Un científico checo documenta por primera vez la rata lanuda subalpina, el mayor roedor de Oceanía
En Papúa Nueva Guinea, un científico checo documentó por primera vez en libertad a una de las especies de rata más grandes del mundo y la mayor de Oceanía, la rata lanuda subalpina, de la que no existían ni testimonios de avistamientos en los últimos 30 años. En entrevista con RPI reveló los detalles de su expedición.
František Vejmělka, del Centro de Biología de la Academia Checa de Ciencias y de la Universidad de Bohemia del Sur, se convirtió en la primera persona en el mundo en captar con una cámara a la enorme rata lanuda subalpina, uno de los roedores más grandes y esquivos del mundo. Este animal, que vive en lo alto de los fríos y brumosos bosques montañosos de Papúa Nueva Guinea, hasta ahora solo se conocía por antiguos especímenes de museo, tal y como confirmó el científico para RPI.
“Es lo que llamamos una “especie perdida”, lo que significa que no se ha observado ni registrado su presencia desde hace más de una década. En la década de 1930 se tomaron muestras de individuos de esta especie, pero sólo como especímenes cazados: abatidos, disecados y sus cráneos recogidos por cazadores locales. Éstos se almacenaban en grandes museos de todo el mundo, como los de Nueva York, Londres o Sídney. La especie se describió oficialmente en 1989 basándose en estas colecciones. La última vez que se tiene constancia de que alguien viera o supiera de la existencia del animal fue en 1994”.
Y ese era el caso hasta hace poco, cuando Vejmělka logró fotografiar al animal durante una expedición de seis meses dedicada a la documentación de mamíferos no voladores de la región.
“No fui allí específicamente para encontrar a este animal. Formaba parte de mi expedición de seis meses. El objetivo principal era documentar la diversidad de mamíferos no voladores del monte Wilhelm, la montaña más alta de Papúa Nueva Guinea. Descubrir esta rata lanuda fue una sorpresa inesperada pero muy bienvenida”.
El animal en cuestión es un roedor de la familia de los Mallomys, que habita únicamente en la lejana isla de Papúa Nueva Guinea. Además de su ubicación, otros factores dificultan su localización, afirma el científico.
“Esta rata lanuda gigante es una especie endémica de la isla de Nueva Guinea. Concretamente, sólo vive en las altas montañas de Nueva Guinea. En realidad, todas las especies de Mallomys viven en las montañas más altas de esta isla, por encima de los 1700 metros. Esta especie en particular, la rata lanuda subalpina, Mallomys istapantap, vive donde se encuentran el bosque musgoso de alta montaña y los prados subalpinos. Por lo tanto, vive muy alto, muy lejos de cualquier civilización. No es un animal vocal, no emite ningún sonido, y no es fácil de localizar. La única forma de encontrarlo es de noche, con la ayuda de cazadores y sus perros, o utilizando una cámara trampa y un poco de suerte”.
“Me di cuenta de que algo grande había estado cruzando el tronco”
En su expedición documentó un total de 61 especies, pero si ha aparecido en la prensa de todo el mundo es por la enorme rata lanuda que mide hasta 85 centímetros y puede llegar a pesar casi dos kilos, lo que lo convierte en una de las ratas más grandes del mundo.
La suerte hay que buscarla, dicen algunos. En el caso de Vejmělka, sería quizás considerado un eufemismo, ya que el investigador invirtió semanas y semanas explorando los bosques frondosos de la isla antes de encontrarse con un indicio de la rata. Y aun así, al encontrar el indicio en un tronco de árbol caído cruzando un arroyo, tuvo que esperar varios días para conseguir las valiosas fotografías. Vejmělka describe en detalle el proceso de la búsqueda.
“Pasé 14 días en cada nivel de elevación, con 10 noches dedicadas a la caza con trampas, ya que los animales son nocturnos. Al principio, fui con un cazador local a explorar el bosque y localizar hábitats adecuados, que estaban a unos 3500 metros sobre el nivel del mar. Esta zona tenía un bosque denso, musgoso y frío, muy por encima de donde suele vivir la gente. Me fijé en un tronco caído que cruzaba un caudaloso arroyo de montaña y, en su parte superior, la vegetación estaba muy desgastada, pero no había signos de actividad humana, como senderos o árboles cortados. Me di cuenta de que algo grande había estado cruzando el tronco repetidamente, desgastando la vegetación, y no era una persona. Así que coloqué allí una cámara trampa durante 10 noches. Al final, me vi recompensado con fotos y secuencias de vídeo de una rata lanuda subalpina macho gigante”.
Gigantismo insular
Fue gracias a ese camino de vegetación desgastada en un tronco de árbol caído que el científico pudo capturar la fotografía de esta presunta especie perdida en su hábitat natural. Además de un estado de atención constante y ese “poco de suerte” que mencionaba Vejmělka, otro punto muy importante en la expedición fue la ayuda de los locales, que el investigador agradeció durante la entrevista.
“Toda la tierra pertenece a la población local, así que yo era un invitado. Trabajé estrechamente con ellos: me enseñaron dónde vivían los animales y me uní a ellos en las cacerías nocturnas. Normalmente, en lugares como África u otros trópicos, utilizamos varias trampas para estudiar los mamíferos pequeños: trampas rápidas, trampas de caída o trampas de caja vivas. Pero esta rata es tan grande, como muchos mamíferos de Nueva Guinea, incluidos los marsupiales, que las trampas normales no funcionan. Así que colaboré con cazadores locales y compré los animales que capturaban”.
La rata lanuda subalpina es un claro ejemplo de “gigantismo insular”, un fenómeno evolutivo que permite el aumento de tamaño de ciertos animales en ecosistemas aislados. Vive tanto en tierra como en los árboles y se alimenta en gran medida de helechos, como ha podido comprobar Vejmělka. Su gran tamaño y el denso pelaje que le da hasta el nombre al animal, le permiten ascender por el monte Wilhelm hasta los 3700 metros de altura sin pasar frío para buscar alimento.
La importancia de la biodiversidad también para la preservación de las comunidades locales
La expedición de Vejmělka tuvo como objetivo documentar la biodiversidad, lo que, según el investigador, es importante por varios motivos. Uno de ellos es el hecho de que todavía queda mucho por descubrir de la biodiversidad de las montañas tropicales.
“Mi investigación sobre la diversidad global de mamíferos no voladores en las regiones montañosas tropicales es la primera que proporciona información de este tipo en toda la zona de Oceanía y Australia. Con estos conocimientos, podemos empezar a construir una base sólida de información y ofrecer a los gobiernos locales orientación para los programas de conservación dirigidos a las selvas tropicales, que, como sabemos, están desapareciendo a un ritmo alarmante. Y en segundo lugar, y quizá aún más importante, en Papúa Nueva Guinea la tierra es propiedad de las comunidades locales. Así que podemos informarles sobre lo que vive en sus bosques, qué biodiversidad hay, lo raros que son estos animales y por qué son importantes. Entonces, cuando llegue una empresa minera -y eso ocurre a menudo, sobre todo con empresas de Asia-, podrían optar por no vender sus tierras. En su lugar, podrían establecer una zona protegida y obtener ingresos recurrentes de los científicos y los turistas que vienen a ver estas especies endémicas raras y notables”.
De esta forma, el descubrimiento de Vejmělka no solo confirma la existencia de una especie considerada “perdida”, sino que también subraya la importancia de la colaboración entre científicos y comunidades locales en la labor de conservación de la biodiversidad. Tal colaboración puede tener, según el testimonio del científico, un gran impacto en la preservación de la naturaleza y los ecosistemas del mundo.








