“Dejé de posponer este libro para que mi madre, que nació en el gueto judío, llegara a verlo publicado”
Además de conocer la ciudad como la palma de su mano, Dan Hrubý es el creador de la excelente serie Pražské příběhy (Historias de Praga) y acaba de dedicar un tomo a uno de los lugares más esenciales de la capital checa: el barrio judío. En esta entrevista, el autor aclara si es cierta la tan escuchada idea de que Hitler lo mantuvo para crear un “museo de la raza extinta” y sorprende al revelar el origen praguense de uno de los grandes símbolos del judaísmo.
Se trata de una de las frases más escuchadas y difundidas en los tours que se realizan no solo por Josefov, sino a lo largo de toda la ciudad de Praga: que Hitler decidió conservar las sinagogas y el antiguo cementerio judío con el siniestro propósito de fundar, en el futuro, un museo de la “raza extinguida”. Incluso en septiembre de 2024, la repitió, palabras más, palabras menos, la expresidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, no parecen existir evidencias concretas que respalden su veracidad, tal como confirma Dan Hrubý, brillante autor de la serie Historias de Praga (Pražské příběhy), que acaba de publicar un nuevo tomo dedicado, precisamente, al barrio judío de la capital checa.
“No soy un especialista como para poder decir con autoridad que sea verdad o no. Sin embargo, llevo décadas, prácticamente toda mi vida, ocupándome de este tema y nunca me he encontrado con ningún hecho que confirme esa tesis. Sí, se repite constantemente, pero en el plano del mito. No existe, por tanto, ningún motivo escrito, ninguna prueba ni testimonio relevante. Que durante la Segunda Guerra Mundial todos los judíos que eran enviados a Terezín o directamente a los campos de exterminio y guetos judíos en el Este tuvieron que entregar sus bienes, eso es cierto. Que otros miembros de la comunidad judía, a menudo personas instruidas, clasificaron y catalogaron esos bienes, también es cierto. Pero nunca me he encontrado con pruebas de que hubiera alguna decisión sobre un ‘museo de una raza extinguida’ ni nada por el estilo”.
La estrella de Praga
“Es algo fascinante que la estrella de seis puntas como símbolo de los judíos haya nacido precisamente en Praga”.
Dan Hrubý
Por el contrario, cuenta Dan que existe un hecho histórico que sí está testimoniado, aunque a su vez mucha gente no conoce y tiene que ver con el origen praguense de uno de los símbolos por excelencia del judaísmo.
“Para mí es una cosa fascinante y casi sorprendente algo que el público más amplio quizás no conoce: el hecho de que la estrella de David, la estrella de seis puntas como símbolo de los judíos, de la comunidad judía, nació y surgió precisamente en Praga. El símbolo de la estrella de seis puntas, el hexagrama, se utilizaba por supuesto mucho antes, también en culturas antiguas en Egipto.
Sin embargo, puede documentarse con total precisión que en Praga aparece por primera vez, ya que su comunidad judía la adopta ahí como su símbolo. Desde allí se difunde al resto de Bohemia, a Viena y más lejos hacia Europa occidental. Y en el momento en que los judíos, con el surgimiento del sionismo a finales del siglo XIX, buscan algún símbolo que tenga el mismo valor universal de expresión que la cruz para los cristianos, entonces eligen, justamente, la estrella de seis puntas, que empieza a aparecer en sinagogas por toda Europa y en la revista del movimiento sionista. Es decir que todo el movimiento sionista la elige como su símbolo. Más tarde, por ese mismo significado universal, es igualmente abusada por los nazis y, posteriormente, aún cargada con ese significado, la adopta Israel en su bandera, en su propia bandera”.
Todo sobre mi madre
“Desde niño escuchaba las historias que mi madre me contaba sobre lo que ocurría en el barrio judío de Praga”.
Dan Hrubý
Historias praguenses es una serie de libros que reconstruyen la memoria de la antigua Praga, especialmente sus barrios desaparecidos o muy transformados. Son relatos que mezclan una minuciosa investigación histórica, crónica urbana y testimonio personal, con un tono accesible y narrativo que rescata historias de familias, calles y casas demolidas. Uno de sus grandes méritos es entrelazar de manera sutil los grandes hechos de la historia con testimonios familiares y recuerdos personales que dan cuenta de la esfera privada, algo así como lo que suucede cuando el dos de agosto de 1914 Kafka escribe en su famoso diario: “Hoy Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde, fui a nadar”.
