Raros, como encendidos: los libros más valiosos de la Biblioteca Municipal de Praga
El Departamento de Libros Raros de la Biblioteca Municipal de Praga atesora piezas que son auténticos hitos culturales y sobrevivieron a las trágicas inundaciones del año 2002: la primera biblia traducida a un idioma eslavo; la primera edición de Kafka en checo; un silabario de Antonín Langweil, creador del célebre modelo de Praga; y un volumen exquisito que lanzó a Alfons Mucha a la fama internacional.
En el mundo de los libros, la palabra “raro” no tiene ningún matiz peyorativo. Por el contrario, define lo que es único, excepcional y digno de preservarse. En checo, la palabra ‘vzácný’ transmite ese mismo matiz: lo raro como algo valioso. Como no podía ser de otra forma, la Biblioteca Municipal de Praga cuenta también con un espacio de estas características que, tal como nos cuenta su encargada Jana Kozáková, vela por aquellas piezas raras, como encendidas, que no abundan, pero justamente por su propia excepcionalidad, tienden a generar infinitas historias.
“El departamento de libros e impresos raros existe desde 1994. En aquel entonces se decidió reunir todos los libros más valiosos en un solo lugar, pero lamentablemente se eligió una ubicación equivocada: una zona propensa a inundaciones como es el caso de Holešovice. Nadie esperaba que llegara una crecida milenaria, la mayor inundación que nos ha afectado. Fue una verdadera catástrofe y en ese momento perdimos también los ordenadores y hasta los sistemas de respaldo, lo cual fue terrible. Todo lo que había sido catalogado se perdió, y tuvimos que empezar desde cero: primero hicimos un inventario básico para saber qué teníamos, y una vez terminado, comenzamos de nuevo con la catalogación completa, incluyendo la catalogación temática, para que se pudiera buscar un libro no solo por autor o título, sino también por palabras clave temáticas”.
No hay dudas de que esas inundaciones causaron daños irreparables, sobre todo en los libros impresos con papel de madera de abeto, una tecnología que comenzó a usarse después de 1855 por la creciente demanda de papel para periódicos y revistas, y que contiene lignina, una sustancia ácida que con el tiempo descompone el papel.
Una Biblia valiosísima
Agrega Jana que si bien la Biblioteca Municipal de Praga fue fundada relativamente tarde, en 1891, a lo largo de su existencia ha recibido tantas donaciones y legados, que su colección incluye libros que datan incluso de los siglos XVI y XVII.
"Entre nuestros tesoros se encuentra la Biblia de Praga, el ejemplar más antiguo del fondo, impreso en 1488"
Jana Kozáková
“Entre sus tesoros se encuentra la Biblia de Praga, el ejemplar más antiguo de su fondo, impreso en 1488. Esta obra fue donada en 1936 por un sacerdote de apellido Procházka. Lamentablemente, al tratarse de un nombre muy común, no ha sido posible identificarlo con certeza. Este ejemplar también fue víctima de las inundaciones y quedó sumergido bajo el agua, pero fue restaurado en 2006. Los libros más antiguos y valiosos fueron restaurados por la Biblioteca Nacional, gracias a una colecta pública que se organizó tras la tragedia. Con los fondos recaudados se pudo equipar el centro de conservación —cedido temporalmente por una empresa de Praga— y restaurar los impresos más importantes, incluida esta Biblia de Praga”.
A esa Biblia muchos la consideran la obra más significativa de la colección. No solo por su antigüedad, sino porque pertenece al grupo de los llamados incunables, es decir, los libros impresos antes del año 1500, tras la invención de la imprenta por Gutenberg. Además, se trata nada menos que de la primera traducción del libro sagrado a un idioma eslavo.
La lectura es bella
Jana se incorporó al departamento de impresos raros en 2012, una década después de las devastadoras inundaciones que tanto afectaron el fondo bibliográfico. Aunque no vivió directamente aquella tragedia, pronto descubrió que su trabajo la llevaría a desenterrar historias ocultas entre las páginas. Uno de los casos que más la conmovió fue el de una joven mujer judía, cuyos padres dejaron una maleta con libros en casa de unos vecinos antes de ser deportados. Nadie de la familia sobrevivió, pero la maleta permaneció intacta durante años. Intrigada por el origen de esos libros, la investigadora emprendió una solitaria búsqueda que, finalmente, le permitió reconstruir su destino y confirmar dónde había fallecido la propietaria de esos ejemplares.
