Un salvadoreño enamorado del frío

Diego Claramount en Praga, foto: archivo de D.Claramount
0:00
/
0:00

Diego Claramount es un joven salvadoreño afincado en Praga desde hace un año. Al corazón de Europa llegó con una beca universitaria, y de momento no piensa marcharse. Sobre su pasión por el invierno, nuevas aficiones y más observaciones nos contará en la nueva edición del espacio 'Praga Mía'.

Diego Claramount en Praga, foto: archivo de D.Claramount
Diego Claramount estableció el primer contacto con el país centroeuropeo en su tierra natal, donde trabajó para una empresa checa. Como estudiante de ingeniería eléctrica, recibió la oportunidad de estudiar en Praga con una beca de la Unión Europea. Y no se arrepiente, según afirma.

“Como pasaron los meses, me fue cada vez más gustando la ciudad y el país. Y ahora lo que era originalmente estudiar, se ha convertido en algo más permanente”.

Para ello tiene buenas condiciones, ya que recientemente empezó a trabajar para una empresa multinacional.

“Una vez que conozcas a los checos, son realmente como latinos”

Diego Claramount, foto: archivo de D.Claramount
El primer tropezón cultural con el que chocan muchos latinos nada más llegar a Centroeuropa no fue afortunadamente un asunto de largo plazo, alega el joven salvadoreño.

“Acá la gente al principio parece un poco más cerrada pero una vez la llegas a conocer, pues son como latinos realmente. Se abren, te platican y te cuentan de todo. Y esto me gustó bastante. Para un latino que busca algo diferente pero no tan alejado de su forma de ser, creo que es la mejor combinación de la que pueden encontrar en Europa. La combinación checa”.

El orden, el respeto de las reglas y la limpieza son las cosas que más le impresionaron tras haber aterrizado en la capital checa. “Tal vez ustedes, porque viven acá, piensan que podría ser más limpio, pero para mí es limpio. El transporte público está a tiempo. Todo sigue las reglas. Es como una mezcla entre Alemania, o los países nórdicos y el sur, España e Italia. No son tan cerrados de mente como en el norte, y tampoco se lo toman tan tranquilo como en el sur. Es una mezcla en medio. Es lo que más me gusta. Si puedes salir de fiesta un martes un miércoles lo puedes hacer. Tampoco son como nosotros o los españoles que andan de fiesta de lunes a domingo”.

Diego Claramount, foto: archivo de D.Claramount
Viniendo de un país, que este año ha vuelto a ser declarado como el más violento del mundo, aprecia ante todo el hecho de poder caminar por las calles capitalinas mucho después de la medianoche sin tener que preocuparse demasiado.

“Nadie me ha robado nada. Lo cual es increíble. En el Salvador ya me hubieran asaltado y quitado todo ya tres veces. Para mí la República Checa es el país más seguro del mundo”.

“Todo me parece demasiado bueno”, replica Diego a la pregunta por algunos aspectos negativos de la vida en la República Checa. Al final sí se le ocurre una cosa que cambiaría.

“Que más gente hablara inglés. O si lo hablan que no se contuvieran. A veces no se sabe si lo saben o no. Si lo saben, pues, no sienten la confianza suficiente para hablarlo. Tal vez no tanto en Praga, pero en el interior, en pueblos”.

Diego Claramount, foto: archivo de D.Claramount
No lo dice por su propia comodidad. Y es que Diego es un aplicado estudiante de la lengua checa. Tras haber pasado por un curso de dos horas semanales, se dio cuenta de que había que hincar más los codos, y se apuntó a uno intensivo. Ahora ya cosecha los primeros frutos.

“Ahora puedo entender el 20% de lo que me dicen o un poco más, tal vez. Por lo menos sé si están hablando de mí, trato de conectar las palabras, a ver si entiendo. A veces funciona, a veces no. He aprendido también que la gente aprecia que tú, del otro lado del mundo, estás haciendo el esfuerzo de aprender su idioma. Otro de los motivos para seguir aprendiendo”.

En Chequia ha encontrado nuevas aficiones

Castillo de Litomyšl, foto: NPÚ
No solo los estudios y el trabajo establecen la vida checa de Diego. En un año ya ha emprendido un sinnúmero de viajes por los paisajes checos y según apunta, le llamó mucho la atención cómo cambia el país tras cruzar la frontera de la capital checa.

“Eso como otra forma de ser, más local, familiar, pasar el fin de semana con la familia, salir a tomar al bar del pueblo.... Es otro ambiente muy bonito. Me encantó Choceñ, Litomyšl, Vysoké Mýto, Hradec Králové, Pardubice”.

Aprecia asimismo que en la capital checa pueda practicar su nueva afición, que es el ciclismo. “A pesar de que los checos tienen la impresión de que Praga no es una ciudad amigable con los ciclistas, para mí es todo lo opuesto. Es la ciudad más amigable con los ciclistas, que se pueda ver. Vengo de Latinoamérica, allá es una anarquía total, nadie respeta a nadie. Que aquí te den paso o la gente se aparte para dejar a pasar al ciclista es para mí una cosa impensable. Me encantó”.

“Me encanta el frío”

Diego Claramount y sus amigos, foto: archivo de D.Claramount
La bicicleta no la piensa dejar ni durante el invierno. A pesar de ser originario de un país tropical, el frío no le molesta, sino todo lo contrario. “Ya 25 años con 35°C todos los días es suficiente calor para toda mi vida. Si fuera por mí, ahorita en otoño que hace diez u ocho grados, me iría solo con una camisa sin chaqueta, pero me enfermaría. Me encanta la nieve. Por ridículo que pueda sonar, en Latinoamérica siempre vemos las películas de Navidad, se ve el frío, la gente abrigada y todo. Por primera vez pude vivir la Navidad con frío”.

Diego Claramount, foto: archivo de D.Claramount
Es más, los tres mejores días de su vida, según apuntó, los pasó rodeado de nieve en los montes cerca de la ciudad de Jablonec, aprendiendo snowboard, un deporte que se ha convertido en su nueva afición. La belleza de las mujeres checas no es falsa, confirma, y es más, Diego sostiene que Chequia es un paraíso.

“Me parecen guapas. Hay una diferencia de la frontera con Alemania. Hacia el Este algo sucede. Todas las mujeres de raíces eslavas tienen un parecido que me parece atractivo. En cuanto a la forma de ser noto diferencia entre las chicas de Praga y las de los pueblos. Las chicas del pueblo son más familiares, no cambian supueblo, etcétera, mientras que las chicas de Praga son más liberales, vamos de fiesta, tomamos, disfrutamos todos los días”.

Diego Claramount de momento también disfruta de su aventura checa, que parece prolongarse más de lo esperado.