Mohamedou Ould Slahi, relato de un sobreviviente de Guantánamo
El escritor mauritano Mohamedou Ould Slahi, encarcelado y torturado durante 14 años en la base militar estadounidense de Guantánamo, visitó Brno, Ostrava, Prešov y Bratislava durante el Mes de la Lectura de Autor. A Radio Praga Internacional contó su odisea, su identificación con Ana Frank y la obra El proceso de Kafka y compartió su visión sobre África, la paz, la democracia y la libertad, que dice saber valorar mejor que los demás.
Solo el aspecto de Mohamedou Ould Slahi ya lo convertía en uno de los autores más llamativos del Mes de la Lectura de Autor, que de forma intensiva trae a grandes escritores de todos los rincones del mundo y los lleva por ciudades checas, eslovacas e incluso la de Lviv, en Ucrania. Pero, en realidad, su completo atuendo beduino mauritano es lo de menos.
El escritor fue un brillante estudiante nacido en la pequeña ciudad de Rosso a orillas del río Senegal que consiguió una beca para estudiar en Alemania y convertirse en ingeniero de telecomunicaciones.
Sin embargo, dos viajes a Afganistán a principios de los 90 y su juramento de fidelidad a Al Qaeda –aunque luego de su segunda experiencia insiste en que rompió todos sus vínculos y eso fue mucho antes de que Al Qaeda entrara en guerra con Estados Unidos–, le pusieron en el radar de la CIA para siempre.
Tras los atentados del 11-S terminó en Guantánamo entre 2002 y 2016, en el grupo de presos para los que el entonces Secretario de Estado de Defensa, Donald Rumsfeld, aprobó el uso de horribles torturas que dieron la vuelta al mundo.
También el libro de Mohamedou Ould Slahi, Diario de Guantánamo, escrito desde su celda, ha dado la vuelta al mundo y ha sido llevado al cine con los actores Tahar Rahim, Benedict Cumberbatch y Jodie Foster, consolidando el estatus de símbolo de resiliencia y humanidad frente al poder arbitrario.
"La escritura me salvó la vida"
Mohamedou Ould Slahi, del que también se ha escrito mucho acerca de su amistad con uno de sus guardias del Ejército estadounidense, vive ahora en Países Bajos. El Mes de la Lectura de Autor de 2025 está precisamente dedicado al exilio. ¿Pero es Mohamedou Ould Slahi lo que se conoce como un autor del exilio?
“Es una pregunta bastante complicada. No lo sé. En cierto modo, todos somos exiliados. Y siempre me pregunto qué significa realmente estar exiliado. Yo soy un ex preso político. Pasé quince años en prisión, y luego unos cinco años más en Mauritania, donde no me permitían salir del país. Hoy soy un hombre libre que vive en los Países Bajos y puedo escribir lo que quiera. Si a eso se le puede llamar escritor en el exilio, ¿por qué no? Pero en realidad no me considero así, porque encontré la felicidad y la libertad en prisión a través de la escritura. Escribir me salvó la vida”.
Y no es solo una forma de hablar. Entre las torturas y la reclusión, surgió en él esa necesidad.
“Tenía tanto miedo y ansiedad que empecé a escribir. En aquel entonces, no sabía suficiente inglés, así que empecé a escribir en árabe, francés, alemán y un poco de inglés. Escondí mis papeles en mi celda. Pero después de dos meses, los carceleros me registraron y se llevaron mis papeles. Me dolió mucho; fue como perder a un hijo; era mi libro. Dejé de escribir entonces porque no tenía papel ni bolígrafo. Entonces, no quiero decir «robar», porque soy musulmán y eso no está permitido, pero tomé prestado papel y bolígrafo, sin devolverlos. Así empecé a escribir. Escribir no es algo que yo elegí. Es la escritura que eligió a la persona que soy”.
Una llamada de Osama Bin Laden
¿Pero cómo terminó Mohamedou Ould Slahi en uno de las prisiones más infames del mundo?
“Recibí una llamada de mi primo, que por aquel entonces era amigo de Osama Bin Laden. Usó el teléfono de Bin Laden, y así fue como las autoridades estadounidenses me localizaron. Me incluyeron en su lista. Después de los atentados del 11-S, policías vestidos de civil fueron a casa de mi madre. Estaba allí con ella, mi tía y mi hermana. Mi madre me dijo: «Mohamedou, sé por qué vinieron a por ti». Le pregunté por qué. Me respondió: «Porque ves demasiada televisión. Te dije que no la vieras». Esto ocurrió en el contexto de una dictadura militar, donde crecí, donde el miedo al gobierno era constante. Mi madre sacó entonces su rosario, su arma más poderosa, y comenzó a rezar. La imagen de mi madre, que vi en el retrovisor del coche, quedó grabada en mi memoria. Me "desaparecieron", me violaron sexualmente, me privaron del sueño durante 70 días al comienzo de las torturas”.