“Todo empezó cuando fui a visitar a una amiga a su casa de campo cerca de Slapy. Me comentó que una vecina de ella tenía una maleta con libros antiguos que sus hijos no querían conservar, y me propuso ir a verlos. Cuando llegué, la señora comenzó a contarme una historia que me conmovió profundamente: los padres de una joven judía, amiga de la familia, habían dejado esa maleta antes de ser deportados a un campo de concentración. Nunca regresaron, y la maleta quedó allí durante años. Los libros no eran especialmente valiosos desde el punto de vista histórico, pero sí lo eran por el peso emocional que cargaban. Eran títulos que suelen comprar los adolescentes, libros en esa frontera entre la infancia y la juventud. Al principio pensé que la joven, Milenka Mautnerová, era mucho más joven, y tardé en darme cuenta de que, en medio de aquella persecución brutal, ella se refugiaba en los libros. Incluso había comprado uno en 1940, en plena ocupación: era una novela de aventuras, más bien infantil, pero claramente buscaba escapar del horror a través de la lectura”.
La investigación resultó complicada porque la joven se había casado justo antes de la guerra, así que Jana tuvo que buscarla bajo otro apellido. Gracias a ese caso descubrió, además, que muchos niños que sobrevivieron al Holocausto luego cambiaron su nombre, a veces por decisión propia y otras veces porque quienes los ocultaban para salvarles la vida modificaron sus documentos y sus actas de nacimiento. Lo cierto es que todas las piezas comenzaron a encajar y así Jana logró descubrir la identidad de la joven. Y esa es solo una de las historias que condensa este departamento que fue testigo de gestos muy significativos. Por ejemplo, cuando el escritor de origen judío František Langer, al exiliarse en Inglaterra, seleccionó cuidadosamente los libros más importantes de su extensa biblioteca personal de Podolí —algunos con dedicatorias de autores como Čapek— y decidió donarlos a la Biblioteca Municipal. En ese entonces, no sabía qué iba a ocurrir con su casa ni con su biblioteca, pero quiso asegurarse de que esos libros quedaran a resguardo. Justo al comienzo de la guerra, sin embargo, llegó una orden que exigía eliminar todos esos libros de la biblioteca.
No obstante, como sus trabajadores eran muy valientes y no querían resignarse a destruirlos, decidieron ocultar los libros emparedándolos en el sótano del edificio de la plaza Mariánské náměstí. Jana comenzó a escribir y publicar muchas de esas historias en una página interna de la bliblioteca, pero luego se le ocurrió que sería interesante que pudieran llegar a más lectores, y así fue que publicó la serie ‘Historias de libros. Tesoros del Departamento de impresos raros’ (Příběhy knih. Poklady z Oddělení vzácných tisků) que, por ahora, cuenta con dos tomos, pero todo parece indicar que van a llegar pronto algunos más.
Detrás de la Gran Praga, una gran biblioteca
Dicho sea de paso, aquel emblemático edificio muy visitado en la actualidad por miles de turistas que hacen largas filas para asomarse a la torre de libros Idiom realizada por el artista eslovaco Matej Krén, representa en sí mismo un momento fundamental en la historia de la biblioteca municipal de Praga.
“En 1922 se promulgó la ley sobre la Gran Praga, y al núcleo original de la ciudad se anexionaron treinta y siete municipios y localidades que, hasta entonces, eran independientes. Muchos de ellos, como Vinohrady o Smíchov, ya contaban con sus propias bibliotecas. Por ejemplo, la biblioteca de Smíchov fue fundada en 1860, mientras que la Biblioteca Municipal de Praga no se estableció hasta 1891. El desafío, entonces, fue crear una gran organización centralizada que pudiera coordinar todas esas bibliotecas. El segundo director de la biblioteca, Jan Thon, fue un gestor excepcional y realizó un mapeo exhaustivo de todas las bibliotecas existentes: envió cuestionarios para saber cuántos libros había, cuántos empleados, si cada biblioteca estaba en edificios municipales, si poseían patrimonio propio, incluso cómo se calefaccionaban. Reunió toda esa información y finalmente se decidió que todo se gestionaría desde un centro único en Mariánské náměstí”.
