Todavía se oye: “Qué pena que Hitler no viviera dos años más, nos habría librado de todos los gitanos”
El Teatro del Oprimido es una herramienta que arroja luz sobre cuestiones que suelen afectar a los más vulnerables de la sociedad, invitándolos a que ellos mismos tomen las historias en sus manos. La agrupación checa Dvě na třetí (“Dos a la tercera”) trabaja temas que abarcan desde la crisis migratoria hasta el holocausto romaní o los cuidados paliativos. En conversación con Radio Praga Internacional, una de sus fundadoras, la profesora Dana Moree, cuenta cuánto poder se oculta en este método de origen brasileño, cuyo principal objetivo es impulsar cambios sociales.
Dana Moree es profesora universitaria y experta en temas como la sociedad civil, la convivencia intercultural, la identidad, los procesos de exclusión o los conflictos. Además, es una “joker”, como se llama al moderador o animador en el marco del Teatro del Oprimido, una tendencia teatral creada por el brasileño Augusto Boal en los años setenta. Según explica Moree, todo empezó con una duda que se planteó el dramaturgo y pedagogo originario de Río de Janeiro.
“Al principio de este método estuvo la pregunta de Boal: ‘¿Dónde está la gente?’, porque se dio cuenta de que el teatro consistía en actores de clase media actuando para un público de clase media. A menudo hablaban de personas que estaban en peor situación que ellos y, por lo tanto, era como si fuera algo mediado. Así que se puso a buscar. ¿Dónde están esas personas cuyas historias se representan? Y pronto se dio cuenta de que tampoco era fácil interpretar estas historias. Así que trató de crear una forma teatral que no las interpretara, sino que diera a las personas mismas la oportunidad de usar su voz. Así es como surgió el Teatro del Oprimido”.
A pesar de los años de experiencia, Moree cuenta que el método no deja de sorprenderla y que cada grupo brinda nuevas revelaciones. Como cuando su agrupación teatral Dos a la tercera preparaba su último estreno, la pieza Příběhy přeživších (“Historias de supervivientes”), con un grupo romaní que buscaba abordar la transmisión transgeneracional de la experiencia del Holocausto.
“Nos decíamos: ‘Qué extraño que esa gente tenga tanta energía, que quiera abordar precisamente ese tema, que les parezca tan candente’. Porque se trata de algo relativamente antiguo en comparación con lo que está pasando en el mundo hoy en día. En realidad, estamos hablando de eventos de los años 40 del siglo XX. Y, aun así, la necesidad de expresarlo era enorme. Yo seguía sin entender. Entendí en las primeras 48 horas tras conocerlos, cuando se puso de manifiesto que lo que ellos viven, y que yo no podía ni imaginar, es que realmente oyen decir a la sociedad mayoritaria: ‘Hitler debería haber vivido dos años más, porque así al menos se habría librado de todos los gitanos’. Lo oyen en la calle, en la gasolinera. Eso significa que no es algo que pasó en los años cuarenta y que se transmite de generación en generación. Es algo que la mayoría dice cuando quiere humillarlos. Y pensé que sin las técnicas teatrales nunca lo habríamos descubierto”.
Ampliar las voces que no se oyen
Moree explica que la agrupación se percibe como una especie de altavoz que, a través del teatro, amplifica las voces que se oyen muy poco dentro de la sociedad. En la mayoría de los casos no es ella o sus compañeras, Líza Urbanová y Veronika Šafránková, las que eligen los temas, aunque sí ha pasado, cuenta.
“Lo más habitual, el modelo más frecuente, es que se nos acerque algún grupo u organización que quiera tratar algún tema. Y nosotros les ayudamos. De vez en cuando, nosotras mismas sentimos que hay alguna cuestión que nos gustaría tratar. Creo que la última vez que lo hicimos de forma tan directa fue con la crisis de los refugiados en 2016, cuando no había ningún refugiado en Chequia, pero sí una crisis social generalizada. Pensamos que sería útil hacer teatro sobre ese tema”.
El método supone la participación de un grupo de personas que tienen en común algún tema o problema específico. Se trata de no actores que aprenden las bases de lo que es el teatro y preparan una interpretación de veinte minutos para el público. Moree entiende que el proceso puede asustar a los participantes al principio, pero asegura que, paso a paso, es posible aprender a moverse sobre el escenario y adquirir el habla teatral.
"De vez en cuando, nosotras mismas sentimos que hay alguna cuestión que nos gustaría tratar. Creo que la última vez que lo hicimos de forma tan directa fue con la crisis de los refugiados en 2016, cuando no había ningún refugiado en Chequia, pero sí una crisis social generalizada. Pensamos que sería útil hacer teatro sobre ese tema”.
“Se trabaja con la respiración, la manera de andar, la energía. También con la concentración, la capacidad de percepción y reacción. Es como cuando aprendes a montar en bicicleta, a bailar claqué o cualquier otra cosa. Es simplemente un tipo de habilidad. Cuando alguien nos guía, podemos lograr que nuestro entorno se amplíe. O sea que los participantes están preparados para la situación. Y al menos nosotros nos guiamos por criterios éticos bastante estrictos y, si la persona no está preparada, no la dejamos salir al escenario. No queremos poner a los participantes en una situación que les resulte incómoda. Y lo tenemos muy claro hasta el último minuto. El método se estableció de tal manera que, si alguien decide no actuar, no actúa. Decimos que en el Teatro del Oprimido no oprimimos bajo ningún concepto”.
El público que participa en el espectáculo sabe de antemano que la historia representada no terminará bien, que dejará algún problema por resolver. Y el objetivo de la actividad es, precisamente, encontrar la solución, detalla Moree.
