“EE.UU. me dio una buena vida, pero mi sangre es mexicana y siempre elegiré esa selección”
Tras el descenso del Dukla Praga, el joven mediocampista Diego Velásquez habló con RPI sobre su primera temporada en el fútbol checo y los problemas de adaptación que debió superar, inspirado por la historia de un club cuya máxima figura fue nada menos que el mítico Balón de Oro Josef Masopust. Además, reafirmó su sueño de vestir algún día los colores del Tri.
La presencia de identidades transnacionales ya no se limita al mundo del trabajo remoto o los nómadas digitales. A tono con el próximo Mundial, que por primera vez se disputará en tres países a la vez, esa lógica de pertenencias múltiples también empieza a transformar profesiones históricamente más territoriales, como el fútbol. Un ejemplo clarísimo es el de Diego Velásquez: mediocampista de padres mexicanos que, sin embargo, nació en Chicago y, desde hace un año y medio, juega en el Dukla Praga. Su recorrido resume una tendencia cada vez más visible en el deporte rey: jugadores con raíces fluidas que construyen su carrera lejos del país que figura en su acta de nacimiento.
“Al principio jugué con Chicago Fire. Después tuve pruebas en el Hajduk Split y estuve allí dos meses. Más tarde fui al Club América, donde pasé un mes. En ese momento tenía la opción de volver al Hajduk, pero todavía no tenía pasaporte europeo, así que no se pudo. Intentaron gestionarme algo en España, pero tampoco funcionó, así que regresé al América. Con el tiempo sí obtuve el pasaporte, pero estaba en un proceso porque había un problema con mi apellido: antes era Velázquez con Z y ahora es con S. Ese trámite se hizo largo. Entonces apareció Martin Hašek, que es el director del Dukla, y me dijo: ‘¿Por qué no intentas venir a República Checa? Ya vas a cumplir 18.’ Y así fue como elegí venir a la República Checa”.
Dukla Praga: un equipo de armas tomar
A pesar de que terminó eligiendo Chequia, afirma Diego que disfrutó mucho ese mes en el América porque tiene a gran parte de su familia cerca del predio donde entrena ese equipo en la Ciudad de México. Y si bien ya está bastante identificado con los colores del histórico club Dukla, Diego había empezado fichando, en realidad, para otro equipo checo.
“En 2022 jugué aquí en un campamento e hice una prueba frente a Martin Hašek, el director del Dukla. A él le gustó cómo jugaba y me llevaron a Pardubice, que también es un equipo de la liga, y me firmaron un contrato profesional allí. Pero estaba jugando con la Sub‑19, con el equipo B y entrenando con el A, aunque no tenía la posibilidad de participar en los partidos. Entonces Martin vio que no estaba jugando y sabía que yo tenía talento. Platicaron con Pardubice y gestionaron un traspaso para que yo llegara a Dukla, y así fue como me cambié al Dukla”.
De Dukla Praga, además de su entusiasta afición, su curioso origen vinculado al ejército checoslovaco y el hecho de que por allí pasara —en sus inicios— nada menos que Pavel Nedvěd, hubo algo que a Diego le llamó poderosamente la atención.
“No sabía que tenían a un balón de oro que fue Josef Masopust, y en el estadio tienen, de hecho, su estatua y una imagen con Eusébio de Portugal y sí, es una locura, no sabía que tenían todo esto en este equipo”.
Bajar es lo peor
Aun con semejantes pergaminos, lamentablemente el Dukla Praga no pudo evitar la crónica algo anunciada de su descenso, que se terminó de decretar este domingo al perder por tres goles frente al Baník Ostrava con un detalle realmente particular: los tres goles del equipo visitante fueron, en realidad, goles en contra.
“Voy a ir a mis vacaciones pensando que, si me quedo, vamos a tener que pelear y pelear porque tenemos que subir otra vez. Tuvimos el juego con Teplice, antes de Baník y teníamos que ganarlo porque si ganábamos nos quedábamos y teníamos que jugar los dos partidos del repechaje, pero a un jugador le sacaron la tarjeta roja y yo le dije a todos mis compañeros que, sin esa tarjeta roja, habríamos podido ganar porque teníamos el control de ese juego, pero luego nos sacaron la tarjeta roja y ahí se puso difícil porque estás jugando con un jugador menos y nos echaron dos goles y luego tuvimos que jugar contra Baník Ostrava, que es un equipo bien grande y en ese juego ellos contaron con seis mil aficionados de Ostrava, por lo que era como si fuéramos visitantes”.