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En ese momento, sin embargo, la actual sede aún no existía y, en su lugar, había un edificio imperial del año 1800, rodeado por un jardín que fue demolido. Recién en 1926 comenzó la construcción de la actual sede que se inauguró en 1928 y, según explica Jana, se adelantó a su época ya que el por entonces director Jan Thon y el arquitecto František Roith entendieron que una biblioteca no debía ser solo un almacén de libros y oficinas. Por el contrario, incorporaron desde el inicio dos salas de conferencias que luego se convirtieron en cine, un teatro de marionetas, una galería de arte que hoy forma parte de la Galería de la Ciudad de Praga, una gran sala de literatura infantil, otra para jóvenes, e incluso una biblioteca para personas ciegas. De hecho, revela Jana con orgullo que cuando aquel edificio abrió sus puertas en 1928, muchos directores de bibliotecas de toda Europa llegaron a Praga a visitarlo, asombrados porque se trataba de algo sin precedentes.
Ser o no ser raro
"Tenemos el libro Starý list (Un viejo manuscrito), que fue la primera obra de Franz Kafka traducida al checo".
Jana Kozáková
Explica Jana que los criterios para establecer si un ejemplar pertenece o no a su departamento son bastante variados: a veces se trata de un libro común, publicado en gran tirada, pero que incluye una dedicatoria del autor, alguna imagen importante o simplemente una firma. Luego están las ediciones bibliófilas: libros raros, pero no necesariamente antiguos. Es decir, ediciones que salen en tiradas muy pequeñas y en general numeradas, con un diseño gráfico especial y muchas veces están ilustradas con grabados originales. Además, suelen realizarse en papel artesanal, lo que significa que su producción es mucho más cuidada que la de un libro comercial.
“Y justamente en nuestra biblioteca tenemos una amplia colección de libros bibliófilos, en gran parte gracias a Jan Thon, aquel segundo director de la Biblioteca Municipal, que a su vez era bibliófilo. Como él coleccionaba este tipo de obras y tenía un gran interés en ellas, logró incorporar títulos que, en otras circunstancias, no habrían llegado a nuestras manos. Por ejemplo, tenemos el libro Starý list (Un viejo manuscrito), que fue la primera obra de Franz Kafka traducida al checo. Lo curioso es que no se trató de una edición comercial, sino que la imprimió Josef Portman, quien no era un impresor profesional. Si lo llamamos ‘aficionado’, en realidad lo estaríamos subestimando, porque sus libros eran muchas veces mejores que los publicados por editoriales convencionales”.
Agrega Jana que Josef Portman trabajaba como funcionario en Litomyšl, pero su verdadera pasión eran los libros. A lo largo de su vida editó más de 300 títulos con papel artesanal, diseño muy cuidado y hasta ilustraciones originales. Además, solía contactar a jóvenes artistas emergentes para que decoraran sus ediciones que, tal como ocurre en el caso de ese valiosísimo libro de Kafka, salían en tiradas muy limitadas.
“Por ejemplo de esta obra, tal como está escrito aquí al final del libro, se imprimieron tan solo 16 ejemplares en papel artesanal. El ejemplar que conserva la biblioteca es el número 12, el libro se publicó en 1928 y fue incorporado al fondo en 1932. En su momento, no debió ser una adquisición barata, pero yo estoy convencida de que fue el entonces director Jan Thon quien logró incluirlo en la colección. Hoy en día, los libros de Portman son muy codiciados por los coleccionistas, debido a su rareza y belleza... que esta obra se haya conservado durante casi cien años es, sin duda, un pequeño milagro”.
El bastardo iluminado
El sorprendente impresor Josef Portman también está muy vinculado con otro nombre célebre de esta colección: Josef Váchal, quien decoró con colores estridentes su casa, Portmoneum, que hoy puede visitarse en la ciudad de Litomyšl. La vida de ese talentosos artista fue extremadamente dramática: al nacer, su madre lo dejó al cuidado de sus abuelos paternos y su padre nunca se casó con ella ni reconoció a su hijo. Luego, su madre se casó con otro hombre y cuando él iba a visitarla, ella le ocultaba su existencia a su esposo. Váchal, por lo tanto, debía llamar “tía” a su propia madre.
“De hecho, Váchal llegó a ilustrar algunas de las ediciones de Portman, pero más adelante se distanciaron porque Portman publicó algo sin su autorización. Tuvieron una fuerte discusión y dejaron de colaborar, aunque eso ocurrió después de que Váchal decorara su casa, lo cual también es una obra notable”.
