Próxima parada: salud mental
Los checos son cada vez más conscientes de la importancia de la salud mental. Gracias a diferentes campañas y también a la pandemia del Covid, más y más personas buscan ayudar a los afectados en vez de juzgarlos y más empresas están dispuestas a darles trabajo. No obstante, según cuenta en esta entrevista el director de la ONG Bona, lo que falta es un mayor reconocimiento de la labor de los trabajadores sociales y un sistema de financiación más estable.
La ONG Bona tiene su sede en el distrito de Praga 7, en un edificio anteriormente ocupado por una radio privada. Además de oficinas, acoge, por ejemplo, un taller de vidrio y otro textil. Los empleados de los talleres, personas con diferentes problemas de salud mental, fabrican muñequitos, ángeles de vidrio y otros productos y, en el período previo a la Navidad, su temporada alta, no se detienen. Los esperan en incontables mercados navideños y trabajan en encargos de diferentes empresas que buscan obsequiar a sus clientes con algo original.
En la planta baja también se encuentra un centro de ocio y recuperación que organiza un sinnúmero de actividades para los clientes - artísticas, de cocina, deporte, juegos de mesa o excursiones. El objetivo es socializar, apoyarse mutuamente en el camino y, a lo mejor, verlo desde una nueva perspectiva. Y mientras las trabajadoras del centro están más que dispuestas a organizarlo todo, lo más valioso es cuando los propios clientes lideran el programa, ofreciendo su propio talento o formación, según explica la encargada del centro, Dominika Pohlůdková.
“Tuvimos un cliente que nos dio una conferencia súper detallada sobre la psicología del comportamiento. Duró tres horas enteras, sin pausa. No tuve tiempo ni para respirar. Pero fue maravilloso, porque se notó cuánto había leído, cuánto sabe, que es capaz de responder a todas las preguntas, flexible también. Y se fue muy contento de haber tenido la oportunidad. De que pudo aprovechar algo de sí mismo. Y con una mayor autoestima también porque la gente se da cuenta de que puede salir adelante. Y bueno, nuestro mayor deseo es que los clientes dejen de necesitar los servicios sociales y logren esto mismo también más allá de estas paredes.”
Un tranvía llamado salud mental
Bona es una de las organizaciones capitalinas que ayudan a personas con problemas de salud mental a sobrellevar los efectos negativos de diferentes psicosis, esquizofrenia y otros trastornos.
Los que pasaron por Praga a principios de octubre, pudieron subirse a su “Tranvía de salud mental”, una línea especial que circuló por la capital, abriendo el diálogo con el público sobre lo que es vivir con una enfermedad mental. Las reacciones de los pasajeros confirmaron a Aleš Lang, director de Bona desde hace más de 15 años, su impresión de los últimos tiempos.
“Gracias a los eventos que organizamos y nuestra comunicación con el público vemos que la gente ya no tiene miedo de hablar de ello. El 90 % de las personas que se subieron al tranvía estuvo dispuesto a charlar. Ya sea sobre sus propios problemas, los problemas de sus parientes o de que, por ejemplo, hay una persona en su edificio que es rara, sale poco de su apartamento y se oyen desde ahí ruidos extraños. Y no saben qué hacer. No obstante, lo positivo es que no lo dicen por estar escandalizados, sino porque no saben cómo ayudarle al vecino. Y yo creo que es un impacto maravilloso”.
Los viajeros pudieron encontrarse con importantes personajes históricos que sufrieron distintos trastornos mentales, como el escritor Franz Kafka o la emperadora Isabel de Baviera conocida como Sissi, enfatizando que “incluso los que cambian el mundo a veces necesitan ayuda”. Uno de los principales mensajes era que, de haber podido aprovechar la red de apoyo que existe hoy, esa gente habría sufrido menos, por lo que a nadie debería darle miedo hablar de sus problemas.
La pandemia para saber lo que es la ansiedad
En opinión del director, lo que ayudó en gran medida a la mejora gradual de la percepción de los problemas de salud mental fue, paradójicamente, la pandemia del coronavirus.
