Clementinum: la mítica biblioteca de Praga donde Borges imaginó, en clave kafkiana, a Dios
Entre libros que parecen desafiar el paso del tiempo y relojes que insisten en marcarlo, el Clementinum revela una historia donde Borges, los jesuitas y la era digital se cruzan. Una biblioteca que guarda tanto el pasado manuscrito como el presente fugaz de la web checa, mientras se prepara para festejar —muy pronto— los 250 años desde su apertura al público.
Tal vez en ninguna otra biblioteca del mundo se perciba un contraste tan hipnótico como en la del Clementinum: libros que tienen el poder de detener el tiempo y relojes incansables que lo arrastran hacia adelante. Pese a no haber estado ahí nunca, quien mejor describió esa espectacular biblioteca barroca fue quizás el escritor argentino Jorge Luis Borges, al utilizarla como escenario de su relato "El milagro secreto" para contar la visión de Dios de Jaromir Hladik, un autor judío con varios elementos en común con Franz Kafka. Lo cierto es que el Clementinum, uno de los sitios más visitados de Praga y, a su vez, uno de los más misteriosos, funciona como una especie de libro de arena o incluso un aleph: una biblioteca que parece contener todas las páginas del mundo y condensar todos los momentos de la historia, tal como repasa su actual director Tomáš Foltýn.
“Los comienzos de la Biblioteca Nacional en el Clementinum están vinculados a la historia moderna, al decreto de María Teresa de 1777, con el cual se abrieron al público las colecciones del Clementinum, estableciendo así el primer reglamento de visitas y los horarios de uso. De esa forma, la biblioteca quedó abierta.”
La conexión jesuita
Sin embargo, la historia del Clementinum está ligada, por supuesto, a la orden jesuita, que llegó a tierras bohemias a mediados del siglo XVI por invitación de los Habsburgo con el objetivo de fortalecer la fe católica. Claro que cuando llegaron a Praga no se encontraron con el complejo espectacular que hoy admiran turistas de todo el mundo, sino con un lugar arrasado por las guerras husitas: un monasterio dominico del cual quedaban solo algunos monjes y ruinas. Tras la mudanza de los dominicos, los jesuitas iniciaron un plan de construcción sistemático dividido en tres fases principales, según explica Foltýn.
“La primera tuvo lugar aún en el siglo XVI, cuando necesitaban establecerse aquí en forma de colegio y escuela, y construir la infraestructura necesaria. El segundo gran auge llegó en las décadas de 1650 y 1660, cuando el Clementinum empezó a adquirir el carácter del enorme complejo barroco que hoy conocemos, aunque todavía hablamos de una construcción renacentista. Y el mayor auge se dio recién en la década de 1720, cuando participaron en la obra importantes arquitectos de la época y surgieron las partes más monumentales del Clementinum, entre ellas el conjunto de la Capilla de los Espejos, la Biblioteca Barroca situada sobre ella y, aún más arriba, la Torre Astronómica”.
El gran tesoro del Clementinum
Sede de la Biblioteca Nacional, el Clementinum custodia cuatro obras declaradas patrimonio cultural nacional: el famoso Códice de Vyšehrad, un fragmento de la Crónica de Dalimil, la Biblia de Velislav y el llamado “Pasionario de la abadesa Cunegunda”. No obstante, el fondo es muy amplio e incluye mapas, grabados, impresos antiguos, manuscritos en papiro y también obras modernas fundamentales como Babička (La abuela) de Božena Němcová o Máj (Mayo) de Karel Hynek Mácha. Y así como frente a esas nutridas bibliotecas que, incluso en plena era digital, sobreviven en algunas casas particulares, siempre surge la capciosa pregunta de si su dueño o dueña habrá leído o no todos esos ejemplares, algo parecido sucede con la del Clementinum. Aunque allí la curiosidad adopta un matiz distinto, más histórico y casi detectivesco: la necesidad de rastrear cómo se formó su fondo original durante la época jesuita.
“Se dice que los jesuitas llegaron desde Roma solo con la Biblia. Pero eso es solo tradición oral; probablemente trajeron más libros, ya que los hermanos que llegaron desde Roma eran originalmente doce. En cuanto al crecimiento del fondo, hubo por supuesto donaciones de otros monasterios, aportes de la nobleza y también algunas compras. El fondo se amplió continuamente, y sigue ampliándose hasta hoy. El último gran acontecimiento que puedo mencionar al respecto es la ampliación, entre los años 2006 y 2008, de las colecciones históricas de la Biblioteca Nacional con el patrimonio de los monasterios de Teplá y Cheb”.
“Poca gente sabe que, entre las colecciones de la Biblioteca Nacional, se encuentra también el archivo web, que desde 2001 recopila de manera sistemática el contenido de la web checa: todo aquello que está bajo el dominio .cz”.
Tomáš Foltýn
En cuanto a la adquisición de documentos históricos, los investigadores de la Biblioteca Nacional también se mantienen muy activos, siempre tras la pista de archivos relevantes en todo el mundo. Entre esos últimos hallazgos, Foltýn menciona la compra, el año pasado, y en colaboración con el Ministerio de Cultura, de una serie de manuscritos de Antonín Dvořák en un anticuario de Viena. De hecho, la impresionante colección musical de esta biblioteca incluye también manuscritos de Mozart, ediciones de sus obras y piezas de grandes compositores checos como Bedřich Smetana. Es decir que los investigadores pueden estudiar, por ejemplo, cómo esos grandes músicos escribían sus partituras y comparar sus métodos.
