vive en Salzburgo.

Además, muchos antiguos empleados llegaron a cumplir los 90 años, así que pudieron dar testimonio de cómo marchaba el palacio durante la época de los Seilern, señaló la administradora de Milotice, Mirka Bocková.

"Nos contactamos con el jardinero principal, de 93 años de edad, quien nos explicó qué y cuántas flores se ponían en cada uno de los salones. Por ejemplo, en la biblioteca se colocaban las flores diez minutos antes del almuerzo. Nos contó que la última propietaria amaba los jacintos y ciclámenes. Nos dijo que se contaban, por ejemplo, las zanahorias. Las que se conservaban en la arena tenían que ser todas iguales, el resto se repartía entre los empleados. También se cultivaban champiñones y espárragos. La cocinera, que murió en el 2005 a los 96 años de edad, nos proporcionó varias recetas. Hablamos con el antiguo mozo de cámara y con el ama de llaves, quien nos explicó que se cerraban bajo llave incluso la ropa y la porcelana en los armarios".

¿Cómo transcurría, entonces, un día normal de la familia Seilern en Milotice?

El doctor en derecho, Ladislav Seilern, - no usamos las ejecutorias, ya que éstas fueron eliminadas en Checoslovaquia después del año 1918 -, se levantaba curiosamente a las seis de la mañana. A las seis y media toda la familia se reunía en el oratorio para rezar agradeciendo a Dios la noche anterior y todo con lo que les obsequiaba. A las siete y media se servía el desayuno y a las ocho los miembros de la familia se separaban, dedicándose cada uno a su propio programa.

Los niños se iban al salón de enseñanza para estudiar.

Su madre, Antoinetta Seilern, entre cuyos antecesores figuraba el conocido general en servicios de la emperatriz María Teresa de Habsburgo, Gideon Ernst Laudon, se marchaba a su gabinete para repartir órdenes a los empleados.

El señor Seilern no desayunaba siempre con la familia. A veces se dirigía enseguida a las siete a su despacho para trabajar. A la una de la tarde la familia almorzaba y a las siete se servía la cena. A las once de la mañana y a las cuatro de la tarde se recibían visitas. A las diez de la noche los Seilern se iban a acostar.

Visitamos las tierras fértiles de Moravia del Sur. ¿Dónde en Milotice podemos tomar, pues, una copa de buen vino?, preguntamos a Mirka Bocková.

"Les invitaría naturalmente a nuestro palacio, donde tenemos una vinoteca con vinos moravos, así como extranjeros. Muy cerca se encuentran las bodegas privadas cuyos orígenes se remontan a la época del barroco. El área donde se sitúan fue elegida para el cultivo de la vid por Jan Karel Serényi".

Foto: autora

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