Petr Sís: “Todo me estaba saliendo mal hasta que Miloš Forman me dio la posibilidad de hacer el póster de Amadeus”
Recién distinguido con el Premio Jaroslav Seifert, el célebre ilustrador Petr Sís conserva un vínculo entrañable con su país natal, a pesar de haber vivido durante décadas en Estados Unidos. En esta entrevista exclusiva, evoca la gran retrospectiva que el museo DOX dedicó a su obra justo antes de la pandemia, rememora el inicio de su carrera con el emblemático afiche de Amadeus y sorprende con sus colaboraciones gráficas en libros de autores latinoamericanos.
Aunque lleva más de cuarenta años residiendo en Estados Unidos, el vínculo del ilustrador Petr Sís con la República Checa nunca se ha quebrado, tal como lo confirma la reciente obtención del Premio Jaroslav Seifert, uno de los galardones literarios más prestigiosos de Chequia, que fue creado por la Fundación Carta 77 en 1986 y entre sus premiados tuvo, entre otros, a Václav Havel y Milan Kundera. Aun así es comprensible que el tiempo que Petr Sís lleva viviendo lejos de su país natal provoque ciertos temores que atañen incluso a su propia relación con el idioma checo.
“Extraño ir al bosque con mi madre en busca de hongos pero eso no puede volver a suceder de ninguna forma porque probablemente hayan construido una fábrica donde estaba ese bosque y mi madre ya no está más aquí. Como todo el mundo que viene de otro lugar, yo conservo mis recuerdos de una Praga vieja y gris, pero aún así con mucho sentimiento. Y respecto al idioma es un tema interesante porque aún puedo hablarlo con fluidez, pero noto cierto peligro porque si no lo uso con frecuencia no es que deje de formar frases, pero la cuestión es si el sentido sigue estando detrás de esas palabras”.
Y en ese vínculo hubo otro momento muy destacado que sucedió entre septiembre de 2019 y febrero de 2020 cuando el museo DOX realizó una exposición integral de su obra. Con el título Sobre volar y otros sueños contó con unos cien mil espectadores, convirtiéndose en la muestra más convocante de esa institución. El propio Petr Sís tiene un muy buen recuerdo al respecto, pese a su desconfianza general con la idea misma de las exposiciones.
“Para mí fue algo increíble porque, por lo general, cuando se enmarcan las ilustraciones en una galería se genera una especie de contradicción: las ilustraciones se hacen para los libros, para echar luz sobre una historia, es decir, las ilustraciones son parte orgánica de un libro, del sentimiento integral de la historia, por lo que ponerlas juntas en una exposición atenta contra eso. Entonces, yo suelo tener problemas con las exposiciones debido a que las ilustraciones no fueron concebidas originalmente para eso, y cuando DOX me propuso hacer esa exhibición yo no sabía qué esperar, pero ellos utilizaron las distintas dimensiones de las imágenes para jugar con las emociones, por lo que creo que se convirtió en una especie de teatro o una gran obra de arte con derecho propio”.
Petr Sís agrega que las imágenes eran solo un elemento más de la muestra, ya que también se exhibían cuadros de enormes dimensiones, como el famoso tapiz Flying Man, de cinco metros de alto por cuatro de ancho, instalado en la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional Václav Havel.
“Es una historia notable porque solo hice una ilustración para una revista dedicada a Havel cuando murió y a alguien de Amnesty se le ocurrió que podía llegar a ser un buen tapiz. Lo increíble es que el aeropuerto hoy lleva el nombre de Václav Havel y pusieron esa obra en medio del aeropuerto. Antes estaba en un lugar hermoso que se lucía con la luz del sol como si estuviera en una iglesia y luego lo mudaron al corredor principal junto a un lugar que vende croissants y café junto a un poster enorme de Havel, así que parece un poco un shopping”.
Pero el espacio de aquella exposición en el DOX también contaba con un cuarto con la luz apagada repleto de estrellas y salones con pájaros volando. Además de homenajear al artista, uno de los objetivos de esa muestra que reunía distintos trabajos sobre la libertad interior y exterior y viajes tan reales como imaginarios, era también celebrar el 30 aniversario de la Revolución de Terciopelo. Cuenta Sís que al verla por primera vez se quedó a tal punto impresionado que, desde entonces, empezó a ir casi todos los días. No por una cuestión de ego, aclara, sino porque se trataba de una experiencia muy profunda.
“Y también fue un modo de mostrar lo que significaba para mí crecer en un país comunista estando yo en Praga, con todos los sentimientos implicados y teniendo todos esos sueños. Se trató, en definitiva, de un show fantástico. De algún modo, se me ocurrió pensarlo como el fin de la vida, algo fantástico que tanto había soñado porque, justo cuando se terminaba la exposición, apareció el Covid”.
