“Mi novio argentino siguió mis propios consejos para pedirme la mano”
Instalada cerca del mar, donde siempre soñó vivir, Lucie Novotná aprendió español en Málaga siguiendo el compás de cada paso de baile. Y cuando menos lo esperaba, esta organizadora profesional de bodas y propuestas de matrimonio terminó sorprendida por la estrategia de su propio novio argentino.
De visita en Chequia para participar de un festival de bachata, Lucie Novotná vive hace cuatro años y medio en Málaga, aunque ella siente que está ahí desde casi toda su vida. El motivo, tal como ella misma explica, es que, desde que era muy chica, se prometió a sí misma instalarse, algún día, en un país de habla hispana.
“Porque en mis primeras vacaciones, cuando tenía 18 años, fuimos a Barcelona y me encantó: no solo la gente y el idioma, sino también su manera de vivir. Porque ahí se vive, ahí se disfruta la vida. Aquí en la República Chica a veces tengo la sensación de se trabaja muchísimo y no se disfruta tanto la vida. Entonces, cuando vi el estilo de la vida ahí junto a la playa, el mar y este hermoso idioma, decidí que algún día iba a mudarme allá”.
Éste es el mar
Lucie nació en Příbram, una pequeña ciudad checa que se encuentra a una hora de Praga. Sin embargo, está convencida de que alguno de sus ancestros vino del mar.
“Los últimos días de las vacaciones eran para mí siempre muy tristes porque no quería volver a casa. Entonces, quise que fuera al revés: vivir cerca de la playa y, en las vacaciones, ir a Chequia a visitar a mi familia”.
“Porque el mar es algo que yo necesito, tal vez no para ir a nadar, pero el solo hecho de ver el océano o el mar me calma. Me encanta el color azul y yo puedo sentarme en la playa y mirar las olas durante horas. Es algo que yo siento desde pequeña: cuando, por ejemplo, íbamos con mis padres a Croacia cada verano y, luego, cuando empecé a viajar sola, recuerdo que los últimos dos o tres días de las vacaciones eran para mí muy tristes porque no quería volver a casa. Y eso es algo que no alcanza con disfrutarlo solo en vacaciones. Entonces, quise que fuera al revés: vivir cerca de la playa. Y ahora vivo a cinco minutos caminando de la playa donde jugamos voleibol y disfrutamos de la vida. Y si quiero vacaciones, voy a la República Checa a visitar a mi familia”.
No obstante, entre ese primer viaje a Barcelona y su mudanza a Málaga hubo una escala muy importante: los años que vivió en la isla francesa de La Reunión.
“Quería mudarme primero a Estados Unidos porque hablaba inglés o directamente a España. Pero conocí a un chico en un festival de baile aquí en Praga, que es de ahí, de La Reunión. Entonces, fui ahí de vacaciones porque hay muchos sitios que puedes visitar y ver, pero no para vivir. Sin embargo, fui con la mente abierta a ver qué tal, y me encantó. Me enamoré de ese chico y de la isla y vivimos ahí durante tres años. Después pasó el COVID y muchas cosas, y nos separamos. Y todavía durante el COVID, me fijé en Google Maps en algún destino en el que no hiciera frío, porque incluso en Barcelona para mí hace mucho frío, y después de tres años viviendo en esa isla tropical, buscaba algo lo más al sur posible y Google Maps me respondió: Málaga, 300 días de sol al año. Vendido”.
En el baile
Recuerda Lucie que, en ese momento, las únicas palabras que sabía decir en español eran “hola” y “gracias”. Sin embargo, como es profesora de baile y muy pronto empezó a dar clases allí, logró aprender muy rápido con su pareja de baile que es andaluz. Aunque Lucie comenzó, hace casi veinte años, con danzas de salón, la última década se fue dedicando más a bailes sociales como bachata, salsa, zouk brasileño y, sobre todo, la que considera su especialidad: kizomba, un baile en pareja que viene de Angola y, en su opinión, es un poco más fácil que la bachata.
“Sí, diría que el ritmo es a veces más lento que el de la bachata y se baila incluso más cerca que en la bachata, que ya de por sí es sensual y se baila de muy cerca. Entonces, puedo recomendar a los hombres solteros que aprendan kizomba porque es el mejor lugar para conocer mujeres y estar muy cerca de ellas”.
Si Lucie lo dice, es por algo: el baile no solo es su gran pasión, sino también uno de los medios con los que se gana la vida ahí cerca del mar.
“Sí, doy clases en una escuela en Málaga y también estoy dando clases particulares de diferentes tipos de baile. A veces preparo, por ejemplo, las coreografías para las parejas que se se casan y necesitan preparar su primer baile. También trabajo para una empresa internacional en recursos humanos, ese es mi segundo trabajo. Y mi tercer trabajo, que también me encanta, consiste en organizar pequeñas bodas en la playa o propuestas de matrimonio. Si alguien quiere proponer en secreto, yo me encargo de llevar toda la decoración y puedo ayudar a elegir un lugar porque conozco muchos lugares bonitos en Málaga. Entonces eso es algo que también hago más o menos una vez al mes”.
Cuenta Lucie que si decidió ofrecer ese servicio para los turistas es porque Málaga, en los últimos años, se convirtió en un lugar al que muchas personas van, no solo de vacaciones, sino también para hacer propuestas de matrimonio o, al menos, dar algún paso importante en su relación.
