Přemysl Pitter y Olga Fierz, un legado de esperanza para los niños de la guerra

Přemysl Pitter con niños en el jardín de la casa de convalecencia de Olešovice en 1946.

Con motivo del próximo 130 aniversario del nacimiento del pacifista y filántropo Přemysl Pitter, Magdaléna Faltusová, del Archivo de Přemysl Pitter y Olga Fierz, recuerda la vida de dos personalidades poco conocidas en República Checa que, sin embargo, tuvieron un impacto enorme en las vidas de un sinnúmero de niños afectados por la Segunda Guerra Mundial.

Přemysl Pitter | Foto: 'Kdo byl Přemysl Piiter?'/Česká televize

El educador checo Přemysl Pitter y su colaboradora suiza Olga Fierz, fueron dos figuras clave en las vidas de cientos o tal vez miles de niños afectados por la Segunda Guerra Mundial. A pesar de ser relativamente desconocidos en la República Checa, el enorme legado que dejaron sigue siendo motivo de admiración para muchos, ya que lograron brindar a muchos no sólo un refugio, sino también una educación y una posibilidad de futuro en medio de la adversidad. Sobre la vida de ambos habló en detalle para Radio Praga Internacional Magdaléna Faltusová, del Archivo de Přemysl Pitter y Olga Fierz.

Magdaléna Faltusová | Foto: Anaïs Raimbault,  Radio Prague International

“Přemysl Pitter era un hombre que hoy nadie conoce realmente, pero que en su época era bastante conocido, yo diría que tal vez un activista. Vivió la Primera Guerra Mundial, a la que se presentó voluntario para resolver algunos de sus problemas personales, pero allí, en esas experiencias en el frente, descubrió que era algo terrible, y cambió por completo su visión de la vida y del mundo. Se convirtió en un pacifista y decidió dedicar su vida a otras personas, personas necesitadas”.

Álbum de fotos de Přemysl Pitter | Foto: Anaïs Raimbault,  Radio Prague International

Afectado por los horrores del frente, la vida de Pitter dio un giro de 180 grados después de la Primera Guerra Mundial, ya que casi de inmediato empezó a involucrarse en el trabajo benéfico, labor que continuaría durante toda su vida.

Los inicios de la labor benéfica

“Empezó ofreciendo ayuda a niños pobres del barrio de Žižkov, donde intentó en la medida posible dotarlos de una educación y guiarlos hacia algunos valores para que fueran buenas personas. Todo estaba relacionado con su pacifismo, quería ayudar a criar a una nueva generación de jóvenes que cambiase el mundo para que no hubiese más guerras”.

Una postal promocional de la Casa Milíč | Foto: Archivo de P. Pitter y O. Fierzová/NPMK

Fue precisamente a través del trabajo en el barrio de Žižkov que Pitter empezó a colaborar con Olga Fierz, una maestra suiza que se convertiría, aunque no lo imaginara en ese momento, en una compañera de batallas.

La Casa Milíč | Foto: Anaïs Raimbault,  Radio Prague International

“Olga Fierz era una maestra suiza que tenía una visión del mundo similar a la del pacifista y quería cambiar la sociedad. Igual que Pitter, quería dedicar su vida a esos niños desaventajados. Se conocieron en una conferencia sobre la paz en Alemania en los años veinte, donde Přemysl Pitter habló de su trabajo con los niños de Žižkov. A raíz de eso, Olga se interesó por él. Se conocieron, se hicieron amigos y después de visitarlo en Praga, decidió trasladarse a la ciudad para ayudarle. Aprendió checo perfectamente en pocos años y trabajó con él en todas sus otras actividades, se convirtió así en su colaboradora de por vida”.

Juntos, Pitter y Fierz continuaron una labor educativa y de ocio para niños de familias de clases sociales bajas, primero en locales alquilados y más adelante en la Casa Milíč, un edificio que construyeron y que sigue en pie a día de hoy, justo al lado de la calle Pitterova, que sirvió de acogida para muchos niños durante y después de la guerra.

Calle de Pitter  (Pitterova) en el barrio de Žižkov | Foto: Anaïs Raimbault,  Radio Prague International

“Allí era donde trabajaban con los niños, era un lugar donde los niños podían realizar diversas actividades, actividades divertidas. Y este trabajo, en realidad, pudo continuar durante la Segunda Guerra Mundial. Estaba limitado, por supuesto, ya que los niños judíos estaban excluidos, pero no eran muchos, y algunos de los maestros judíos, como el maestro de música o el de ritmo, también tuvieron que marcharse, pero otros tantos siguieron encontrando refugio allí”.

