“Soy crítica con los checos porque quiero este lugar y deseo que sea mejor”

Una escritora crítica con su país

Radka Denemarková no parece escribir desde un país, sino más bien desde una fisura, convirtiendo la literatura en un espacio de lucidez radical. Con una presencia cada vez más fuerte a nivel mundial y un inminente tour por España en septiembre, su obra combina, de manera inusual, una fuerte postura ética y un trabajo muy fino con el lenguaje. En esta entrevista habla, entre otras cosas, de por qué nadie parece entender bien a Božena Němcová y de cómo logró mantener intacto el fuego sagrado de la creatividad, incluso criando sola a sus dos hijos.

"En absoluto acepto esas teorías que afirman que, después del Holocausto, ya no se puede escribir poesía. Para mí es al contrario: tenemos que encontrar un nuevo lenguaje, una nueva composición, un nuevo estilo”.

Radka Denemarková

Si bien suele decirse que en la literatura todo ya se ha dicho y hecho, siempre hay búsquedas, matices y estilos que parecen abrir nuevas puertas y ofrecer al lector la experiencia de lo verdaderamente novedoso. En efecto, uno de los muchos motivos que explican la relevancia de la escritora checa Radka Denemarková en el panorama literario mundial es algo que, curiosamente, no se ha visto con frecuencia a lo largo de la historia de la literatura: la convergencia entre una firme postura moral y humanista, y, al mismo tiempo, un cuidado extremo por la estética. Esta singular combinación se refleja, por supuesto, en todos los libros que, de esta autora, se han ido traduciendo al español: El dinero de Hitler, Contribución a la historia de la alegría, Sangre de chocolate y, próximamente, Horas de plomo.

Radka Denemarková | Foto: Ondřej Tomšů,  Radio Prague International

“Yo creo que eso fue algo consciente, un experimento. Y, al principio, no sabía si iba a funcionar. Es verdad que suele haber una división entre una literatura con una fuerte carga política o comprometida y una literatura poética que trabaja más con el lenguaje. Yo quise unir ambas cosas. Es decir, tomar los temas que me preocupan sobre el presente, sobre la actualidad y tratarlos con un lenguaje poético porque escribir es una lucha por el lenguaje. A veces pienso que esa es mi respuesta a este mundo. A cada libro, a cada tema, le asigno un lenguaje distinto, así que para mí es un trabajo tremendo desde el principio, también una declaración de que este es nuestro mundo.

'El dinero de Hitler' | Foto: editorial Galaxia Gutenberg

Nunca voy a renunciar a las aspiraciones y categorías estéticas más altas, ni siquiera para abordar temas como el totalitarismo. En cierto momento de su vida, la autora austríaca Ingeborg Bachmann dejó de escribir poesía, aunque fue famosa por eso y empezó a escribir prosa. Y ella lo justificó diciendo que, cuando escribe sobre temas importantes o cuando vuelve a la historia austríaca o al nazismo, el lenguaje poético le resulta débil. Y eso me molestó y en mi libro Kobold (2011) hay una poética en respuesta a Ingeborg Bachmann. En absoluto acepto esas teorías, como la de Adorno, que afirman que después del Holocausto ya no se puede escribir poesía. Para mí, esa fue la respuesta: al contrario, tenemos que encontrar un nuevo lenguaje, una nueva composición, un nuevo estilo”.

El susurro del lenguaje

'Kobold' | Foto: editorial Host

Radka Denemarková cuenta que, cuando estudiaba teoría literaria, solía escuchar con frecuencia que, al abordar temas brutales, lo más adecuado era hacerlo con cierta distancia, mediante un estilo objetivista. De hecho, revela que comenzó a escribir el primer capítulo de su novela El dinero de Hitler siguiendo esa modalidad, pero pronto se dio cuenta de que no le funcionaba. Entonces decidió trabajar, como ella misma afirma, con un lenguaje muy emocional, sugestivo e incluso brutal, que intenta llegar hasta el mismo hueso de las cosas.

“En Kobold, que es un libro sobre violencia doméstica y los totalitarismos del siglo XX, utilicé un lenguaje muy poético, suave, como el agua. Contribución a la historia de la alegría tiene un lenguaje casi mental, como el vuelo de una golondrina frente a la violencia sexual. Es una obra que se sitúa entre la prosa, la poesía y el ensayo. En cuanto a Horas de plomo reflexioné mucho sobre cómo abordarla. Luego, al sumergirme en la lírica china con Confucio y otros autores, me atrajo esa idea de construcción: como si fueran ladrillos. Cada pequeño capítulo es como una novela en sí misma, y esa estructura se va uniendo poco a poco, hasta formar algo que parece cinco novelas en una sola”.

