“Descubrí en Praga la imagen de la ciudad europea perfecta que de niño tenía en mi imaginación”

David Farley en la actualidad y de regreso a Praga

El prestigioso periodista estadounidense David Farley repasa en esta entrevista la nostalgia que lo sigue uniendo a Praga, la ciudad donde vivió en los años noventa, analiza cómo cambió y qué conserva de aquel encanto que transformó su vida, y se detiene en la revolución gastronómica de las últimas décadas: desde las mejoras en la oferta vegetariana hasta el renacimiento de la cocina checa, que recuperó platos tradicionales como los caracoles, relegados al olvido durante el comunismo.

“La primera vez que vi Praga, en 1992, pensé que esta era la ciudad europea con la que había soñado de niño: un castillo en lo alto, un puente gótico, calles empedradas que no son rectas sino curvas. Y creo que Praga hace algo con tu imaginación que te impulsa a ser creativo”.

Tres días. Solo eso necesitó el periodista estadounidense David Farley para quedar fascinado con Praga en 1992, durante un viaje universitario por Europa Central. En ese breve lapso, el autor que hoy publica en medios de primer nivel como The New York Times, National Geographic, BBC, The Guardian y AFAR descubrió una ciudad llena de extranjeros y una energía que lo marcaría para siempre. Volvió a Estados Unidos, terminó la universidad y, sin tener claro qué hacer con su vida, empezó a rondarle una idea que ya no lo abandonaría: mudarse a Europa.

En las calles de Praga en 1995 | Foto: archivo personal

“En ese momento era difícil para un estadounidense mudarse legalmente a Europa, pero me acordé de todos esos estadounidenses, británicos y australianos viviendo aquí, así que pensé: quizá no sea tan difícil vivir en Praga. Y me encantaba Praga, así que, después de graduarme, me mudé aquí en 1995, conseguí un trabajo enseñando inglés en una escuela de idiomas con un nombre horrible: California Sun School, que ya no existe. Enseñé allí tres o cuatro meses y luego empecé a dar clases privadas porque era mucho más rentable, ganaba más dinero enseñando por mi cuenta. Mi plan era quedarme un año, pero terminé viviendo aquí tres años porque la estaba pasando muy bien. Ganaba buen dinero como profesor de inglés y tenía un gran departamento en Vršovice, antes de que se pusiera de moda”.

Zona libre de confort

Agrega David que su decisión de instalarse en Praga nació del deseo de dejar Estados Unidos y experimentar un lugar que lo sacara de su zona de confort: lo suficiente para sentir el desafío, pero no tanto como para desestabilizarlo. Sin embargo, tras vivir tres años allí, la ciudad dejó de resultarle desafiante y entendió que necesitaba otro reto. Aun así, asegura que, en aquellos años, Praga era mucho menos confortable de lo que es hoy.

David Farley en Praga en 1995 | Foto: archivo personal

“La comida no era muy buena, el café tampoco y la cerveza siempre fue buena. La gente era un poco… indiferente. No eran groseros ni malos, simplemente había una especie de indiferencia, pero ahora todo ha cambiado muchísimo. En aquellos días, yo era un gran defensor de la idea de que Praga debía volver a ser la hermosa capital de Europa Central, como lo había sido en la Primera República, y ahora la verdad que lo es, y está genial, pero, al mismo tiempo, extraño un poco aquellos años noventa, cuando no había tantas reglas porque la gente estaba viviendo un sistema completamente nuevo: el capitalismo y la democracia. Y muchos aquí no sabíamos realmente qué estaba pasando. Todos parecíamos un poco perdidos, había una sensación de incertidumbre en ese momento. Siempre hay incertidumbre en la vida, pero construimos sistemas para crearnos una ilusión de certeza. Durante la pandemia, en la primavera de 2020, esos muros de certeza se derrumbaron y, por eso, mucha gente tuvo tanto miedo: porque no sabían si en dos meses iban a tener trabajo o iban a estar vivos. Y siento que, a comienzos y mediados de los años noventa, en la Europa poscomunista, todos vivían esa misma sensación de incertidumbre porque nadie sabía exactamente hacia dónde íbamos, ni si íbamos a ser arrastrados por ese cambio, estaban acostumbrados a otro sistema y yo, como joven estadounidense viviendo aquí, también pensaba: ‘No sé qué va a pasar con mi vida aquí’. Pero me encantaba vivir aquí. Era muy feliz”.