Niños en la Casa Milíč | Foto:  Městská část Praha 3

A pesar de que varios profesores judíos tuvieron que marcharse de la Casa Milíč, Pitter siguió apoyando a sus amigos judíos en la medida que pudo. Les ofrecía apoyo moral y les conseguía todo tipo de alimentos o productos que ellos mismos no podían adquirir por las leyes del Protectorado nazi. Si se marchaban de Praga, les ayudaba a conseguir lo que necesitaban para sus viajes, e incluso mandaba paquetes al campo de concentración de Terezín. Pero lo que causaría un mayor impacto positivo a lo largo de sus vidas no llegó hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando Pitter y Fierz activaron la Operación Castillos.

Se buscan padres de niños alemanes | Foto: Anaïs Raimbault,  Radio Prague International

La Operación Castillos

Castillo de Štiřín como hogar de convalecencia para niños. | Foto: Paměť národa

“Hacia el final de la guerra ocurrió algo muy grave, y es que en Terezín estalló una epidemia de tifus, así que era un lugar bastante peligroso y era importante sacar a los niños de allí lo antes posible. Lo primero era sacarlos de Terezín para que no se infectaran. Lo segundo es que algunos de los niños ni siquiera sabían si sus padres seguían vivos o dónde estaban. Así que Pitter y Fierz lograron mediante la Operación Castillos traerlos primero a la Casa Milíč y más adelante a cuatro castillos en los alrededores de Praga que consiguieron habilitar como refugio”.

Faltusová aclara que se trataba desde niños muy pequeños hasta adolescentes de 15, 16 o 17 años, y que no sólo venían de Terezín, sino también de Alemania o Polonia, de otros campos de concentración o exterminio, y muchos de ellos habían sobrevivido a las marchas de la muerte.

Álbum de fotos de Přemysl Pitter | Foto: Anaïs Raimbault,  Radio Prague International

“Muchos de esos niños no sabían si alguno de sus familiares estaba vivo o si se habían quedado solos. A menudo se enteraban de que eran los únicos supervivientes de la familia. Pero hubo algunos de los niños de Terezín que tuvieron mejores noticias y algún pariente había sobrevivido. En esos casos, una vez recuperados, los niños fueron reunidos con ellos”.

La trabajadora del archivo aclara que, además de muchos niños judíos y víctimas de los campos de concentración, Pitter y Fierz salvaron a su vez a muchos niños de origen alemán, que después del fin de la guerra sufrían condiciones similares a las de los judíos en los campos de concentración nazis.

“En esa época Přemysl Pitter tenía una especie de mandato que le permitía visitar los campos de internamiento para alemanes como control de la situación. Y descubrió que los alemanes eran internados con sus hijos y que la situación en esos campos de internamiento para alemanes era exactamente la misma que en los campos de concentración para judíos antes de la guerra. Los niños morían en grandes cantidades, las condiciones sanitarias, la falta de alimentos eran comparables”.

Foto: Memorial de Terezín

Al presenciar aquello, Přemysl Pitter, que creía en los valores cristianos, y en que los niños no eran culpables de las acciones de sus padres, luchó por su liberación, cosa que no dejó de ser criticada por muchos checoslovacos.

“Pitter no podía influir en que los padres fueran liberados, pero sí en que los niños no se quedaran allí. Así que era muy impopular, pero fue capaz de presionar para que esos niños en los campos de internamiento, después de un tedioso proceso, pudieran marcharse y ser trasladados a esos hogares o castillos de convalecencia, donde convivieron, por un tiempo, junto con los niños judíos. Pero, por supuesto, esos niños alemanes sólo estuvieron allí hasta que, por ejemplo, sus padres fueron deportados a Alemania, entonces se fueron junto a ellos deportados”.

Niños en el castillo de Kamenice,  1946-1947 | Foto: Archivo de P. Pitter y O. Fierzová/NPMK

En todo ese proceso, el propio Pitter intentaba encontrar a las familias de los niños, ya que muchos de los ellos, algo mayores, estaban en esos campos de internamiento sin sus padres. Los esfuerzos de Pitter eran admirables, y la nacionalidad o la ideología no tenían cabida en la intención de sus acciones. Sin embargo, no siempre fue comprendido.

