TeTa, la empresa checa que se expandió por toda América Latina como Casa Tía y Almacenes Tía

Fachada del local de TeTa ubicado en Jungmannova 28, en los años 30

La historia de la empresa TeTa se expande por más de tres siglos y una decena de países. En Latinoamérica, generó una revolución en la forma de hacer compras bajo los nombres de Casa Tía y Almacenes Tía. Recorremos esta asombrosa historia junto al empresario argentino Francisco de Narváez, nieto del emprendedor checo Karel Steuer, quien creó la marca e inició una tradición que vive hasta el día de hoy en las lejanas tierras de América Latina.

Los Steuer,  creadores de TeTa  | Foto: archivo de Francisco de Narváez

“Siempre les digo a mis hijos que tengan el pasaporte preparado”. Quien firma esta frase es Franciso de Narváez, uno de los empresarios más importantes de Argentina y de Latinoamérica. Su recomendación no está motivada por una situación puntual del presente, sino por las enseñanzas que le dejó la historia de su familia. Su abuelo, Karel Steur, un empresario checo que se vio forzado a emigrar a América Latina sin hablar español y cuando ya tenía 50 años, fue el creador de una marca que se dio a conocer bajo distintos nombres en América del Sur: Casa Tía, en Argentina, Almacenes Tía, en Colombia y Ecuador, país en donde aún existe; Tiendas Tía en Perú y Supermercados Ta-Ta en Uruguay. Sin embargo, la marca primero surgió en Praga como TeTa, un nombre que en una región en donde se habla español simplemente no funcionaría.

Más de 300 años de historia 

Pero los orígenes de la compañía se remontan, en realidad, a mucho tiempo antes del aventurero Karel. En conversación con RPI, De Narváez nos lleva de paseo por esta increíble historia, que se expande por siglos y una decena de países, pasando por guerras, exilios y una cadena de circunstancias que confirmarían lo dicho por un pensador de Éfeso que hace unos 2500 años aseguró: “Lo único que permanece es el cambio”.

Interior de TeTa en los años 30,  en Praga | Foto: archivo de Francisco de Narváez

“Esta historia de 300 años comienza en 1700, en el Imperio Austrohúngaro, en Praga y Budapest, en donde se tenían dos fábricas. Era la era industrial y el comercio prácticamente no existía como se lo conoce hoy. En esa época, la familia Steur administraba estas dos fábricas de esencias, que se utilizaban para la fabricación de jabones y licores”.

El éxito de la compañía durante esta etapa industrial hizo que se posicionara como uno de los mayores proveedores de esencias para los sectores de la farmacéutica y de los alimentos de la región. Pero con el cambio época, llegó el desafío de readaptarse. La familia llegó a esta conclusión en el momento justo, ya que acaba de liberarse un local en el centro de la ciudad, que antes había sido ocupado por la empresa Škoda, para la que este punto de venta había perdido relevancia.

“Con el pasar del tiempo no tenía sentido vender camiones como si estuvieras en Nueva York en la Quinta Avenida, por lo que ese local pasó a estar disponible. Y Karel Steuer, mi abuelo, en el año 32, entendió que era un momento de evolucionar. Todo comenzó, gracias a su curiosidad, en un viaje que hizo a Estados Unidos, donde encontró un modelo de negocio que se estaba desarrollando muy exitosamente en Norteamérica, creado por la empresa Woolworth, más conocido como ‘Five-and-Dime’, o sea, todo tipo de productos que se podían conseguir a 5 o 10 centavos. Este modelo, además, tenía otras características”.

Del éxito al exilio 

Esas características eran principalmente dos: que los productos se encontraban exhibidos, lo que permitía a los clientes observarlos de cerca e incluso tomarlos entre sus manos. Y el otro punto diferencial era que estos productos tenían un precio fijo, por lo que ya no era necesario regatear, como había sido la costumbre hasta el momento. El 13 de agosto de 1933 se inauguró el primer local de TeTa en Jungmannova 28, en pleno centro de la capital checa.