“Cuando todo se desató en China y nos empezaron a llegar diferentes videos de gente muriendo, desplomándose en la calle, la sociedad entera comenzó a sufrir ansiedad porque nadie sabía qué estaba pasando. Todos lo vivimos durante un par de semanas o meses hasta que surgió un plan, una solución: se tomaron medidas y la gente se calmó otra vez. Todos experimentamos la angustia interna de no saber qué puede pasar. Y yo digo que nuestros clientes, que sufren de diferentes formas de depresión y ansiedad, miedo y desesperanza, lo viven de manera permanente. Y yo creo que la pandemia incitó a la gente a interesarse en la salud mental, en la prevención por ejemplo”.
Bona, con 26 años de existencia en Praga, ofrece un amplio rango de servicios que cubren áreas como la vivienda o el empleo y que se guían por el enfoque CARe de rehabilitación integral que incluye servicios sociales y acompañamiento psicosocial y cuyo objetivo principal es mejorar la calidad de vida de las personas, fomentar su autonomía y fortalecer sus capacidades.
De acuerdo con el director de la ONG, Aleš Lang, lo más importante es transmitir la confianza de que el cambio hacia algo mejor es posible porque un diagnóstico de esquizofrenia o psicosis puede desatar una avalancha de efectos negativos y es fácil perder de vista la luz al final del túnel.
“Por desgracia, gran parte de las personas a las que ayudamos vienen de instituciones como hospitales psiquiátricos o centros de acogida con régimen especial, o muy a menudo, son personas sin hogar. Y tenemos que empezar desde cero. Y lo primero es ganarnos su confianza, convencerlos de que realmente estamos aquí para ayudarles, que no les vamos a dar órdenes y decirles qué tienen que hacer, sino que estamos aquí para ofrecerles diferentes caminos y, en realidad, para ayudarles a encontrarse a sí mismos”.
El objetivo es una mayor independencia, autoestima y una visión clara del rol que la persona tiene en la sociedad. Para que también contribuya con algo, para que no se acostumbre a beneficiarse del sistema, porque eso sería fácil, de acuerdo con Lang, ya que estas enfermedades son muy desagradables.
“Lo que intentamos es empoderar a las personas, ayudarles a encontrar un rol digno en la sociedad. Suena a cliché, pero esto sí tiene un gran impacto… Porque una de las necesidades básicas de las personas es la de ser provechosas, útiles para con su entorno, es algo que da satisfacción. Y nuestros clientes, cuando llegan a nosotros, son personas a las que los servicios y la familia han dado la espalda, nadie les pregunta qué quieren, qué es lo que les gustaría hacer, donde quieren vivir, cuáles son sus intereses, etc.”.
Los clientes son personas, no diagnósticos
Bona cuenta con equipos ambulatorios multidisciplinares que trabajan en el terreno y proporcionan el apoyo necesario. En colaboración con los clientes, se ajustan a sus deseos y necesidades. Para recibir la ayuda, no hace falta contar con un diagnóstico específico. Es un criterio del que la organización se ha alejado, explica Lang.
“De hecho, queremos eliminar gradualmente cualquier especificación de diagnóstico. Lo que nos interesa no es el diagnóstico, sino que la persona tiene un problema de salud mental. Y vamos a ocuparnos de lo que necesita. Esto es algo común en los países occidentales y reduce marcadamente el estigma de las enfermedades mentales. Y, en general, si no se trata de casos muy graves de enfermedad mental que requieran farmacoterapia, el diagnóstico no es tan importante, sobre todo en los servicios comunitarios”.
En otras palabras, los servicios están disponibles a todos los mayores de 16 años que sufren de algún problema de salud mental. Y el objetivo es ayudarles en sus casas, para que no pasen días o semanas internados en centros hospitalarios. A menos de que se trate de casos serios de recaídas y haga falta estabilizar nuevamente a la persona.
Además del taller de vidrio y textil donde los clientes pueden aprender un nuevo oficio, Bona cuenta también con un centro de limpieza y mantenimiento de zonas verdes, un servicio que se puede aprovechar en diferentes edificios o espacios públicos. De acuerdo con Lang, se trata de abordar el lado práctico de la rehabilitación y ayudarle a la gente a ponerse de pie otra vez.