“Fue difamado en la prensa, hubo varios artículos chuscos y cartas anónimas diciendo que estaba cuidando a las juventudes hitlerianas de Alemania en los castillos, que estaban siendo cuidados por no sé cuántos tutores y que vivían en el lujo, lo que, por supuesto no era así, pero para el público fue presentado de esa manera. Sí que eran castillos, pero la realidad es que, paradójicamente, más niños alemanes morían en esos castillos que judíos, dado el pésimo estado de su salud”.

Olga Fierzová y Přemysl Pitter en 1952 | Foto: Archivo de P. Pitter y O. Fierzová/NPMK

Los hogares de convalecencia funcionaron hasta 1947. De los niños judíos que no se fueron con sus padres, muchos de los mayores se fueron a lo que después sería Israel. Algunos de los niños fueron a Inglaterra, donde fueron cuidados por padres adoptivos o vivieron en orfanatos.

En aquel momento era muy difícil obtener información. Y luego, a medida que continuaba el traslado, al final, cuando sólo quedaban unos pocos niños, tenían que esperar a que se acumularan más para poder organizar el traslado. Así que en algunos casos, sabían que se había encontrado a su madre o a un familiar, pero tenían que esperar hasta que fuera posible cruzar la frontera, porque para diferentes zonas se necesitaban distintos permisos, etcétera”.

La Casa Milíč después de la guerra

En los años siguientes, la Casa Milíč siguió funcionando en su actividad original. Los niños seguían asistiendo allí como un tipo de club donde se realizaban actividades, gracias, en parte, a la financiación de otros filántropos y voluntarios.

La Casa Milíč en la actualidad | Foto: Anaïs Raimbault,  Radio Prague International

"Incluso en el 48, cuando se produjo la invasión soviética, el trabajo en la Casa Milíč seguía en marcha, porque su funcionamiento y sus actividades se financiaban con contribuciones voluntarias de la gente, amigos de Pitter, gente de Žižkov.... Y los comunistas no querían cerrarla de inmediato, porque en realidad era una guardería y en aquella época se defendía que las madres fueran a trabajar, así que era muy conveniente y por eso se toleraba, aunque ya estaba siendo influenciada por el régimen comunista, que iba mandando mensajeros que controlaban la casa”.

Con ese régimen de funcionamiento se aguantó hasta el año 50, cuando Přemysl Pitter fue relevado de su cargo de director. Olga Fierz se fue en esa época a Suiza para el funeral de su hermana y no se le permitió volver a Checoslovaquia por el cierre de las fronteras. Pitter, amenazado de arresto por tratarse de un educador cristiano, terminó exiliándose a Alemania, dónde pasaría el resto de su vida, pero ni ese fue el fin de su labor benéfica.

El legado de Pitter y Fierz

Přemysl Pitter y Olga Fierzová en Suiza,  1969 | Foto: Paměť národa

"Pitter murió en 1976, pero no dejó de ayudar a la gente ni siquiera en el exilio. De hecho, a partir de 1952 estuvo 10 años ayudando en campos de refugiados de la guerra cerca de Núremberg, y en 1962 él y Olga vivieron en Suiza, donde, después del 68 hubo otra oleada de refugiados, así que siempre estuvieron ayudando a la gente necesitada, incluso cuando ellos mismos eran refugiados”.

A pesar de todo su trabajo y todas las vidas que gracias a Pitter tuvieron un futuro mejor, no fue reconocido en Checoslovaquia hasta después de 1989, con la vuelta de la democracia.

La Orden T. G. Masaryk recibido in memoriam por Přemysl Pitter | Foto: Anaïs Raimbault,  Radio Prague International

En 1991, recibió la Orden del Mérito del presidente Václav Havel y en la actualidad, el Archivo de Přemysl Pitter y Olga Fierz se encarga de mantener vivos sus legados, mediante eventos educativos, seminarios y otros, recordando a esas personalidades que tanto trabajaron por los demás, sin importar la nacionalidad, la política ni la religión en tiempos de guerra.

Medalla de Přemysl Pitter a los Justos entre las Naciones | Foto: Anaïs Raimbault,  Radio Prague International
Autores: Anaïs Raimbault , Kristina Kellnerová
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