Mohamedou no volvería a ver a su madre, que murió mientras estaba en Guantánamo.
Pero, ¿qué había llevado a un estudiante brillante de ingeniería a viajar a Afganistán para unirse a Al Qaeda?
“En aquella época, los muyahidines contaban con el apoyo de la CIA. Había mucha propaganda. Veía noticias y vídeos… Recuerdo las cintas VHS de Abdullah Yusuf Azzam, un palestino exiliado en Afganistán. Esto fue antes de Telegram, TikTok e Instagram… Fueron estos mensajes los que me influyeron. Fui a Afganistán para «defender a los musulmanes», pero en realidad era una operación contra la URSS. Llegué allí cuando los rusos ya se habían marchado, pero cuando un régimen comunista en Kabul se oponía a los intereses estadounidenses, franceses o alemanes.
Hoy intento hablar con jóvenes de origen musulmán o africano para decirles que no combatimos la violencia con violencia. Se combate con paz, educación y democracia. El genocidio en Gaza, por ejemplo, no se detendrá con otros actos de violencia”.
Vivir El proceso de Kafka
“No soy un héroe ni un mártir. No busco serlo. Simplemente quiero ser un ser humano. Ese es mi lugar ideal en este mundo”, dice a día de hoy Mohamedou Ould Slahi, que en Guantánamo se vio reflejado en clásicos universales de la literatura.
“El libro que más me impactó fue el de Ana Frank. Lo leí por primera vez en prisión y me reconocí en ella. Ana Frank estuvo encarcelada en un lugar más grande, en Ámsterdam. Lo irónico es que después viví en su casa, fui el curador de la Casa de Ana Frank en Ámsterdam. Fue deportada a un campo de concentración lo que me afectó profundamente”.
“También leí El proceso, de Franz Kafka. Lo leí en alemán, en su versión original. Yo también me vi envuelto en ese proceso interminable. Creo que el título francés de la película en la que se adaptó mi libro, es muy acertado: Designado culpable. En inglés, es El mauritano, pero en francés, Designado culpable es muy preciso”.
La lectura que Mohamedou Ould Slahi ofreció en Brno, sin embargo, no tuvo nada que ver con la angustia de Guantánamo o la persecución de las autoridades en su país, sino con su infancia y de cómo con 14 años estrenó su primer calzado, unas sandalias, curiosamente, del fabricante checo Baťa.
“¡No sabía que Baťa era de aquí! En Mauritania lo pronunciamos "Bata". Mi editor, cuando le envié este texto para que lo corrigiera, me preguntó: "¿Qué es Bata? Lo busqué y no encontré nada". Le dije: "¡Es una marca italiana!". Porque para mí, Bata sonaba a italiano.
Y ahora descubro, en la mismísima tierra de Baťa, que mi primer calzado, a los 14 años, ¡se hizo aquí! Estoy convencido de que el universo está profundamente conectado. Dije ayer durante la lectura: siempre hay un lugar para todos. Solo tienes que encontrar tu lugar. Me puse en piloto automático para encontrar el mío, y siempre lo encontré.
Dejando de intentar controlarlo todo, aceptando la vida como es, no como me gustaría. No soy un triunfador. Soy un sufí que se deja guiar. Y aquí, me dejé guiar... ¡y encontré a Baťa!”
“La gente como yo entiende mejor el valor de la libertad y la democracia”
La defensa de la democracia y la libertad fue otro de los temas que abordó el escritor durante su serie de lecturas en Chequia y Eslovaquia. Porque, curiosamente, sigue creyendo en la democracia después de haber sufrido tantos años en el marco de un sistema democrático como el de Estados Unidos.
“Lo que más me asusta hoy es el auge del fascismo y el populismo en Occidente. Conocí la década de los noventa, cuando la democracia era fuerte y había un rechazo unánime al fascismo. Hoy, el fascismo es fuerte, y eso me entristece. Quienes vivieron los horrores de la Segunda Guerra Mundial ya no están aquí. Los jóvenes solo conocen la democracia. Y, paradójicamente, quienes, como yo, vivimos bajo una dictadura, comprendemos mejor el valor de la libertad y la democracia”.
Mauritania se presenta ahora como el único país estable del Sahel, tras los recientes acontecimientos en Malí, Burkina Faso y Níger. La República Checa también ha enviado a sus soldados allí para entrenar a soldados mauritanos. ¿Qué opina el autor al respecto?
“Me entristece. Siempre vemos los problemas de África y el Sahel desde una perspectiva de seguridad. Se firman acuerdos para controlar la inmigración a Europa. Pero estos son problemas económicos y humanitarios, sobre todo. No es un asunto militar. Necesitamos expertos en economía, desarrollo y democracia. No creo en la guerra”.









