Montxo Armendáriz: el cine como una ventana abierta al mundo

Montxo Armendáriz

Montxo Armendáriz, cineasta español galardonado con 2 Premios Goya y ganador de festivales internacionales, visitó Praga para el día del cine español. En esta entrevista conversamos con él sobre Tasio, su primera película de ficción, la violencia en el cine, y la clonación de historias de la actualidad.

Foto: Ponrepo

Con motivo del día del cine español, el cine Ponrepo de Praga celebró con el apoyo del Instituto Cervantes un ciclo de cine que honra la tradición española. Entre las películas proyectadas figuraron Tasio y No tengas miedo, films claves de la biografía de Montxo Armendáriz, que asistió a las proyecciones y un coloquio. En entrevista con RPI el cineasta describió Tasio, la primera película que se proyectó y a su vez, la primera película de ficción en la carrera del guionista.

“Tasio es la vida de un personaje que fue real, Anastasio Ochoa, que vivió en un pueblecito de los Montes de Navarra en la zona de Estella y del Valle de Lana. Anastasio fue fiel toda su vida a unos principios que él creía que es por los que se debía regir, que es que la naturaleza nos da lo suficiente para vivir y que no necesita trabajar para otros. Él vivió prácticamente toda su vida de hacer carbón vegetal, de la caza y la pesca furtiva y vivía completamente a su aire haciendo lo que pensaba que tenía que hacer y dejando también que los demás hicieran lo que quisieran”.

Considerada hoy en día un clásico del cine español, Tasio se estrenó en 1984 con la idea de mostrar un retrato íntimo de la vida de una persona que existió de verdad. En los más de 40 años que transcurrieron desde entonces, el director describe cómo ha ido cambiando la percepción y el mensaje de la película en relación al cambio de época y de nuestra sociedad.

¿Cómo cambió la lectura de Tasio a lo largo de los años?

“Hice la película fundamentalmente porque me encontré con una persona que para mí era un héroe anónimo que había sido fiel a unos principios y a unos valores y a unas ideas que él tenía - que a mí me parece fundamental en la vida que una persona sea fiel a aquello que piensa - y soterradamente estaba todo el aspecto de la naturaleza que también me interesaba. Tasio, sin saberlo, era una persona ecológica, era un defensor de la naturaleza. Eran los años 80 y en aquel momento se empezaba a hablar de ecología, se empezaba a hablar del ecosistema y de que había que mantenerlo, pero claro, en aquellos años, como otras tantas cosas, no conocíamos desgraciadamente hasta dónde podíamos llegar en lo que es el deterioro del medio ambiente y todo lo devastador que está sucediendo con el clima. En ese sentido, ahora la película ha cobrado otra lectura, una lectura mucho más ecológica, mucho más de defensa de la naturaleza, que si bien estaba lógicamente en aquellos momentos no tenía la presencia o la fuerza que tiene ahora”.

Está claro que para quienes ven la película hoy en día, el mensaje va mucho más allá de una muestra de la vida cotidiana de alguien, ya que la mayoría de los valores y las costumbres que podemos presenciar a través de Tasio ya no son familiares para nosotros, y se podría decir que en gran medida son hasta desconocidas. Y es que en esos 40 años el modo de vida ha cambiado drásticamente, algo que el director no podía haber previsto.

“Para nada podía suponer en 1984 que prácticamente los centros de las ciudades se masificarían no de gente, sino de turistas. Hoy en día se han convertido prácticamente en museos vivientes donde la gente va pasando y cada vez se está expulsando más al ciudadano. Las ciudades se han convertido en auténticas trampas-dormitorios, el aire contaminado, multitud de coches, es decir, yo creo que hace 40 años el avance que ha habido - digo avance en el sentido de cambio, no de avance en el sentido positivo - ha sido tremendo. Yo creo que ha habido un deterioro terrible en las condiciones de vida en las que estamos viviendo, que cada vez son más alejadas para mí de lo que debe ser el equilibrio normal de la persona con el medio ambiente y con las demás personas”.

