Radhost, monte sagrado de los eslavos

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Esta vez les invitamos a subir a Radhost, monte sagrado de los eslavos, quienes adoraban en la cima al dios pagano Radegast. Radhost es una montaña mágica de la sierra de Beskydy que, según las leyendas, encierra tesoros y es escenario de conclaves de brujas.

El monte de Radhost, de 1129 metros, está ubicado en una región de Moravia Oriental, denominada Valaquia. Radhost forma parte de la sierra de Beskdy que se extiende en el extremo oriental de la República Checa, cerca de la frontera con Eslovaquia.

Nuestra excursión empieza en la ciudad de Roznov, al pie de Radhost, donde podemos visitar el primer museo de arquitectura popular al aire libre en las tierras checas, inaugurado en 1925. Por senderos turísticos marcados con setas rojas llegamos en dos horas a la cima del majestuoso monte Radhost, a la que ya solían subir los pobladores ancestrales de esta región morava para celebrar las misteriosas fiestas paganas del solsticio de verano.

Más tarde, con la llegada del cristianismo, solían encenderse hogueras en la cima de Radhost en la noche de San Juan, llena de magia y misterios. Y en las dos últimas centurias, los habitantes de la región de Valaquia subían al monte Radhost también con ocasión de importantes acontecimientos sociopolíticos:

En 1862 tuvo lugar una peregrinación patriótica a Radhost en apoyo a los derechos nacionales checos, en la que participaron 15 mil personas. En el monte sagrado de los eslavos volvieron a encenderse hogueras asimismo al llevarse de Radhost una piedra simbólica para la construcción del Teatro Nacional de Praga, en la segunda mitad del siglo 19.

El monte Radhost debe su nombre a Radegast, dios del sol, de la guerra y de la victoria, y una de las figuras más importantes del Olimpo eslavo. Los antiguos eslavos lo veneraban también como la divinidad de la cosecha y de la fecundidad. Solían reunirse en torno a la estatua de Radegast en el monte Radhost para celebrar el solsticio y el equinoccio.

Según una leyenda, una estatua de oro del dios Radegast se oculta hasta hoy en día en un templo subterráneo en una de las cuevas ubicadas en las entrañas del monte Radhost. En el laberinto subterráneo la habrían escondido los sacerdotes paganos para que no cayera en manos de los cristianos.

Hoy en día se alza en la cima de Rahost una imponente estatua de Radegast, de 3 metros de alto, esculpida en 1930 por el artista checo- americano Albín Polásek. La estatua ostenta todos los atributos del mítico dios pagano del sol y de la cosecha, incluídos la cabeza de toro y la cornucopia, vaso en figura de cuerno rebosando frutas y flores. Radegast sigue así reinando desde Rahost donde a veces ocurren cosas muy extrañas de noche...

Al parecer, el monte Radhost no ha entregado todavía todos los secretos que encierra. Según las leyendas, en un prado que se extiende en una ladera del monte se daban cita las brujas para celebrar sus conclaves. Además, las entrañas de Radhost, llenas de cuevas, encierran, supuestamente, infinitos tesoros. Para conseguirlos, es necesario cruzar primero un río subterráneo, custodiado por un perro negro.

En el interior de Radhost se encuentran, efectivamente, extensas cuevas, algunas de ellas de varios centenares de metros de largo. No extraña, pues, que hayan estimulado poderosamente la imaginación de los serranos.Una leyenda cuenta, por ejemplo, que un brujo extraía carbón de los subterráneos de Radhost, carbón que al ser sacado a la superficie se convertía en oro.

Sin embargo, la leyenda más conocida es la del huérfano abandonado en las cuevas de Radhost...

Un serrano pobre acogió contra la voluntad de su mujer al hijo de su hermano fallecido. La mujer instaba sin cesar a su esposo a que se librase del sobrino. So pretexto de que iban a buscar tesoros, el hombre llevó al pequeño a las cuevas del monte Radhost. En la orilla del riachuelo subterráneo entregó al muchacho un trozo de pan y un cuchillo y dijo al chico que lo esperase mientras buscaba tesoros.

Tras esperar mucho tiempo, el muchacho comprendió que el tío lo había abandonado.Llorando desconsoladamente, buscaba a tientas en la oscuridad la salidad del laberinto subterráneo. De repente dio un paso al vacío y ya se precipitaba a un abismo cuando su caída fue frenada por unas salientes rocosas.El chico rompió algunas de ellas y al aterrizar,lleno de magulladuras, en el fondo del precipicio, cogió sin darse cuenta algunos fragmentos de roca y los guardó en una alforja.

Arrastrándose por el lodo, el muchacho encontró finalmente la salida del entramado de cuevas en el monte Radhost. Una vez fuera, comprendió que los fragmentos de roca que había cogido en el interior del monte, eran oro puro.

Con el oro de Radhost, el huérfano pudo salir de la pobreza. Ganó la amistad de un aristócrata que lo declaró su heredero universal. Pasados muchos años, el joven recibió a un mendigo en el que reconoció a su tío. Le ofreció comida juntamente con el cuchillo que el tío le había dado al abandonarlo en las cuevas de Radhost. El mendigo quedó hecho una piedra, pero el joven, en vez de castigarlo, lo acogió en su casa y cuidó de él hasta su muerte.

Ahora saldremos de las cuevas del monte Radhost para dar un paseo por su cima en la que se alza una capilla de estilo seudobizantino, de 1898, consagrada a los envagelizadores de los eslavos, los santos Cirilo y Metodio. Las estatuas en bronce de ambos misioneros cristianos recuerdan que éstos habían predicado en Radhost en el siglo noveno.

Los santos Cirilo y Metodio intentaron erradicar el culto al dios pagano Radegast, pero parece que su victoria sobre la divinidad pagana fue sólo parcial. A la luz de las hogueras, los serranos continuaban celebrando en el monte Radhost ruidosas farras.

Hoy en día, las parejas románticas pueden contraer matrimonio en la capilla consagrada a los santos Cirilo y Metodio.

Avanzando en direción norte por la cresta de Radhost, llegamos a un lugar denominado "Pustevny"- "ermitas" en español".Las leyendas dicen que el hijo de un tejedor de la cercana ciudad de Frenstát allí expiaba las culpas de su padre, y hablan también de un príncipe francés que se había refugiado en una ermita de Pustevny. La verdad histórica es que el último ermitaño falleció en Pustevny en 1874.

Hoy en día Pustevny ya no serviría a los ermitaños ya que las avalanchas de turistas lo convierten durante todas las estaciones de año en un animando centro turístico al que se puede llegar por carretera o por teleférico.