Los alimentos genéticamente modificados en la RCh

Cuando el hombre no quiere cambiar, opta por cambiar su entorno. La ingeniería genética posibilita transplantar genes de diversas especies biológicas de manera artificial, o sea ajena a la naturaleza. Se introducen genes de bacterias en los tomates, el maíz y la soya, los genes de los peces a las fresas y los genes humanos a los peces. Se puede hablar de que se engendran organismos genéticamente modificados.

Uno de los objetivos de la ingeniería genética es crear nuevos alimentos resistentes a las enfermedades y asegurar a los agricultores jugosas ganancias. Se prolonga la vida útil de los alimentos y mejora la calidad. Todavía no se sabe exactamente qué riesgos puede representar para las personas el consumo de estos alimentos. Pueden afectar solamente la salud de las personas y también dañar el medio ambiente.

En la República Checa todavía no se cultivan alimentos genéticamente modificados, pero algunas empresas planean hacerlo en campos experimentales. Sin embargo, semejantes productos se importan, principalmete la soya y el maíz, que se usan como alimento para los animales.

Los alimentos genéticamente modificados o sus derivados tienen que indicarlo en la etiqueta. En la misma debe figurar qué parte concreta del producto es modificada. Los ecologistas esperan que la gente deje de comprar esos productos como lo hicieron por ejemplo los franceses. Al principio se pensaba crear una marca o un símbolo para dejar claro el origen de los alimentos pero al final se desistió, puesto que en la Unión Europea no normativa al respecto. "La ley corresponde exactamente a las reglas de la Unión Europea, donde no hay ninguna marca especial. Pasar los límites podría representar un obstáculo en las negociaciones sobre la adhesión a la UE o se entedería como una barrera comercial", explica Bedrich Skopek del Ministerio de Agricultura checo.

Cada producto genéticamente modificado tiene que ser aprobado por el Ministerio de Agricultura checo. A la vez el Ministerio de Agricultura controla si en las tiendas no se venden productos genéticamente modificados sin advertencia previa de qué tipo de productos se trata.

Al final cabe mencionar que un tercio de los checos, según una encuesta realizada el año pasado, no sabe qué es la modificación genética. Un 36 por ciento piensa, no obstante, que los alimentos así modificados afectar la salud.

Autor: Helena Karlasová
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