Y más allá del contacto con la naturaleza, el director reflexiona sobre el clima político actual y cómo este podría estar ligado a la globalización y una desconexión con la naturaleza.

Deterioro del medio ambiente, la política y la sociedad

Montxo Armendáriz | Foto: Kristina Kellnerová,  Radio Prague International

“Asistimos a guerras, violencia, está todo absolutamente mezclado, no es casualidad que precisamente en estos momentos de crispación, de deterioro del medio ambiente, estallen más guerras, estallen más conflictos, estemos viviendo un genocidio indirecto. Entonces, yo creo que todo esto va unido y como digo, para nada en los años 80 ni yo ni nadie, aunque no sé, igual había algún Julio Verne de la época, que era capaz de vislumbrar lo que podíamos llegar a vivir a en los comienzos del siglo XXI y sobre todo a partir del COVID, que yo creo que todo este proceso se ha acelerado”.

A pesar del éxito que llegó a tener la película, en su día el cineasta se enfrentó a una serie de rechazos que casi le hicieron abandonar el proyecto. Uno de los motivos por los que las productoras no apostaban por el film era que no había sexo ni violencia. Le preguntamos al director si coincide con ese criterio y qué opina de la violencia en el cine.

“Hay gente que puede ver violencia, pero no la violencia que en general buscan los productores, que es una violencia física, una violencia verbal, una violencia que haga que el espectador tome partido por pensar que la violencia es parte del juego de la vida. Lógicamente hay violencia porque la vida es violenta en sí y Tasio se tiene que enfrentar a lo que es subsistir en unas condiciones que no son favorables. Él caza, pesca furtivamente, tiene que enfrentarse al propio animal, aunque respeta al animal cuando éste sabe escaparse de él, pero no hay una violencia física entre las personas ni Tasio es una persona violenta”.

“Estamos creando una sociedad donde realmente que alguien mate a alguien no parece tener ninguna importancia”

En lo que concierne a la violencia física, Armendáriz reflexiona que es algo que también ha cambiado mucho en el cine en las últimas décadas, y explica cómo se llega a cierta desensibilización al respecto.

“Estamos creando una sociedad donde realmente que alguien mate a alguien no parece tener ninguna importancia, mientras no le toque directamente a uno. Cuando vas una a ver una película y en el primer minuto de la película matan a alguien, te sobrecoge, cuando a los 5 minutos matan al segundo también, pero cuando a los 10 minutos matan al tercero ya te da la risa. Entonces, claro, sobre todo en los jóvenes hay una cultura que es la que entendemos por violencia explícita, que ha estado muy presente en el cine, en todo el cine que se ha visto desde los 80 hasta la actualidad. Un ejemplo muy claro de eso es Tarantino, que además hace gala de eso, de ese tipo de violencia absolutamente explícita como parte de la diversión, como parte de un juego. Entonces, todo eso hace que esa violencia mientras no le toca a uno y le hincan el cuchillo a uno, pues haga gracia”.

A pesar de la mirada crítica sobre la violencia, para el director no se trata de la mayor ofensa en el cine actual.

“Lo que más me molesta es la clonación y la auténtica repetición. La mayoría de las películas son estereotipos que hemos visto siempre, es decir, uno empieza a ver una película o una serie y dices, "Ah, ésta ya la he visto solo que en vez de ser en Madrid era en París o era en las Bahamas. Las historias son las mismas, los personajes son los mismos y no hay prácticamente ninguna diferencia. Esto es producto también del desarrollo de la sociedad y de la propia globalización”.

Para Montxo Armendáriz, el cine sigue siendo, como lo fue en su infancia, una ventana abierta al mundo. Una forma de mirar hacia fuera, pero también hacia dentro: hacia la naturaleza, la memoria, los valores y las contradicciones que nos definen. En tiempos de historias clonadas y pantallas saturadas de violencia, su mirada nos recuerda que el cine puede ser todavía un espacio de resistencia y de descubrimiento, capaz de reconectarnos con aquello esencial que, como Tasio, permanece fiel a sus principios y a su manera de entender la vida.