Otro punto alto de estos libros es la gran cantidad de fotografías, postales, acuarelas e imágenes que, junto a los relatos, refuerzan la idea de que la ciudad es un palimpsesto de memorias. Está claro que en una serie así no podía faltar por nada del mundo una investigación dedicada al siempre misterioso barrio judío.
“El principal impulso para hacer este libro fue que mi madre y sus padres procedían de esta parte de Praga, y desde niño escuchaba las historias que ella me contaba sobre lo que ocurría en ese barrio: lo que había oído de sus propios padres, lo que sucedía en el vecindario antes de la Segunda Guerra Mundial y también durante ella. Eran relatos, a menudo, muy dolorosos, a veces tragicómicos, no siempre tristes, simplemente reflejaban la vida tal como es, aunque al final inevitablemente aparecía lo que ocurrió en la guerra. Yo escuchaba esas historias desde pequeño. Y en cuanto fue posible, después de 1990, tras la Revolución de Terciopelo, cuando Checoslovaquia restableció relaciones diplomáticas con Israel, viajé allí y visité a personas que habían crecido en ese entorno, que conocían a mis abuelos y me hablaban de ellos. Ese fue el motivo principal: fue muy emotivo para mí. Por eso, primero escribí los libros sobre Malá Strana y Hradčany, incluso sobre otras partes de la Ciudad Vieja, porque me daba miedo y me resultaba demasiado difícil enfrentarme a este tema, así que lo iba posponiendo una y otra vez. Pero ahora ya tenía que escribirlo, porque mi madre tiene 86 años y, sí, puedo decirlo, no sé cuánto tiempo más estará aquí y quería que llegara a verlo publicado”.
Agrega Dan que su madre es muy amable, cariñosa y bondadosa, tal vez porque toda su vida enseñó a niños muy pequeños en la escuela primaria. Y aunque al ver el libro publicado la notó conmovida, él considera que no le resulta fácil hablar al respecto porque tiene la sensación de que su familia, y quizás en general los checos, no suelen expresar sus emociones como quisieran.
Algo inmaterial
Otra característica que tiene este trabajo es la particularidad de su objeto de estudio, un poco a caballo entre lo que existe y lo que ya no, tras el llamado “saneamiento” que dio lugar a la demolición de gran parte del gueto judío de Praga entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX.
“De todo el antiguo gueto en realidad se han conservado unas cinco o seis edificaciones: las sinagogas, el antiguo ayuntamiento judío y, por supuesto, el cementerio. Eso significa que, en realidad, casi todo el gueto actual proviene del cambio de siglo XIX–XX, tiene unos ciento veinte, ciento treinta años de antigüedad. Por eso, y me esforcé en que también el libro tratara de ello: nuestra búsqueda de lo que quedó del viejo gueto es una búsqueda de lo que, en realidad, es inmaterial. Podemos llamarlo genius loci, espíritu, atmósfera, historia. Y el hecho de que hoy las calles estén llenas de turistas o no, en este sentido no es relevante, porque el mundo material, de todos modos, no representa ni se relaciona con el antiguo gueto. De todas formas buscamos algo que no es material, y en esa búsqueda no nos estorban ni los grupos de turistas ni las tiendas con mercancía a menudo banal que allí se encuentran. Yo les recomiendo a todos levantarse temprano, ir allí por la mañana o tarde en la noche, cuando las calles están vacías. Ir al cementerio, preferiblemente cuando abre y cuando hace mal tiempo, y los turistas están metidos en la cama o en los hoteles porque hace frío. Y en ese momento, por supuesto, se siente algo de la antigua atmósfera”.
Dan insiste en la idea de visitar el cementerio judío de Praga en soledad, en lo posible en un día frío y lluvioso y, mucho mejor, si se realiza la excursión luego de leer algo de autores que mariden bien con este sitio, como es el caso, por ejemplo, de Eco, Borges o Kafka, porque, en su opinión, en ese caso la experiencia puede llegar a convertirse en un recuerdo único y profundo que incluso dure toda la vida.