Fachada del local de TeTa ubicado en Jungmannova 28,  en los años 30  | Foto: archivo de Francisco de Narváez

“Fue muy exitoso por estas razones, porque era un lugar en donde el público se podía encontrar, se encontraba con un ambiente agradable, con un ‘look and feel’, como se dice ahora, es decir: la experiencia de compra, diríamos hoy, era muy atrayente. Ese modelo que era tan exitoso en los Estados Unidos, mi abuelo decidió replicarlo en Praga y el 13 de agosto de 1933 se inauguró el primer local. En esa época no se hacían estudios de mercado cuantitativos, ni cualitativos, la esencia del negocio tenía que ir de compras fuera algo gratificante. De allí el nombre TeTa (N.d.R: en checo, “teta” significa “tía”). Tu tía es la que te protege, la que te mima, la que si un día no fuiste al colegio trata de ayudarte o o te firma el boletín cuando no está en las condiciones que tiene que estar. Es ese afecto especial. Tu tía es alguien que, por supuesto, no reemplaza a tu mamá, pero es donde todos sentimos un lugar de contención emocional, sobre todo desde el corazón. Y se llamó TeTa por eso, no hubo otro otro significado. Y comenzó un proceso muy exitoso que prontamente se extendió a otros dos países, Hungría y Rumania. Se llegaron a tener varios locales en ciudades de estos países, hasta que en el año 39, 8 años después, Praga ‘overnight’ fue tomada por el nazismo".

Efectivamente, TeTa no era la única fuerza transformadora que se expandía por Europa en aquellos años. Cuando el trágico avance del nazismo inundó las calles de Praga, la familia Steuer no tuvo más remedio que apurar su exilio, por una doble razón: su origen judío, y el hecho de que František Steur, hermano de Karel, y de quien el propio De Narvéz toma su nombre adaptado al español, en aquel momento formaba parte del gobierno checoslovaco derrocado por los alemanes.

“Mi tío tuvo que migrar rápidamente, tuvo que fugarse. Mis abuelos, en su calidad también de judíos, sabían que esto tenía un trasfondo que finalmente el nazismo estaba no insinuando, sino evidenciado en el mundo. Por lo cual, a la noche se subieron a un tren, llegaron a Zurich, Suiza, y luego arribaron a Inglaterra. Pero quedaron en el país mi madre y mi abuela. Mi abuela Milena, de quien toma el nombre mi segunda hija, y Doris, ‘Dorinka’, mi madre, se quedaron en Praga, juntando las cosas que se podían juntar: dos valijas y tres o cuatro cosas. Mi abuela salió del país por otra vía y mi madre quedó retenida. Mi madre fue una de las 500 y algo de jóvenes que estuvieron en el Kinder Transport. Así que cuando vimos la película One Life, hace poco tiempo, el año antepasado, que la recomiendo porque es parte de la historia, a nosotros nos tocó”.

Antigua imagen del interior del local de TeTa en Praga | Foto: archivo de Francisco de Narváez

Una vez que la familia logró reunirse en Londres, rápidamente tomaron la decisión de emigrar a América Latina, más específicamente, a Colombia, para intentar replicar el negocio que tan exitoso les había resultado en su país. En ese momento, Karel Steur tenía 50 años y no hablaba español. Entonces, ¿por qué Colombia?

“No hay coincidencias en la vida. A veces pasan cosas que solo después te das cuenta por qué pasaron. Cuando se abren los locales en Europa, la mayoría de la mercancía se importaba de los Estados Unidos. Hoy llega desde Oriente, pero en ese momento provenía de Estados Unidos –habría que hacérselo recordar al presidente Trump. Y en uno de esos viajes, que se hacían en barco, mi tío Franta conoce a un señor que se llamaba Alfonso López y era colombiano. El hombre era hijo del presidente de Colombia, y, además, muchos años después, fue presidente él también. Y trabaron una relación. Estuvieron 25 días juntos en un barco, entonces generaron una amistad. Y cuando estaban en Inglaterra y estaba claro para ellos que no había forma de quedarse, porque además la familia se fue con lo puestos y con algunos ahorros, no es que se llevaron los locales, la fábrica, nada, se perdió todo, como se perdía en la guerra. Entonces, consiguieron a través del hijo del presidente de Colombia que les otorgaran visas para poder llegar a ese país. Así que fue la casualidad de los viajes, la amistad con Alfonsito, que su padre era el presidente, lo que los llevó a Colombia. Y de hecho la primera oficina de la compañía estaba en el Palacio, ¡en la casa de gobierno! Les dieron un teléfono, dos escritorios y ahí arrancaron. Y abrieron su primer local en el año 41. La historia sigue con que se abrió un local en el centro de Bogotá, en la Carrera Séptima y la 11. Fue muy exitoso, otra vez por las mismas razones, por esta forma de tener los productos exhibidos y un precio fijo. Si bien Bogotá era una ciudad importante, no tenía este tipo de comercio. Y así sucesivamente se fue expandiendo la compañía en Colombia”.

