Un símbolo de valentía y unión de checos y españoles: Madrid inaugura un monumento a František Suchý
Un monumento al coraje y la humanidad de František Suchý fue descubierto este viernes en Madrid. Burlando a la Gestapo, el director del Crematorio de Strašnice de Praga logró salvar del olvido las cenizas de más de dos mil combatientes contra el fascismo y miembros de la resistencia, entre ellos, siete españoles.
Al mediodía de este 29 de mayo, más de 80 años después del final de la Segunda Guerra Mundial, a orillas del río Manzanares y junto al puente de Praga de Madrid, se ha inaugurado un monumento que recordará para siempre la valentía y entrega de un héroe olvidado hasta hace poco. František Suchý, contraviniendo las órdenes recibidas de los ocupantes nazis, salvó las cenizas de los miembros de la resistencia ejecutados en la guillotina de la prisión de Pankrác en Praga, pero también las de los fusilados del campo de concentración de Hradištko, cercano a la entonces capital del Protectorado de Bohemia y Moravia. Entre estos últimos había básicamente soldados presos extranjeros que luchaban contra la Alemania de Hitler, y entre estos, siete combatientes republicanos españoles.
Fue gracias a la investigación de varias personas en Chequia y España que se conoció el destino de estos siete españoles desaparecidos, pero ya en el año 2022, y muy en especial al tesón y entusiasmo del profesor de enseñanza secundaria Unai Eguia. No es que la figura de František Suchý no fuera conocida en España, sino que tampoco apenas lo era en Chequia. Por eso, este monumento es de suma importancia, cuenta Unai a Radio Praga Internacional.
“Conocer tanto en España como en Chequia que una persona salvó con su obra, con su resistencia pacífica, cerca de 2200 memorias, es importante no solo para las familias, sino para todo el mundo. Creo que ese es el punto al que tenemos que llegar entre todos: que la obra de František Suchý no sea algo solo nacional, en el caso de Chequia, sino que sea algo “nuestro”, algo que tenemos que homenajear, recordar y estudiar”.
Anton Gandarias y la checa Lucie Hašková son otros de los investigadores a los que agradecer que este viernes se reconozca la figura de František Suchý, al que también se dedicó recientemente un premiado documental.
Popel (Cenizas), del director vasco Oier Plaza, cuenta de forma brillante como Suchý, entonces director del crematorio civil de Strašnice de Praga, tenía órdenes de la Gestapo de incinerar todos los cuerpos de los ejecutados que llegaban prácticamente cada noche y hacer desaparecer sus cenizas. En lugar de eso, logró esconderlas en un lugar del cementerio hasta que terminase la guerra, y en el caso de los fusilados de Hradištko, que llegaban con su documentación, separar incluso las cenizas de cada uno en tarros identificados. En el futuro, pensó Suchý, será un consuelo para los familiares de estos luchadores, saber qué pasó con ellos y dónde se encuentran. Por eso se jugó la vida František Suchý y la de toda su familia, que también colaboraba en la operación, especialmente su hijo, también llamado František Suchý.
“Checos y españoles estamos más cerca de lo que parece”
El embajador de la República Checa en España, Libor Sečka, también quedó fascinado con la historia en cuanto la conoció y suyo es el mérito de este monumento, por el que ha luchado durante años.
“Es un proyecto que tengo desde mi llegada, desde prácticamente los primeros días, que es cuando me enteré de la investigación que estaban haciendo en el País Vasco, sobre todo. Y eso me dio la idea de trabajar con este símbolo y aprovecharlo para acercar los dos países por medio de esta historia, de estos héroes, para decir: "Mira, los checos y los españoles tenemos ejemplos del pasado que muestran que estamos, o que nos sentimos, muy muy cerca. La inauguración de la estatua es parte de eso que se llama “vecinos sin frontera común”, para dar a conocer a los españoles que los checos somos más cercanos que lo que pueden pensar”.
Dice Sečka que a pesar de la modestia natural de los checos, no le queda más que reconocer que es algo histórico haber conseguido instalar este monumento en Madrid, para el que también ha sido indispensable la colaboración del mecenas checo Jan Telenský.
“Puedo decir con la conciencia tranquila que jamás haría lo que hizo František Suchý”
Sečka y Telenský tenían claro que la estatua la tenía que hacer el escultor Jakub Vlček, que tampoco conocía de antemano a František Suchý, según contó a RPI.
“Tengo una relación muy especial con este tema, porque cuando nació mi primer hijo, básicamente dejé de ver, o tuve que dejar de ver, todas las películas sobre guerras, violencia… Y aunque me interesa la temática cristiana, por ejemplo, los Santos Inocentes o la pintura gótica, eran cosas que ya no podía soportar, era demasiado para mí.
Pero, la ayuda, la humanidad, me son muy cercanas y no conocía la historia de František Suchý. Mi profesión como escultor es muy interesante porque te dan un tema y tienes que profundizar en él, explorarlo e investigarlo, ya que tienes que expresar todo el mensaje en una estatua, que no se mueve, es estática; tienes que plasmar ahí todo el acontecimiento. Así que tienes que conocer la historia a la perfección y, básicamente, contarla en una sola frase”.