Cuenta Petr que aún hoy sigue recibiendo mensajes de padres que quedaron deslumbrados con esa exposición al visitarla en familia con sus hijos pequeños, y hasta siente que para muchas personas quedó grabada como un momento de felicidad justo antes de ingresar en ese túnel tan desesperanzador que significó el Covid. En algún punto considera que eso le dio también una dimensión distinta a la muestra.
Hacerse la América
Influido por su propio padre, Vladimír Sís, un destacado documentalista y guionista, Petr comenzó su carrera artística en el cine, especialmente en el campo de la animación. Uno de sus trabajos más destacados, Hlavy (Cabezas, 1979) permite vislumbrar por su trazo tan original como profundo la evolución que tendría luego como ilustrador. En 1984, luego de haber filmado en países como Suiza e Inglaterra, fue invitado a hacer una película en Hollywood sobre los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, para la cual obtuvo una visa especial de tres meses. Y cuando los países del bloque soviético boicotearon el evento, tomó la decisión de instalarse en ese país. Gracias a su padre, Petr conocía de muy chico a Miloš Forman, pero recuerda que durante ese primer tiempo en Estados Unidos no lograba avanzar con sus películas por falta de dinero y de contactos.
“No sabía qué hacer porque mi idea era filmar algunas películas, pero la cosa no funcionaba y en ese momento alguien me sugirió que ilustrara libros, pero para eso tenía que ir a ciudades como Nueva York o Boston, no podía hacerlo en Los Ángeles, pero el dinero no me alcanzaba ni para viajar y, en ese momento, Miloš estaba justo terminando de filmar Amadeus, y me quería mostrar la película porque tenía una pequeña secuencia donde aparecía la máscara de Don Giovanni que habían grabado en mi casa de Praga y yo quería verla porque no podía volver. Y ahí me dijo Miloš si no quería intentar hacer un póster para Amadeus”.
Si bien al principio no pudo evitar sentirse conmocionado, logró mantenerse en eje consciente de que era una persona con mucha energía y llena de ideas. Por otro lado, Petr también tenía en claro que para la compañía cinematográfica era una apuesta que si salía bien le significaría pagar mucho menos que lo que le darían a una gran agencia. Enseguida se puso a hacer varios bocetos hasta que el productor le pidió que se concentrara en la imagen de un hombre con los brazos extendidos.
“Y yo le puse una pequeña cofia en la cabeza y los tejados de Praga en medio de su cuerpo, todo en riguroso negro y luego hice dos versiones: una con el cielo rojo y otra con el cielo azul y recuerdo que el productor me dijo: muestra solo tres bocetos y pon en el centro el que quieres que elijan, que ellos lo escogerán. A veces funciona, a veces no tanto, pero la verdad es que les encantó e imprimieron la imagen. Pero lo gracioso de todo eso es que yo estaba tan emocionado por el hecho de que aceptaran mi póster que ni se me ocurrió pensar que no había firmado ningún contrato”.
Recuerda Petr que la retribución por aquel trabajo tan iniciático en su carrera fue una suma de dinero que le alcanzó para pagarse un auto usado y viajar a la ciudad de Nueva York. Como si se tratara de un argumento de película, el productor lo citó en un bar y le pidió que cediera todos los derechos del afiche firmando una servilleta.
“Entonces, firmé la servilleta aunque había leído muchas historias sobre eso en Estados Unidos, y perdí así todos los derechos. No fue un acuerdo muy bueno, pero era asombroso ver cómo ese póster iba apareciendo, por ejemplo, en las portadas de distintos discos, grabaciones y en todos lados. Yo no tenía ningún derecho sobre eso porque había firmado la servilleta, pero para mí igual fue suficiente porque no tenía nada y ese dinero me alcanzó para comprarme un auto viejo, para mudarme a Nueva York y conseguir un trabajo. Además, Miloš, que era el artista y no estaba a cargo de los pagos, fue muy influyente para mí, un verdadero mentor y ese póster marcó un momento muy especial en mi vida”.
El lento tren de las oportunidades
En todo caso, Petr Sís ya mostraba desde muy joven la fortaleza suficiente para sobreponerse a las adversidades, como le había sucedido poco antes frente a la gran chance de colaborar con uno de sus máximos héroes musicales.
“Yo les pedía a los estudiantes que, para mostrarme su interés en el arte, se pasaran toda la noche trabajando y ellos respondían: ‘Estamos en California, ¿por qué deberíamos usar la noche para eso?’”.