'Contribución a la historia de la alegría' | Foto: editorial Galaxia Gutenberg

En Sangre de chocolate, que se propone entrelazar escenas de la vida de Božena Němcová, George Sand y John D. Rockefeller, con el inconfundible ruido de fondo del tren, explica Radka Denemarková que el lenguaje parece, a primera vista, más sencillo, como si mostrara una etapa no tan desarrollada del idioma checo. Sin embargo, ella considera que ocurre lo contrario: se trata de una escritura difícil, en el sentido de que se propuso trabajar con un lenguaje muy preciso y, a la vez, filoso, para que esos tres relatos pudieran entrelazarse en paralelo. De hecho, afirma que, si bien todos sus libros son muy distintos entre sí, siempre tienen en común algún tipo de reflexión sobre la literatura y el lenguaje, que para ella es una prioridad absoluta. El problema es que, en todo caso, ese tipo de trabajo tan cuidado y minucioso con el lenguaje requiere de un tiempo del que no es fácil disponer y, en ese sentido, empieza a explicarse por qué para una escritora como Radka Denemarková significa tanto la figura de Božena Němcová, casi desde el momento exacto en que decidió dedicarse de lleno, y a pesar de todos los obstáculos, a la literatura.

“Y todos me decían que no iba a sobrevivir porque soy una madre soltera y estaba criando a mis dos hijos. Božena Němcová tenía cuatro hijos. Y, claro, vivía en una época en la que lo tenía aún más difícil incluso como mujer. Por supuesto, a primera vista hoy parece que todo está bien. Pero en el entorno literario, donde todos se conocen y suele pasar que todos hablan mal de los otros, yo siempre estuve un poco al margen. Así que también me tomó un tiempo dejarles en claro que yo iba a hacer literatura a mi manera y no lo que se espera de las mujeres. Para mí Božena Němcová es más bien una metáfora. Y no es que me aferre a ella como tal, pero es hermoso cómo sacaba de quicio tanto a los hombres como a las mujeres. Porque ella realmente hacía lo que quería. No teorizaba sobre eso. Nunca quiso apoyar ningún movimiento de emancipación femenina, porque ya era libre. Ella era verdaderamente libre. Y cuando uno vive así, y lo digo por experiencia propia, nadie te lo perdona. Porque es un espejo, y acabas molestando a la gente, porque te lo tomas en serio. Por eso, en realidad, esa figura de algún modo va apareciendo de libro en libro, y en cada libro es como que siguen resonando los personajes de los anteriores”.

Toda la complejidad del mundo

'Sangre de chocolate' en checo | Foto: Radio Prague International

Otro impulso muy fuerte en la escritura de Radka Denemarková es la necesidad de intentar captar, de alguna forma, la complejidad del mundo. Es decir, no limitarse a una sola línea narrativa, sino tratar de dar cuenta de que, en el mundo actual, todos los temas están interconectados. Asegura que no es solo una cuestión política vinculada al hecho de vivir en un mundo globalizado, sino que eso también se plasma a un nivel íntimo y familiar, ya que muchas personas están saturadas de tanta información. Por eso mismo, explica que una de las preguntas que se hizo fue si era posible, en una novela, unirlo todo, reflejar de algún modo esa red. Y considera que es justamente en Horas de plomo donde siente que logró conseguirlo.

'Sangre de chocolate' | Foto: editorial Galaxia Gutenberg

En Sangre de chocolate siente que trabajó un enfoque muy distinto, abordando la esencia de tres personajes conocidos, pero sin hacer por eso una biografía. Cuenta que, durante la escritura de ese libro, tuvo una especie de revelación: hasta qué punto muchas cuestiones del siglo XX y del presente tienen sus raíces en ese gran quiebre que fue el siglo XIX. Tanto estudió Radka Denemarková para escribir esa novela que asegura que hoy podría redactar una tesis doctoral sobre el siglo XIX, pero al mismo tiempo tuvo que atenerse solo a lo que realmente se conectaba con el presente. Y entre esos puntos de conexión se encuentra, por supuesto, a quien ella considera la más importante escritora checa.

