“Vemos la posibilidad de que el oro y bitcoin coexistan en los balances de los bancos centrales para 2030”
Un informe de Deutsche Bank, el mayor banco de Alemania, anticipa que los bancos centrales podrían incorporar bitcoin a sus balances a la par que el oro antes de 2030, un debate muy vivo en Chequia y en el que el país incluso ya abrió en su momento la caja de Pandora.
¿Realmente el bitcoin, la criptomoneda por excelencia, ha llegado para transformar por completo nuestras economías y sistemas financieros tal y como los conocemos? Ese es precisamente el gran debate acerca de un activo cuya popularidad crece a la par de su cotización, que viene de alcanzar máximos históricos.
Chequia, precisamente, fue una de las primeras en abrir la caja de Pandora de la mano del Banco Nacional Checo y su gobernador Aleš Michl, quien ya manifestó tiempo atrás la intención del banco de explorar la posibilidad de invertir en este tipo de activos. Tanto aquellas declaraciones como la opción misma de que esto suceda no deja de generar controversia y voces contrarias, pero lo cierto es que también existen otras tantas que cada vez más apuntan al bitcoin como un activo legítimo y de referencia.
Así lo señala un nuevo informe de Deutsche Bank, el mayor banco de Alemania, que anticipa que los bancos centrales podrían incorporar la criptomoneda en sus balances antes del año 2030, colocándola así a la par del oro como activo de reserva.
Según el análisis, bitcoin ha demostrado una extraordinaria resiliencia durante 2025, superando los 123.500 dólares en agosto y manteniéndose cerca de su máximo histórico desde entonces. La entidad, que evalúa los parámetros clásicos como volatilidad, liquidez, valor estratégico y confianza, considera que la criptomoneda se ha estabilizado y que la creciente adopción institucional está reforzando su papel como reserva de valor a largo plazo.
Tal y como señala el banco, esta además reúne varias de las cualidades que históricamente han definido al oro: escasez, liquidez, independencia frente a terceros y baja correlación con otros activos, lo que lo convertiría en un refugio frente a la inflación y la inestabilidad financiera.
El informe, incluso, compara su situación actual con la del propio oro a mediados del siglo XX, cuando este comenzó a consolidarse como reserva global. Con una capitalización superior a los 2,3 billones de dólares —más de la mitad del mercado cripto—, el banco considera que, pese a los riesgos tecnológicos y regulatorios, el contexto parece encaminado a hacer del bitcoin un activo de reserva reconocido antes del final de la década.
Todo este debate no es un asunto nuevo para Chequia. A principios de 2025, el gobernador del Banco Nacional Checo, Aleš Michl, sorprendió al declarar que el banco estudiaba invertir hasta un 5% de sus reservas nacionales en bitcoin, lo que equivaldría a unos 7000 millones de euros dentro de un total aproximado de 140.000 millones, unas palabras que no tardaron en prender la polémica.
La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, frenó en seco las aspiraciones checas, recordando que el Bitcoin “no cumple los criterios de liquidez y seguridad” exigidos por el bloque comunitario y alertando sobre los riesgos de volatilidad y blanqueo de capitales. También desde el propio ejecutivo checo, el aún ministro de Finanzas, Zbyněk Stanjura, reaccionó advirtiendo de que el ČNB “debe ser un símbolo de estabilidad”.
A pesar de las reticencias, la institución parece haber mantenido su hoja de ruta, ya que en julio de este mismo año esta dio un paso histórico al adquirir más de 51.000 acciones de Coinbase Global, la mayor plataforma estadounidense de intercambio de criptomonedas. La operación, valorada en 15,5 millones de euros, convirtió a Chequia en el primer banco central europeo en invertir en una empresa del sector cripto y fue a su vez interpretado por muchos como una señal simbólica de esta voluntad de apertura hacia un nuevo tipo de activos.
El ejemplo de Chequia no es el único y apenas unos días atrás conocimos la noticia de que el Fondo Soberano de Inversión de Luxemburgo (FSIL) invertirá el 1% de su cartera, unos siete millones de euros, en ETF de bitcoin y otros criptoactivos, convirtiéndose así en la primera exposición soberana a criptomonedas dentro de la eurozona.