Petr Sís
“Y en ese momento estaba surgiendo el nuevo canal de videos musicales MTV y otra vez me dijeron la frase: ¿por qué no intentas hacer un videoclip de la canción Gotta serve somebody de Bob Dylan? Y otra vez no hubo contrato y al principio me pedían que les mostrara lo que podía hacer y tal vez podía llegar a tener mucho éxito. Empecé a trabajar con ese video y es ahí cuando las cosas empezaron a complicarse para mí porque, en ese momento que parecía muy bueno, la Unión Soviética y el bloque de los países del Este boicotearon los Juegos Olímpicos y obligaron a todo el mundo a volver a su casa. Yo aún no había terminado el trabajo, necesitaba al menos dos meses para concluir la animación”.
Quedarse en Estados Unidos tras esos noventa días significaba para él ganarse un verdadero problema con el gobierno comunista en Checoslovaquia. La única alternativa que tenía era finalizar el video y justificarse diciendo que ese tiempo extra había valido la pena para poder llevar a cabo ese videclip que no dejaba de ser importante para la cultura del país. Sin embargo, cuando al fin pudo terminarlo, lo mandó a MTV y reconoce que no les gustó para nada.
“Eso no es lo que nosotros vemos de Bob Dylan, me dijeron. Así que fue un desastre porque el video nunca se exhibió, no me pagaron, me había quedado más tiempo del permitido y entonces traté de conseguir algún trabajo relacionado con la animación, intenté enseñar en algunas escuelas, lo cual también fue terrible porque yo les pedía a los estudiantes que para mostrarme su interés en el arte se pasaran toda la noche trabajando y ellos respondían: ‘Estamos en California, ¿por qué deberíamos usar la noche para eso?’. Y la verdad que ahora reconozco que no tenía sentido sufrir así. En definitiva, todo estaba saliendo mal hasta que Miloš me dio la posibilidad de hacer ese póster”.
Antes y después de Amadeus
A pesar de no rendirle económicamente, al menos no al nivel de lo que se esperaría de semejante éxito, aquella colaboración con la inolvidable película Amadeus sirvió para que el mundo comenzara a descubrir su talento. Tras instalarse en Nueva York, cuenta Petr que le llevó unos cinco años entrar al circuito profesional y terminar de convertirse en ilustrador. Las primeras colaboraciones en diarios lo fueron llevando también a varias revistas y luego a libros propios y ajenos, desarrollando un método de trabajo muy aceitado.
“Al firmar la servilleta, perdí todos los derechos sobre mi afiche de Amadeus”.
Petr Sís
“Si tengo que hacer muchas ilustraciones para una obra necesito leer todo el libro y reflexionar mucho al respecto, pero durante diecisiete años estuve trabajando para el The New York Times Book Review. Salía cada domingo con reseñas de escritores famosos escribiendo sobre otros libros y yo tenía que ilustrar, pero solo contaba con un día de tiempo para captar la esencia de ese libro y era muy complejo porque esos escritores manejaban un inglés muy sofisticado y no siempre entendía todo lo que querían decir: a veces todo se tornaba muy complicado y entonces utilizaba, por ejemplo, la imagen de algún pez volador y a la gente le encantaba y le parecía perfecto, pero a menudo lo que pasaba era que yo no terminaba de entender las implicancias de lo que leía”.
Aunque esa parte de la vida de Sís es mucho más conocida, lo que quizás no se sabe tanto es que entre esas obras que llevan sus ilustraciones hay varios libros de escritores latinoamericanos como Carlos María Domínguez, un prestigioso autor argentino que vive hace muchos años en Uruguay.
“Me dieron muchas ganas de viajar en ese momento a Argentina y Uruguay para encontrarme con él y al igual que me pasó con el libro de Saramago que también ilustré, son libros muy gratificantes para un extranjero porque se trata de grandes escritores que uno admira, pero lamentablemente la editorial de Estados Unidos no podía invertir mucho dinero porque les cuesta mucho vender esas obras más intelectuales y es algo que lamento porque para los grandes editores finalmente se trata de dinero”.
Civilización y barbarie
Cuenta Sís que le atrae mucho América del Sur porque cuando trabajó con la figura de Darwin quedó fascinado con la historia de los pueblos yámanas. Recuerda que tres de sus miembros fueron llevados en una expedición a Inglaterra, donde los vistieron, les enseñaron a tomar el té y hasta los presentaron a la reina Victoria. Los ingleses creían que habían hecho un cambio rotundo en su vida, pero cuando regresaron a su tierra natal saltaron desesperados del barco y volvieron nadando porque solo deseaban ser libres.
“Estuve muchas veces en México, que es una puerta maravillosa hacia Latinoamérica, pero siempre he tenido ganas de ir a Colombia, a Argentina y a Tierra del Fuego. Mi sueño es poder ir ahí, aunque ya me estoy poniendo viejo y debe hacer mucho frío”.
