Auður Loftsdóttir: “La desinformación influyó en el resultado del referéndum en Islandia”

Residente en Praga, la profesora islandesa explica los motivos detrás de la decisión de su país de no reanudar las negociaciones para entrar a la Unión Europea.

La profesora de islandés Auður Loftsdóttir habló con Radio Praga Internacional sobre el referéndum de Islandia sobre las negociaciones para entrar a la Unión Europea del fin de semana pasado. Residente en Praga, cuando se le preguntó sobre los resultados expresó su descontento.

“Personalmente, me sentí sobre todo decepcionada. Por supuesto, fueron elecciones democráticas y no hay nada que hacer al respecto. Pero, sobre todo, tengo la sensación de que ganó el caos informativo. Y eso es algo grave, no solo para los islandeses, sino para el mundo entero. Esta era moderna, en la que se manipula la información, ya sea de manera intencional o no, realmente me aterra.”

Ganaron la confusión y la desinformación

Loftsdóttir explica que mucha gente no entendía bien el objetivo del referéndum y que la desinformación afectó todo. Algunas personas pensaban que, si ingresaban a la Unión Europea, los islandeses tendrían que servir en algún ejército europeo. Otros pensaban que entrarían de inmediato a la Unión Europea, perderían el control sobre sus recursos y sería el fin de la independencia de Islandia. Hay que tener en cuenta que este referéndum se refería a la cuestión de si querían iniciar el proceso de negociación. No se trataba de decidir si se convertirían en miembros de la Unión Europea.

Auður Loftsdóttir | Foto: Alexis Rosenzweig,  Radio Prague International

En general, era evidente que la idea del referéndum no estaba clara. Loftsdóttir cuenta que se notaba en las conversaciones con la gente en la calle, en Facebook y en otros lugares.

“Lamentablemente, quien grita más fuerte y tiene suficiente dinero para comprar publicidad tiende a ganar”.

Miedo al cambio

Tal como suele ocurrir en otros países del mundo, incluida la República Checa, el resultado mostró una diferencia muy marcada entre la capital, Reikiavik, y el resto del país. En la mayor ciudad del país, más del 60 por ciento de los votantes votó a favor. Pero en el noreste, la región más alejada de esta ciudad, una gran mayoría votó en contra. Loftsdóttir cree que algo influyó, en este caso, no tanto el temor por la industria pesquera ni el nivel de vida, sino más bien el miedo al cambio y a la pérdida de independencia. La profesora afirma que no entiende muy bien en qué consiste esa idea tan romántica y conservadora porque, en cierto modo, Islandia tampoco es tan independiente hoy en día. Este país ya está en el Espacio Económico Europeo, en la OTAN y en Schengen. Ella piensa que la gente no entiende bien qué significa concretamente para Islandia ser parte del Espacio Económico Europeo, cuáles son sus obligaciones y qué beneficios obtiene.

“La gente simplemente no está lo suficientemente informada. Por ejemplo, muchos no se dan cuenta de que ya hoy en día aplicamos gran parte de las normas europeas. Incorporamos gran parte de las directivas europeas a nuestra legislación nacional. Sin embargo, no participamos en las negociaciones en las que se elaboran estas normas. Lo cual es bastante paradójico. Sería mejor estar en la mesa de negociaciones para poder defender mejor los propios intereses” explica.

En todo caso, la gran pregunta que se impone es: ¿con quién quieren colaborar los islandeses? ¿Quieren ser parte de Europa o no?  El tema de la integración islandesa a Europa es casi como una religión que solo admite posiciones extremas, según explica Loftsdóttir.

“Es como si para unos la Unión Europea fuera mala por naturaleza, y otros quisiéramos ser parte de Europa a toda costa”.