El paso de TeTa a Tía

En Colombia, la empresa dejó de llamarse TeTa para pasar a ser Tía, una simple y comprensible traducción literal, puesto que en checo “tía” se dice “teta”. La idea era que la marca representara el mismo concepto que en su tierra de origen, sin embargo, curiosamente ha suscitado una serie de versiones y teorías sobre su significado, que viven tanto en el imaginario popular como incluso en la propia Wikipedia, en donde erróneamente se asegura que las “siglas” –que no son tal cosa– significan Tiendas Industriales Asociadas. Pero estas teorías equivocadas no impidieron que Tía comenzara su proceso de expansión por América Latina.

Javier Ledesma | Foto: Juan Muttoni,  Radio Prague International

“Luego, mi abuelo, un par de años después, intentó llevar el mismo concepto a Brasil, pero en Brasil ya había, curiosamente, otra vez las casualidades, cuatro americanos que eran ex empleados de Woolworth y habían ido al carnaval, que, además de muy divertido, les pareció un lugar para quedarse y crearon una compañía que se llama Lojas América. Entonces, Brasil ya estaba tomado, por lo que siguieron para Buenos Aires. Y en Buenos Aires comenzaron nuevamente la compañía en la calle Suipacha 140 en el año 47. Otra vez, fue sumamente exitosa. Tenías desde una mercería a un bazar, productos de higiene, juguetería, bombonería, que era un gran atractivo. En las cabeceras de los muebles, que eran como unas góndolas, siempre había caramelos sueltos, a granel. Y lo primero que uno diría es ‘no es buena idea’, porque si dejas los caramelos sueltos, seguro que te van a robar alguno, pero eso era precisamente lo que se quería. Porque el ser humano tiene esa tentación de llevarse un caramelo. Entonces era un gran atractivo y no importaban los caramelos que se robaban, porque nadie se llevaba una bolsa de caramelos, se llevarían dos. Y esa trastienda de encontrar esos detalles, la sutileza de contener al consumidor, a veces en forma no consciente, era importante. Además de que encontraba todo en un lugar, que estaba acondicionado, refrigerado, puesto de una forma. Sin embargo, al principio de todo no se vendían comestibles, los comestibles se seguían vendiendo en los almacenes de barrio. La gran atracción del negocio, más adelante, entre otras cosas, era el buffet. En el buffet se hacían sándwiches de miga, que eran sensación. Yo no lo llegué a ver porque era muy chico. Yo nací en el año 53, un par de años después. Pero era una verdadera sensación. Es como si te dijera en McDonald's hoy un Big Mac. Además, Casa Tía era sinónimo de economía. Había una serie de latiguillos como, ‘¿quiere economía? Vaya a Casa Tía’, que fueron trascendentes”.

Javier Ledesma, periodista argentino especializado en marcas, posee una gran comunidad en YouTube. Su informe especial sobre Casa Tía tiene más de 300.000 vistas, y, en conversación con RPI, Ledesma brinda el contexto histórico para entender por qué, en efecto, la empresa fue revolucionaria en la región.