No hay mal de Langweil que por bien de Praga no venga
Otro libro muy valioso de la colección fue realizado por Antonín Langweil, el creador del famoso modelo de Praga que muestra al detalle cómo era la capital checa en el siglo XIX y hoy es el único registro histórico completo que existe del antiguo barrio judío antes de su demolición a principios del siglo XX. La impresionante maqueta de 20 m² puede verse ahora en la sede principal del Museo de la Ciudad de Praga en Florenc luego de cinco años de refacciones.
“Creo que algo que mucha gente no sabe es que Langweil, originalmente, quería ser impresor. A principios del siglo XIX, para abrir un taller de litografía se necesitaba una licencia especial, ya que en esos talleres era posible falsificar dinero o documentos valiosos, por lo que estaban bajo estricto control policial. Langweil vivía en el sur de Bohemia, y allí no obtuvo la licencia, así que decidió mudarse a Praga. Alquiló un taller litográfico, pero no sabía que en la ciudad ya había demasiados talleres, y su negocio no prosperó.
Finalmente, tuvo que venderlo y el taller lo comenzó a dirigir el reconocido impresor Schoenfeld, con quien Langweil trabajó un tiempo. Lo curioso es que en la biblioteca conservamos un silabario ilustrado por Langweil, quien además dibujaba muy bien y había estudiado pintura en Viena. Este silabario es uno de los primeros impresos en Praga mediante la técnica de litografía. Cada letra está acompañada por un dibujo de un animal, con su nombre en checo y en alemán, y los dibujos están coloreados a mano. Se han conservado muy pocos ejemplares porque los silabarios se consideraban material de uso cotidiano, pasaban de niño en niño y, cuando ya estaban muy deteriorados, terminaban quemándose en la estufa”.
Aunque no tienen la fecha exacta, en el departamento de ejemplares raros calculan que esa verdadera joya de la colección data quizás de 1820. Jana recuerda que, como no tuvo éxito como impresor, Langweil terminó trabajando como ayudante en la biblioteca universitaria del Klementinum. Y como, justamente, era una ocupación que no lo llenaba debido a su marcada vocación artística, se dedicó a construir esa obra única en el mundo que es su modelo de Praga. En otras palabras, si Langweil hubiera triunfado como impresor, hoy no tendríamos ese maravilloso modelo de la ciudad de Praga.
La consagración de Mucha
Todos los libros disponibles de la Biblioteca Municipal de Praga están registrados en un catálogo en línea. Es decir que el usuario enseguida se entera si el ejemplar que busca se encuentra o no en el departamento de impresos raros. En el caso de que esto ocurra puede solicitar una cita que suele ser los miércoles entre las 9 y las 18 horas. Además de la lectura, está permitido tomar fotos a los libros que se imprimieron desde el siglo XVIII en adelante.
A Jana le complace la coincidencia de que uno de los ejemplares más consultados por el público de la colección sea, al mismo tiempo, uno de sus preferidos. Se llama ‘Ilsée, Princesa de Trípoli’, y ella lo define como uno de los impresos más especiales que existen en el mundo porque se trata de una obra ilustrada nada menos que por Alfons Mucha, quien pasó gran parte de su vida en París, trabajando como diseñador personal de Sarah Bernhardt, intérprete principal de esa obra escrita por Robert de Flers. El resultado fue una extraordinaria edición limitada que consolidó al artista checo como referente internacional.
“El libro es muy interesante porque, en cada página, hay una decoración gráfica única, compuesta por hojas litográficas. Aunque no conservamos el original, tenemos la edición en checo publicada en 1901 por Bedřich Kočí, quien descubrió la obra en París y quedó tan impresionado que gestionó su publicación en checo y también en alemán. Ambas fueron tiradas limitadas de 500 ejemplares, y nosotros conservamos el número 101 de la edición checa. Lamentablemente, muchos ejemplares no sobrevivieron porque algunos anticuarios desmembraron el libro para vender sus ilustraciones como litografías originales de Mucha. Es una verdadera pena, pero nosotros tenemos la suerte de conservarlo completo”.
Mientras repasa una vez más el libro, conmovida por los colores y las sutilezas de las ilustraciones de Mucha, Jana Kozáková explica que lo que más admira de esa obra es su inagotable capacidad de sorprender, porque cada vez que la contempla descubre un detalle nuevo. Algo semejante podría decirse, por supuesto, del departamento de libros raros de la Biblioteca Municipal y, cómo no, de la propia Praga: una ciudad donde cada página y cada rincón prometen siempre un hallazgo raro, como encendido.
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