Čokl, chálka, kulový y mucho más: ¿conoces las palabras romaníes que viven en el checo?
El 5 de noviembre, Día Mundial del Romaní, es la ocasión ideal para descubrir las “palabras prestadas” de esta lengua que existen en el checo.
A pesar de que el checho es una lengua eslava, muchos de los términos que se utilizan hoy en país de la cerveza tienen un orígen muy distante de las raíces que comparte con, por ejemplo, el eslovaco o el ruso. Resulta que los “romanismos”, es decir, palabras o “préstamos” tomados del romaní, una lengua indoeuropea originaria del norte de la India, son bastante comunes en el checo, puesto que llegaron al territorio junto a la población gitana que arribó a estas tierras a comienzos del siglo XV.
Lengua de los gitanos y jerga de los feriantes
La integración de estos términos a la lengua checa se dio a través del argot de los feriantes locales, que está compuesto en un 41% por “préstamos” del romaní. El especialista en antropología lingüística René Starhon, quien se interesa particularmente por esta jerga tan específica, explica en qué circunstancias sociales e históricas se produjo este intercambio.
“A partir de mediados del siglo XIX, los feriantes compartían, con sus carruseles o los artículos que vendían, el mismo nicho económico que las poblaciones itinerantes. Compartían, pues, el espacio de los romaníes, y es lógico que se produjera un contacto lingüístico, durante ferias y fiestas populares, por ejemplo. Así fue como el romaní entró en la lengua de los feriantes, que puede considerarse un argot histórico, pero que sigue existiendo hoy. Y desde el argot de los feriantes, se observa después una penetración en el argot de las prisiones… Y de esta manera, los préstamos del romaní pudieron pasar al checo vernáculo, hasta el punto de que los hablantes no se dan cuenta de que se trata de palabras de origen romaní”.
La primera huella escrita de préstamos del romaní en la lengua checa data de mediados del siglo XIX, como explica Starhon.
“Un semanario llamado Humoristické listy registró los préstamos del romaní en el checo vernáculo. Consulté los archivos y encontré 14 palabras. Lo cual, evidentemente, no significa que fuera en 1879 cuando estas palabras entraron en la lengua: sin duda se usaban desde hacía tiempo en el argot del mundo criminal praguense, donde los periodistas realizaron sus investigaciones… Sin embargo, 1879 es la primera mención escrita que tenemos. Entre ellas figuran ‘čór’, ‘kher’, ‘mangel’ y otras”.
"Čór", "mangel"… son palabras que los checos de hoy siguen usando, por supuesto, en su forma “chequizada”. Los préstamos integrados suelen modificarse en la lengua de destino, es decir, se añade generalmente un sufijo o un prefijo a la raíz de la lengua de origen. Así, “mangel” se convirtió en “mangelit” y conservó su sentido original de “mendigar, pedir, suplicar para obtener algo”. Del mismo modo, “čór” se transformó en el sustantivo “čórka” – robo, o en el verbo “čórovat”, que significa robar. Sin embargo, aquí hay un deslizamiento de significado, ya que “čór” designa, en realidad… a una persona pobre.
Además, algunas palabras que hoy forman parte del lenguaje popular proceden del argot de las prisiones. Es el caso, por ejemplo, de “benga”, que se usa para designar, de forma familiar o peyorativa, a un policía, o “madero”. Cabe destacar que en romaní, “beng” significa “diablo”. En este mismo registro encontramos “kérka” – tatuaje, y “kérovat” – tatuar, que provienen del romaní “kerel” (hacer). También “chalovat” – comer y “chálka” – comida, del romaní “xal”, que igualmente significa comer.
René Starhon también menciona una palabra checa perteneciente a un registro muy distinto, el del lenguaje infantil.
“En el habla de los niños encontramos una palabra que, según yo, es sin duda un préstamo del romaní: la palabra ‘hačat’, que significa ‘sentarse, quedarse sentado’. Proviene del romaní ‘hačále’ y también aparece en el argot de los feriantes. Podemos imaginar al feriante diciendo al niño: ‘hačni si na kolotoč’ – ‘siéntate en el tiovivo’. Probablemente sea la primera palabra romaní que entró en el lenguaje infantil; el lingüista Jaroslav Podzímek ya la mencionaba en 1937, cuando recopilaba palabras y expresiones del argot de los feriantes”.
Fue precisamente en los años 1930 cuando el volumen de palabras romaníes integradas en el checo fue más importante, como explica de nuevo Starhon.