Los libros de Petr Sis suelen traducirse a múltiples idiomas y él afirma que siempre le ha resultado muy interesante cómo cada obra suele despertar más interés en algún país en concreto. En ese sentido explica que, por ejemplo, Las tres llaves doradas tuvo mucho éxito en Francia. Por otro lado, El muro tuvo ligeras diferencias en su edición checa y la que se distribuyó en América, debido a la relación mucho más cercana de los checos con el comunismo, mientras que en Alemania pensaron que se trataba sobre el Muro de Berlín. Otro de sus libros más aclamados es Nicky & Vera, que cuenta la gran hazaña de Nicholas Winton al salvar a 669 niños judíos, y que está inspirado, en parte, en una charla con su hijo, quien, dicho sea de paso, le sirvió en su momento de referencia al escultor David Černý para realizar los bebés gigantes que trepan la torre de televisión de Žižkov y se arrastran por la isla de Kampa.
“Yo hice ese libro porque mi hijo, que tiene veintipico, en un momento hablaba de esa tendencia de que, cuando algo sucede, mucha gente decide no prestarle atención y seguir con lo suyo. Además, nuestra hija es realmente muy empática y trata de ayudar a todo el mundo en la calle, mientras que yo soy mucho más cínico. Entonces, me di cuenta de lo distinta que podía ser la gente en términos de empatía y me fascinó la idea de que ese hombre inglés que no tenía ninguna razón aparente para involucrarse lo hiciera a tal punto que terminó salvando a todos esos chicos”.
“Estuve muchas veces en México, que es una puerta maravillosa hacia Latinoamérica, pero siempre he tenido ganas de ir a Tierra del Fuego”.
Petr Sís
Recuerda Petr Sís que, debido al Covid, para hacer ese libro tuvo varias reuniones por zoom con autoridades de sinagogas, colegios y otras instituciones religiosas y uno de los temas que surgían era cómo abordar una temática tan fuerte, pero él siempre respondía que, en su opinión, se trataba de un libro lleno de esperanza y revelador en el sentido de que podía mostrar cómo, incluso en los momentos de absoluta crueldad y desesperación, hay gente capaz de hacer la diferencia.
Días de Radio
Mientras estudiaba en la Escuela de Arte, Petr Sís tuvo incluso un período de DJ, durante el cual presentó, por ejemplo, un concierto de los Beach Boys en Praga en el año 1969. Explica Sís que los Beach Boys dieron en aquel entonces tres conciertos que, si bien fueron espectaculares, generaron una falsa esperanza porque hicieron creer por un momento que el escenario político no sería tan terrible. Sin embargo, poco después comenzó la normalización que es la etapa más oscura que le tocó vivir y, de hecho, cuenta que por hacer de DJ varias veces tuvo que someterse a interrogatorios policiales muy desagradables. En 1969 Sís mantuvo un programa de radio en Český rozhlas donde difundía la música progresiva que se hacía en Inglaterra y Estados Unidos hasta que, tal como le habían advertido, lo terminaron sacando. Por esa época también escribía varios artículos que él mismo se encargaba de ilustrar para revistas musicales, trabajo que coronaría viajando ese mismo año a Inglaterra para entrevistar a bandas como Led Zeppelin y asegura que, aunque no todos lo notan, el rock influyó mucho en su trabajo artístico.
“Me encanta la radio y testear nuevas formas de tecnología. Me acuerdo de que cuando era chico se hizo el mundial de fútbol en Chile y Checoslovaquia jugó la final con Brasil. Aún recuerdo las voces de fondo de un pequeño radiotransmisor por el que, incluso con un huso horario distinto, hablaban de Josef Masopust y Svatopluk Pluskal que jugaban en ese equipo, y para mí era algo súper exótico escuchar esa radio que venía de Santiago de Chile. Es difícil explicarlo ahora que se pueden ver en cualquier momento y en cualquier lado los goles de Messi, por ejemplo, pero para mí era algo fascinante”.
Asegura Petr Sís que incluso antes de eso había entrado ya en contacto con Latinoamérica a través de los libros de Albert Vojtěch Frič, de cuyo nieto se terminaría haciendo muy amigo. Hoy, Sís sostiene que muchas obras de escritores latinoamericanos comparten una sensibilidad más cercana al mundo checo que la pueden tener los autores anglosajones. Y para quienes aún no lo conocen, recomienda comenzar por su libro Las tres llaves de oro, donde aparece el Niño Jesús de Praga, una figura entrañable y muy querida en numerosos países de habla hispana.








