João Rosas en Karlovy Vary: "El cine es más una forma de dudar que de dar respuestas"

João Rosas y Francisco Melo

El director de cine portugués João Rosas presentó La vida luminosa, su primer largometraje de ficción en el Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary. En esta conversación, el realizador nos cuenta por qué su Lisboa natal es la gran protagonista de sus historias y qué debería suceder para filmar una película en Praga.

João Rosas | Foto: Juan Muttoni,  Radio Prague International

Trabajos precarios, sueldos que no alcanzan, una ciudad que va cediendo sus espacios al turismo y amores difíciles de olvidar. Todo esto podría ser solo una etapa de transición.

Este panorama, que describe a muchas capitales europeas, se puede ver con claridad a través de la lente del director portugués João Rosas en su película La vida luminosa (A vida luminosa), que compite por el Globo de Cristal en el Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary. Al igual que en sus trabajos precedentes, el realizador sitúa su historia en su preciada Lisboa, una de las protagonistas del film. Rosas conversó con RPI sobre este relato que ya le ha robado unas cuántas risas cómplices al público checo en, por ejemplo, el cine del lujoso Hotel Pupp.

“Estoy curioso por ver cómo una película tan ligada a Lisboa va a ser vista fuera de Lisboa. En mi proceso de trabajo eso es un poco inevitable, en el sentido de que la película nace literalmente de la ciudad. Es decir, es la ciudad la que me da las ideas. Para mí, filmar es como hacer una cartografía sentimental de algunos lugares de la ciudad, y cómo esa relación sentimental y afectiva se transforma en una historia. También me interesa trabajar ese lado de la memoria sentimental de la ciudad, de mi ciudad, y al mismo tiempo trabajar en el presente, con la idea de la ciudad que tienen los jóvenes hoy en día. La película nace un poco de ese diálogo. En ese sentido, sí, tengo curiosidad, porque es muy de Lisboa. Pero también creo que proyecta una idea de ciudad como un lugar de encuentro, muy ligado a nuestro recorrido identitario. Es decir, la ciudad —no solo Lisboa, sino las ciudades en general— son lugares de encuentro, profundamente conectados con nuestras memorias y nuestra identidad personal”.

La amistad luminosa

La vida luminosa acompaña a Nicolau (Francisco Melo) en su transición de la adolescencia tardía a una incipiente adultez, una proceso que, en capitales como Lisboa, el panorama laboral y de vivienda puede retrasar a pesar de los esfuerzos que muchos jóvenes hacen por completar.

“Lo que más me interesaba era explorar cómo el amor, por un lado, y la amistad, por otro, son relaciones que están, una vez más, en el centro de nuestra identidad y en la formación de esa identidad, que es algo muy propio de esta etapa de la vida. Es cuando empezamos, poco a poco, a hacer nuestro propio camino, solos. La película está construida a partir de esa idea: los cambios que las personas que Nicolau va conociendo provocan en él y en su manera de ver la vida”.

João Rosas | Foto: Film Servis Festival Karlovy Vary

El film representa, en realidad, una continuidad de la historia que Rosas ya venía contando en sus anteriores trabajos (Maria do Mar, Catavento, Entrecampos), con la participación del actor Francisco Melo. Según el director, originalmente la historia no se planificó de esta manera, sino que fue surgiendo en su cabeza con el paso del tiempo y también con el desarrollo de su amistad con el actor.

“Se fue dando de manera natural. Al principio no me lo había planteado, pero para mí el cine también es una forma de relacionarme, no solo con los lugares —como te decía—, sino también con algunas personas que ya conozco, o con otras que la propia película me permite conocer.

En el caso de Francisco, que interpreta a Nicolau, fue justamente eso. Me interesó seguir trabajando con él, y las películas se convirtieron en una especie de excusa para continuar esta amistad, esta relación entre nosotros. Además, narrativamente siempre me ha interesado el tema de las fases de transición. Todas mis películas anteriores tienen como base esa idea: el paso de una etapa a otra, los momentos de cambio en la vida, no necesariamente dramáticos, sino esos pequeños cambios cotidianos que igualmente nos transforman. Empecé a trabajar con Francisco cuando tenía 11 años, en un momento que marca el inicio de la juventud, una primera transición. Luego, cuando tenía 14, abordamos temas como el deseo y la sexualidad. Y en la tercera película —la última antes de Vida luminosa— se trataba del final de la escuela y de tomar decisiones sobre qué estudiar en la universidad. Otro momento de transición importante”.