El escultor fue el siguiente en quedar cautivado por la dramática historia y sus protagonistas antes de plasmarla en metal y piedra.
“La historia en sí me parece increíble. Cuando trabajas en algo durante mucho tiempo y reflexionas sobre ello, inevitablemente surge una confrontación, y puedo decir con la conciencia tranquila que jamás haría lo que hizo František Suchý. Jamás lo habría logrado. Y no es por una sola razón, sino por varias. También está relacionado con el nacimiento de mi hijo y la toma de conciencia de la gran responsabilidad que tengo con las personas que me rodean. No es solo la historia de František Suchý, sino también la historia de esas personas que lo rodeaban. Es una historia de increíble confianza en la gente y en una buena causa, pero es casi incomprensible por lo mucho que arriesgaron. Porque si se descubriera una sola parte de lo que estaba pasando, inmediatamente tendrían una bala en la cabeza. Todos. No estaba arriesgando solo su vida, sino también la de su mujer, su hijo… Pero también sus compañeros en el crematorio. Por eso siempre insisto en que esta no es solo la historia de František Suchý”.
Y como no es solo la historia de František Suchý, en su escultura no solo aparece él, sino también cientos de las víctimas de los nazis a los que él rescató del olvido.
“František Suchý no solo salva unos restos humanos, sino la memoria de esas personas y eso es lo que he intentado componer. Él aparece vestido como un funcionario, que es lo que era, y tiene los brazos abiertos, extendidos. Es básicamente una demostración de apertura de uno mismo, revelarse a sí mismo, ser realmente puro. Los retratos de esas personas descansan sobre sus brazos. Algunos retratos son ficticios, porque sus retratos no se han conservado, pero también hay personas que son realmente las víctimas. Él salvó su memoria, así que para mí esa memoria es una especie de huella, una huella en los demás, la persona vive porque tiene su alma, esa huella, en los demás”.
Las cenizas de una persona incinerada pesan entre 3 y 4 kilos, como investigó Vlček. ¿Cómo fue posible esconder tantas cenizas a la Gestapo?, se pregunta el escultor.
“Una persona alcanza hasta donde alcanza, y hasta ahí puede llegar su ayuda”
El número de víctimas que aparecen en la escultura son en realidad solo una décima parte del total. Aparecen con los ojos cerrados porque “cuando cierras los ojos, puedes recordar mejor a la persona en la que estás pensando. Están retratadas de forma positiva”, dice Vlček.
František Suchý aparece destacado con los brazos abiertos en cruz.
“Los retratos están hechos en relieve y quedan encima de los brazos extendidos de Suchý. Pero no más allá. Esto simboliza que una persona puede cargar o hacerse cargo de tanto como es capaz. A veces más y a veces menos, pero no más que eso. Por eso, la carga recae sobre sus hombros y sus brazos, desde la punta de los dedos de una mano a los de la otra. Una persona alcanza a donde alcanza, y hasta ahí puede llegar su ayuda, ese es su límite”.
Pero también hay víctimas bajo esos brazos en cruz.
“Después de la guerra, la situación que se dio es que empezaron a traer víctimas de nuevo, pero esta vez del régimen comunista, no del fascista. Así que no hay una división entre víctimas de abajo y encima, sino una especie de simbolismo de que esas manos también tienen un poder protector. No solo aguantan cierto peso, sino que protegió a las víctimas de la destrucción y el olvido. Protege a esas víctimas, entre comillas, con el alcance de su personalidad”.
El propio hijo de Suchý fue también condenado por el régimen comunista y pasó largos años en la cárcel por formar parte de la conocida como “tercera resistencia”.
¿Los brazos en cruz de Suchý son un símbolo religioso?
“Se puede interpretar de forma religiosa o simbólica. Si fuéramos solo racionales y no tuviéramos un código moral, nos comportaríamos de forma completamente distinta a como lo hacemos. Y para mí, František Suchý representa algo que va mucho más allá de cualquier aspecto racional, un pilar moral inquebrantable, sin concesiones. Es lo del dicho popular: “Carga con tu cruz y sígueme”. Cada uno tiene su propia tarea, sus propios sufrimientos, y en eso nadie te puede ayudar. Por eso está presente el simbolismo de la cruz. Pero tiene muchas interpretaciones y simbolismos, y cada persona puede encontrar lo que siente, aunque expresa algo concreto. No es confuso. Si alguien dice: "Esto es cristiano", bien, de acuerdo. Y si otro dice: “Era un funcionario que hizo lo que hizo y tiene los brazos extendidos”, también está bien".
La estatua es de bronce, pero la base es de granito no pulido, rugoso, granulado, en el color de las propias cenizas, una referencia casi obligada.
