Desde un pueblo de Mali hasta un doctorado en Chequia
Kalifa Samaké no entendía por qué la gente de su país no tenía suficiente comida. Buscó respuestas y acabó estudiando genética. Ahora tiene dos másteres y un doctorado.
La historia de Kalifa Samaké y su interés por la genética comenzó hace algunas décadas. Su abuela lo crio en un pueblo de Mali mientras sus padres trabajaban en Bamako, la capital del país. Su familia, sus vecinos y toda su comunidad era de agricultores que cultivaban su propio alimento. No obstante, a veces la cosecha no era suficiente.
En una entrevista reciente con la Radio Checa, contó que a los 9 años se empezó a preguntar por qué existía este problema. Le preguntó a su abuela, pero ella no le pudo responder. Su tío le explicó que todo dependía de la lluvia. Si durante la temporada de precipitaciones no llueve lo suficiente, eso afecta a la cosecha. Desde ese momento, su pregunta cambió. Ahora se cuestionaba por qué todavía no había una solución al problema de la lluvia.
Lo que finalmente resolvió sus dudas fue un documental. Samaké cuenta que un día estaba viendo un documental sobre un equipo de investigación de Suiza que intentaba modificar genéticamente el maíz para que pudiera crecer en zonas donde no hay suficiente agua. En ese momento se dio cuenta de que eso era lo que la gente de Mali necesitaba. Decidió que él se encargaría de eso. Estudiaría genética y trabajaría en un laboratorio.
El camino al centro de Europa
Empezó sus estudios en su natal Mali, obtuvo una maestría en biología pero no pudo continuar con su doctorado. Cuenta que los problemas de seguridad y la situación general en el país han empeorado desde 2012, lo que, entre otras cosas, ha afectado al sistema educativo. Por esa razón, empezó a buscar otras opciones en el extranjero.
Primero optó por buscar oportunidades en países vecinos, pero no había muchas opciones para la especialidad que él quería. Luego empezó a investigar la oferta en países de Europa y Asia. Encontró así un artículo sobre Gregor Mendel, el padre de la genética que estudió en Olomouc y trabajó en Brno. ¿Qué mejor que estudiar en el país de la persona más representativa de su campo? Fue así como se decidió por la República Checa.
Empezó a informarse sobre los estudios en la República Checa; estudiar en checo, curiosamente, parecía lo más sencillo desde el punto de vista administrativo. Se dijo a sí mismo: “¿Por qué no intentarlo?”, y envió una solicitud para una beca, que finalmente le otorgaron. En septiembre de 2015, aterrizó en el aeropuerto de Praga, dispuesto a pasar su primer año ahí estudiando checo.
La genética como camino en la vida
Tras su año de estudio del idioma, Kalifa se matriculó en la Universidad Carolina. Lo habían admitido en la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Carolina, en la especialidad de genética, biología molecular y virología. Cuenta que todos los estudios fueron en checo, incluida la tesis de máster, lo cual fue realmente difícil. Le agradece a su director por haberlo ayudado tanto con la parte técnica de la tesis, como con el checo.
Tras el máster, siguió con un doctorado en biología celular y molecular, genética y virología.
El frío más duro de su vida
Aunque aprender checo haya sido difícil, Kalifa cuenta que lo más difícil para él fue adaptarse al clima. Pasó frío desde el momento en que se bajó del avión en septiembre. Los pantalones largos y la chaqueta no bastaban. Recuerda que vio a un chico checo con pantalones cortos y camiseta, y le preguntó si no tenía frío, a lo que este le respondió que aún no hacía frío, que eso llegaría dentro de unos meses. En ese momento pensó que quizá no sobreviviría a ese invierno.
Las bajas temperaturas siguen siendo duras para él incluso después de once años viviendo aquí. Por esta razón asegura que, si no es necesario, no sale en invierno. Suele ir a Mali en enero y febrero para escapar del frío, visitar a su familia y trabajar en sus proyectos. Durante sus estudios volaba a casa una vez al año, pero ahora va a Mali entre dos y tres veces al año.
Una vida entre dos países
Al hablar de sus proyectos en su país de origen, Samaké explica lo siguiente: “Creo que mi vida entre ambos países seguirá siendo así para siempre. En Mali soy la cabeza de la familia y para mí es muy importante poder cuidar de mi familia. Ahora trabajo ahí en dos proyectos: el primero es un laboratorio de investigación, no solo en el ámbito de la agricultura, sino también en el de la sanidad y, por ejemplo, en el desarrollo de vacunas. Dada la situación actual en Mali, lamentablemente avanza muy lento, pero estoy seguro de que, eventualmente, el laboratorio estará construido y en funcionamiento. Mi segundo proyecto es la agricultura. Mi visión es una granja que practique la agricultura integrada, combinando técnicas convencionales y ecológicas”.
A pesar del frío invernal, Kalifa afirma que se siente “el extranjero más afortunado en la República Checa”. Pudo cumplir su sueño de estudiar genética y de ayudar a la gente de su país de origen con lo que aprendió en su doctorado. Lo mejor de todo es que su experiencia no es un caso aislado, sino que se suma a una larga lista de extranjeros cuyo paso por Chequia les vale un diploma bajo el hombro.
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