Científicos checos vuelven por tercera vez a la Antártida

Estación Johann Gregor Mendel (Foto: National Geographic)

Por tercera vez pasará un equipo de científicos checos el verano antártico en el continente blanco. En la estación polar checa Johann Gregor Mendel en la Isla James Ross proseguirán la investigación de los efectos del cambio climático global y del debilitamiento de la capa de ozono.

Un grupo de biólogos, climatólogos, ornitólogos y geólogos de la Universidad Masaryk de Brno y otras instituciones científicas checas partieron a la Antártida el pasado 25 de diciembre. Durante los próximos dos meses investigarán en la zona cercana a la Península Antártica lugares de los que desapareció el glaciar y donde surge la vida en forma de algas, musgos y líquenes.

La atención de los expertos checos se centra en las reacciones de estas áreas al calentamiento de la atmósfera y de la tierra, según explica el biólogo Miloš Barták.

Isla James Ross (Foto: NASA)
“Los líquenes son organismos extremófilos, capaces de adaptarse a cambios extremos del clima. Nos interesa cómo el calentamiento influirá en el crecimiento y el desarrollo de los líquenes y musgos, eventualmente en la biodiversidad, es decir la riqueza de la vegetación que forma esos oasis antárticos”.

Además los científicos contemplan los cambios habituales del clima relacionados con la mayor cantidad de la radiación ultravioleta que afecta la superficie de la Antártida, cómo precisa el climatólogo Pavel Prošek.

“Examinamos la influencia del terreno en el clima de las partes características de la Isla James Ross. También nos ocupamos de los efectos de los factores atmosféricos en la radiación ultravioleta. El agujero de ozono, nubes, aerosoles en el aire, todo ello influye en la radiación ultravioleta que llega a la Tierra”.

A la expedición polar se han sumado este año dos ornitólogos de la Universidad Palacký de Olomouc. Su objetivo es observar con ayuda de cámaras colonias de charranes. Esperan que cuenten con un tiempo mejor que el año pasado cuando el mar estaba congelado y las aves se trasladaron de la isla debido a que no tenían acceso a la alimentación.

La estación checa Johann Gregor Mendel fue construida por la Universidad Masaryk en los años 2005 y 2006 por 60 millones de coronas, unos 2,3 millones de euros. Debería servir a los científicos unos treinta años.