El sueño del Mundial 2026 sigue vivo: Chequia lucha contra la adversidad y doblega a Irlanda en los penales

Jan Kliment (11) celebra con sus compañeros el gol decisivo marcado en la tanda de penaltis

Ahora que pase Dinamarca. Tras un partido muy sufrido y trabado ante Irlanda que se definió en la tanda de penaltis, luego de un empate a dos goles, la selección checa de fútbol avanza en su camino al Mundial 2026 y deberá enfrentar el martes a una gran Dinamarca, con la ventaja de jugar en casa, en Praga.

La selección checa antes del partido contra Irlanda | Foto: David W. Černý,  Reuters

Penal en contra para los checos. Y poco después un autogol. En los primeros 20 minutos contra Irlanda hubo de todo y todo mal para los checos, que quedaron pronto en desventaja, 0-2 en casa. Pero no importó, la selección checa mostró espíritu, garra y sacrificio, que no fútbol, y pudo sobreponerse a todo y lograr su objetivo. Primer escollo superado.

Este martes 31 de marzo a las 20:45 horas. Marquen la fecha y la hora. Y en Praga de nuevo, pero en el Epet Arena, del Sparta, en vez del Fortuna Arena, del Slavia, que sí le trajo fortuna a los checos en esta ocasión.

Dinamarca es el último y muy difícil obstáculo que separa a Chequia del Mundial 2026, tras vencer agónicamente en los penales a Irlanda el jueves por la noche, luego de recuperarse ante la adversidad en un partido que se puso 0-2 cuesta arriba prematuramente, debido a dos situaciones fortuitas y desgraciadas.

Pavel Šulc en el partido de repesca contra Irlanda | Foto: Michal Kamaryt,  ČTK

Un polémico, discutido penalti en el minuto 18, que llegó vía VAR tras varios minutos de espera, y un muy evitable autogol de Coufal en el minuto 22, pusieron el partido, y el sueño del mundial, en peligro para los checos, que debieron nadar a contracorriente. La cosa pintaba mal, muy mal.

Pero en el minuto 24 otro penal y sin recurrir al VAR, esta vez para los locales, por claro agarrón en el área chica, le permitió a Patrik Schick, la  estrella de los checos, poner el descuento y mantener la llama del sueño viva.

Ladislav Krejčí | Foto: David W. Černý,  Reuters

El empate tardó en llegar, pero llegó, en el minuto 85, tras un lanzamiento de esquina que pudo cabecear el capitán Ladislav Krejčí con alma y corazón. Dos a dos. El alargue fue intrascendente y llegó la definición a penales, donde la cosa se puso cuesta arriba de nuevo cuando los checos quedaron en desventaja, debido a un error de Chytil, que marró su penalti y le dio la oportunidad a los irlandeses de aprovechar la ventaja.

Pero justo entonces llegó la hora del cancerbero checo Matěj Kovář, quien se puso la capa de héroe y atajó dos penales irlandeses seguidos, el cuarto y el quinto, para darle la oportunidad a los suyos de marcar y ganar.

Entonces Jan Kliment tenía que sí o sí poner el 4-3 definitivo, toda la presión para él. Y no defraudó.

Matěj Kovář | Foto: Pavel Lebeda,  ČTK

Miroslav Koubek, el experimentado entrenador checo, que curiosamente debutaba en la banca del seleccionado nacional a los 74 años, se mostró conforme con el resultado, que no con el juego, porque como había predicho, esto iba a ser una guerra y las guerras hay que ganarlas como sea.

Patrik Schick celebra con sus compañeros el penalti transformado | Foto: David W. Černý,  Reuters

“No estuvo exento de errores, lo sé, no nos vamos a engañar. Esto es nuevo para mí, llevo poco tiempo y necesito asimilar mejor la situación y aclimatarme. Creo que este primer paso nos fortalecerá. Dije que sería una batalla épica y lo fue. Con un buen final para nosotros, porque el equipo demostró una gran preparación mental y una gran moral. Debo decir que demostramos una gran determinación, porque ir perdiendo 0-2 con tanto en juego es un escenario casi imposible, y lo superamos. En ningún momento el equipo se rindió”.

El nuevo entrenador checo quiso también agradecer a la afición presente en el Fortuna Arena de Praga por el apoyo incondicional brindado a los suyos.

“Quiero destacar y agradecer la presencia y apoyo de los espectadores. Creo que supimos unirnos, y que nos ayudaron tras los desafortunados sucesos del último partido contra Gibraltar en Olomouc. Queríamos devolverles el favor con un triunfo y pudimos hacerlo”.

Jan Kliment,  autor del gol decisivo en la repesca de clasificación europea para la Copa Mundial de la FIFA | Foto: Michal Kamaryt,  ČTK

El seleccionador hizo  así referencia al 6-0 del pasado noviembre contra Gibraltar en Olomouc, cuando los jugadores mostraron una desconexión con las gradas y no agradecieron el apoyo, lo que sí sucedió la noche del jueves, y mucho. Unos jugadores muy agradecidos se mantuvieron varios minutos más, bajo el frío imperante, muy unidos saludando a la afición y cantando con ellos. Hasta el presidente Petr Pavel, presente en las gradas como un hincha más, se dio el lujo de sonreír al final, porque se le vio muy serio y hasta preocupado durante gran parte del encuentro. La sonrisa de la misión cumplida.

Jan Kliment decidió la victoria de los futbolistas checos en la tanda de penaltis de la semifinal de la repesca contra Irlanda | Foto: David W. Černý,  Reuters

A pesar de lo trabado y cuesta arriba que se puso el encuentro, Chequia logró su objetivo y eso es lo único que importa, sostuvo el nuevo capitán checo, Ladislav Krejčí.

“Es normal en un sistema nuevo, que cueste adaptarse, y nos ha costado mucho. Esto puede pasar, lo dijimos al principio del partido. Así es el fútbol. Pero lo que no puede fallar nunca es nuestra actitud, nuestra dedicación y nuestro espíritu de lucha. Lo demostramos en cada situación adversa y fuimos recompensados ​​por ello”.

Ya no están Rosický ni Baroš ni Poborský ni Petr Čech, ni el mejor de todos, Pavel Nedvěd (Balón de Oro en 2003). Ninguno de los buenos jugadores de la generación dorada del fútbol checo, jugadores talentosos y técnicos, pero también físicos (como el gigante Jan Koller) que a punto estuvieron de rozar la gloria en la Eurocopa 2004 y que clasificaron al país para el Mundial 2006 en Alemania, primer y único mundial de Chequia sin Eslovaquia. Veinte años han pasado ya. Ahora  impera el fútbol físico, el pelotazo y el choque, correr y saltar, y Patrik Schick, estrella del Leverkusen, es ejemplo perfecto de ese estilo de juego.

Miroslav Koubek | Foto: Pavel Lebeda,  ČTK

Pero al final lo que cuenta es el triunfo checo ante Irlanda, sufrido, agónico, por los pelos, pero triunfo al fin y al cabo. El sueño del Mundial 2026 sigue vivo, Chequia está más cerca de su objetivo, ahora solo queda el último escollo, Dinamarca, el martes en casa.

Y no será nada fácil, tocará sufrir de nuevo, eso seguro, ya que los daneses son un equipo fuerte, compacto, fiable, que no se ha perdido un Mundial desde 2014, en Brasil, y que acaba de destrozar a Macedonia del Norte por 4-0 para asegurar su lugar en la final del martes contra Chequia, en Letná.

Autores: Mirko Vasić , Gonzalo Núñez | Fuente: Český rozhlas
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