Los Desastres de la guerra, de Goya, por primera vez al completo

Foto: Carlos Ferrer

Una mirada a lo más sucio del ser humano: a la muerte, a la crueldad, a la miseria, a las ansias de poder. En definitiva, a la guerra. Los grabados de Goya, crudos y despiadados, siguen constituyendo poderosas imágenes casi doscientos años después de su elaboración. El público checo tiene por primera vez la oportunidad de apreciar la colección completa de los Desastres de la guerra.

Goya comenzó a trabajar en esta serie de aguafuertes entre 1810 y 1815, contemporáneamente a la guerra de Independencia española de la que la colección es testimonio y denuncia. Los 82 grabados conforman una serie de instantáneas de la mezquindad humana, protagonizadas por españoles y franceses pero que podrían volver a dibujarse hoy en día, en el contexto de cualquier conflicto bélico.

Los desastres de la guerra están divididos en tres partes. La primera muestra ejecuciones, sin distinguir entre uno y otro bando, sino solo entre víctimas y verdugos. La segunda, muertes provocadas por el hambre, el frío y en general por la miseria que acompaña a la guerra y se ceba en la población civil. La tercera supone una denuncia al absolutismo que se instauró en España después del conflicto y es más alegórica, recurriendo a símbolos y animales para representar tendencias políticas.

Según el comisario de la exposición, Milan Martiník, Goya es un artista conocido para los checos, como demuestra la gran afluencia de público.

Milan Martiník
“Creo que a los checos les gusta Goya. Lo conocen bien. Ya hubo aquí algunas exposiciones antes que esta. Por ejemplo en 2005 en la galería Miro y más tarde también en Cheb. En la Galería Nacional ya se expuso antes una parte de esta colección, pero nosotros somos los primeros en mostrar este ciclo al completo, y además impresiones a partir de las planchas originales, que fueron producidas entre 1890 y 1900”, explicó Martiník.

Y es que de hecho los Desastres de la guerra no fueron publicados oficialmente hasta 35 años después de la muerte de Goya, quizás por su crítica al absolutismo. En vida del autor solo habían circulado un par de ejemplares de forma privada. No obstante, en el ámbito checo ya eran conocidos incluso antes de la primera edición de 1863, como explica Martiník.

“Ya en aquella época, en el siglo XIX, los trajo a tierras checas el príncipe Lichnovský, que estuvo en España en tiempos de la primera guerra carlista, en los años 30 del siglo XIX. Y más tarde el príncipe Bedřich Schwarzenberg lo comenta en su obra Diario español. Desde entonces es conocido entre los checos”, señaló.

Por otro lado, resulta curioso cómo una exposición de esta envergadura ha sido organizada por el Centro Cultural del barrio praguense de Jižní Město y no, por ejemplo, por la Galería Nacional. La clave parece ser la ágil labia del señor Martiník.

“Realmente los conseguí yo. Conocí al coleccionista que los tenía y se nos ocurrió organizar la exposición cuando estábamos en una bodega. Nos vino la idea a la tercera botella de vino y me costó una o dos botellas más convencerlo de que deberíamos exponer aquí, en el fortín de Chodov. No fue sencillo conseguirlo, pero como se dice, la mayor parte de las cosas importantes suceden en el bar”.

La exposición permanecerá abierta en el singular edificio del fortín de Chodov (Chodovská tvrz) hasta el 3 de mayo.

www.chodovskatvrz.cz

Foto: Carlos Ferrer

Autor: Carlos Ferrer
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