Fachada de TeTa en la actualidad | Foto: Juan Muttoni,  Radio Prague International

“Recuerdo haber visto algunos carteles publicitarios retro de Casa Tía explicando un poco que esto era un una nueva forma de comprar, en donde explicaban lo que era el autoservicio, porque hasta ese momento estaban todos muy acostumbrados a los almacenes, donde alguien te daba los productos que le pedías; esto, era un formato muy distinto. Son prácticamente pioneros, porque después en los 50, viene la aparición de otros jugadores con ese mismo formato, que después se termina de profundizar en los 60, con la llegada de Minimax de los Rockefeller, de Norte, Canguro, Gigante y otras cadenas que tomaban ese mismo formato, copiado del modelo estadounidense, pero con mayores superficies. Y Tía, de alguna manera, fue pionera. Fueron uno de los primeros en traer esa idea, que traían desde Praga, esto de los productos baratos, muchísima variedad, casi como una regalería”.

Ledesma es, además, uno de aquellos que recuerdan los famosos latiguillos mencionados por De Narváez.

“Creo la gente tiene como un recuerdo también muy nostálgico de Tía porque era casi como un paseo familiar. Era como un plan de ir con tus hijos, con tu pareja, con tu familia, a recorrer Tía, a ver qué encontraban, a comprar de todo. Recuerdo que mi madre me decía, ‘la mayoría de la ropa que tenías era de Casa Tía’, porque tenía una gran variedad y además fueron de los primeros en apostar fuerte por eso de los precios bajos. Incluso, el jingle de ese momento era ‘Tía todo tiene, todo tiene Tía’ o ‘Todo está en Tía’".

Variedad, precios bajos y una experiencia completamente distinta para el consumidor. Sin embargo, estos no eran los únicos elementos que caracterizaban a la compañía. Uno de sus mayores diferenciales tiene que ver con el ADN de emigrante que tanto influenció su identidad.

Francisco Narváez | Foto: Juan Muttoni,  Radio Prague International

“El primer negocio se abrió en Buenos Aires, pero el segundo en Córdoba y el tercero en Rosario y el cuarto en Mendoza y el quinto en Mar del Plata. Y esta era una noción de que si dividías y ponías los huevos en distintas canastas, tu posibilidad del impacto en un solo lugar iba a ser moderado, en caso de problemas. Esto en términos de compañía y de negocio. En términos de familia, siempre nuestra madre nos dijo, ‘chicos, el pasaporte, al día y ténganlo cerca’. Y es el día de hoy que yo duermo con mi pasaporte cerca, y mis hijos y mi mujer, Carolina, también. Les enseñé que el pasaporte lo teníamos que tener en la mesita de luz. Porque un día puede ser que las cosas cambien, Dios quiera que no, pero esas cosas te quedan marcadas. También te quedan las cosas que son muy útiles, por ejemplo, que hay que comer lo que tenés en el plato, porque un día podés no tenerlo. No importa si tenés la heladera llena hoy, lo que se sirve, se come. Esa cultura de que un día algo puede faltar. Gracias a Dios, la familia ha progresado, realmente tenemos una posición de privilegio frente a, en este caso, la Argentina, que cruje y mucho, y otros países de Latinoamérica también. Realmente somos privilegiados. Pero nunca debemos olvidar que un día podés dejar de serlo”.

Estas enseñanzas fueron parte del vínculo que De Narváez forjó con su abuelo Karel, el iniciador de la gran aventura latinoamericana. Un punto de inflexión en la vida de empresario se dio al finalizar sus estudios de secundaria, que realizó en una escuela militar de Canadá.

“Le dije, ‘Tata, no sé qué quiero estudiar. Pero yo voy a ir a la universidad’. Estaba muy serio, con cara de estar muy convencido de mi decisión. Le dije ‘mientras que decido qué carrera seguir, me voy a tomar un tiempo’. Y mi abuelo, en un castellano muy básico me dijo ‘me parece perfecto, pero el lunes a las 6 de la mañana, comenzás a trabajar en el depósito. Mientras que pensás…’. O sea, lo que me dijo es, ‘no tengo ningún problema en que estudies y no tengo ningún problema que pienses, pero mientras pensás, andá a trabajar’. Y aprendí descargando camiones, mal… porque hay que aprender a armar un palet. Y así fue haciendo mi carrera dentro de la compañía. A veces me preguntan a qué universidad fui, yo no fui a la universidad, fui a la ‘Universidad Tía’, que es el haber aprendido haciendo”. 

