La rama perdida de Karel Hašler: su bisnieta revela la inesperada descendencia brasileña del legendario cantautor checo
Artista visual y heredera de una historia marcada por el exilio, Gisele Hašler reconstruye el camino que llevó a la familia del mítico cantautor checo desde Praga hasta Brasil, revelando un capítulo desconocido de su impresionante legado.
Casi no hay turista que, al subir las escalinatas que conducen al Castillo de Praga, no se detenga un instante frente a la misteriosa estatua de un hombre con sombrero, guitarra y una expresión ensoñada, como si estuviera atrapado en el punto cúlmine de una interpretación. Esa figura representa nada menos que a Karel Hašler, cantautor fundamental de la cultura checa en las primeras décadas del siglo XX, inspiración de los célebres caramelos que llevan su nombre y que aún hoy se consumen en el país.
Durante la ocupación nazi, su obra fue prohibida y él mismo fue detenido y enviado al campo de concentración de Mauthausen, donde murió en 1941. Autor de canciones patrióticas muy populares, Hašler se convirtió en un símbolo de identidad nacional cuyo legado sigue vivo en la música, el cine y la memoria cultural checa.
El abuelo díscolo y la conexión brasileña
Lo que pocos saben es que su sangre también viajó lejos: llegó a Estados Unidos y, de manera especialmente sorprendente, a Brasil. Así lo cuenta su bisnieta Gisele Hašler, quien reconstruye esa rama familiar inesperada.
“Mi abuelo, Charles Hašler, era una persona de temperamento fuerte, que no aceptaba límites. En su juventud, después de una noche de mucha fiesta, desobedeció a un policía que quería multarlo por haber estacionado el coche en un lugar prohibido. La confusión fue enorme y terminó con mi abuelo detenido en la comisaría, y el caso llegó incluso a los periódicos. Karel Hašler no le perdonó a su hijo ese nuevo desliz y lo echó de su casa. Entonces mi abuelo se fue a Estados Unidos y quedó bajo el cuidado de Rudolf Frein, que era su tío. Mi abuelo era ingeniero y allí, en Estados Unidos, empezó a trabajar en la Fuerza Aérea norteamericana. Era el período de entreguerras y lo enviaron a Salvador, en Brasil, para supervisar la instalación de bases aéreas estadounidenses. Fue allí donde conoció a mi abuela y comenzó su historia juntos”.
Agrega Gisele que incluso hoy puede verse una huella tan concreta como curiosa de su díscolo abuelo en Salvador Bahía.
“Cuando llegas a Salvador, al salir del aeropuerto rumbo a la ciudad, hay un túnel de bambúes. Son muy altos porque son muy antiguos. Ese túnel fue construido por mi abuelo para ocultar los aviones norteamericanos que quedaron estacionados allí durante el período de la Segunda Guerra Mundial”.
Una orgullosa bisnieta
Reconoce Gisele que a ella le llevó mucho tiempo entender la enorme importancia de su bisabuelo, quizás porque ese abuelo de carácter complicado que comenzó a extender la herencia de ese apellido en el mundo murió cuando ella era muy pequeña y nunca llegó a contarle nada de la estrella musical de la familia.
“En Brasil vivíamos en esa época una dictadura de derecha, lo que aumentaba aún más nuestra distancia con el bloque comunista representado por la Unión Soviética. Así todo crecí con la historia de un bisabuelo que era cantante y compositor, y que incluso tenía una estatua. En Brasil, el apellido Hašler es poco común, así que no es raro que pregunten por su origen. Y desde chica yo daba siempre la misma explicación: mi bisabuelo era checo, artista y tenía una estatua en su ciudad natal, eso me hacía sentir muy importante”.
La parte exótica de su identidad
En ese sentido enfatiza Gisele que ella mantiene una relación muy especial con el país de sus ancestros.
“La República Checa siempre fue un lugar por descubrir, algo casi exótico dentro de mi propia identidad. Siento un enorme orgullo por tener un vínculo cultural con ese país, cuna de tantas personas fundamentales para la cultura mundial”.
De algún modo no puede evitar sentir una fuerte contradicción que, después de tantos años, terminó por aceptar: por un lado, siente que no pertenece a ese lugar, aunque al mismo tiempo las veces que estuvo en Chequia se sintió casi como en casa.
“Fui dos veces a Praga y, para mí, es como estar dentro de un cuento de hadas. También creo que, por venir del continente americano, del ‘nuevo mundo’, todo ese aire histórico de la ciudad adquiere para mí una dimensión enorme”.