“Para mí, absolutamente. Pero también está ligado a una gran historia personal: alguien que, dadas las condiciones en las que vivía, logró escribir algo. Además, siendo mujer. Y al mismo tiempo, Božena Němcová siempre fue utilizada como una especie de símbolo, creo que eso ocurre en muchas otras literaturas también. En su época, se esperaba que sirviera a los patriotas, al movimiento nacional. Después de su muerte, se esperaba que fuera una autora para los pobres; por eso los comunistas le levantaron monumentos por todos lados, convirtiéndola en una especie de leyenda: la mujer sabia, perfecta. Y ahora, la generación joven hace series de televisión donde solo les interesa saber con quién se acostaba”.

Radka Denemarková con su libro 'Sangre de chocolate' | Foto: Tereza Čistotová,  Český rozhlas

Lectora atenta de toda su obra, afirma Radka Denemarková que lo que más le interesa de Božena Němcová es su correspondencia, porque en esas cartas —que, en su opinión, son literatura moderna y no se comparan con nada— era completamente libre. Aunque Denemarková es una gran promotora de la obra de Božena Němcová en el mundo, no puede evitar la triste convicción de que nunca penetrará realmente en el canon internacional. En ese sentido, considera que sería una excelente idea traducir, al menos, una selección de sus cartas al español, sobre todo aquellas que abordan temas tan fundamentales como la humanidad, el papel de la mujer, la maternidad y la política. Por otro lado, asegura que en esas cartas se percibe cómo, en realidad, Božena Němcová estaba en contra de esos impulsores del resurgimiento checo que, en teoría, le permitían escribir y estaban contentos de tenerla, aunque al mismo tiempo no le permitían ser libre. Siguiendo las ideas de esos paralelismos que tan bien trabaja en Sangre de chocolate, asegura Denemarková que sería muy interesante realizar una atenta lectura comparativa de La Abuela y Madame Bovary de Flaubert, que, de hecho, fueron escritas el mismo año.

Viaje a España

Radka Denemarková | Foto: Kristýna Jordánová

Con una agenda muy cargada y repleta de viajes, Radka Denemarková visitará muy pronto España: el 12 de septiembre tendrá una conversación con la escritora Monika Zgustová en el Hay Festival de Segovia, al día siguiente participará en una mesa redonda para mantener un debate con distintos políticos, y el 15 participará en un club de lectura en la librería La Central de Barcelona. Reconoce que ese viaje le genera mucha expectativa, porque está convencida de que cada vez que sale un libro en otro idioma siempre aparecen interpretaciones distintas. De hecho, cuenta que Sangre de chocolate se publicó hace poco en árabe y su traductor le dijo algo en lo que ella ni siquiera había reparado: que uno de los grandes temas de esa novela es el petróleo.

“Entonces, en cada país le añaden sus propios problemas o su propio nacionalismo. Estoy deseando participar en esas discusiones. Para mí, los debates son algo sumamente importante. Eso es justamente lo que pasa con El dinero de Hitler. Este año es una locura porque me lo paso siempre con una maleta, mis libros están saliendo en todos lados y también en países donde se está viviendo una situación muy álgida. Y cuando una situación escala de ese modo es como si entendieran mejor los libros. Por ejemplo, ahora Contribución a la historia de la alegría salió también en árabe, y El dinero de Hitler acaba de salir en hebreo, así que se ha conectado directamente con el conflicto actual entre Palestina e Israel, el tema de la culpa colectiva, algo que ni siquiera entienden algunos checos o alemanes que viven aquí. Los libros absorben también los problemas del país donde se publican, y creo que eso es lo mejor que le puede pasar a un autor”.

“Creo que en la literatura en español aparece con naturalidad la idea del ser humano como un todo: alma, espíritu y cuerpo”.

Radka Denemarková

Hasta el momento Radka Denemarková estuvo en Colombia, México y España, pero asegura que se siente interesada y atraída por cierto tono cálido y emotivo que percibe en muchos hispanohablantes. Por otro lado, asegura que le cuesta mucho encarar la lectura de esas historias relacionadas con el realismo mágico que se escriben en otros países no hispanos porque le resultan bastante manieristas.

“Y para mí, de alguna manera, Don Quijote es ya el inicio del realismo mágico. Son cosas que ni siquiera necesitan esa etiqueta, como si el mundo estuviera conectado, como si lo irracional, el sueño, todo eso formara un solo conjunto. Pero en este mundo pragmático, hegemónico, racional, todo se separa. O también sucede que la gente, cuando tiene un problema en la vida, se lanza a cosas esotéricas bastante absurdas. El ser humano, sin embargo, es un todo: alma, espíritu, cuerpo. Y eso creo que en la literatura en español aparece de un modo muy natural”.