Mientras el joven De Narváez acumulaba experiencia y conocimientos, que le serían vitales en el futuro, la empresa no dejaba de expandirse por la región hasta finales de la década del 90.

“De Colombia se fueron a Argentina, de Argentina fueron a Uruguay, de Uruguay a Perú, de Perú fuimos a Ecuador y seguimos creciendo en distintos países, también con esta condición de poner los huevos en distintas canastas. Repartir riesgos entre distintos países sigue siendo nuestra diferenciación. En los países que estamos, trabajamos en todas las provincias, en la mayoría de las ciudades, y es algo que aprecio, que fue una enseñanza. Mi abuelo todos los días llegaba a la oficina a las 8 de la mañana y en ese momento era una oficina que era un depósito, por lo cual los pisos eran muy altos o con mucha altura entre uno y otro y la oficina estaba en el segundo piso. Así que subía escaleras de a dos escalones. Y lo hizo hasta que falleció a los 80 años. Era una forma de demostrarnos que no era una cuestión de edad, sino una cuestión de actitud. A las 8 de la mañana, podías sincronizar el reloj cuando lo veías. Llegaba a esa hora y se iba a las 6 de la tarde con sus 80 años y bajaba esa escalera. Y esas son cosas que te marcan. Había lecciones que se decían, pero la mayoría, la aprendés, creo yo, por el ejemplo”.

Un legado, una responsabilidad

Las enseñanzas de su abuelo fueron esenciales para lo que deparaba el futuro. A principios de la década del 70, el histórico líder de la compañía falleció y también, con escaso tiempo de diferencia, también Federico Deutsch, socio fundamental del grupo. Además de la tristeza de las noticias, estas pérdidas abrieron las puertas a un proceso de enormes tensiones que terminarían por depositar a Francisco de Narváez en el asiento de director. En esta etapa, el empresario debió enfrentarse a una serie de desafíos que incluyeron una disputa con el antiguo management de la compañía, que se conocía como “el grupo de los checos”, puesto que estaba conformado solo por personas de ese país. Pero De Narváez estaba convencido de que la empresa necesitaba adaptar su modelo, y eso solo podía lograrse con gente que tuviera nuevas ideas.

“Todo cambio genera temor, genera resistencia y esto fue bastante traumático, porque eran personas muy leales, muy comprometidas con la familia y con la empresa. Después de 40 años de hacerlo de una forma, decirles que había que cambiar las cosas no era sencillo. La pregunta era, ¿por qué? Si hace 40 navidades que esto se hace de una manera, que se venden las guirnaldas de esta forma, ¿por qué me querés hacer hacerlo distinto? Y no había una explicación de por qué. Era simplemente ‘lo tenemos que hacer distinto’. Y tampoco tenía muy claro cuán distinto tenía que ser. Fue doloroso porque muchas personas fueron invitadas, ese es el término, a dejar el grupo. Muchas sufrieron ese proceso porque habían dejado su vida en esto. Pero había que hacerlo porque también era una cuestión de subsistencia. O sea, nada se mantiene. O se progresa o se cae. A uno le pasa en la vida. Fue un proceso doloroso, fue traumático. Pero era necesario cambiar la entidad. Aunque se seguía llamando Tía, había que hacer muchos cambios: cambiar el logo, cambiar los colores, cambiar los formatos, literalmente yo me iba a dormir angustiado porque decía, ‘miércoles, ¿esto será o no será?’ Y muchas veces volvía a la imagen de mi abuelo y decía, ‘mi abuelo se subió arriba de un tren una noche con lo que tenía puesto. Llegó a Inglaterra, sin saber hablar inglés, terminó en un barco viniendo a Colombia y no sabía hablar castellano y lo hizo a los 50 años y cuando falleció a los 80, en 30 años, hizo todo lo que hizo. Tiene que haber este riesgo. Esto es mínimo frente a lo que él se enfrentó”.

El prestigioso periodista Hernán Cappiello escribió un libro titulado Colorado, publicado en 2010, en donde se explican en detalle los conflictos que debió atravesar De Narváez para, finalmente, imponer sus ideas sobre la dirección de la compañía. La obra nació luego de que el empresario sorprendiera al mundo de la política nacional con un resultado impactante en las elecciones legislativas de 2009, al imponerse al frente liderado por el ex presidente Néstor Kirchner. El trabajo necesario para llegar a ese resultado, más allá de las implicancias políticas, fue una clara muestra de la personalidad del empresario.