La vida en Chequia de un futbolista mexicano
En esas vacaciones lamentablemente adelantadas, Diego visitará a sus respectivas familias en Chicago y en México, justo durante la época del año en que Chequia le resulta más atractiva.
“En el verano está bonito, a mí me gusta el caliente cuando el sol está afuera, eso me gusta. Pero en el invierno es muy difícil, está bien frío. Y estando lejos de mi familia es difícil porque con mi mamá y mi papá somos muy cercanos. Y ahora los tengo bien, bien lejos; y, por la diferencia horaria, cuando me levanto, ellos están durmiendo y, cuando yo me duermo, ese día está empezando para ellos, y eso me duele un poquito. Pero cada vez más y más estoy aprendiendo y, pues, es difícil”.
Como la distancia es muy importante y los pasajes muy caros, lamenta que sus padres aun no fueran a visitarlo, aunque sí contó con la presencia de sus hermanos. Y entre esas dificultades por las que tuvo que pasar para adaptarse un lugar muy preponderante corresponde al idioma checo y su inapelable fama de idioma complicado.
“No me querían poner de titular porque soy joven y extranjero”.
Diego Velásquez
“Hablan puro checo, y para mí es muy difícil aprender y entender, pero también las personas son medio... no platican mucho, pero a mí me gusta porque Praga está bien bonito y conocí a unos checos, y aprendí poquito a poquito el checo, y sí, me gusta”.
Sorprendido también por la cantidad de checos que hablan español, asegura Diego que comprende el idioma local más de lo que lo habla, pero por suerte vive cerca de una familia de checos que siempre lo invita a comer y ahí trata de aprender un poco más el arte de las declinaciones.
Un jugador todoterreno
En cuanto a lo futbolístico, más allá del descenso y ese simbólico derecho de piso que dice tuvo que pagar al llegar al plantel, él se siente satisfecho con el nivel que mostró, sobre todo, en los últimos tres partidos de una temporada en la que metió dos goles en un total de diecisiete partidos.
“No me querían poner de titular porque soy joven, extranjero..., pero ya conocen mi talento y yo tengo mucha confianza de que soy buen jugador y puedo cambiar el juego”.
“Todos los checos son altos y fuertes y, si comparas el juego, en República Checa es más físico que en Estados Unidos y México, donde tratan de jugar más”.
Diego Velásquez
Diego Velásquez se define a sí mismo como un número 8 de buen pie al que le gusta jugar por toda la cancha.
“Quiero atacar, quiero tener posición, quiero defender. A mí me gusta hacer todo, a mí me gusta el jugador italiano Sandro Tonali o Gattuso, que les gusta correr, yo corro mucho y a mí me gusta sentir el juego, me gusta dar pases de gol y hasta tirar y defender. Tengo sangre mexicana, por lo que siempre quiero pelear y a mí me gusta eso”.
Y aunque es consciente de que esa característica puede ser su gran diferencial, reconoce que no siempre resulta sencillo imponer esa condición en el contexto del fúbol checo.
“Todos los checos son altos y fuertes y, si comparas el juego, en República Checa es más físico que en Estados Unidos y México, donde tratan de jugar más. O en Argentina. En República Checa no juegan muy, muy bonito, entonces yo, como jugador, tengo cosas diferentes de los checos. Por eso tal vez no tenían mucha confianza en mí, pero Martin Hašek me llamó y me dijo: ‘aquí queremos jugar fútbol, queremos un mediocampista que pueda y quiera jugar’. Y así captó mi atención y terminé firmando aquí”.
Doble nacionalidad, pero una sola pasión
Aunque por el momento no fue convocado por ninguna selección, a pesar de su doble nacionalidad, Diego asegura que tiene muy en claro para qué país le gustaría jugar.
“Desde chiquito mi familia me llevaba a ver los partidos de la selección mexicana en Chicago cuando iban. En mi familia había esa pasión, todos mis primos son México, México. Y yo pienso que nací así, está en mi sangre. Todavía tengo mucho orgullo de Estados Unidos porque me dio una buena vida, pero tengo sangre mexicana y a mí me gusta la pasión mexicana y siempre voy a escoger a esa selección. Estoy abierto, pero siempre México”.
Atención, entonces, Javier Aguirre y Rafa Márquez: aún están a tiempo de sumar a este jugador todoterreno de buen pie y roce checo a la lista definitiva del Mundial 2026.
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