La Praga de los 90 | Foto: archivo personal Mark Baker

Cuentos praguenses

A pesar de que hace ya muchos años que se cerró aquella etapa viviendo en Chequia, David regresa una o dos veces al año a su amada Praga, ciudad sobre la cual escribe regularmente artículos sobre gastronomía y viajes, y a la que le dedicó nada menos que un libro, Traveler’s Tales Prague, que reúne textos de autores checos y extranjeros que vivieron también en Praga o quedaron, por distintos motivos, enamorados de la ciudad.

En Praga en 1997 | Foto: archivo personal

“Ya sabes, está esa famosa frase de Kafka: ‘esta madre tiene garras’, y Praga ha tenido sus garras sobre mí desde que me fui en 1998: siempre sentí esa sensación de que yo pertenecía a Praga, o que alguna parte de Praga estaba en mí. Y así, once años después de haber vuelto a Estados Unidos, publiqué ese libro, tratando de volver a poner mi mente en Praga”.

El libro reúne textos valiosos de autores como Václav Havel, Josef Škvorecký y Bruce Chatwin, y cuenta además con un prólogo de Ivan Klíma. Farley explica que, gracias a un amigo que dirigió durante décadas el Prague Summer Writing Workshop, logró contactar al escritor para que aceptara escribir la introducción; incluso llegó a reunirse con él tanto en su casa como en una taberna, y hasta lo incluyó en un artículo para The Washington Post sobre gastronomía y viajes, aun cuando Klíma no tenía absolutamente nada que ver con el tema, simplemente porque quería pasar tiempo con él. En cualquier caso, aquel libro que Farley editó es otra muestra del extraordinario magnetismo que Praga ejerce en escritores de todo el mundo.

La imagen de la ciudad europea perfecta

La portada de su antología sobre Praga | Foto: ThriftBooks-Phoenix

“Es cierto. Creo que se debe a que aquí hay una tradición literaria checa realmente fuerte. Si no existiera, sería distinto; hay ciudades que no tienen una tradición literaria tan marcada y, en consecuencia, los escritores no suelen ir allí. En cambio, la gente viene a Praga para sentirse inspirada porque, en el pasado, muchos escritores checos y también germanoparlantes como Franz Kafka encontraron inspiración aquí. Creo que eso influye mucho. Además, la ciudad en sí misma tiene algo especial. La primera vez que vi Praga, en 1992, cuando estaba en la Plaza de la Ciudad Vieja o cruzando el Puente de Carlos, pensé que era, para mí como estadounidense, la ciudad europea con la que había soñado de niño: un castillo en lo alto, un puente gótico, calles empedradas que no son rectas sino curvas. Era exactamente la imagen de la ciudad europea perfecta que tenía en mi imaginación. Y creo que Praga hace algo con tu imaginación que te impulsa a ser creativo”.

El renacimiento de la cocina checa

“Hay chefs que están redescubriendo platos checos que habían desaparecido durante el comunismo y los están devolviendo al menú. Me encanta la historia del renacimiento de la cocina checa en los últimos quince o veinte años”.

En cuanto a los cambios más importantes que, en relación a la gastronomía, hubo en la ciudad él destaca sobre todo el que refiere a las verduras.

“Cuando Anthony Bourdain hizo un episodio de su programa aquí, llamó a Chequia ‘la tierra que se olvidó de las verduras’, y era bastante cierto. Cuando yo vivía aquí en los noventa, conocía vegetarianos y lo único que podían comer era Šopský salát o Smažák. Hoy, aunque en los pubs checos todavía no abundan las verduras, sí hay platos y muchísimos restaurantes vegetarianos. Así que ya no es verdad que no puedas encontrar verduras, aunque a veces tengas que buscarlas un poco. Acabo de estar en Pilsen, České Budějovice y Žatec y es cierto que en algunas ciudades sigue siendo más difícil encontrar platos con verduras, pero en Praga es muy fácil. Hay muchos checos vegetarianos ahora, gente que vive aquí y no come carne, así que la demanda es mayor. Y creo que los chefs checos están cambiando la cocina, la están haciendo un poco más saludable.