Cuando los que hablan son los hechos
Lo cierto es que, además de su indudable riqueza bibliográfica, la biblioteca del Clementinum es famosa no solo por sus palabras, sino también por sus actos.
“Por ejemplo, durante la Guerra de los Treinta Años, los estudiantes desempeñaron un papel clave al impedir que los suecos cruzaran el puente de piedra hacia este lado del Moldava. Aunque saquearon los palacios nobles del otro lado del río, no lograron entrar en la zona del Clementinum. Otro hecho interesante es el papel del Clementinum en lo que hoy llamaríamos diplomacia cultural. En 1723, durante la coronación de Carlos VI en Praga, el emperador visitó el Clementinum y, al parecer, quedó encantado con su crecimiento y sus colecciones. En su honor se representó, incluso, una obra en el teatro barroco del complejo”.
Desde papiros hasta páginas web
“Tanto los globos terráqueos como los relojes son restos del antiguo Museo Matemático, que formaba parte del colegio jesuita”.
Tomáš Foltýn
En la actualidad, la sala barroca de la biblioteca del Clementinum cuenta con unos 24.000 volúmenes que, a su vez, representan solo una parte de lo que se encuentra en la Biblioteca Nacional a la que pertenece. Agrega Foltýn que las colecciones son casi inabarcables y cubren todas las áreas del conocimiento humano, en múltiples idiomas, ya que el gran objetivo de la institución es preservar la memoria cultural y transmitirla a las futuras generaciones. Por su parte, el número total de documentos supera los 8 millones de volúmenes, y cada año ingresan entre 60.000 y 80.000 nuevos archivos. Y es justamente por esas cifras al borde de lo inverosímil que la Biblioteca Nacional cuenta con un depósito en Hostivař, cuya segunda fase está en construcción y tendrá el espacio suficiente para almacenar libros, al menos durante los próximos treinta años.
“Es importante decir que la Biblioteca Nacional es, en esencia, una institución híbrida: no solo cuidamos el patrimonio cultural impreso, los manuscritos y copias de nuestros antepasados, sino que también nos ocupamos del contenido actual que nace directamente en formato digital. Poca gente sabe que, entre las colecciones de la Biblioteca Nacional, se encuentra también el archivo web, que desde 2001 recopila de manera sistemática el contenido de la web checa: todo aquello que está bajo el dominio .cz. Hoy en día, ese archivo contiene una cantidad realmente extraordinaria de información sobre la época moderna, y confiamos en que será de gran utilidad para las futuras generaciones de investigadores interesados en la historia de nuestro tiempo”.
Reloj, no marques las horas
“El año 2027 será un hito para la Biblioteca Nacional: celebraremos los 250 años de la apertura al público de las colecciones del Clementinum, según el decreto de María Teresa”.
Tomáš Foltýn
A propósito del tiempo, otro hito indiscutible del complejo del Clementinum es su extensa tradición de mediciones meteorológicas que se realizan en el edificio desde hace más de 250 años, hoy en cooperación con el actual Instituto Hidrometeorológico Checo, no solo en lo que respecta a mediciones regulares sino también a la divulgación científica, un espíritu que confirman sus globos terráqueos y, otra vez, los relojes borgeanos que, en esta biblioteca, se animan a competir de igual a igual con los libros.
“Tanto los globos terráqueos como los relojes son restos del antiguo Museo Matemático, que formaba parte del colegio jesuita. Ese museo ilustraba la labor de los jesuitas: no solo enseñaban, sino que impulsaban el avance de la ciencia y el conocimiento humano. El Museo Matemático es algo único porque, en lugar de seguir el modelo de los antiguos 'gabinetes de curiosidades' de la época de Rodolfo II, se trataba de un museo científico real, con instrumentos importantes para el desarrollo de la ciencia: herramientas, piezas, globos que representaban el conocimiento del mundo, relojes necesarios para la medición del tiempo y para la investigación astronómica. Las colecciones de globos y relojes que hoy tenemos en el Clementinum son solo una parte de lo que el museo albergaba originalmente, ya que parte de esas colecciones fue trasladada al Museo Técnico Nacional, donde lógicamente pertenecen y donde se cuidan de manera sistemática”.
Tal como sucede en el final del relato El milagro secreto, la biblioteca barroca del Clementinum es tan hipnótica que cualquiera podría perderse allí entre los pliegues de la eternidad y atravesar un año entero, como si el tiempo se detuviera, hasta llegar al 2027, un año que, dicho sea de paso, será especialmente significativo para esta biblioteca.
“El año 2027 será un hito para la Biblioteca Nacional: celebraremos los 250 años de la apertura al público de las colecciones del Clementinum, según el decreto de María Teresa. Exponer documentos importantes de nuestra historia será solo una parte de lo que queremos mostrar. Queremos recordar que las bibliotecas siempre han sido lugares que inspiran a pensar, apoyan la ciencia y la educación, y son instituciones seguras y queridas. El año próximo realizaremos una gran cantidad de actividades; no voy a mencionarlas todas, así los oyentes pueden sorprenderse. Sin embargo, queremos destacar también la historia reciente de la Biblioteca Nacional, porque sobre su historia antigua se ha escrito mucho, pero muy poco sobre los acontecimientos más modernos. Y ahora estamos quizás ante una oportunidad única, y quizás la última, de entrevistar a los testigos que vivieron la época de los años noventa, cuando la Biblioteca Nacional se transformó en la institución abierta y democrática que es hoy. Nos alegrará mucho que estos recuerdos se conserven no solo a través del libro que conmemorará este aniversario, sino también gracias a las entrevistas que realizaremos a estas figuras destacadas de la bibliotecología checa, preservando así su memoria para la posteridad”.
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