Una cuestión de perspectiva
Algo del orden de lo material que, a diferencia del turismo y de los locales de productos banales, sí ayuda mucho a entender cómo era el antiguo barrio judío es el monumental modelo Langweil de Praga que, tras cinco años, puede volver a visitarse gracias a que el Museo de la Ciudad de Praga, en Florenc, reabrió sus puertas.
“Sí, el modelo de Praga de Langweil ofrece una visión bastante completa y precisa de cómo era el gueto judío y, en general, de la vieja Praga en la época en que se creó, hacia mediados del siglo XIX. Pero también es cierto que existen bastantes fotografías, acuarelas y pinturas porque nuestros antecesores en la administración de Praga fueron muy poco sensatos al permitir que se demoliera todo el gueto y las calles adyacentes durante el ‘saneamiento’, pero al menos tuvieron la cordura de encargar a destacados fotógrafos y pintores de la época que dejaran registro del barrio”.
Al mismo tiempo, Dan reconoce encontrarse en una especie de dilema, ya que si bien considera que el modelo Langweil es muy valioso en su conjunto como obra de arte o mapa, cree que, en la actualidad, no está expuesto de la mejor manera porque si bien ahora pueden verse mejor algunos detalles, lo que se perdió es un poco la perspectiva general.
Último día en La Habana
Con más de quinientas páginas, esta nueva entrega de Pražské příběhy reúne incontables historias. Sin embargo, la investigación de Dan Hrubý fue tan profusa que él mismo tuvo que autolimitarse y dejar algunos de los resultados de su trabajo fuera de esta edición. Una de esas historias, que seguramente verá la luz en una próxima entrega, no solo es muy interesante en sí misma, sino que además está parcialmente relacionada con América Latina.
“Tuve que dejar fuera, concretamente, la historia de la familia empresarial checa Waldes, que fundó la compañía Koh-i-noor. En sus destinos se refleja, perfectamente, la historia del siglo XX, porque esta empresa, que tenía sucursales por todo el mundo, primero fue saqueada por los nazis y, después de la guerra, por los comunistas. En nuestro país viven hasta el día de hoy algunos descendientes de aquellos que lograron escapar; otros descendientes viven en América del Sur y, por supuesto, los hay también en Nueva York. El propio fundador de la empresa, Jindřich Waldes, aunque podía haber salido, no salió, no quiso salir. Al final, terminó en un campo de concentración; sin embargo, fue intercambiado por una enorme suma de dinero y se le permitió viajar a los Estados Unidos, pero en el camino, durante una escala en La Habana, murió ahí en Cuba. Es una historia notable”.
Mucho más que un monstruo
Admirador de Umberto Eco y crítico de autores como Dan Brown, cuyo último libro lo ve apropiado solo para quienes no conocen Praga, Dan Hrubý entendió que la mejor manera de escribir es desde lo que uno siente, sin cálculos ni imitaciones, le guste o no al lector. Y algo de esa convicción resulta aplicable a otro gran autor que, ya en su primera novela, supo describir muy bien los recovecos laberínticos y profundamente existenciales de la antigua judería de Praga.
“Los checos suelen considerar al Gólem como una gran criatura de barro, un monstruo. Pero lo que no se sabe tanto es que el Gólem, más que un ser, es un principio. Gustav Meyrink lo describe de manera hermosa: ‘como mirarse a uno mismo frente al espejo’. Al fin y al cabo, también en la literatura rabínica, en la antigua literatura judía, el principio del Gólem está presente. Seguramente, alguien intentó dar vida a la materia, a algún barro, pero para muchos eruditos, el Gólem es en realidad algo que se experimenta en un arrebato místico. No es un objeto material, no es una imitación del ser humano. Es quizá una idea, una ilusión, un sentimiento místico. Y eso es lo hermoso del Gólem: que cada uno de nosotros puede imaginarlo y para cada persona significa algo distinto. Para algunos puede ser consecuencia del alcohol o las drogas, simplemente. Para los poetas, el Gólem puede ser una idea incluso romántica. Cada uno puede tener su propio Gólem”.
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