Dudas más que certezas

A pesar de que con el transcurso de la película tanto el protagonista como sus amigos y familiares van poco a poco encontrando algunas respuestas, sobre todo gracias al amor, según el director esta obra no pretende resolver dudas sino, por el contrario, plantearlas.

“Una idea fundamental del cine es la de compartir una visión. Y, al mismo tiempo, para mí cada película es una forma de descubrir algo o de plantearme preguntas sobre algo: puede ser un barrio de la ciudad, puede ser conocer a alguien. Por eso también la película empieza con esa canción que habla sobre la duda, sobre la belleza de la duda. Porque todo en la vida es duda. Y para mí, el cine es más una forma de dudar que de dar respuestas. Es una manera de hacerse preguntas y de descubrir el mundo”.

Afiche oficial de La vida luminosa | Foto: Juan Muttoni,  Radio Prague International

Si bien las historias de cada una de sus películas nacen de experiencias personales propias o ajenas, Rosas señala que él no es su personaje Nicolau, aunque sí se siente muy cercano a él.

“Lo que me une al personaje de Nicolau —aunque no esté basado en mí— es que me gustaba la idea de que fuera ese chico, ese joven, que escucha. Y me parece que hoy en día eso es un gesto importante, incluso político: la capacidad de escuchar al otro, de descubrir al que es diferente, al que piensa distinto. Ese proceso no solo nos ayuda a comprender al otro, sino que también nos transforma. En mi caso, me ayuda a hacer la película; y en el caso de Nicolau, a construir su identidad”.

João Rosas,  Cécile Matignon,  Francisco Melo y Pedro Borges | Foto: Film Servis Festival Karlovy Vary

Según el realizador portugués, la magia del cine ocurre especialmente cuando personas que no son actores profesionales se dejan llevar por el rodaje y permiten que las situaciones los inspiren en el momento.

“Me gusta mucho filmar a dos personas en el mismo encuadre: la relación entre sus cuerpos, sus miradas, los tiempos de escuchar y responder. Filmar a alguien que está pensando en lo que va a decir, capturar ese momento, el aquí y ahora del rodaje en cada plano. Creo que ahí es donde surge el aspecto más mágico del cine: en esa verdad. Por eso también me interesa no trabajar con actores profesionales, sino con personas reales, que aporten su verdad a la película”.

Lisboa, siempre protagonista

Pero Nicolau no es el único protagonista de la película. Lisboa, de donde es oriundo Rosas, marca el ritmo de la acción y se mete de lleno en las decisiones de cada uno de los personajes. Cuando el director da una definición de la capital portuguesa, sus palabras parecen acercarse bastante a una descripción que también podría aplicarse a Praga.

“Es una ciudad muy hermosa, pero también muy contradictoria. Es difícil, ¿sabes? Porque como es mi ciudad, soy muy crítico con ella. A la gente que la visita le encanta: es bonita, se come bien, hace sol, se puede salir… Pero yo tengo una mirada más crítica sobre lo que ha pasado en los últimos años. Es una ciudad que, en el contexto de la crisis económica de 2011-2012, fue vendida al turismo y a la inversión capitalista extranjera. Y esas inversiones, en lugar de pensar en la ciudad como un lugar para vivir, han convertido muchas viviendas en activos, no en hogares”.

Foto: Juan Muttoni,  Radio Prague International

Por último, consultado sobre si algún día le gustaría rodar alguna de sus películas en la capital checa, Rosas confiesa que, más allá de las locaciones que ofrece, su principal motivación debería provenir de una relación más íntima con la ciudad, ya que no le interesa demasiado el “rodaje turista” que se promueve a través de, principalmente, la devolución de impuestos.

“Para filmar en Praga, no vendría solo por lo pintoresco. Tendría que haber una razón para estar allí un tiempo, establecer una relación con la ciudad. O adopto un punto de vista completamente exterior —el de un turista que viene y observa—, pero esa idea no me resulta tan interesante. Tendría que iniciar antes una relación con el lugar, o utilizar el cine como medio para descubrir la ciudad. Y eso sería un proceso largo, que me encantaría vivir. Lo que conozco de Praga me encanta, pero para filmar allí no me bastaría con visitarla. Tendría que vivir la ciudad, no solo pasar por ella. Estar presente, aunque sea como extranjero, aunque solo fueran unos meses, pero lo suficiente para entender un poco cómo funciona la ciudad, o al menos intentarlo a través del cine”.

Autor: Juan Muttoni
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