Ojos bien abiertos: la joven documentalista checa que encuentra inspiración en Latinoamérica
Lucie Zpěváková, una de las jóvenes más destacadas del documental checo, no solo domina el castellano: viaja con frecuencia a Latinoamérica en busca de temas para sus películas. En esta entrevista repasa el camino que la llevó a cumplir su sueño de estudiar en FAMU y obtener, recientemente, el premio a mejor film experimental, con una película en la que explora la disyuntiva entre preservar sus raíces y defender su libertad personal y creativa.
Flamante ganadora del premio a mejor film experimental en FAMUFEST, la película ¿Puedes respirar? de Lucie Zpěváková explora aspectos íntimos de la vida de la directora, en un intento por reconciliarse con sus raíces sin resignar la búsqueda de independencia y libertad personal. Disponible en DaFilms, la obra acaba de presentarse en el festival Vierte Welle de Berlín y tuvo su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine Documental Ji.hlava. Curiosamente, parte de esa búsqueda de libertad le llegó a Zpěváková a través del mundo hispánico: aunque desde niña quiso estudiar español, en su escuela solo podía elegir entre alemán y ruso, por lo que debió esperar un poco para iniciar su propio camino en esa lengua.
“Cuando tenía 14 años miraba una serie argentina que se llama Violetta y me enamoré de la lengua, del castellano. Ellos cantaban mucho y yo pensé: ‘Ok, un día quiero hablar esta lengua’. Y después, cuando ya era más grande, leía mucha literatura latinoamericana y mi libro favorito era Cien años de soledad”.
La ruta del español
“Yo quería viajar a cualquier país de América Latina porque me gustaba la literatura colombiana, también leía a Borges y me interesaba Perú por su cultura indígena”.
Lucie Zpěváková
Con el deseo de poder leer a Gabriel García Márquez en su idioma original, Lucie comenzó a estudiar español a los 16 años con una profesora llamada Klára, cuya influencia la marcó profundamente. En 2019, para perfeccionar la lengua, pasó dos meses en Cataluña, donde cuidó a los hijos de una familia que solo hablaba español. Más tarde, en 2023, vivió alrededor de siete meses en Argentina, una instancia que reforzó su vínculo con el mundo hispánico en el marco de sus estudios de lingüística en Inglaterra.
“Yo quería viajar a cualquier país de América Latina porque me gustaba la literatura colombiana, también leía un poco de Borges, me interesaba también Perú por su cultura indígena, pero descubrí una organización que se llama Teach Argentina, que me daba la oportunidad de ir hasta ahí para enseñar tres o cuatro meses en escuelas y entonces yo pensé: ‘ok, esta vez es Argentina, la próxima vez puede ser Perú o Colombia’. No hay nada tan profundo en esa elección, pero quizás sí influyó esa serie Violetta y también que mi primera profesora de español, Clara, había vivido también en Argentina y siempre hablaba mucho sobre Patagonia y sobre Buenos Aires, entonces yo tenía mucho interés en visitar este país”.
Agrega Lucie que esa organización convoca a estudiantes europeos a participar en su programa enseñando inglés u otras materias en toda Argentina con el objetivo de difundir códigos culturales de Europa a niños que quizás no pueden viajar, pero sí les interesa conocer cómo es la vida en el viejo mundo.
“Yo lo hice como cinco meses y después me quedé dos meses viajando, haciendo dedo. Viví un mes en Buenos Aires y después viajé por Jujuy, Salta y también Patagonia. Me enamoré de Jujuy y Salta porque ahí la energía es distinta que la de Buenos Aires, o la del sur. Porque el sur es hermoso, las montañas y todo eso es muy hermoso y perfecto, pero el norte tiene más alma y una energía más vinculada a la naturaleza y a otra gente, al universo, y para mí fue lo mejor que he visitado en Argentina”.
Diferencias de clase
Explica Lucie que parte de ese impacto lo tuvo también al acompañar a algunos pueblos originarios de la zona que se encontraban en plena etapa de reclamos contra el Estado argentino. Durante aquella estadía, Lucie enseñó inglés en una escuela privada de Campana, cerca de Buenos Aires, y luego en una escuela pública en Viedma. Señala que le llamó mucho la atención esas diferencias tan grandes entre la educación privada y la pública en Argentina, un contraste mucho menos evidente en Chequia.
“Porque aquí, en la República Checa, casi todas las escuelas son públicas. En Praga no, pero yo crecí en el suroeste de la República Checa, cerca de Eslovaquia, y nunca he conocido a alguien que fuera a la escuela privada. Aquí todas las escuelas públicas dan las mismas opciones a todos, no importa si tienes dinero o no, y son de buena calidad. Pero en Argentina podía haber una gran brecha entre los estudiantes que van a escuelas privadas y tienen la suerte de tener padres con dinero, y los chicos de algunas escuelas públicas que no tenían tantas oportunidades”.
Al mismo tiempo, y casi como una consecuencia lógica de eso, afirma Lucie que en Argentina conoció a mucha gente con conciencia social y una profunda empatía con las personas más vulnerables.
