“Ottla tenía todas las cualidades que le faltaban a Kafka: era obstinada, independiente y valiente”
La novela de la escritora francesa Fanny Lévy, El último viaje de Ottla Kafka, está inspirada en el destino y, sobre todo, últimos días de la hermana favorita de Franz Kafka, y la enorme valentía que mostró durante el Holocausto.
En abril ha salido la novela de la escritora y profesora universitaria francesa Fanny Lévy, llamada El último viaje de Ottla Kafka. El libro está inspirado en la historia de vida de una de las hermanas del escritor praguense Franz Kafka, una mujer decidida que se sentía en plenitud ayudando a los demás. Ottla fue deportada al gueto de Terezín justo antes de ofrecerse como voluntaria para acompañar a un grupo de huérfanos en el convoy que los llevaría a Auschwitz, donde Ottla y los niños fueron llevados a las cámaras de gas el 7 de octubre de 1943. En su libro, Lévy cuenta cómo, hasta el final, esta mujer valiente logró aliviar los días de estos niños y adolescentes condenados a una muerte segura. Radio Praga Internacional ha entrevistado a Fanny Lévy para que nos cuente más sobre su novela y su interés por los Kafka.
“Para comenzar, tengo que contarles una historia. Érase una vez una pequeña chica en un ambiente bastante tóxico. Se sentía mal en su piel, tenía miedo de todo. Y ella se puso a leer, a devorar los libros como si fuera una necesidad, un alimento. En su búsqueda de respuestas en las vidas de los demás, ella leyó un montón de cartas y diarios de escritores. Un día, cuando era muy joven, encontró el diario de Kafka. Se dio cuenta, con asombro, de que él tenía las mismas aspiraciones y los mismos problemas que ella. Como ella, experimentaba dificultades con su cuerpo, problemas con la digestión. Se preguntaba cómo superar la vida y estaba angustiado. Y como ella, sufría en silencio en su familia. Y al igual que él, ella se sentía como un timador en la escuela, pasaba de una pendiente resbaladiza a otra y algún día este engaño terminaría siendo expuesto. Al igual que él con Felice y Milena, ella mantuvo una relación amorosa epistolar con un escritor en el que volcó sus proyecciones. Y ella cuenta esta historia en su primer libro, El reino de las quimeras. Por supuesto, este es mi primer libro porque aquí hablo de mí. Todos estos puntos en común con Kafka han despertado un amor incondicional en mí por la personalidad de este hombre único, que se ha convertido en mi hermano. Y su personalidad, su mera presencia, se encuentra en todas mis novelas”.
En El último viaje de Ottla Kafka, la trama se centra en el final de la vida de la hermana favorita de Kafka. Sin embargo, el famoso escritor tiene una fuerte presencia en la historia aunque, en realidad, había fallecido hacía mucho, en 1924. Lévy explicó que sus novelas se nutren del mensaje judío en general y que utilizan el mismo personaje como inspiración, ya que siempre giran en torno a temas como la escritura, Kafka, el silencio y principalmente la Shoá, el Holocausto.
Ottla Kafka: más que inspiración, una epifanía
El tema de la Shoá siempre ha tenido gran importancia para Lévy y ha habitado su corazón y su mente. Por lo tanto, cuando se enteró de que una de las hermanas de Franz Kafka, Ottilie, también conocida como Ottla, había sido deportada a Terezín, supo de inmediato que tendría que escribir su próximo libro sobre ella. Lamentablemente, existían pocos documentos sobre Ottla. Entre las fuentes que encontró durante su proceso de investigación figuraban las cartas que su hermano Franz le había escrito, así como fragmentos de su diario. De ese modo, poco a poco, la figura de Ottla Kafka fue tomando forma y empezó su propia vida. Asimismo, cabe mencionar que Franz Kafka tenía dos hermanas más, Valli y Elli, pero Ottla fue sin duda su predilecta.
“Creo que la amaba mucho porque ella era una mujer verdaderamente extraordinaria. Decía directamente lo que pensaba. Ella era directa, franca y sincera. Tenía una presencia fuerte y luminosa. No se dejaba desviar de su camino y no tenía respeto alguno por las convenciones. Era una rebelde. Lo que los conectaba era la rebeldía contra su padre tiránico y autoritario. Hermann Kafka quería que trabajara en su tienda aunque ella deseaba estudiar agricultura porque le interesaba el sionismo y quería trabajar la tierra. A su padre esto le parecía una locura, por eso, la llamaba terca, obstinada e insolente. También se le oponía cuando se quiso casar con Josef David, un checo católico pobre, con quien finalmente contrajo matrimonio en 1920. Ottla no se dejaba desviar de su camino. No tenía respeto por las convenciones. Siempre ha adoptado una actitud coherente con sus principios”.