Hernán Capiello | Foto: Juan Muttoni,  Radio Prague International

“Ganarle a Néstor Kirchner en ese momento era algo impensable. El derrotar a Kirchner en ese momento, cuando Kirchner venía de haber transformado la Argentina, que venía de la debacle, era algo impensado. De Narváez lo hizo de una forma profesional, armando un comité de campaña con muchísimos recursos de su propio patrimonio. En la realización de esa campaña electoral, donde profesionalmente contrató especialistas en discurso, especialistas en el territorio, especialistas en comunicación, llegó a tener un edificio alquilado en Las Cañitas, de varios pisos, lleno de asesores en distintas áreas de política pública, con los que armaba los distintos planes de gobierno. Y desde lo personal, yo creo que él lo tomaba como la idea de demostrarle a su padre y aún a su abuelo que podía ir más allá”.

Uno de los grandes activos de Francisco de Narváez fue el de conocer y entender la región. Esto le permitió tomar las decisiones necesarias para que el grupo, que se expandió a otros sectores además del retail, se hiciera fuerte donde funcionaba y abandonara las posiciones que no generaban los rendimientos esperados. Así fue como a finales de los 90, Casa Tía, en Argentina, fue adquirida por el Grupo Exxel. Sin embargo, a pesar de que la marca desapareció con ese nombre en el país, otras empresas que habían sido fruto de la semilla de TeTa siguieran existiendo y lo sigan haciendo hasta el día de hoy.

“Me costaría explicar lo que es vivir con 200% de inflación. Nosotros aprendimos eso y aprendimos a estar en economías estables y en economías inestables. Sudamérica tiene todavía un gran camino para hacer a la región más desarrollada, hay mucho subdesarrollo, hay mucha pobreza, lamentablemente, hay mucha necesidad de generar trabajo”.

Una tía presente

En la actualidad, el Grupo de Narváez tiene unos 24.000 empleados y abarca múltiples industrias. En Argentina, con la cadena Chango Más, en Ecuador y en Uruguay, su fuerte sigue siendo el retail.

“Hoy estamos presentes esencialmente con lo que fue originalmente esa rama. Tenemos otras líneas de retail, de farmacias, de home appliance, de vestimenta, indumentaria, pero Tía como concepto está en estos tres países. Ese es nuestro core, el negocio más querido que tenemos. La compañía hoy tiene una conducción estrictamente profesional. Yo soy el único de la familia que trabaja en el grupo”.

Fachada de TeTa en la actualidad | Foto: Juan Muttoni,  Radio Prague International

Acerca de un posible plan de retomar actividades en Praga, De Narváez confirma que en la actualidad esta posibilidad no está entre las opciones, pero no descarta que algún integrante de la familia, en algún momento, se embarque en esa aventura. La generación actual contaría con la ventaja de no tener que hacer el viaje en barco.

“Tal vez en el futuro alguno de la familia lo haga, por esto de que siempre renovamos lo que es el reconocimiento a nuestro origen. Disfrutamos mucho de tener ese vínculo con Praga, ciudad que significa mucho para nosotros. En las casas de todos nosotros hay fotos de Praga, escenografías de la ciudad, la llevamos en el corazón, en nuestra sangre. Nosotros honramos el origen, la migración, el esfuerzo, la llegada americana. También, América ha sido muy generosa con nosotros, porque encontramos la oportunidad, por esa casualidad de que un viaje posibilitó las visas.

Mi abuelo volvió a Praga en el año 70. Todavía existía la Cortina de Hierro. Recuerdo que se encontró con colaboradores que tenía allá. Me contó mi mamá, que fue con ellos, que el mejor regalo que se podía llevar eran medias, panties para las mujeres, porque no había allá en esa época, y el invierno es crudo. Y también chocolates. Llevaban medias y chocolates.