“Se convertirá en un símbolo”
A la inauguración asistieron el teniente alcalde de Madrid, Borja Fanjul, así como la gobernadora de la región de Bohemia Central, Petra Pecková, donde se encontraba el campo de concentración de Hradištko en el que encontraron la muerte los siete republicanos españoles. También viajó a Madrid para el evento la viceministra de Relaciones Exteriores, Marie Chatardová.
Y, por supuesto, el filántropo Jan Telenský y el embajador Libor Sečka, de quien Unai Eguia destacó su entrega para que este monumento se hiciera realidad.
“Desde luego, siento una gran gratitud hacia una persona que es el embajador de la República Checa en Madrid, Libor Sečka, que ha trabajado muchísimo en esto desde que supo de esta historia. Nos ha ayudado mucho y él pensó en erigir esta escultura. Y también siento emoción de tener en Madrid ese ejemplo de resistencia pacífica, que será reconocido y conocido, que es lo más importante para mí”.
Si Suchý salvó del olvido a miles de víctimas del nazismo, Unai tiene ahora mucho que ver con que el propio Suchý sea recordado.
“Es un ejemplo que a partir de ahora se convertirá en un símbolo. Me parece que a través de este trabajo y este compromiso de la Embajada checa en España se va a conseguir convertirlo en un símbolo. Símbolo de una persona que con su trabajo puede contribuir a la lucha contra el totalitarismo o la dictadura”.
La vuelta a casa de los españoles de Hradištko
Y así, Rafael Moyà, Enric Moner, Ángel Lekuona, Antonio Medina, Pedro Raga, Vicente Vila-Cuenca y Antonio Clemente, están al fin de vuelta en España, dice el embajador, Libor Sečka.
“En cierto modo es, y eso me gusta muchísimo, la vuelta de los españoles a Madrid, que es la capital de su país, de su tierra. Porque ellos están enterados en Praga, no se pueden ya sacar del suelo porque estaban en unas urnas metálicas que ahora ya están destruidas. Pero con esta estatua digamos que su memoria vuelve de nuevo. Jakub lo ha hecho de forma fantástica, artística, que simboliza la valentía del checo, pero también la vuelta después de tanto tiempo de los españoles a su patria”.
Una plaza de la República Checa en Madrid
Los planes del embajador no se quedan solo ahí. El monumento está junto al Puente de Praga de Madrid. Este hace mucho, era un bonito puente así llamado porque llevaba a un templo dedicado a Juan Nepomuceno. Con el tiempo, no quedó ni el templo ni el puente original, sino uno más moderno, mucho más grande y mucho menos estético que atraviesan miles de coches. Pero sigue llamándose Puente de Praga. La idea de Libor Sečka es crear allí un espacio más agradable dedicado a la República Checa.
“Eso es todavía es como un plan. A nosotros nos gustaría crear ahí como un espacio, una plazuela de la República Checa, porque está al lado del puente de Praga. Tenemos muy buena relación con el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, que es una persona excelente que ha entendido desde el principio el proyecto y me ha ayudado muchísimo. Sin su ayuda no hubiéramos podido llegar hasta aquí. Pero también con la presidenta concejala de Arganzuela, Lola Navarro, que es una persona con gran corazón y entendimiento. Lo que quiero decir con esto es que tenemos ahora una relación muy bien establecida con los actores principales aquí en Madrid y quizás podemos hacer algo en el futuro hasta con el puente. El puente ahora me parece un poco gris, un poco abandonado, demasiado común. Pero como se llama Puente de Praga, quizás podría tener algunas huellas de Praga. Claro, ahora estamos antes de elecciones municipales en Praga. En octubre se va a elegir el nuevo ayuntamiento de Praga y quizás con el nuevo ayuntamiento y el nuevo alcalde podemos pensar juntos en cómo convertir toda esa parte, incluyendo la estatua y el espacio adyacente, en algo más profundo que simbolice la relación entre Praga y Madrid, entre la República Checa y la capital española”.
“Esta estatua no está dirigida al pasado, está muy bien dirigida al futuro”
František Suchý estará, casi medio siglo después de su muerte en 1982, llevando un mensaje de humanidad, de entendimiento y cercanía entre naciones y personas justas. Y de paso, ayudando a estrechar más los lazos entre Chequia y España.
“Lo que hemos notado aquí al llegar, hace ya 3 años, es que faltaba un poco un marco desarrollado, tanto simbólico como institucional, de la relación checo-española. Y si no existe esto, es difícil confirmar la confianza, ¿no? Si se sabe bien que existe esta cercanía, que existen los símbolos, que existen los contactos de los políticos, etc. entonces, también las empresas tienen mucha más confianza para dar los pasos correspondientes para la colaboración, pero también pasa lo mismo para instituciones educativas, administraciones regionales, centros científicos... Y esa es la idea: con esta estatua dar el impulso a la relación checo-española, despertarla un poquito más, mostrar lo que podemos hacer, nuevos horizontes, nuevas posibilidades, oportunidades. Esta estatua no está dirigida al pasado, está muy bien dirigida para el futuro”.
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