Vi luz y me casé
Hace apenas unas semanas, Lucie decidió aceptar la propuesta de matrimonio de su novio argentino. Y aunque podría decirse que lo había entrenado bien en ese terreno, ella misma admite que, entre tantas actividades y planes, terminó arruinándole un primer intento de pedirle la mano. Él tuvo que improvisar otra estrategia para aprovechar el aniversario de su primera cita. El problema era que no estaban en Málaga, sino en Madrid.
“Él ya tenía el anillo y la caja que se ilumina al abrirla porque su idea era hacerlo a la noche en Málaga, pero tuvo que encontrar otra solución en Madrid. Entonces, encontró un restaurante que ofrece la experiencia de comer a oscuras: no ves nada, aunque en realidad vas pasando por tres zonas en las que hay cada vez menos luz. Pero es verdad que ahí dentro del restaurante no ves completamente nada. Incluso después de una hora, dos horas, no ves nada. Y los que te sirven la comida son personas ciegas. Yo pensaba que esa había sido la manera en que había querido celebrar nuestro cuarto aniversario: invitarme a cenar a ese lugar para tener esa experiencia y, ya, listo. Pero la verdad es que noté que, durante el postre, su discurso empezaba a ponerse más y más serio. Y yo pensaba: ¿por qué me estás preguntando cosas tan profundas? ¿Por qué vamos por este camino? Y escuché que su voz se acercaba y, luego, venía como de abajo. Entonces me dí cuenta de que, ¡por Dios! Se había puesto de rodillas y, en ese momento, abrió la caja iluminada y yo vi solo el anillo. Y un poquito de su cara detrás, como mirándome y esperando la respuesta. Y es verdad que yo estaba como en shock, respirando y disfrutando ese momento que para él fue un infierno porque pensaba que iba a decirle que no, que no estaba lista o algo así. Después de eso viajábamos a Brasil y a Argentina veinte días, ¡no era la mejor idea! Pero, por supuesto, le dije que sí. Y, en ese momento, toda la gente que estaba ahí nos aplaudió. Porque ellos también vieron algo de luz y entendieron qué estaba pasando. Entonces, sí, fue muy especial, muy mágico. Muy su manera. Porque él es romántico a su manera, no quizás al estilo de las decoraciones que yo hago con alfombra roja, muchas rosas y luces. Porque a muchas chicas esa forma les encanta, pero yo sabía que él iba a preparar algo incluso más especial y era verdad”.
Experta en la materia, Lucie tiene la capacidad de mirar esa escena desde afuera y evaluar la performance de su futuro marido. Y el veredicto es positivo: lo que más valora es su calma y que se haya tomado el tiempo para hablar largo y tendido.
“Una razón por la que no lo sospechaba era que él no estaba nervioso, algo que yo suelo hablar con los clientes cuando preparamos la decoración, el lugar y todos los detalles de la propuesta: muchas veces me escribe el chico, mientras viaja a Málaga de vacaciones diciendo que está nervioso o que no sabe cómo proponerlo y y cosas así. Y, a veces, lo hacen tan rápido que ni siquiera dejan lugar a que haya un discurso: se ponen de rodillas y listo. Por eso yo trato de aconsejarles: intenta respirar y disfrutarlo un poquito. Es la primera y, ojalá, segunda vez en tu vida. Haz que sea especial: basta con que le digas qué sientes, por qué la has elegido como la mujer de tu vida. Y cosas así. Entonces, es verdad que mi novio Iván, de alguna forma, tomó ese consejo”.
El baile de los troncos
Por el momento, todas las propuestas de matrimonio que organizó o asesoró Lucie llegaron a buen puerto. No obstante, reconoce que el año pasado tuvo que superar un gran obstáculo en el marco de una boda que organizó para unas cuarenta personas.
“Yo estaba como en shock, respirando y disfrutando ese momento que para él fue un infierno porque pensaba que iba a decirle que no, que no estaba lista”.
“Ellos se enteraron de que yo soy profesora de baile y me preguntaron si podía también preparar el primer baile para ellos. Y dije: ‘claro, sin problemas’. Vinieron a la primera clase y en 16 años que llevaba bailando pensaba que ya había visto todo. No: ellos intentaban hacer el paso básico de la bachata que consiste en ir dos pasos a un lado y volver dos pasos del otro lado, es decir, nada complicado, pero para algunas personas eso puede ser un reto más grande. Entonces, es verdad que, después de una o dos horas, me puse a pensar si ellos se rendirían porque era algo increíble: no podían ni mover la cadera, era algo fatal. Es verdad que solo tuvimos dos clases por semana durante dos o tres meses, y estoy muy orgullosa de ellos porque al final lo aprendieron. Yo intenté hacer la coreografía más fácil posible, pero con algunos pasos y figuras muy bonitas. Y cuando me enviaron el video de su primer baile en la boda, que era después de la cena, me emocioné al ver su progreso”.
Un extrañar paradójico
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Como vive relativamente cerca, Lucie cuenta que visita Chequia con frecuencia, y que su familia también viaja a verla muy seguido. Y aunque cumplir el sueño de instalarse en España la hace muy feliz, admite que todavía hay cosas que extraña mucho.
“Ah, Knedlíky. Uff. ¿Sabes? Knedlo vepřo zelo, la comida checa. Con cerveza, con pivo. Uff, sí, a veces extraño eso. Entonces, siempre que viene alguien de mi familia, ya sea mi abuela, mi mamá o mi papá me preparan esas comidas que me gustan y no son sanas para nada, pero me las merezco”.
La paradoja, aclara Lucie, es que cuando vivía en Chequia casi nunca comía esos platos y ahora que está en España es lo que más extraña.
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