Se sufrió mucho en toda esa época y en todo lo que era Checoslovaquia, el pueblo sufrió mucho. Mi abuelo fue fue dos veces y después no quiso volver porque le daba mucha nostalgia.

Y yo lo puedo entender, porque, aunque yo no he vivido una migración, entiendo que él emigró a los 50 años, tuvo que dejar toda una vida. Dejar tu tu país y volver a verlo en esas condiciones, porque fueron visiones muy duras… Hoy la República Checa es progreso y tiene todo lo que se ha logrado, pero hubo un momentos muy muy tristes, muy dolorosos. A él le daba mucha pena. Sé que la segunda vez la pasó mal.

Después decidió no volver. Eso fue en el 70. Se veía todavía mucho rezago y no es la Praga que es hoy, una ciudad floreciente. Y yo, después de cada tres o cuatro años he vuelto. Ahora nos hemos propuesto volver cada año o cada año y medio, y llevar a los más chicos y mostrarles cómo comenzó nuestra historia, que tiene 300 años”. 

Francisco de Narváez con su familia de visita en Praga | Foto: archivo de Francisco de Narváez

Pero esta no es la única tradición que persiste en la familia.

“Hay como un ADN que nos gusta conservar. Te pongo, por ejemplo: ir a los locales de venta, conversar con los clientes. Yo tengo en la memoria un momento muy especial de cuando era pequeño, tenía 6 o 7 años, y mi hermano mayor, Carlos, tenía 4 años más que yo. Nuestro abuelo nos pasaba a buscar los sábados a la mañana y hasta el sábado a la tarde recorríamos locales de venta en el área de Buenos Aires y de Gran Buenos Aires.

Y lo que él hacía, me acuerdo perfectamente –cierro los ojos y lo estoy viendo–, en su mal castellano, era conversar con los clientes, excluyentemente conversaba con los clientes, y les preguntaba de todo, mientras tanto yo me quedaba en un mostrador. Ya más crecido, y yo alcancé a trabajar con él dos años, él seguía con esta rutina de visitar locales y los lunes siempre llegaba con una libreta y una lista de cosas que él había visto.

Esa condición de tener los pies en la tierra, de escuchar, de mirar, de aprender y ‘que no te la cuenten’, sigue estando. Con lo cual, muchas de mis reuniones con nuestros managers, las hago en los locales, precisamente para recordarles que lo importante es lo que pasa ahí.

Y el cliente de Quito no es el mismo de Guayaquil y el de Guayaquil no es el de Buenos Aires, el de Buenos Aires no es de Córdoba y así pasa en el mundo, por lo cual un poco mi tarea es seguir transmitiendo esa cultura de tener los pies en los locales de venta. Es ahí en donde se cristaliza lo que hacemos en un montón de lugares: centros de distribución, sistemas que están en la nube, etcétera. Pero si el cliente no te elige, no sirve para nada. Entonces, esa es la enseñanza que sigue estando vigente y una de las principales tareas en el grupo es reforzarla permanentemente.

No pretendo dar una clase de ética o de conducta. Es la experiencia que yo he aprendido y la que siento que a mis mayores los ha llevado a superar muchas veces condiciones en donde mucha gente claudicaría. Y, sin embargo, apretaban los dientes y decían, ‘esto lo voy a sacar adelante’. Y bueno, la vida, incluso con toda la modernidad de hoy, sigue teniendo esas características”.

Fachada de TeTa en la actualidad | Foto: Juan Muttoni,  Radio Prague International

De Narváez también cuenta que una vez compartió un congreso junto a Sam Walton, fundador de Walmart, a quien admira. En aquel evento, a Walton le preguntaron cómo iba a administrar los 2000 locales que tenía la empresa, a lo que el empresario respondió: “uno por uno”. Paradójicamente, aunque Casa Tía ya no existe como tal en Argentina, el Grupo de Narváez aglutina, entre otras marcas, la cadena de supermercados Chango Mas, que ha relevado la actividad de Walmart en Argentina. En esta historia de más de 300 años, los nombres pueden cambiar, pero la esencia no. Y aunque las coincidencias no existen, resta preguntarse si Francisco De Narváez lleva una libreta con anotaciones que cada lunes se dan a conocer.