¿Papa o patata? Una exposición sobre el "pan de los incas" que también conquistó a los checos

Ana Núñez Rodríguez se ha desplazado entre América Latina y Europa como la patata y se le empezaron a plantear preguntas de cómo afectan los legados del colonialismo su manera de pensar. Así fue el proceso tras crear una colección de fotografías cuya protagonista es la papa.

Foto: Jean-Claude Etegnot

Algo tan común como una patata puede contarte más sobre ti mismo y sobre la identidad de lo que te imaginabas. Eso sugiere la exhibición de fotografías de Ana Núñez Rodríguez, Cooking Potato Stories, que también estuvo en la República Checa.

La artista se sumerge en las políticas de la construcción de la identidad y cómo estos procesos identitarios están de alguna manera influenciados por la memoria colectiva, la herencia cultural y sobre todo por los legados coloniales. Como cuenta Ana, la pregunta esencial que guía la exhibición es  qué nos puede decir una patata sobre nosotros mismos.

Foto: Jean-Claude Etegnot

“A través de las posiciones, de reescribir o replantear o proponer distintas contranarrativas sobre la historia de la patata, se nos cuestiona un poco también cómo nos construimos nosotras mismas. Porque me gusta mucho pensar que somos las historias que nos contamos. Creo que al final las historias nos construyen, tanto individual como colectivamente, pero detrás de las historias siempre hay ciertas ideologías o poder, y todo eso nos condiciona. Cómo vemos el pasado, cómo entendemos el presente y cómo vamos a vivir de alguna manera el futuro. Creo que reconstruir y replantear una memoria alternativa de la patata, creo que ese es el objetivo. Entender que esas historias nos construyen, pero que también podemos plantear otras nuevas. Lo que la gente se va a encontrar a través de las imágenes es una colección de historias basadas en aspectos personales, históricos, sociales, que nos descubran otros aspectos no tan conocidos sobre la patata y que nos hagan pensar que hay mucho más allá de algo que damos como obvio que siempre ha estado en nuestros platos.”.

Foto: Jean-Claude Etegnot,  Dům umění České Budějovice

Su exposición recorre todo el mundo y Ana siempre intenta darle un toque local para facilitar la conversación con los espectadores. Por ello, también va en busca historias y cada fotografía en un injerto dentro de un contexto.

“Allí donde el proyecto ha ido tomando raíces, me parece interesante que se genere un diálogo, un puente con el contexto en donde llega. Por ejemplo, cuando estuvo en Irlanda, hubo esa historia dramática de la hambruna debido a la papa, y cómo eso produjo una migración de irlandeses a Estados Unidos, y también muchas personas murieron, también con ese pasado colonial. O en otros contextos también europeos vinculados a la Segunda Guerra Mundial y demás”.

¿Qué significado tiene la patata para Chequia?

La misma modalidad se mantuvo en Chequia, en la exposición en la Casa del Arte en České Budějovice. Los visitantes podían encontrar una fotografía de la patata rodeada de los manuscritos de las recetas tradicionales checas. Como contó a la Radio Praga Internacional, la curadora Kristýna Hájková le ofreció las recetas que contenían patatas de su propia familia.

Foto: Jean-Claude Etegnot,  Dům umění České Budějovice

“Ella comenzó a hacer una investigación y encontró estos libros de recetas que corresponden a distintas generaciones de mujeres de su familia, en donde recopilan todos estos recetarios, en donde hay recetas de los dumplings, que después probé y entendí que es una parte muy importante de vuestra cultura gastronómica: las ensaladas, las sopas, las tortitas. Bueno, hay mucha riqueza. Nos parecía muy interesante incluir de alguna manera esa memoria culinaria que había sido también trasladada durante generaciones a través de estos libros, pero manuscritos por las mujeres de su familia, y de alguna manera conectarla con el público”.

Además de las recetas, Ana y la curadora hicieron una investigación de material del archivo. Los visitantes de la exposición podrían encontrar una instalación fotográfica que conecta a los espectadores con la memoria rural de la República Checa.