Smažák | Foto: Barbora Němcová,  Radio Prague International

La escena gastronómica me parece excelente; escribo mucho sobre ella y propongo artículos a mis editores porque realmente creo que es fantástica y que ha avanzado muchísimo desde los años noventa. Durante el período comunista, el gobierno tenía un libro llamado Recetas para comidas calientes, y si eras chef tenías que cocinar según ese libro que solo incluía ingredientes compatibles con el socialismo, así que muchos platos quedaban afuera.

Foto: Patrik Rozehnal,  Český rozhlas

Por ejemplo, los caracoles, que eran populares en la Primera República, desaparecieron porque no encajaban en el sistema. Pero chefs como Oldřich Sahajdák de La Degustación Bohême Bourgeoise encontraron viejos recetarios del siglo XIX y redescubrieron platos checos que habían desaparecido, y los están devolviendo al menú. Están recuperando la cocina checa perdida durante el comunismo. Es una historia increíble, que me encanta: la historia del renacimiento de la cocina checa en los últimos quince o veinte años”.

La nostalgia es una droga

Asegura David que cada vez que vuelve a Praga visita sin falta tres restaurantes: Pho 100, Výčep y Hostinec Na Výtoni, donde sirven sobre todo pato, pero en cada viaje siempre intenta descubrir algo nuevo para no dejarse dominar por la nostalgia.

“Praga para mí es como una droga, porque la nostalgia es una droga. Y Praga siempre me provoca una sensación profunda de nostalgia porque tengo una historia muy larga aquí y Praga realmente cambió mi vida cuando vivía aquí, cambió la manera en que miro el mundo, cambió lo que quería hacer con mi vida, cambió la dirección en la que quería que fuera mi vida. Así que creo que una de las razones por las que regreso es porque siento esta nostalgia por el lugar. Y realmente disfruto caminar por la ciudad: creo que cada vez que camino por Praga, paso por una esquina, una puerta, un pasaje o una tienda con la que tengo alguna historia. Veo un edificio y pienso: ‘Ah, tenía un estudiante que vivía ahí y yo le daba clases en su departamento’. O paso por un lugar y pienso: ‘Aquí había un bar al que venía una vez por semana con mis amigos’, y recuerdo alguna experiencia que tuve aquí”.

La mejor cerveza del mundo

La mejor cerveza del mundo | Foto ilustrativa: Lenka Žižková,  Radio Prague International

En relación a eso, asegura que, además de ser la típica ciudad europea que tiene todo lo que uno se imaginaba de chico, en la actualidad Praga se volvió también un lugar increíblemente habitable, a tal punto que admite que le encantaría volver a vivir aquí porque es lo suficientemente grande como para ofrecer todos los placeres de una ciudad cosmopolita, incluyendo óperas, grandes conciertos de pop y rock, deportes y buena comida, pero a la vez no es tan grande como para abrumarte, algo que sí le sucede ahora en Nueva York conviviendo con nueve millones de personas. Y como si eso fuera poco, tiene además la mejor cerveza del mundo.

Los tres estilos más conocidos en la RCh son šnyt,  hladinka y mlíko | Foto: Danny Bate,  Radio Prague International

“No tomo mucha cerveza en Estados Unidos porque no saben servirla con su capa de espuma y, además, la cerveza no es tan buena. Y la cerveza checa fuera de la República Checa —o fuera de Europa— tampoco es tan buena porque no viaja bien. Pero beber cerveza en la República Checa es increíble, y tomo cerveza todos los días cuando estoy en Praga porque es realmente extraordinaria. El único otro lugar donde tomo cerveza es en España, porque mi esposa es española y allí también saben servirla, igual que aquí. Así que, en resumen, solo tomo cerveza cuando estoy en la República Checa o en España”.

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