Europa del Este

Radka Denemarková | Foto: Elena Horálková,  Český rozhlas

Un detalle que puede llamar la atención a los lectores hispanohablantes al acercarse a los libros de Radka Denemarková es que la autora suele referirse a Chequia como un país de Europa del Este, algo que puede sorprender a quienes hayan tenido algún contacto con los checos. Y si bien reconoce que se trata de una ironía o una pequeña provocación, y es consciente de que en las nuevas generaciones empiezan a verse muchos cambios, considera que esa percepción es lógica si se tiene en cuenta que, solo para empezar, el país estuvo seis años bajo el nazismo y cuarenta bajo el comunismo. En términos generales, Denemarková aporta una definición muy interesante: Occidente es arrogante, y Europa del Este aún arrastra varios complejos.

“Hay algo en el comportamiento, un poco como si fuéramos el ombligo del mundo. Mucha gente aquí ni siquiera viaja. O, cuando lo hace, espera encontrar Svíčková o algo parecido. Simplificando, es una especie de pequeñez que también tiene algo bonito. Somos Europa Central, entrelazados: Viena, Praga y quizá Budapest. Culturalmente es Europa Central: Kafka, y esas cuestiones que siempre se repiten de los ensayos de Milan Kundera sobre la región. A mí eso me cansa un poco, porque para mí está claro que Europa Central es simplemente Europa del Este. En política, por ejemplo, la visión del Grupo de Visegrado no funcionó en absoluto. Tampoco se puede avanzar demasiado rápido, porque en Europa del Este siempre reaparecen esos viejos patrones. Por eso creo que fue posible que Viktor Orbán y Fico lograran su cometido, y quién sabe qué más vendrá. Es una mentalidad que conozco bien, porque crecí en una ciudad pequeña. Praga quizá sea algo diferente, pero yo soy crítica justamente porque quiero que sea mejor. Porque quiero este lugar”.

Robert Fico  (a la izquierda) y Viktor Orbán | Foto:  TASR/Profimedia

Agrega Radka Denemarková que en esa predilección de los checos por la expresión "Europa Central" se esconde también un deseo de diferenciarse, por ejemplo, de los países balcánicos y de lo que está más allá, postulando una cercanía simbólica con Europa Occidental. Y algo de todo eso incluso puede llegar a trascender también al plano literario.

“Yo creo que en nuestro espacio sigue presente ese deseo de ser independientes, aunque nunca lo hemos sido realmente, y no lo somos. Es como si siempre fuéramos una especie de zona de amortiguamiento entre el Este y el Oeste, y en realidad reaccionamos para poder sobrevivir. Así que hay un tono como de autoconservación y creo que eso es, precisamente, la ironía o el humor”.

El miedo más fuerte

Radka Denemarková es una de esas autoras que demuestra su talento no solo al escribir, sino también al reflexionar sobre la literatura y sobre su propia relación con la escritura, como queda evidenciado en muchos de sus libros. En ese sentido, cuando se le pregunta cuál ha sido la experiencia más intensa que vivió a partir de la literatura, no tarda en responder que fue el miedo casi existencial de perderla. Y ese profundo temor lo experimentó al tener que criar sola a sus dos hijos, asumiendo por completo la responsabilidad de mantenerlos y salir adelante.

“Porque yo quería dedicarme plenamente a la literatura, pero no escribo para las masas. Igual se resolvió porque, en ese entonces, yo hacía muchas cosas por dinero: traducía guiones para documentales, pero también, por ejemplo, contratos y ese tipo de cosas. Así que todo eso se fue armando de a poco hasta que llegó el éxito: las traducciones y las lecturas en el extranjero. Y ahí empezó a quedar claro que íbamos a sobrevivir económicamente. Hoy mis hijos ya son adultos, así que ahora es distinto. Pero fueron momentos difíciles porque, obviamente, ellos eran la prioridad y, cuando eran pequeños, solo podía escribir por la noche. Y eso se puede hacer solo cuando eres joven, ahora ya no lo aguantaría. Porque sí, puedes escribir cuando se duermen, pero estás tan cansada que lo único que quieres es irte a dormir. Así que, ducha fría y luego escribía hasta las cuatro de la mañana, y luego otra vez a la guardería y todas esas cosas. Pero cuando crecieron y empezaron a manejarse con más independencia fue más fácil”.

Radka Denemarková asegura que aquella experiencia tan difícil no solo la hizo crecer como madre y como persona, sino que también le otorgó una profunda empatía hacia los demás. Y fue, sin duda, una vivencia decisiva en la formación de una de las voces más singulares y relevantes de la literatura checa contemporánea.

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