Núria Mirabet i Cucala: entre los guisantes de Praga, el humor de Hrabal y el nacimiento de Chequia

Núria Mirabet i Cucala

Cuando Núria Mirabet decidió aprender una lengua eslava, no imaginaba hasta dónde la llevaría aquella elección. Décadas después, ha traducido a algunos de los autores más importantes de la literatura checa y conserva un vínculo profundo con un país cuya transformación histórica vivió en primera persona. En esta entrevista conversamos con ella sobre ese recorrido y sobre la República Checa que conoció a principios de los años noventa.

Las traducciones de Núria Mirabet  | Foto: Kristina Kellnerová,  Radio Prague International

Núria Mirabet i Cucala es una traductora catalana que, a lo largo de su trayectoria, ha traducido obras del francés, italiano, alemán, checo y castellano. Sentados en una pequeña terraza de Horta, en Barcelona, conversamos con ella sobre su vida, su relación con la República Checa y su trabajo como traductora. La primera pregunta era inevitable: ¿cómo llegó una filóloga catalana al checo, una lengua tan alejada de las que ya dominaba?

“Me di cuenta de que hablaba cuatro lenguas románicas y una germánica, y pensé: ‘Bueno, ahora toca una eslava’. Entonces me pregunté cuál podía aprender. No quería estudiar un alfabeto nuevo, así que buscaba una lengua eslava que utilizara el alfabeto latino. Tenía una amiga checa —a la que, por cierto, hace siglos que no veo— y pensé: ‘Pues checo, así podré practicar con ella’. El problema era que su marido no hablaba checo y al final apenas pude practicar más que cuatro tonterías. Pero sí me ayudó porque fue ella quien me indicó dónde podía aprender checo en la República Checa”.

Los libros de checo  | Foto: Kristina Kellnerová,  Radio Prague International

La elección parecía razonable. Lo que no sabía entonces era la magnitud del desafío que tenía por delante. Sin embargo, abandonar nunca fue una opción. Una vez tomada la decisión, estaba convencida de que acabaría aprendiendo la lengua, mejor o peor.

“Soy un poco temeraria. No tenía ni idea de dónde me estaba metiendo. Sabía que era una lengua flexiva, pero pensaba: ‘Bueno, como el alemán’. Y luego descubrí que no tenía nada que ver. En alemán declinan el artículo y el adjetivo, pero basta. En checo... quien me escuche ya sabe que es una cosa imposible”.

A lo largo de los años realizó varios viajes a la República Checa, incluidos dos periodos de estancia más prolongados que le permitieron sumergirse en la lengua, la cultura y la vida cotidiana del país. Pero era otra época, y antes de las aplicaciones móviles, los vídeos en internet y los cursos interactivos, aprender un idioma extranjero exigía una buena dosis de paciencia. Los primeros materiales de Núria procedían todavía de la antigua Checoslovaquia socialista.

Los libros de checo  | Foto: Kristina Kellnerová,  Radio Prague International

‘Mis primeros cursos de checo fueron con unos libros que se editaban durante la época socialista para los estudiantes extranjeros que iban a estudiar a Checoslovaquia. Eran unos cuadernos ciclostilados, escritos a máquina, con dibujos bastante primarios. Con eso empecé a estudiar checo. Primero hice un curso de verano en Mariánské Lázně. Después fui a Olomouc, luego a Praga y también a Brno. Lo pronuncio fatal, nadie me entiende, pero me refiero a la capital de Moravia’.

Aquellos cursos fueron también una primera puerta de entrada al país. Una puerta que terminaría abriéndose de par en par con sus sucesivas estancias en territorio checo.

¿Otra lata de guisantes? Praga tras la caída del comunismo

La primera vez que Mirabet llegó a Checoslovaquia fue en 1991, apenas dos años después de la Revolución de Terciopelo. De aquel viaje recuerda con claridad algunas de las experiencias que más le sorprendieron.