“Muchas veces son personas que vienen de la calle, que han pasado por años de hospitalización. Y con ellos hay que empezar desde cero. Enseñarles a ir al trabajo cada día. Aguantar unas cuantas horas. No querer salir a fumar cada veinte minutos, etc. La gente está motivada porque quiere una mejor calidad de vida. No quieren estar en la calle, sino tener dinero para pagarse un apartamento. Para tener un hogar. Así que empezamos ofreciéndoles puestos de trabajo protegidos, un concepto que es básicamente una preparación para el empleo”.
Aleš Lang afirma que, en los últimos tres o cuatro años, la situación ha mejorado bastante y más y más empresas están dispuestas a emplear a personas con diferentes psicosis, por ejemplo. Los que están preparados para ello pueden incorporarse en el mercado laboral corriente, basta con indicar qué tipo de trabajo les gustaría hacer, cuál es su cualificación, y el personal de Bona les ayudan a encontrar uno. Y no solo apoyan al nuevo empleado, sino también al empleador, para que entienda que, si un día la persona no viene a la oficina y no avisa, no es porque le de igual, sino porque a lo mejor ha sufrido una recaída y su estado de salud no le permite levantarse de la cama, explica Lang.
“Cuando se lo explicamos a los empleadores, pues dejan de mirar a nuestros clientes con malos ojos, se reduce el estigma. Y luego la persona vuelve al trabajo tras dos semanas, como si tuviera Covid, y sigue así todo un año sin problemas. Puede ocupar cualquier puesto. Son personas como nosotros, solo tienen la mala suerte de que la enfermedad les impide hacer lo que hacían antes. Trabajamos con empresarios, asistentes de dirección de los estudios de Barrandov, etc. Lo que pasa es que nadie les había dado una oportunidad”.
Guiar, no mandar
La situación es notablemente peor en el ámbito de la vivienda. De acuerdo con Lang, es muy difícil conseguir pisos de propietarios privados, ya que la gente todavía tiene miedo de alquilar apartamentos a personas con alguna enfermedad mental. Y eso a pesar de que Bona ofrece garantías – resolver situaciones que puedan ocurrir, ya sea de pago, de incapacidad o de relaciones con los vecinos. Y con lo escasos que son los apartamentos municipales, muchas personas no tienen a dónde ir.
Hablando de lados negativos, lo que más complica la labor de organizaciones como Bona, es el sistema actual de financiación de los servicios sociales basado, ya desde la Revolución de Terciopelo, en subvenciones, explica Lang.
“Yo creo que es una vergüenza absoluta. Porque los trabajadores sociales forman relaciones personales y laborales con los clientes. Tardan semanas o incluso meses en ganarse su confianza y solo después podemos avanzar, mejorar su calidad de vida. Pero desde hace treinta años aplicamos por subvenciones en octubre y en febrero nos informan qué financiamiento recibiremos para ese año. Es una falta absoluta de respeto a las personas que trabajan en servicios sociales y algo que me irrita muchísimo”.
Lang teme además que, con la nueva generación, con jóvenes que ya no quieren trabajar hasta el agotamiento (algo de lo que su generación podría aprender, afirma), ya no haya quien se conforme con las condiciones actuales. La solución es, en su opinión, mover los servicios sociales a la categoría de gastos obligatorios del presupuesto estatal, donde ya están incluidas la sanidad o la educación. Para que los servicios sociales dejen de jugar el papel de Cenicienta.
Ante la pregunta de qué lo motiva para seguir trabajando en el ámbito de apoyo a las personas con problemas de salud mental, incluso después de 15 años, Aleš Lang afirma que son los empleados y los cambios de paradigma y pensamiento que han logrado, y que permiten conseguir grandes cambios en períodos de tiempo relativamente cortos. El mayor éxito, en su opinión, es que han logrado convertirse más bien en guías que apoyan a sus clientes. En definitiva, han aprendido a resistir la tentación de dar consejos o instrucciones y trabajan codo a codo con los clientes, ayudándoles a salir adelante.