“El periodo de entreguerras fue una época en la que las instituciones checoslovacas mostraban voluntad de controlar la situación de los gitanos: en 1927, la legislación impuso una tarjeta de identificación especial para los gitanos (cikánská legitimace); se organizaron censos, etc.
Antes de la Segunda Guerra Mundial, las familias gitanas de Moravia del Sur empezaron a sedentarizarse e integrarse en la sociedad checa. Los años 1930 fueron la época del primer abogado gitano, Tomáš Holomek; miembros de la familia Danihel tocaban en la Orquesta Filarmónica de Brno, etc.
Sin embargo, esta ola de acercamiento entre el romaní y el checo —por medio, sobre todo, de las élites gitanas— se interrumpió bruscamente con el genocidio de los gitano. Solo el 8% de los gitanos checos sobrevivió. Más tarde, llegaron gitanos de Eslovaquia para instalarse en las regiones industriales, los Sudetes o la región de Ostrava, para trabajar. Pero, por un lado, no formaban parte de la élite —más bien, todo lo contrario— y eran vistos con desprecio; por otro lado, la sedentarización acabó con el vínculo con los feriantes, que servían de intermediarios y antes hacían posible el contacto lingüístico”.
Atención al perro… y al “mulisák”
Volviendo a las palabras de raíz romaní pero comúnmente usadas por los checos, se puede citar “čokl” – perro (de manera despectiva, “chucho”), que proviene del romaní “žukel”, sin cambio de sentido, aunque sí de registro: “žukel” no tiene nada de familiar, designa simplemente al perro de forma neutral. También podemos mencionar la expresión coloquial “vědět kulový” – no saber nada, “no tener ni idea”. Muchos checos piensan que la palabra “kulový” viene de “koule” – bola, pero se equivocan: “kúlo”, en romaní, significa “excremento”. La expresión “vědět kulový” permite decir, de forma correcta, lo que otras expresiones checas expresan de manera mucho más vulgar (por ejemplo, “vím o tom ho…” – literalmente “no sé más que mierda”).
Starhon recuerda una palabra de su infancia que, según él, podría tener su origen en la lengua gitana.
“Tengo aquí otra palabra interesante, que proviene del mundo infantil: la palabra ‘mulisák’. Es un personaje de cuento de hadas; lo recuerdo de cuando era pequeño: me decían ‘Pozor, přijde na tebe mulisák’ – ‘¡Cuidado, que viene el mulisák a buscarte!’… Era una especie de coco o fantasma. En romaní, ‘múlo’ significa fantasma. Es posible que el autor del cuento inventara esta palabra después de oírla en algún lugar, pero en todo caso, el sentido corresponde perfectamente”.
Starhon, que también es profesor, ha notado que los alumnos de su colegio suelen usar la interjección romaní “more” – que podría traducirse como “tío” o “chico” – para llamarse entre sí. Según él, se trata de una moda que los adolescentes siguen sin conocer el origen de la palabra, una palabra que los adultos checos no adoptan con tanta facilidad, salvo para burlarse de una minoría estigmatizada y discriminada en el país, según explica el especialista.
“Se constata que hay muy pocos préstamos del romaní establecidos en la lengua checa, a diferencia del yidis, por ejemplo. Pero eso quizá se deba a que el romaní lleva consigo un cierto estigma social. Imagino que si alguien usa una de estas palabras sin ser consciente de su origen, le da igual; pero en cuanto toma conciencia de ello, deja de usarla”.
El “hantec” de Brno y el romaní, la misma lucha
Para Starhon, es difícil imaginar que en el futuro surjan nuevos préstamos del romaní en la lengua checa, a menos, dice, que se trate de una moda, quizá a través de la música contemporánea.
“Al fin y al cabo, el romaní podría llegar a ponerse de moda. Como ocurrió con el ‘hantec’, el dialecto de Brno, que originalmente era el habla de las clases sociales más bajas, y hablarlo era motivo de estigma. Pero en los años 1980-1990 —no sé exactamente cuándo— unos actores de Brno lo convirtieron en algo popular, y hoy ya nadie se avergüenza de hablar ‘hantec’. Lo mismo podría ocurrir con el romaní. Pero para eso, alguien tendría que ponerlo de moda… un grupo de hip hop gitano, por ejemplo, o unos raperos romaníes”.
Un posible ejemplo de esta posibilidad es el rapero eslovaco Čavalenky, que aborda en sus canciones temas sociales y políticos con gran realismo y que hace unos quince años gozó de cierto éxito, especialmente gracias a su hit “Romano Hip Hop”.