Aquella vez en Praga | Foto: public domain

“Nunca había estado en un país comunista y vi exactamente lo que me habían contado. Entrabas en una tienda y nadie te atendía. Recuerdo que estuve unos días en la Dlouhá třída de Praga y había un supermercado Samoobsluha. En el escaparate tenían una lata de guisantes, otra lata de guisantes, otra lata de guisantes... Entré y los estantes estaban llenos únicamente de latas de guisantes. También recuerdo que, si querías un helado, cada día tocaba uno distinto: un día de vainilla, otro de albaricoque... y así”.

Las escenas cotidianas le permitían observar de primera mano una realidad muy diferente a la que conocía en España. Algunas diferencias aparecían en los lugares más inesperados.

Foto: Radio Prague International

“Conocí a profesores de español de universidades checas y me contaron que habían ido a Cuba a hacer sus prácticas. No debería haberme sorprendido, pero me llamó mucho la atención. Luego entendí que todos esos intercambios se movían dentro del mundo de los países comunistas. También me sorprendió la cantidad de vietnamitas que había. Claro, luego entendí, ¿dónde van a ir los vietnamitas? Pues a un país comunista, ¿no? Pero es algo que no me esperaba. Y otra cosa que me llamó la atención fueron los polotovary, los productos semipreparados”.

A través de detalles aparentemente pequeños —un supermercado, un helado, un mercado o una conversación casual— Mirabet iba descubriendo las particularidades de una sociedad que acababa de iniciar una transformación histórica.

Vivir el nacimiento de la República Checa

Y apenas unos meses después de su llegada, Núria fue testigo de otro momento histórico: la desaparición de Checoslovaquia y el nacimiento de dos nuevos estados.

“Cuando se separaron la República Checa y Eslovaquia, yo vivía en Praga. Me fui antes de Navidad y en mi pasaporte ponía ‘Checoslovaquia’. Cuando regresé después de Reyes, en el sello ya ponía ‘República Checa’. Entonces ninguno de los dos países formaba parte de la Unión Europea, así que cada vez que entrabas o salías te sellaban el pasaporte”.

Las traducciones de Núria Mirabet  | Foto: Kristina Kellnerová,  Radio Prague International

Con el tiempo, Núria Mirabet llegó a dominar el idioma y se convirtió en una de las pocas traductoras del checo al catalán y al castellano. Entre los autores que ha traducido figuran nombres fundamentales de la literatura checa como Karel Čapek, Bohumil Hrabal o Karel Jaromír Erben. Le preguntamos entonces por sus primeras impresiones al descubrir aquella literatura.

Una cita con Čapek y Hrabal

“Con Čapek me di cuenta de que era un autor que pretendía situar la literatura checa dentro de la literatura europea, o incluso universal. Y Hrabal, además de su sentido del humor, me fascinaba porque retrataba un mundo muy concreto: el del comunismo. Hablaba de cosas que para mí resultaban extrañas porque pertenecían a otra realidad. Yo nací en una dictadura, pero comprendí enseguida que la dictadura franquista y la dictadura comunista no tenían nada que ver”.

Aquellos descubrimientos literarios no se quedaron solo en su ámbito profesional. Mirabet se convirtió también en una entusiasta divulgadora de la literatura checa entre sus amigos y conocidos en Barcelona.

La traductora como embajadora cultural

“Yo regalaba mis traducciones a mis amistades. En realidad lo hacía con los libros de cualquier lengua: compraba muchos ejemplares y los iba repartiendo. A la gente le sorprendían porque era una literatura que no conocían. Hay un libro que ha tenido muchísimo éxito: Válka s mloky (La guerra de las salamandras). Es una novela que gusta mucho y se lee en numerosos clubes de lectura de Barcelona. Una vez me invitaron a una biblioteca para hablar de él”.

La historia de Núria Mirabet es, en el fondo, la historia de una curiosidad que nunca se agotó. Lo que comenzó como el deseo de aprender una lengua eslava terminó convirtiéndose en una dedicación de toda una vida. Gracias a su trabajo, autores checos fundamentales encontraron nuevos lectores en Cataluña y España. Y gracias a esa misma curiosidad, una lengua que un día le pareció casi imposible acabó convirtiéndose en una ventana privilegiada para comprender otro país, otra historia y otra manera de mirar el mundo.

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