Siempre empática con el sufrimiento ajeno
Franz fue siempre un gran apoyo para Ottla. Por ejemplo, él le ayuda a encontrar una escuela de agricultura en Frýdlant. Por otra parte, ella guardaba todos sus secretos y era todo para él. Además, Ottla estaba muy atenta al sufrimiento ajeno. Cuando se casó, quiso abrir un salón donde la gente socialmente desfavorecida pudiera recibir un cuenco de sopa. No obstante, con esto empezaron a surgir problemas porque su marido estaba en contra y le prohibía mantener contacto con los mendigos a los que daba refugio. Por lo tanto, cuando él volvía a casa, Ottla los escondía en el armario de las escobas y esperaba a que se durmiera para sacarlos afuera discretamente. Finalmente, la pareja se divorció en 1942, pero por circunstancias que iban más allá de sus desencuentros.
“Si hubieran seguido casados, su esposo también hubiera sido deportado al campo para los maridos arios de las mujeres judías. Lo quería proteger y también a sus hijas. De veras, no le daba miedo nada en la vida. Tenía todas las cualidades que le faltaban a Franz Kafka. Era obstinada, independiente, valiente. Existía una gran intimidad entre ellos. Tenían conversaciones en el baño, donde se confiaban sus secretos. Kafka le llamaba a este cuarto ‘el cuartel general del ruido’. En realidad, solamente en el baño se sentía tranquilo para hablar con ella”.
Al campo de Terezín se le conocía por reunir a todos los artistas judíos más destacados. Allí organizaban conferencias, conciertos y obras de teatro. De hecho, una vez se organizó una conferencia en honor a Franz Kafka con motivo del que hubiera sido su 60 cumpleaños y, como es de esperar, Ottla participó también en ese evento. Sin embargo, parece que su misión más importante en el campo era cuidar de los niños y los huérfanos que venían de Białystok.
“Le tenía muchísimo cariño a sus hijas y ese amor lo extendió a todos los niños de Terezín. Los niños que vinieron de Białystok tenían entre 4 y 14 años. Habían llegado en unas condiciones verdaderamente horribles, desnutridos, cubiertos de parásitos y llagas y descalzos en su mayoría. Habían llevado a los niños a un edificio de desinfección, pero se negaban a entrar en las duchas y gritaban “¡Gas, gas!”. Los habitantes de Terezín no entendían por qué. Ottla, siempre solidaria al sufrimiento ajeno, se había ofrecido a cuidar de ellos y acompañarlos, lo cual reafirma su valentía”.
Posteriormente, Ottla también se ofreció para acompañar a los niños en el convoy dirigido a Auschwitz. De hecho, el libro de Lévy se centra precisamente en estos dos días de viaje hacia el campo de concentración. Al principio, los pasajeros no sabían que iban allí porque pensaban que habían sido intercambiados. A lo largo de estos dos días, Ottla les cuenta historias, les habla de su hermano y canta con ellos. La autora recalca que una de esas canciones es, en realidad, el leitmotiv de todo el libro porque se dice que todos ellos cantaron hasta el final, precisamente hasta llegar a las cámaras de gas.
Por último, Lévy explica qué es lo que este libro ha significado para ella como escritora.
“Les voy a contar el final de la historia de la chica de la que hablaba al principio de esta charla. Al plasmar a Ottla en papel, se dio cuenta de que se dejaba llevar demasiado por la idea de que era como Franz Kafka. Al terminar de escribir este libro, entendió que la persona a la que quería parecerse no era Franz, sino a su hermana Ottla, esa mujer maravillosa que siempre ha luchado por la justicia. También saben que en el gueto de Terezín, Ottla fue considerada un rayo de luz y era respetada por todos los demás detenidos en el campo. Creo que es importante mencionar que, al final del libro, he escrito los nombres de todos los niños de Białystok. Como no puedo devolverles la vida, quise revestir su carne con palabras y grabar sus nombres en texto. Nombrarlos tiene un gran poder y ellos no deberían ser olvidados porque si no estarían condenados a morir una segunda vez. Creo que su historia se tiene que difundir porque es una especie de repatriación. Yo también soy hija de sobrevivientes y pienso que esta es mi tarea, mi misión”.
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