“Esto se hace de tal manera que hay un debate con el público, un diálogo. El personaje principal empieza a intentar nuevas cosas, se reflexiona sobre qué tendría que pasar para que su destino cambiara. Así que es una especie de laboratorio social o espacio seguro donde, mediante el lenguaje teatral, exploramos qué debería ser diferente en la realidad”.
Evitar la retraumatización
Dana Moree añade que es importante darse cuenta de que Augusto Boal creó el método veinte años antes de que se estudiara el trauma mediante electroencefalogramas cerebrales. En este contexto, e incorporando lo que hoy se sabe sobre la memoria corporal y emocional en los casos de las personas que han sufrido traumas, el método original se ha adaptado para evitar la retraumatización de los participantes.
"No queremos poner a los participantes en una situación que les resulte incómoda. Y lo tenemos muy claro hasta el último minuto. El método se estableció de tal manera que, si alguien decide no actuar, no actúa. Decimos que en el Teatro del Oprimido no oprimimos bajo ningún concepto”.
Al mismo tiempo, la profesora enfatiza que, aunque pueda parecerlo, el Teatro del Oprimido no es un tipo de terapia.
“El Teatro del Oprimido trabaja fundamentalmente con situaciones modelo y creo que eso es clave. Es decir, las personas no se interpretan a sí mismas, no representan situaciones que les hayan sucedido, sino que, dentro de ese espacio seguro, dentro del grupo, exploran y comparten las situaciones de otras personas, personas concretas. El participante nunca vuelve físicamente a una situación que haya vivido, eso lo evitamos por completo. Se crea una historia modelo que se representa ante el público, compuesta de situaciones o diálogos que han ocurrido realmente, nada es inventado. Es decir, el tema se trabaja hasta que surge un modelo mediante el cual el grupo está diciendo: ‘En este momento, lo que pasa con este tema es esto, esto es lo que nos molesta, esto es lo que os mostramos’. Es similar a trabajar con la casuística”.
Dana Moree es una joker o comodín. Una parte neutral en todo el proceso, que acompaña al grupo y que intermedia con los espectadores durante la presentación para que, conjuntamente, el grupo proponga soluciones a la situación o problema, tratado a modo de un gran brainstorming.
Para los interesados en participar en el Teatro del Oprimido de esta manera, el grupo de Moree acaba de abrir un curso de formación para jokers. No obstante, la profesora enfatiza que con los conocimientos que como sociedad hemos experimentado desde la época de Boal, se necesita más preparación que antes.
“Creo que, hoy en día, el Teatro del Oprimido debería reservarse a las personas con la formación adecuada. Es decir, que realmente hayan completado algún curso básico de Teatro del Oprimido para jokers y, además, algún tipo de formación terapéutica, de supervisión, de gestión de crisis o algo por el estilo. Porque, en realidad, lo que Augusto Boal no destacaba en sus libros, porque entonces no era relevante, es el riesgo de retraumatización. Y a mí me parece que trabajar con la experiencia corporal y emocional es muy eficaz, pero al mismo tiempo muy arriesgado en momentos en los que uno no sabe exactamente qué es lo que está pasando en el cuerpo y en el cerebro de los participantes. Por eso siento la necesidad de ser más cautelosa en lugar de ir a por todas. Quizás sea importante decir que esos libros se escribieron en un contexto social muy diferente”.
Una energía de empoderamiento
Moree cuenta que conoció por primera vez el método en Alemania y le pareció tan fascinante y poderoso que pasó otros diez años evitándolo. No obstante, este siempre encontraba una manera de reaparecer en su vida, así que terminó formándose en él. Según afirma, se ha sentido cautivada por la posibilidad que el Teatro del Oprimido ofrece de encontrar una salida, de expresar que algo en la sociedad debería cambiar.
"El Teatro del Oprimido es un método que permite hablar de los problemas en el espacio público. Es decir, nos lleva de la impotencia en la que se encuentran normalmente esas personas a algún tipo de empoderamiento. Y cuando se genera este tipo de energía, en realidad no es tan difícil. Así que, aunque se trabaje con temas muy difíciles, no se trata de multiplicar la opresión, sino, al contrario, de buscar una salida."
“El Teatro del Oprimido es un método que permite hablar de ello en el espacio público. Es decir, nos lleva de la impotencia en la que se encuentran normalmente esas personas a algún tipo de empoderamiento. Y cuando se genera este tipo de energía, en realidad no es tan difícil. Así que, aunque se trabaje con temas muy difíciles, no se trata de multiplicar la opresión, sino, al contrario, de buscar una salida. Y creo que eso tiene una dinámica completamente diferente”.
Hablando de temas difíciles, el grupo Dos a la tercera actualmente ofrece la ya mencionada pieza sobre el holocausto romaní, pero también otras dedicadas a los cuidados paliativos o a la labor del día a día de los trabajadores sociales. Moree explica que uno de los objetivos del Teatro del Oprimido es identificar los puntos débiles de la sociedad de manera que, por ejemplo, cuando empezó la guerra en Ucrania, Dos a la tercera se puso a trabajar con las mujeres que se habían refugiado en Chequia.
En cuanto a espectáculos futuros, Dana Moree afirma que, personalmente, está a la espera de que alguien proponga un tema ecológico, ya que es algo que nos preocupa como sociedad y que ha estado “en el aire” desde hace tiempo. En lo que se refiere a eventos ya planeados, además del reestreno de la pieza Dokud žiju (“Mientras vivo”) sobre los cuidados paliativos, Dos a la tercera trabajará con un grupo de mujeres romaníes sobre la violencia doméstica en su comunidad.