Foto: Ana Núñez Rodríguez

“Es interesante también esta idea de entender la papa o la patata como un elemento que siempre ha estado asociado a las clases más populares, y cómo pasó de ser el pan de los indios, como lo llamaban los conquistadores, a ser también el alimento que alimentaba a las clases trabajadoras y campesinas. Entonces, esa serie de imágenes también nos conecta con este aspecto de la papa vinculado más a la subsistencia, a la ruralidad, pero también a la pobreza, a la escasez y a la resistencia. Creo que en muchas comunidades rurales han conseguido resistir, sobrevivir gracias a la patata. Porque era todo un tipo de conocimiento que las comunidades prehispánicas tenían alrededor de este alimento, pero al que nunca le prestaron atención. Porque la patata es un elemento que consigue un mayor número de nutrientes en menos espacio de terreno”.

Papa vs. patata: ¿se puede hablar de eurocentrismo?

En escuelas checas casi siempre se enseña a la gente la denominación patata. Sin embargo, el término papa se utiliza con más frecuencia que la patata. ¿Cómo lo ve la fotógrafa?

Foto: Ana Núñez Rodríguez

“Originalmente en España sí utilizamos la palabra ‘patata’, pero después de tantos años sí utilizo más la palabra ‘papa’. Además, porque la raíz de la palabra viene de los idiomas nativos de América Latina, que después evolucionó a ‘patata’. Entonces, también es un poco un guiño el utilizar esa palabra, porque conecta más con el origen. En realidad la palabra, el léxico, también conecta con el origen mismo de la planta. Entonces, creo que también es una decisión utilizar esa palabra para conectarla con su origen. La palabra ‘patata’ en realidad viene de una mezcla de ‘batata’ y ‘papa’. Pero la patata aquí es papa, y eso te conecta con esos idiomas nativos de los Andes”.

Ana viene de Galicia, región de España donde están muy orgullosos de sus patatas. Sin embargo, ahora vive en Colombia. Allí, se dio cuenta de que a la gente de Europa se le olvida el orígen de las patatas, que son de las montañas de los Andes en América Latina, y las utilizan de manera nacionalista.

“Cuando intentaba introducir otras patatas de Colombia, por ejemplo, me decían ‘no, es que las nuestras son las mejores y las más ricas’. Y seguramente si vas a Alemania te dirán que sus patatas son las mejores. Entonces, lo curioso es que ninguna es nativa. Que también es muy interesante cómo estos discursos de lo nativo, de lo nacional, que están hoy tan de moda, y cómo los movimientos más conservadores y de derecha y ultraderecha utilizan todo este léxico, cuando todo es producto de esos desplazamientos. Queremos apropiarnos culturalmente de cosas que en realidad no son nativas de Europa. Entonces creo que también es interesante cómo la patata también puede conectar hoy en día con estos discursos nacionalistas”.

Una conexión con Chequia que pocos conocen

Esta no es la primera vez de Ana en la capital checa. En 2002, cuando el Zoo de Praga fue afectado por la devastante inundación, Ana vino como voluntaria para reconstruir las instalaciones del zoo.

Más de veinte años después, aterriza en Chequia de nuevo y esta vez no solamente se queda en la ciudad de las cien torres y quién sabe cuántas patatas.

“Obviamente Praga es la capital, y con todo lo que eso implica. Como más movimiento, también con respecto al arte, más espacios, y están obviamente sucediendo más cosas, pero me pareció muy interesante que una ciudad más pequeña tenga también este tipo de propuestas de arte contemporáneo. Y creo que es muy válido intentar descentralizar el arte y que no todo tenga que estar concentrado en la capital. Me pareció también maravilloso y sorprendente la cantidad de personas que fueron a la inauguración; creo que tuvo un impacto local impresionante, y me sentí muy feliz de ver cómo este espacio consigue de verdad llevar el arte a la gente de esta ciudad. Creo que es muy valioso, y ojalá que existiesen más propuestas de descentralizar los circuitos artísticos”.

Foto: Ana Núñez Rodríguez

La historia larga contada brevemente

El primer registro de la papa o la patata se fecha entre los años 8000 y 5000 antes de Cristo en la región de lo que hoy se conoce como el sur del Perú y el noreste del Altiplano de Bolivia. En 1536 las papas, luego rebautizadas patatas, arribaron al continente europeo. Sin embargo, por desconocimiento, la gente no las comía. Se consideraron plantas decorativas o un medicamento para curar, por ejemplo, tuberculosis. Y claro, qué otra cosa se podría hacer con un tubérculo. Llevaría algún tiempo descubrirlo.

palabra clave:
audio