Agrega Gisele que entre todos los atractivos de Praga, quizás lo que más la fascinó fue la Biblioteca de Strahov, con su gran cantidad de mapas y la puerta escondida detrás de la estantería de libros. De todas formas asegura que le cuesta quedarse con un solo sitio.
“El puente es maravilloso con esas estatuas gigantes. Hicimos una cena a la orilla del río que fue maravillosa para celebrar los 18 años de mi hijo. Fue hermoso, muy especial e inolvidable".
Tres países, un solo apellido
Consolidada como artista visual, cuenta Gisele que actualmente la familia está repartida entre tres países: Chequia, Estados Unidos, donde se quedaron algunos de sus primos, y por supuesto Brasil, y a pesar de las diferencias idiomáticas asegura que con todos ellos mantiene un contacto muy frecuente gracias a Instagram.
“Y algo que me parece muy lindo es que todos estamos muy orgullosos de nuestro apellido y, entonces, cada vez que alguien va y se saca una foto con la estatua, los demás la celebran, ponen ‘me gusta’, mandan corazones; es muy bonito”.
El honor de ser Hašler
“Es un honor inmenso ser Hašler, no solo por la creatividad artística de mi bisabuelo, sino principalmente por los valores tan profundos e importantes que su arte representa”.
Gisele considera que es una cuenta pendiente para ella conocer en profundidad la obra de su bisabuelo, pero asegura que con frecuencia pone en Youtube su famosa canción Po starých zámeckých schodech (“Por las viejas escaleras del castillo”) que le parece una preciosidad y la hace emocionar hasta las lágrimas. También le gusta mucho la enorme valentía que representan sus canciones patrióticas, como es el caso, por ejemplo, de Ta naše písnička česká que él mismo interpreta en la película Písničkář, en la que también actúa además de haber escrito el guion. Esa película cuenta la historia de un patriota checo que incita a la resistencia contra Austria durante la Primera Guerra Mundial y, en cierta medida, recoge también episodios de la propia vida de Hašler en esa época. Por otro lado, esa es la primera película sonora en la que trabaja, pero en realidad ya en tiempos de la Primera Guerra Mundial había actuado en nueve películas mudas.
“Es un honor inmenso ser Hašler, no solo por la creatividad artística de mi bisabuelo, sino principalmente por los valores tan profundos e importantes que su arte representa”.
Mis caramelos
Y ese gran honor no excluye por supuesto la curiosa relación de su bisabuelo con los Hašlerky, unos caramelos tradicionales checos de sabor anisado y mentolado, creados en la década de 1920, cuyo fabricante, František Lhotský, decidió bautizarlos, precisamente, con el apellido de Karel Hašler como homenaje a su enorme popularidad y a su imagen de artista patriótico. Con el tiempo esos caramelitos se volvieron un símbolo nacional: se vendían en todo el país, sobrevivieron a varios regímenes políticos y hoy siguen siendo parte del imaginario cultural checo.
“Amamos los Hašlerky. Ya es una tradición traer un paquete cada vez que alguien de la familia viaja a Praga o a otra ciudad checa".
“Amamos los Hašlerky. Ya es una tradición traer un paquete cada vez que alguien de la familia viaja a Praga o a otra ciudad checa. Incluso tengo un cuadro con uno de los envoltorios que compré cuando estuve allí. Para mí esos caramelos son un orgullo enorme”.
Emoción en las islas de Paraty
Aunque asegura que a veces el aura de su bisabuelo casi le impide poner en palabras lo que significa para ella, explica Gisele que hace unos diez años le pasó algo que tal vez sirva para dar cuenta de su profunda emoción.
“Estábamos paseando en velero por las islas de Paraty, en una zona alejada de Río de Janeiro, y en una de las islas encontramos a un grupo de checos. Como el guía hablaba portugués, le pude contar quién había sido mi bisabuelo. Fue la primera vez que entendí de manera cabal la importancia de Karel Hašler. Los otros checos del grupo, que no hablaban ni inglés ni portugués, se impresionaron mucho al encontrarse con la bisnieta de Karel Hašler en un lugar tan distante. Se sacaron fotos conmigo y, cuando nos fuimos de la isla, todos nos saludaban desde la orilla. Fue realmente emocionante. Ahí fue cuando tuve verdadera dimensión de quién es Karel Hašler”.
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