“El problema con la República Checa es que todo lo que venga de izquierda es malo, porque la gente lo asocia enseguida con Rusia y el período del comunismo, que en este país fue horrible y que, en verdad, no era comunismo, sino un régimen totalitario en el que la gente no podía tener su opinión, no podía estudiar en la universidad si sus padres no eran parte del partido. Entonces, esto marcó mucho nuestra identidad porque, ahora, todo lo que sea de izquierda es visto como algo malo. Pero mucha gente joven tiene, quizás, opiniones, ideales o valores muy de izquierda, pero no lo dicen. Además, tampoco tenemos muchos partidos de izquierda que ofrezcan buenas opciones y la República Checa también apoya mucho a Israel y no se habla de Palestina como debería hablarse de esa catástrofe humanitaria. Pero en América Latina yo pude ver que la gente no tiene miedo de decir que es de izquierda o de vivir más con empatía a los otros”.
Una talentosa estudiante de FAMU
Aunque a los 18 años se fue a vivir a Praga, Lucie es de Uherské Hradiště, en el sur del país, una ciudad donde la vida, asegura, es muy diferente. Por un lado afirma que la gente es mucho menos cosmopolita y bastante más conservadora, pero a la vez se mantiene intacto el encanto de las tradiciones, las danzas y los trajes típicos. Justamente, la temática de su película.
En todo caso, Lucie puede tener esa perspectiva gracias a que estudió tres años en Inglaterra, antes de vivir su experiencia en Argentina y en Berlín. Luego volvió a Praga en octubre de 2024, cautivada por el prestigio de FAMU, a la que define como una de las mejores universidades de cine del mundo, y donde cumplió su sueño de dedicarse al cine documental. Recuerda que tuvo que pasar tres rondas muy exigentes para acceder a una de las codiciadas cinco plazas disponibles entre cientos de candidatos.
“En la primera ronda tienes que mandar tu portfolio y dos ideas para de películas, tienes que mandar algún video de vida cotidiana que grabas, tienes que escribir un reportaje y añadir ahí 16 dibujos con explicación de cómo se mueve la cámara. Después, tu curriculum vitae y un proyecto libre, que puede ser una película que hiciste antes o un póster o cualquier proyecto. Esa es la primera ronda. Y, después, te invitan a la segunda ronda en la que te muestran una película y después tienes una hora para analizarla: nos mostraron un documental sobre una autopista en Italia y después te dan tres temas y te dicen: ‘ok, elige uno de los temas’ y tienes tres horas para hacer un audio-documental en las calles de Praga, cortarlo y presentarlo. Y eso fue muy intenso”.
La intuición del cine documental
Para ese trabajo, Lucie eligió hacer una entrevista con un hombre de las calles de Praga, adicto a la heroína. Y luego pasó a la tercera ronda que consiste en una entrevista con el plantel completo de profesores. Según cuenta, la ametrallaron a preguntas acerca de todo lo que había hecho en la segunda ronda, sobre su personalidad y sus ganas de estudiar en esa escuela, en la que ella ha decidido especializarse en el cine documental.
“Para hacer documentales hay que mantener los ojos bien abiertos y actuar de un modo espontáneo”.
Lucie Zpěváková
“Lo que me fascina de los documentales es que hay tantas historias increíbles, importantes e interesantes sobre las que es importante llamar atención, que no necesito escribir un guion. Y para mí los documentales tienen que ver con saber conectarse con un grupo y ver el mundo según su época y sus ojos para poder sentirlo tal como ellos lo sienten. Y después, con alguna visión o algún estilo propio, compartirlo con otra gente para que también puedan ver el mundo con los ojos de otros grupos. Y a mí me gusta también la manera como se graban documentales: es más espontánea y basada más en la intuición. Porque en ficción tienes que prepararte para cada movimiento; mientras que en los documentales tienes que trabajar con los ojos bien abiertos y actuar de un modo espontáneo: si veo algo que puede estar bien, lo grabo. Eso me gusta mucho: que hay también una exploración de uno mismo, cómo ves tú el mundo y cómo sientes las cosas. Por eso me gustan los documentales”.
Agrega Lucie que también la atrae de los documentales el hecho de que pueda plantearse qué es verdad y qué no, y dónde esta la frontera entre la realidad y la ficción. Además, está convencida de que, en la actualidad, lo mejor del cine checo pasa, justamente, por los documentales.
En un momento en que quedó muy lejos aquella etapa gloriosa de la nueva ola de los años sesenta, Lucie destaca varios proyectos de documentales sobre la comunidad vietnamita en Chequia y la película Karavan de Zuzana Kirchnerová, a la que define como una road movie minimalista, sobre una madre con un chico con síndrome de Down. Con su interés muy centrado en las historias de vida de personas que el cine suele dejar de lado, Lucie promete seguir explorando el universo de Latinoamérica porque asegura que ahí encuentra una gran inspiración.
“Me llama mucho la atención México y me gustaría explorarlo. Por ejemplo, la vida cotidiana en Oaxaca, donde existe la idea de un ‘tercer género’ y me gustaría filmar allí. También me llama la atención Chiapas, donde hay comunidades que se consideran autónomas pero cuyos derechos muchas veces no son respetados. Y después me gustaría explorar otros países de América Latina, como Colombia, Venezuela o Perú”.








